¿Piensas expedir una licencia de automovilista en el Estado de Morelos? ¡Aguas!

Resulta que mi licencia previa, que había expedido en la CDMX. La primera idea que pasó por mi mente fue precisamente renovarla en la CDMX. Al verificar el precio encontré lo siguiente: Licencia A Reposición/Renovación con vigencia...

26 de julio, 2021 ¿Piensas expedir una licencia de automovilista en el Estado de Morelos? ¡Aguas!

Resulta que mi licencia previa, que había expedido en la CDMX. La primera idea que pasó por mi mente fue precisamente renovarla en la CDMX. Al verificar el precio encontré lo siguiente: Licencia A Reposición/Renovación con vigencia de 3 años cuesta $900.00 MXN.

Consideré expedir la licencia en Cuernavaca (Morelos) mi auto tiene placas de Morelos y yo vivo ahí, por lo tanto, hace sentido expedirla en Cuernavaca.

Ingresé al sitio https://movilidadytransporte.morelos.gob.mx/licencias para consultar el costo y requisitos, se aprecia que el costo de la licencia de automovilista cuesta $887.23 MXN con una vigencia de 5 años. ¡Suena muy bien! Además, los requisitos son muy simples:

  1. Pagar y llevar comprobante de pago
  2. Acreditar identidad con fotografía (y copia)
  3. Acreditar domicilio en el estado de Morelos (y copia)

Todo se hace en línea, tanto el pago como la generación de cita.

Hasta este momento todo bien, pero, hay un detalle interesante…

Información adicional requerida:

  • Antes de realizar el pago por el trámite deberá verificar que cumple con toda la documentación requerida. Como parte de los requisitos debe aprobar el examen. Una persona Responsable del Área se encargará de dicha aplicación en el lugar y momento que solicite el trámite, ya que el pago no garantiza la conclusión de su trámite.
  • Los extranjeros para poder tramitar licencia de turista, deberán presentar Documento migratorio vigente que acredite su legal estancia en el país y dependiendo de su estancia migratoria, será el tiempo máximo por el cual se les podrá otorgar.
  • Los documentos que se requieren en original solo son para cotejo.

Este es el punto fino: Como parte de los requisitos debe aprobar el examen.

Y por supuesto, no debo olvidar que las copias de las identificaciones deben ser exactamente igual al original, de otra forma el proceso se detiene. ¿Cuál es el objetivo de que las copias de las identificaciones sean del mimo tamaño? ¿No es más importante que los datos de las identificaciones sean los mismo y sean legibles o solo? ¿Qué artículo de la ley se utiliza para exigir copias del mimo tamaño al original?

EL EXAMEN

Cuando veo que hay un examen de por medio, la realidad es que pensé en 3 posibilidades:

  1. De vista
  2. De manejo
  3. De conocimientos sobre situaciones de manejo

Esta última es la opción que más sentido me hacía… aunque debemos reconocer que en este país alguien que no sabe manejar puede obtener licencia de manejo.

LA SORPRESA

No lo vas a creer, me llevan a un computador a realizar un examen de 20 preguntas de las cuales debes acertar en 15 de ellas, lo cual me parece bien, el examen inicia con las típicas preguntas relacionadas a algunas señales de tráfico, de pronto, sorpresa, hay preguntas muy peculiares, citan un texto (por ejemplo):

Qué artículo cita lo siguiente: “Si con motivo del retiro de la circulación de un vehículo, este sufriera daños o robos, el concesionario del servicio de grúas, tendrá la obligación de reparar los daños o pagar el costo de ellos a elección del particular

  • Artículo 7
  • Artículo 81
  • Artículo 22
  • Artículo 56

¿Se imaginan? Parece un examen, pero de derecho. Lo peor, como lo expuse anteriormente, como parte de los requisitos debe aprobar el examen.

PREGUNTAS

  • Estoy de acuerdo en hacer una evaluación de conocimientos, pero por favor, seamos congruentes, veamos:
  • Se debe citar el tipo de examen que se va a aplicar, y en este caso, tener una liga al Reglamento de Tránsito y Vialidad.
  • ¿Cuál es el objetivo de tener un reglamento por municipio lejos de un reglamento único para el Estado de Morelos?
  • ¿Cuál es el objetivo de conocer los artículos del reglamento?
  • ¿Cuál es la limitante de tener un modo de examen y documentación que de verdad tenga un sentido pedagógico que promueva de mejor forma el conocimiento?
  • ¿El personal que está involucrado tanto en oficinas como en la calle (policías de tránsito) dominan los artículos del reglamento?

CONCLUSIONES

Históricamente, el gobierno municipal, estatal y federal sin importar el partido al que pertenecen, se esmeran –en lo general– en implementar modelos, procesos y políticas mediocres, con muy poco sentido práctico. Este proceso de Cuernavaca es un ejemplo de falta de congruencia… salvo tu mejor opinión.

¿Quieres licencia de automovilista expedida en el Estado de Morelos? Para evitar sorpresas, encuentra el reglamento y apréndete los artículos, que esto es lo que más se llega a privilegiar en el proceso, pues demostrado está que no tienen el mínimo interés en informar adecuadamente a nosotros, nosotros los clientes.

¡Y que viva México!

 

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Antecedentes de la posverdad

Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX.  Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. La verdad dejó de ser algo objetivamente válido para todos y pasó, tras el abuso perverso de quien la lleva hasta la posverdad, a convertirse en una propiedad particular, donde la verdad es lo que yo interpreto como ocurrido sin importar datos, testimonios o referencias que lo desmientan.  Quienes en su momento defendieron el Brexit no basaron su postura en los hechos, sino en la creencia inducida por quienes defendían esa narrativa, de que Inglaterra estaría mejor fuera de la Unión, aunque no hubiese ningún dato objetivo que lo probara esa hipótesis.   Ken Wilber asegura que la generación Boomer, la inmediata posterior a la Segunda Guerra Mundial y primera posmoderna, educó a sus hijos, no tanto enfocados en defender la verdad, pues sabían que ésta era una construcción, sino centrados en enseñar y promover la autoestima. Sentirme validado es mucho más importante que prestar atención a los hechos. La autoestima enfocada así, asegura Wilber, no hace sino fomentar el narcisismo3 Si bien puede considerársele a Donald Trump como el rey de la posverdad, lo cierto es que se trata de una práctica mucho más extendida y popular de que se supone. Este narcisismo del que habla Wilber se manifiesta de muchas formas. Quizá la más inocua sea la representada por la “cultura selfie”, donde la realidad directamente se retoca sin pudor para que la imagen personal se adapte, no a lo que veo, no a lo que es, sino a lo quisiera ver y es esa imagen “renovada” la que se muestra como verdadera. Las redes sociales se convierten entonces en cajas de resonancia para trasmitir posverdades complacientes y reconfortantes. Pero es cada vez más habitual, y mucho más dañino para la construcción de un mundo en común, participar en discusiones que terminan con frases como esta: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya”. Ante esta forma de entender la realidad no sólo no consideramos necesario esforzarnos por encontrar puntos en común y buscar un acuerdo, ni siquiera nos interesa lo que el otro pretende decirnos con “su verdad” ni que parte de esa versión podría servirnos para ampliar o complementar la nuestra.  Estamos tan identificados con nuestras creencias y es tan frecuente encontrar voces que confirman nuestra visión, que resulta muy difícil cuestionarlas. Como asegura Rutger Bregman en Utopía para realistas4, se requiere ser tremendamente valiente para cambiar de opinión porque muchas veces implica rectificar nuestra comprensión de las cosas: “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. 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Si bien de proporciones dantescas, sin duda se puede afirmar que fue un hecho aislado, máxime al tener en cuenta los volúmenes de gente que esta empresa paraestatal mueve (la tercera en importancia en el país, después de CFE y PEMEX). Pero llegó el nefasto sexenio de Claudia Sheinbaum donde los accidentes suceden prácticamente de forma cotidiana, sumado esto a las continuas quejas y reportes de serias fallas en todas las líneas por parte de la ignorada ciudadanía.  Y es que la jefa de Gobierno de la CDMX se encuentra en una grotesca precampaña cínica por la Presidencia de la República. Diario se encuentra no en sus tareas de gobierno en la ciudad capital, sino en algún estado de la República mexicana, repito, en abiertas actividades proselitistas. Tan es así que al conocerse el accidente del pasado sábado en la Línea 3 del Metro, la gente se preguntaba en redes sociales: ¿en qué ciudad se encontrará?  Efectivamente estaba en una gira electoral (ilegal por realizarse a destiempo y con recursos desviados) por el estado de Michoacán, donde el magnánimo gobernador Ramírez Bedolla le prestó un helicóptero para que regresara a donde nunca debió salir: su sitio de trabajo, la CDMX (claro que con cargo al erario, faltaba más). La señora Claudia es ya un pesado pasivo para el movimiento social y político que encabeza el presidente AMLO. El descontento en la Ciudad crece de manera galopante, la antipatía del pueblo a su grosera imagen lo hace de forma exponencial.  MORENA corre un riesgo más que serio y real de que gane la oposición en la CDMX. 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Antecedentes de la posverdad

Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX.  Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. 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No sólo eso, nos volvemos aún más inflexibles que antes en nuestras creencias” (Bregman, Utopía para realistas, 2017, P. 217-218).   Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir  1Youtube, NBC News, Meet the press, “Kellyanne Conway: Press Secretary Sean Spicer Gave 'Alternative Facts’”. Enero 2017 https://www.youtube.com/watch?v=VSrEEDQgFc8 Consulta: 16 marzo 2022 2Oxford English Dictionary (2016) y definido como <relating to or denoting circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinions than appeals to emotion and personal belief>. Tomado de: Jiménez Huertas, Carme, Estamos hechos de lenguaje, Primera edición, Estados Unidos, Amazon, 2019, Pág. 238 3 Wilber, Trump y la posverdad, 2018, P. 45 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Pág. 45 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Págs. 202 4Bregman, Rutger, Utopía para realistas. A favor de la renta básica universal, la semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras, Primera Edición, España, Salamandra, 2017, Págs. 300." ["post_title"]=> string(52) "La posverdad, el extremo de la patología posmoderna" ["post_excerpt"]=> string(141) "Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones. 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Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones. Asumiendo como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen. En enero de 2017, tras la ceremonia de investidura de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, declaró que dicha ceremonia había sido “la más atendida de la historia”, citando números desfasados y negando la enorme cantidad de material fotográfico, videos y datos procedentes de prensa, instituciones y hasta del propio transporte público que mostraban una realidad muy distinta. Más tarde, cuando en entrevista televisiva, le preguntaron a la Consejera de Presidencia, Kellyanne Conway, acerca de dichas declaraciones, respondió, esbozando una enigmática sonrisa, que los datos inventados por Spicer no eran falsos sino “hechos alternativos”, a lo que el presentador de NBC News, Chuck Todd, le respondió: "Los hechos alternativos no son hechos. Son falsedades". Y dicho periodista hizo énfasis en otra cosa más: si en su primera presentación ante la prensa, y acerca de un hecho en última instancia tan intrascendente, el nuevo gobierno era capaz de mentir de un modo tan flagrante y cínico, qué podría esperarles en el futuro. El equipo del expresidente Trump no reconocía estar mintiendo. Paras ellos la nueva versión de la verdad, construida a partir de sus propias percepciones, era tan válida como los conteos objetivos y las referencias históricas de las toma de posesión anteriores. La verdad era producto de la percepción y su validez se asentaba en el hecho simple de considerarla como tal. El Oxford English Dictionary asegura que la posverdad “denota circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que aquellos que apelan al emoción y a las creencias personales”. Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. De hecho se basa en una premisa muy simple, sostenida en la visión posmoderna que afirma que la verdad no existe, sólo versiones o interpretaciones de la realidad. Tras asumir como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen, y es ese territorio ambiguo el individuo se siente con la capacidad de construir una versión de los acontecimientos que reflejen aquello que desea expresar. La verdad ya no es sólo relativa a una perspectiva o un contexto, ya no es que se vea influida por la interioridad, los miedos, las creencias o los deseos de un individuo, sino que simple y llanamente es producto de la voluntad de quien la crea. La Posverdad se ajusta a las conveniencias de quien pretende imponerla y es inmune a cualquier evidencia empírica u objetiva si ésta contradice los prejuicios, ideología, visión del mundo o, incluso, apetencias u odios coyunturales de quien la defiende. Equivale a aceptar que vivimos en un mundo donde los hechos dejan de ser objetivos y se convierten en optativos, donde lo concreto se ajusta a la interpretación personal del momento y, aunque en principio parece cómodo y satisfactorio, a la larga nos obliga a vivir en un mundo incierto donde no hay referentes comunes a los cuales asirse. Antecedentes de la posverdad Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX. Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. La verdad dejó de ser algo objetivamente válido para todos y pasó, tras el abuso perverso de quien la lleva hasta la posverdad, a convertirse en una propiedad particular, donde la verdad es lo que yo interpreto como ocurrido sin importar datos, testimonios o referencias que lo desmientan. Quienes en su momento defendieron el Brexit no basaron su postura en los hechos, sino en la creencia inducida por quienes defendían esa narrativa, de que Inglaterra estaría mejor fuera de la Unión, aunque no hubiese ningún dato objetivo que lo probara esa hipótesis. Ken Wilber asegura que la generación Boomer, la inmediata posterior a la Segunda Guerra Mundial y primera posmoderna, educó a sus hijos, no tanto enfocados en defender la verdad, pues sabían que ésta era una construcción, sino centrados en enseñar y promover la autoestima. Sentirme validado es mucho más importante que prestar atención a los hechos. La autoestima enfocada así, asegura Wilber, no hace sino fomentar el narcisismo. Si bien puede considerársele a Donald Trump como el rey de la posverdad, lo cierto es que se trata de una práctica mucho más extendida y popular de que se supone. Este narcisismo del que habla Wilber se manifiesta de muchas formas. Quizá la más inocua sea la representada por la “cultura selfie”, donde la realidad directamente se retoca sin pudor para que la imagen personal se adapte, no a lo que veo, no a lo que es, sino a lo quisiera ver y es esa imagen “renovada” la que se muestra como verdadera. Las redes sociales se convierten entonces en cajas de resonancia para trasmitir posverdades complacientes y reconfortantes. Pero es cada vez más habitual, y mucho más dañino para la construcción de un mundo en común, participar en discusiones que terminan con frases como esta: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya”. Ante esta forma de entender la realidad no sólo no consideramos necesario esforzarnos por encontrar puntos en común y buscar un acuerdo, ni siquiera nos interesa lo que el otro pretende decirnos con “su verdad” ni que parte de esa versión podría servirnos para ampliar o complementar la nuestra. Estamos tan identificados con nuestras creencias y es tan frecuente encontrar voces que confirman nuestra visión, que resulta muy difícil cuestionarlas. Como asegura Rutger Bregman en Utopía para realistas, se requiere ser tremendamente valiente para cambiar de opinión porque muchas veces implica rectificar nuestra comprensión de las cosas: “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. No sólo eso, nos volvemos aún más inflexibles que antes en nuestras creencias” (Bregman, Utopía para realistas, 2017, P. 217-218). Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir

La posverdad, el extremo de la patología posmoderna

Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones.

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