Amparo contra el arbitrario

La única defensa que un ciudadano tiene para oponerse a los actos arbitrarios de cualquier autoridad, es el JUICIO DE AMPARO. El juicio de amparo es una institución del Derecho Mexicano que no tiene igual en todo...

17 de marzo, 2021

La única defensa que un ciudadano tiene para oponerse a los actos arbitrarios de cualquier autoridad, es el JUICIO DE AMPARO.

El juicio de amparo es una institución del Derecho Mexicano que no tiene igual en todo el mundo; su fundamento constitucional se encuentra en el artículo 103 de la Constitución Federal, que dice lo siguiente:

Artículo 103.- “Los Tribunales de la Federación resolverán toda controversia que se suscite:

  1. Por normas generales, actos u omisiones de la autoridad que violen los derechos humanos reconocidos y las garantías otorgadas para su protección por esta Constitución, así como por los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte…

Es una defensa constitucional que solamente puede hacerse efectiva cuando el PODER JUDICIAL SIRVE A LOS PARTICULARES amparándolos y protegiéndolos contra los abusos y arbitrariedades de las autoridades federales, estatales o municipales.

 

La Ley de Amparo en su artículo 1º, dice a la letra:

Artículo 1º.-  El juicio de amparo tiene por objeto resolver toda controversia que se suscite: 

  • “Por normas generales, actos u omisiones de autoridad que violen los derechos humanos reconocidos y las garantías otorgadas para su protección por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como por los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte;”

La Ley de Energía Eléctrica promulgada por López Obrador, viola los siguientes tratados internacionales:

Viola el Protocolo de Kyoto sobre cambio climático del que México es parte obligada.

Viola los Acuerdos de París sobre la misma materia, firmados y ratificados por México.

Viola el Tratado México-Estados Unidos-Canadá, (T-MEC) con base en el cual, diversas empresas extranjeras invirtieron en México atenidas a las disposiciones de nuestra Constitución.

La nueva Ley de Energía Eléctrica aprobada por las dos cámaras del Congreso de la Unión como INICIATIVA PREFERENTE,  atropella a las empresas e inversionistas extranjeros y nacionales que invirtieron en energías limpias para generar electricidad, y viola sus derechos adquiridos que NO PUEDEN SER ANULADOS RETROACTIVAMENTE.

En días recientes, el Juez Federal Juan Pablo Gómez Fierro concedió una suspensión provisional solicitada por un particular dentro de un juicio de amparo promovido para impugnar la inconstitucionalidad de la Ley de Energía Eléctrica promulgada por el actual presidente de la República.

Tanto el presidente de la República como la secretaria de Energía, Rocío Nahle, deben haber sido señaladas en ese juicio de amparo como AUTORIDADES RESPONSABLES junto con el Congreso de la Unión.

Lo  anterior significa que para los efectos del juicio de amparo, el presidente de la República, la Secretaría de Energía y el Congreso de la Unión, estarán bajo la autoridad del Juez Segundo de Distrito en igualdad de condiciones que los particulares que demandaron la protección de la Justicia Federal contra la Ley Eléctrica de AMLO.

 

¿Qué efecto jurídico tienen las declaraciones del presidente López y de la secretaria Nahle?

Tanto López Obrador como Rocío Nahle tienen expeditos sus derechos para hacerlos valer en el juicio de amparo en el que ambos son autoridades responsables, según deben haber sido señalados por el quejoso, es decir, por quien haya demandado el amparo y solicitado la suspensión provisional de la multicitada Ley de Energía Eléctrica.

Es muy preocupante que tanto el actual presidente como la actual secretaria de Energía, hayan decidido incurrir violaciones graves a sus deberes constitucionales, como paso a explicarlo:

  • Tanto López Obrador como Nahle, se lanzaron contra el juez Gómez Fierro a través de los medios de comunicación, EN VEZ DE HACERLO RESPETANDO Y HACIENDO RESPETAR LA LEY DENTRO DEL JUICIO DE AMPARO EN EL QUE AMBOS SON  AUTORIDADES RESPONSABLES.

El presidente López Obrador debería exhibir en su mañanera y difundir por Internet EL  INFORME JUSTIFICADO que debe rendir ante el  Juez Segundo de Distrito  Juan Pablo Gómez Fierro.

López Obrador declaró el 12 de marzo durante su mitin mañanero, lo siguiente:

“Nosotros vamos a acudir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y queremos que la Judicatura del Poder Judicial haga una revisión del proceder de estos jueces, porque SERÍA EL COLMO QUE EL PODER JUDICIAL DEL PAÍS ESTUVIESE AL SERVICIO DE PARTICULARES…”

Alguien debería hacerle saber a López Obrador que EL PODER JUDICIAL DEL PAÍS, ESTÁ AL SERVICIO DE PARTICULARES, PORQUE así lo ordena el artículo 103 de la Constitución Federal y el artículo 1º, fracción I de la Ley de Amparo.

Por cierto, LÓPEZ OBRADOR TAMBIÉN DEBERÍA ESTAR AL SERVICIO DE LOS PARTICULARES que son todos los mexicanos que pagan su sueldo, porque SU SUELDO Y SU ALOJAMIENTO PALACIEGO lo pagan los que votaron por él, y los que no votaron por él. 

López Obrador NO PUEDE darle órdenes a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y mucho menos expresándose en contra del juez Gómez Fierro fuera del juicio de amparo en el que, como presidente de la República, está obligado a inconformarse contra la suspensión provisional o contra cualquier acto del juez que considere contrario a la ley.

Mientras el actual presidente de la República sea parte en el multicitado juicio de amparo, SE ENCUENTRA BAJO LA AUTORIDAD DEL  JUEZ GÓMEZ FIERRO según los siguientes artículos del Código Federal de Procedimientos Civiles:

  • Según el artículo 3º,  el presidente de la República, la Secretaría de Energía, el Congreso de la Unión,  dentro del juicio de amparo,  deben ser tratados exactamente igual que las empresas reclamantes o los particulares que hayan promovido el amparo.  (1)
  • Conforme al artículo 54 del mismo Código, el Juez Segundo de Distrito de Competencia Económica y Telecomunicaciones, Juan Pablo Gómez Fierro puede y debería llamar la atención al presidente de la República y a la secretaria de Energía conminándolos a respetar su investidura y abstenerse de hacer comentarios ofensivos  y de pretender intimidarlo. (2) 

Agredir al Poder Judicial Federal aprovechando los medios de comunicación, es un acto contrario a la Constitución Federal, e incluso el Juez Gómez Fierro haría bien de apercibir al presidente y a la secretaria de Energia para que se conduzcan con respeto puesto que se encuentran bajo su jurisdicción como juzgador ante el cual deben respetar su investidura como lo ordena el Código Federal de Procedimientos Civiles.

El presidente debería defender su Ley Eléctrica CON ARGUMENTOS LEGALES, no con amenazas.

¿CÓMO PUDO EL PRESIDENTE LÓPEZ INDIGNARSE PORQUE EL PODER JUDICIAL SIRVA A LOS PARTICULARES?

Jose Maria Morelos y Pavón, verdadero precursor del Juicio de Amparo, dijo claramente lo siguiente:

“Que todo el que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, ampare y lo defienda contra el arbitrario”.

La persona que ha demandado el amparo contra la Ley Eléctrica de AMLO, busca ser protegida y amparada contra los actos presumiblemente ARBITRARIOS cometidos por López Obrador, Rocío Nahle y el Congreso de la Unión. 

El Juez Gómez Fierro es un ejemplo de dignidad y justicia que cumple precisamente con el mandamiento histórico del Cura Morelos.

A López Obrador le toca defender su Ley Eléctrica demostrando que no viola la Constitución ni los tratados internacionales que nos obligan.

Si el presidente de la República se vale de OTROS MEDIOS para imponer su Ley Eléctrica, no será él quien pague miles de millones de indemnizaciones, sino los particulares contribuyentes que pagan impuestos y también su sueldo.

Por su parte Rocío Nahle declaró:

“…no tiene idea el señor…”, refiriéndose irrespetuosamente al Juez Gómez Fierro bajo cuya jurisdicción debería conducirse con respeto puesto que ella es parte en ese juicio de amparo.

Nahle también dijo que “se muestra con un claro servicio a algún interés, esa es la palabra, otorga la suspensión nada más como si fuera una ventanilla de recepción”.

LA SECRETARIA DE ENERGÍA ES LA QUE NO TIENE IDEA

En vez de salir fanáticamente a hacer declaraciones pretendiendo intimidar al Juez Gómez Fierro, debería hacer valer el recurso de revisión previsto en el artículo 81, fracción I, inciso “a”, que a la letra dice:

Artículo 81. “Procede el recurso de revisión: 

  1. En amparo indirecto, en contra de las resoluciones siguientes: 
  2. a) Las que concedan o nieguen la suspensión definitiva; en su caso, deberán impugnarse los acuerdos pronunciados en la audiencia incidental.

¿Es arbitrario López Obrador?, ¿es arbitraria la secretaria de Energia?, ¿es arbitrario el Director de la C.F.E.?, ¿es arbitrario el Congreso de la Unión? 

Corresponde al Jue Gómez Fierro estudiar y resolver si los actos reclamados por el demandante de amparo, son violatorios de sus derechos humanos; en la sentencia constitucional.

¿Qué diría López Obrador si el Juez Gómez Fierro convocara una conferencia de prensa en la que lo calificara como ignorante y arbitrario, o dijera que Rocío Nahle no tiene idea de sus atribuciones y deberes?

Si el juez responsable del juicio de amparo se atreviera a expresar opiniones personales fuera del expediente de amparo,  como lo ha estado haciendo López Obrador y Nahle, incurriría en grave responsabilidad y sería sancionado.

López Obrador y Nahle deberían ser apercibidos y en su caso sancionados con base en los artículos: 3º y 54 del Código Federal de Procedimientos Civiles para que no abusen de sus cargos intimidando al juez de  Distrito. 

Como abogado yo propongo lo siguiente:

  • Que el Juez Gómez Fierro aperciba a las autoridades responsables de ese juicio de amparo, para que se conduzcan con respeto a su investidura de juez federal.

Es su derecho y su deber apercibir personalmente a Andrés Manuel López Obrador y a Roció Nahle como titulares de las autoridades responsables en contra de cuyos actos se admitió el juicio de amparo mencionado.

El Juez de Distrito tiene exactamente el mismo derecho a ser respetado al igual que cualquier otra autoridad sin importar su jerarquía escalafonaria.

  • Opino que el Ministro Arturo Zaldívar DEBE PROMOVER UNA REFORMA URGENTÍSIMA AL ARTÍCULO 96 CONSTITUCIONAL PARA QUE YA NO SEA EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA EL QUE PROPONGA AL SENADO  TERNAS DE MINISTROS DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN.

Estoy convencido de que los ministros de la Suprema Corte deben ser elegidos por los propios ministros, y magistrados del Poder Judicial Federal.

Los ministros de la Suprema Corte de Justicia deben pertenecer a la carrera judicial, tener una trayectoria profesional fuera de duda.

Creo que el EJECUTIVO FEDERAL NO DEBE INTERVENIR EN LA designación de los miembros del más alto tribunal de la Nación; los ministros no deben ser políticos reciclados, individuos ignorantes y serviles.

La única posibilidad de tener un ESTADO DE DERECHO en México es que el Poder Judicial Federal logre elegir a todos sus miembros sin intervención del Poder Ejecutivo.

  • Creo que NO BASTA el pronunciamiento del Poder Judicial Federal en relación con las agresiones del presidente López y de la secretaria Nahle pretendiendo intimidar al juez multicitado.

El Presidente de la Suprema Corte de Justicia puede y debe apercibir al Presidente de la República para que respete las normas de debido proceso y el respeto absoluto por la investidura del Juez de Distrito, en este caso Juan Pablo Gómez Fierro.

Por lo que hace a López Obrador, debe probar en juicio, como autoridad responsable que su Ley Eléctrica no viola la Constitución Federal ni los Tratados Internacionales en materia de energías limpias y libre comercio; debe demostrar que NO ES UN ARBITRARIO.

   _________________________

Código Federal de Procedimientos Civiles

  • Artículo 3º.-

 “Las relaciones recíprocas de las partes, dentro del proceso, con sus respectivas facultades y obligaciones así como los términos, recursos y toda clase de medios que este Código concede para hacer valer, los contendientes, sus pretensiones en el litigio, no pueden sufrir modificación, en ningún sentido, por virtud de leyes o estatutos relativos al modo de funcionar o de ser especial de una de las partes, sea actora o demandada. En todo caso, debe observarse la norma tutelar de la igualdad de las partes dentro del proceso, de manera tal que su curso fuera el mismo aunque se invirtieran los papeles de los litigantes.”

SIGNIFICADO LEGAL: Esto significa que López Obrador NO MANDA al Juez de Distrito, y dentro del juicio de amparo,  NO ES SUPERIOR a las empresas o particulares que han impugnado su Ley Eléctrica.

  • Artículo 54.-

“Los jueces, magistrados y ministros tienen el deber de mantener el buen orden, y de exigir que se les guarde el respeto y consideración debidos, tanto por parte de los litigantes y personas que ocurran a los tribunales, COMO POR PARTE DE LOS FUNCIONARIOS y empleados de éstos, y sancionarán inmediatamente, con correcciones disciplinarias, cualquier acto que contravenga este precepto. Si algún acto llegare a constituir delito, se levantará acta circunstanciada para consignarse al Ministerio Público.”

SIGNIFICADO LEGAL: Esto significa que Manuel López Obrador y Rocío Nahle deberían ser apercibidos de conducirse con respeto y NO INTIMIDAR AL JUEZ GÓMEZ FIERRO ni a ningún otro.

La conducta de López Obrador y de Nahle, podría llegar a constituir delitos según la parte final de este artículo. El mismo respeto que exige el presidente de la República para su investidura, se lo debe el a todos los miembros del Poder Judicial.

 

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preciso en el momento oportuno para que suceda algo que modificará el devenir posterior. ¿Por qué suceden esos “pequeños grandes milagros”? ¿Por qué justo así y no de otra manera? ¿Por qué exactamente en ese instante? ¿Por qué a nosotros y no a alguien más? No podemos tratar con seriedad la relación entre destino, azar y libre albedrío sin abordar ese sutil espacio donde las tres dimensiones se amalgaman y superponen, dando lugar a uno de los más grandes misterios de la existencia consciente. Se trata de esas casualidades inesperadas, de esa especie de “pequeños milagros” imprevisibles que, sin pedirlo ni desearlo, se presentan cuando menos lo esperamos, transformando nuestras vidas de manera profunda, en algunos casos para bien  y en otros, para mal y que una vez que ocurren, ya nada será igual porque nuestras existencia ha tomado un nuevo rumbo y nuestro devenir comienza inexorablemente a moverse por derroteros distintos.  Este fenómeno se manifiesta de formas múltiples: a veces algo que nos ocurre, otras un acto que llevamos a cabo con intención y propósito y unas más, algo que no nos ocurre pero que nos habría trastocado la vida. La dinámica del “milagro inesperado” podría resumirse en el axioma: sin haberlo previsto, estar en el lugar preciso en el momento oportuno para que suceda algo que modificará el devenir posterior. Si existiera el destino, sería una bifurcación obligada para poder cumplirlo, y si se tratase de libre albedrío, una decisión que transforma nuestro rumbo final y le da un nuevo sentido a la existencia.    Algunas veces pedimos trabajo justo el día que el entrevistador tiene un problema familiar y su juicio está nublado y nos nieva la vacante, o, al contrario, algo externo a nosotros le ocurrió que lo hace empatizar con nuestra situación y conseguimos la plaza. Abordamos –o dejamos de hacerlo– un automóvil que sufre un accidente. Cuántas historias hay que por razones inexplicables perdieron un vuelo que se fue en picada, mientras existen los casos opuestos de individuos que por una causa u otra tomaron ese sitio y encontraron la muerte sin que originalmente ese viaje formara parte de su itinerario. Un accidente desafortunado que deja a alguien cuadrapléjico a los veinte años, el descubrimiento inexplicable de un libro, conocer donde menos se te espera al gran maestro de la existencia o coincidir en la fila de Telcel –cuando nosotros en realidad queríamos ir a Telmex– con el amor de nuestra vida.  Llegar quince minutos tarde salvó la vida de mi madre durante el terremoto de la Ciudad de México de 1985, mientras que varios de sus compañeros, que por primera vez en el año llegaron a su hora, obtuvieron como premio terminar sepultados bajo los escombros del Hospital Juárez. Y podríamos seguir por páginas y páginas reseñando eventos “fortuitos” e inesperados que cambiaron la vida de infinidad de personas a lo largo de la historia humana. Apenas se busca en Internet o en la prensa, aparecen infinidad de testimonios que si bien resulta imposible comprobar la veracidad de cada uno, la propia experiencia de vida permite suponer que, aun con exageraciones e inexactitudes, bien pudieron ocurrir. De hecho, me atrevo a afirmar que la mayoría, por no decir todos, hemos vivido alguna situación inexplicable e inverosímil que marcó un antes y un después: un tren que parte sin nosotros, una enfermedad que nos cambia la vida, adelantar o posponer un viaje o un proyecto, dejar de hacer una llamada importante, mandar el mensaje preciso a un número equivocado, abrir o no un mail justo hoy. Ante la falta de certidumbre, lo que surge son preguntas: ¿por qué suceden esos “pequeños grandes milagros”? ¿Por qué justo así y no de otra manera? ¿Por qué exactamente en ese instante? ¿Por qué a nosotros y no a alguien más? Uno de los grandes misterios irresolubles consiste en saber con certeza es si estos puntos de inflexión tienen un carácter personal, es decir, si nos ocurren a nosotros y a nadie más, porque tienen el propósito previo de moldear nuestra vida, de recalcular el rumbo preestablecido para nosotros y del cual, con nuestros actos cotidianos, nos estábamos alejando. O si en realidad se trata de coincidencias azarosas, sin la menor intención y sin propósito, que no obedecen a ningún patrón y que simplemente nos ocurren a nosotros como podrían haberle ocurrido a cualquier otra persona.   El filósofo francés Voltaire escribió en alguna ocasión que “lo que llamamos casualidad no es sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. Puede que tenga razón, pero el que esa casualidad tenga siempre una causa, aun cuando no la sepamos, no cambia el hecho inquietante de que la insondable “causa final” de ese acontecimiento exterior tenga una dedicatoria específica para una persona en particular, pues, de ser así, convertiría al hecho fortuito en una especie de tirano implacable que corrige aquellos actos que nos alejan del destino que alguien tiene prescrito para nosotros, mientras que el hecho de que no la tenga, de que lo le ocurrió a uno podría haberle ocurrido a cualquiera, nos hace sentir el tremendo peso del azar en nuestras vidas, quitándole importancia a nuestros planes, propósitos y objetivos: si, por más planes que hagamos, es el azar quien nos lleva por un sitio u otro, qué sentido tiene la planeación y el esfuerzo. Porque si bien es verdad que muchas veces estos “milagros” nos dan la clave final para alcanzar un conocimiento mayor que habíamos buscado por años y nos producen una epifanía luminosa que nos abre las puertas secretas que nos conducen a la realización, muchas otras convierten las vidas de quienes los padecen en fracasos ineludibles. Mientras hoy podemos gozar de la existencia de la pasteurización y los rayos X, productos ambos de accidentes y casualidades, cabe preguntarse cuántos genios, inventos o amores nunca se concretaron ante la aparición súbita de uno de estos puntos de inflexión imprevisibles. No se puede negar que existen casos donde incluso quienes han padecido terribles limitaciones como consecuencia de ese episodio, terminan por interpretar estas desgracias como la guía para encontrar su auténtico destino o sentido de la vida, aquellos que tras perder la vista “lograron ver”, aquellos que tras perderlo todo “se encontraron a sí mismos”, pero no queda sino reconocer que se trata de casos excepcionales, que la mayoría de quienes una ruptura del devenir les trastoca el rumbo para mal, no se recuperan jamás. Del mismo modo que no todos los que reciben oportunidades inesperadas son capaces de aprovecharlas y sacarles el jugo que potencialmente tienen.   En términos simples, estos “milagros transformadores”, si bien todos son “causados” materialmente por algo, aquí lo que se busca es reflexionar acerca de su origen más profundo, y desde esta perspectiva podríamos hablar de dos: ser productos de la casualidad, de la suerte, del azar, de una acumulación de coincidencias. 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En los últimos años ha cobrado importancia como destino turístico.  Por las empinadas callejuelas de sus poblaciones caminan grupos de turistas nacionales y extranjeros, deteniéndose ocasionalmente para admirar alguna fachada o una vitrina de negocios típicos de la región.   Al centro de la cabecera municipal, su plaza principal, frente al Palacio municipal, da cuenta de esas poblaciones soñolientas en las que el tiempo avanza tan despacio, que parece detenerse.  Después de la salida de los contingentes escolares, las calles se quedan como suspendidas. Daniel Picazo, joven abogado, quien fungió hasta marzo de este año como asesor en la Cámara de Diputados, gustaba de adentrarse en estas poblaciones poco renombradas para así capturar la esencia de México. Ese México al cual aprendió a amar desde pequeño. Puebla es una de las entidades que ofrece al turista una variedad interminable de lugares para visitar; artesanías; gastronomía; folclor e historias locales, que vuelven atractivas las poblaciones que aparecen, como de la nada, detrás de alguna alta montaña, conforme se  avanza por la carretera. Daniel había aprovechado el tiempo para conocer Papatlalzolco, simpático lugar, sin imaginar el curso que tomarían los hechos a partir de su arribo al lugar. Sus pobladores, en general tranquilos y hasta tímidos, se encienden en un momento ante determinados hechos. Se había corrido la voz de que había individuos ajenos a la comunidad buscando robar niños pequeños. Alguno de los pobladores dio la voz de alarma de que Picazo pertenecía a ese grupo de robachicos. En cuestión de minutos aquella noche se integró un contingente que llevó al despistado turista hasta la cancha municipal, lo ató a un poste y lo sometió a una salvaje golpiza.  Posteriormente lo roció con gasolina y le prendió fuego, hasta que murió. Los cuerpos de salvamento intentaron intervenir, sin embargo, los pobladores lo impidieron. Para cuando pudieron aproximarse al sitio de la tragedia, el abogado ya no presentaba signos vitales. De momento me recordó aquel sonado caso ocurrido en septiembre de 1968 en otra población rural de Puebla, en el municipio de San Miguel Canoa: Un grupo de cinco trabajadores de la BUAP intentaban  escalar el Volcán Malintzin. Una fuerte tormenta les impidió avanzar, por lo cual buscaron  guarecerse esa noche en el pueblo a las faldas del volcán.  El párroco dio por hecho que se trataba de agitadores relacionados con los movimientos estudiantiles que culminaron con los sucesos del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. El mismo prelado hizo correr la voz de que se trataba de agitadores; los pobladores se congregaron para lincharlos.  De los 5 trabajadores 2 murieron, además de una persona ajena al grupo de alpinistas. Es impresionante descubrir la fuerza que tiene la palabra, máxime cuando proviene de personajes con  ascendencia sobre un grupo determinado.  Esa voz inicial va cobrando vigor en el boca a boca, hasta que se convierte en una verdad absoluta para el grupo, que los lleva a actuar de forma precipitada, atendiendo a los significados que esa voz señala.  En una charla reciente con el escritor coahuilense Vicente Alfonso, veíamos la diferencia entre “realidad” y “verdad”.  La verdad varía de persona a persona; proviene de la interpretación de la realidad que cada individuo da, conforme a su experiencia personal y sus expectativas.  Así entonces, la primera voz que señala su verdad, si tiene los elementos necesarios para lograrlo, se difunde entre el contingente y sucede, como en este caso, que mueve a la acción colectiva ya sin detenerse a pensarlo.  La misma energía grupal provoca una euforia que lleva más rápidamente a la acción. Lo anterior es muy delicado, máxime en estos tiempos cuando “los de a pie” percibimos que las fuerzas armadas no parecen cumplir con su deber: En el estado de Guerrero pasa una procesión de vehículos paramilitares frente a un retén del Ejército que simplemente observa sin actuar.  En el puerto de Manzanillo (Colima) llega un grupo de criminales, comienza a revisar contenedores, de 90 elige 20, los gancha y se los apropia.  Una operación que duró 10 horas y la Marina, aparentemente, ni se enteró.  Ello nos coloca en posición de querer tomar la ley en nuestras manos, con resultados catastróficos, como el caso del abogado linchado.  Más bien nos corresponde, como ciudadanía, hacer valer el Estado de Derecho por el cual pagamos con nuestros impuestos. 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No podemos tratar con seriedad la relación entre destino, azar y libre albedrío sin abordar ese sutil espacio donde las tres dimensiones se amalgaman y superponen, dando lugar a uno de los más grandes misterios de la existencia consciente. Se trata de esas casualidades inesperadas, de esa especie de “pequeños milagros” imprevisibles que, sin pedirlo ni desearlo, se presentan cuando menos lo esperamos, transformando nuestras vidas de manera profunda, en algunos casos para bien  y en otros, para mal y que una vez que ocurren, ya nada será igual porque nuestras existencia ha tomado un nuevo rumbo y nuestro devenir comienza inexorablemente a moverse por derroteros distintos.  Este fenómeno se manifiesta de formas múltiples: a veces algo que nos ocurre, otras un acto que llevamos a cabo con intención y propósito y unas más, algo que no nos ocurre pero que nos habría trastocado la vida. La dinámica del “milagro inesperado” podría resumirse en el axioma: sin haberlo previsto, estar en el lugar preciso en el momento oportuno para que suceda algo que modificará el devenir posterior. Si existiera el destino, sería una bifurcación obligada para poder cumplirlo, y si se tratase de libre albedrío, una decisión que transforma nuestro rumbo final y le da un nuevo sentido a la existencia.    Algunas veces pedimos trabajo justo el día que el entrevistador tiene un problema familiar y su juicio está nublado y nos nieva la vacante, o, al contrario, algo externo a nosotros le ocurrió que lo hace empatizar con nuestra situación y conseguimos la plaza. Abordamos –o dejamos de hacerlo– un automóvil que sufre un accidente. Cuántas historias hay que por razones inexplicables perdieron un vuelo que se fue en picada, mientras existen los casos opuestos de individuos que por una causa u otra tomaron ese sitio y encontraron la muerte sin que originalmente ese viaje formara parte de su itinerario. Un accidente desafortunado que deja a alguien cuadrapléjico a los veinte años, el descubrimiento inexplicable de un libro, conocer donde menos se te espera al gran maestro de la existencia o coincidir en la fila de Telcel –cuando nosotros en realidad queríamos ir a Telmex– con el amor de nuestra vida.  Llegar quince minutos tarde salvó la vida de mi madre durante el terremoto de la Ciudad de México de 1985, mientras que varios de sus compañeros, que por primera vez en el año llegaron a su hora, obtuvieron como premio terminar sepultados bajo los escombros del Hospital Juárez. Y podríamos seguir por páginas y páginas reseñando eventos “fortuitos” e inesperados que cambiaron la vida de infinidad de personas a lo largo de la historia humana. Apenas se busca en Internet o en la prensa, aparecen infinidad de testimonios que si bien resulta imposible comprobar la veracidad de cada uno, la propia experiencia de vida permite suponer que, aun con exageraciones e inexactitudes, bien pudieron ocurrir. De hecho, me atrevo a afirmar que la mayoría, por no decir todos, hemos vivido alguna situación inexplicable e inverosímil que marcó un antes y un después: un tren que parte sin nosotros, una enfermedad que nos cambia la vida, adelantar o posponer un viaje o un proyecto, dejar de hacer una llamada importante, mandar el mensaje preciso a un número equivocado, abrir o no un mail justo hoy. Ante la falta de certidumbre, lo que surge son preguntas: ¿por qué suceden esos “pequeños grandes milagros”? ¿Por qué justo así y no de otra manera? ¿Por qué exactamente en ese instante? ¿Por qué a nosotros y no a alguien más? Uno de los grandes misterios irresolubles consiste en saber con certeza es si estos puntos de inflexión tienen un carácter personal, es decir, si nos ocurren a nosotros y a nadie más, porque tienen el propósito previo de moldear nuestra vida, de recalcular el rumbo preestablecido para nosotros y del cual, con nuestros actos cotidianos, nos estábamos alejando. O si en realidad se trata de coincidencias azarosas, sin la menor intención y sin propósito, que no obedecen a ningún patrón y que simplemente nos ocurren a nosotros como podrían haberle ocurrido a cualquier otra persona.   El filósofo francés Voltaire escribió en alguna ocasión que “lo que llamamos casualidad no es sino la causa ignorada de un efecto desconocido”. Puede que tenga razón, pero el que esa casualidad tenga siempre una causa, aun cuando no la sepamos, no cambia el hecho inquietante de que la insondable “causa final” de ese acontecimiento exterior tenga una dedicatoria específica para una persona en particular, pues, de ser así, convertiría al hecho fortuito en una especie de tirano implacable que corrige aquellos actos que nos alejan del destino que alguien tiene prescrito para nosotros, mientras que el hecho de que no la tenga, de que lo le ocurrió a uno podría haberle ocurrido a cualquiera, nos hace sentir el tremendo peso del azar en nuestras vidas, quitándole importancia a nuestros planes, propósitos y objetivos: si, por más planes que hagamos, es el azar quien nos lleva por un sitio u otro, qué sentido tiene la planeación y el esfuerzo. Porque si bien es verdad que muchas veces estos “milagros” nos dan la clave final para alcanzar un conocimiento mayor que habíamos buscado por años y nos producen una epifanía luminosa que nos abre las puertas secretas que nos conducen a la realización, muchas otras convierten las vidas de quienes los padecen en fracasos ineludibles. Mientras hoy podemos gozar de la existencia de la pasteurización y los rayos X, productos ambos de accidentes y casualidades, cabe preguntarse cuántos genios, inventos o amores nunca se concretaron ante la aparición súbita de uno de estos puntos de inflexión imprevisibles. No se puede negar que existen casos donde incluso quienes han padecido terribles limitaciones como consecuencia de ese episodio, terminan por interpretar estas desgracias como la guía para encontrar su auténtico destino o sentido de la vida, aquellos que tras perder la vista “lograron ver”, aquellos que tras perderlo todo “se encontraron a sí mismos”, pero no queda sino reconocer que se trata de casos excepcionales, que la mayoría de quienes una ruptura del devenir les trastoca el rumbo para mal, no se recuperan jamás. Del mismo modo que no todos los que reciben oportunidades inesperadas son capaces de aprovecharlas y sacarles el jugo que potencialmente tienen.   En términos simples, estos “milagros transformadores”, si bien todos son “causados” materialmente por algo, aquí lo que se busca es reflexionar acerca de su origen más profundo, y desde esta perspectiva podríamos hablar de dos: ser productos de la casualidad, de la suerte, del azar, de una acumulación de coincidencias. 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