Qué es la metodología Agile y la importancia de su implementación para las empresas

Utilizar una metodología ágil es la mejor forma de abordar los desafíos actuales que se han estado presentando dentro de la organización del trabajo a raíz de la pandemia.

19 de mayo, 2022 Qué es la metodología Agile y la importancia de su implementación para las empresas

Las metodologías ágiles se refieren al conjunto de procedimientos que hacen posible la implementación de acciones que favorecen la gestión de equipos en entornos evolutivos y que ayudan a mejorar y optimizar los procesos productivos de una empresa, además, fortalecen el compromiso de sus colaboradores y aumentan su rendimiento.1

La metodología agile se basa en el desarrollo de proyectos que se caracterizan por su capacidad para adaptarse a los requerimientos de los clientes, gracias a su rapidez y flexibilidad. Esta metodología tiene como objetivo principal la orientación a resultados. 

Una empresa ágil se ajusta a los cambios con facilidad. Las organizaciones que adoptan una metodología agile logran gestionar su planeación estratégica de una manera más accesible y autónoma y, por ende, incrementan su productividad; asimismo, consiguen una notable reducción en sus costos.

Esta metodología se divide en cinco etapas:

  1. Evaluación de procesos y la estructura actual de la empresa.
  2. Sugerencias de mejora y optimización de procedimientos.
  3. Diseño de su aplicabilidad o solución en conjunción con el cliente.
  4. Realización de pruebas y aplicación.
  5. Evaluación y monitoreo.

Algunos de los beneficios que otorga la metodología agile en las empresas son los siguientes:

  • Cuando un proyecto es asignado a un determinado equipo de trabajo, cada uno de sus miembros se siente motivado y alcanza un mejor desempeño, lo cual, conduce a que la organización sea más competitiva.
  • La empresa puede hacer entregas con diferentes versiones en un periodo de tiempo más breve.
  • Una mayor calidad del producto o servicio derivada de revisiones constantes que permiten minimizar cualquier error que se presente en las entregas.
  • Obtener información relevante, la cual aporta un valor extra al plan estratégico.
  • Una interacción más cercana con el cliente.

Existen distintas metodologías ágiles; sin embargo, las que más se emplean en las organizaciones son Scrum, Kanban y XP (Extreme Programming). Estas metodologías tienen diferentes características que son adaptables a las necesidades de una empresa o proyecto. 

Scrum está indicado para proyectos en entornos altamente complejos, en los cuales, se necesita obtener soluciones rápidas y en donde los requisitos son cambiantes. La innovación, adaptabilidad y competitividad son fundamentales. 

La metodología Kanban se implementa mediante tableros que están organizados por columnas. Cada columna representa una etapa del trabajo. Es una forma visual de gestión de proyectos. A través de ella, los equipos pueden observar sus flujos de labores y la carga de los mismos.

Extreme Programming se trata de una metodología de desarrollo que promueve la utilización de prácticas de ingeniería que sean convenientes para la creación de software. Coadyuva a los desarrolladores a adecuarse a las cambiantes preferencias de los clientes.

Utilizar una metodología ágil es la mejor forma de abordar los desafíos actuales que se han estado presentando dentro de la organización del trabajo a raíz de la pandemia.

Aunque no existe una manera única de trabajar ágilmente, ya que las diversas metodologías ofrecen una variedad de conceptos muy concretos, es de gran relevancia que las empresas se informen detalladamente sobre el uso de cada una, para que puedan elegir la que mejor se adapte a su estrategia y que les funcione en la práctica.  

 

1 Véase https://marketing4ecommerce.net/la-importancia-de-implementar-la-metodologia-agile-en-una-empresa/

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Otros, como Vivek Ramaswamy, que ha atraído mucha atención en los medios financieros últimamente, de plano se oponen a los ESG y dicen que es una creación de los tres fondos de inversión más grandes en el mundo (Blackrock, Vanguard y State Street) para manipular a los mercados de inversionistas pasivos; y enfrenta lo que él llama el capitalismo “woke”, que se centra en la S de los ESG por promover criterios de inclusión y equidad, a una nueva forma de “capitalismo de excelencia” que no dependa de esos criterios y se responsabilice solo de generar “buenos productos y servicios”. Hay una “guerra” por atraer capital de parte de los manejadores de activos en los mercados. También, hay quienes destacan la hipocresía corporativa de quienes se proclaman “verdes” sin serlo, y recurren al “greenwashing”, que son las malas prácticas para atraer inversionistas, a partir del engaño de que los negocios aplican los ESG, aunque en la realidad no sea así. Como el reciente escándalo del DWS/Deutsche Bank por denuncias “greenwashing” sobre el propio encargado de administración de activos de la institución. Por otra parte, hay otros banqueros, como Stuart Kirk de HSBC, que hace unas semanas, a pesar de estar al frente de la dirección global de “inversión responsable”, puso en duda que se tenga que analizar hoy “lo que va a pasar en 20 o 30 años” con el medio ambiente. En una conferencia del Financial Times hizo su ya icónica declaración de que “¿a quién le importa si Miami está seis metros bajo el agua dentro de 100 años?”. Kirk fue suspendido por HSBC, y el banco declaró estar a favor de la inversión responsable. Finalmente, hay quienes sugieren, como Amrith Ramkumar del Wall Street Journal, que “nuestro portafolio de inversión puede salvar al planeta”. El debate está vivo y lo único cierto es que los ESG tienen aún un largo camino de perfeccionamiento por delante.  México y los ESG En 2018, 51 inversionistas institucionales en México firmaron una declaración a favor de la divulgación de información de criterios ESG con el Consejo Consultivo de Finanzas Verdes (CCFV) y la llamada Iniciativa de Financiamiento Verde de la ciudad de Londres, “para acelerar el desarrollo de las finanzas verdes y sustentables dentro del sistema financiero mundial, reducir emisiones y alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”. No hay aún una legislación específica en materia de ESG en el país, y las empresas listadas en las bolsas de valores emiten informes sobre ESG de manera voluntaria de acuerdo a marcos internacionales del tema (GRI y PIR). Recientemente la CNBV anunció la emisión de una herramienta de autodiagnóstico ESG y riesgos relacionados para las instituciones que integran el sistema financiero mexicano, que puede ser la antesala de una regulación en la materia. En 2020 se lanzó el Índice S&P/BMV Total México ESG para difundir la importancia de la adopción de los estándares ESG en el ambiente empresarial en el país. El movimiento que inspira la necesidad de criterios ESG en los negocios llegó para quedarse. Seguramente habrá que hacer correcciones en la manera de implementarlos a partir de políticas públicas y regulaciones que clarifiquen y estandaricen su medición, como un “todo” o quizás de manera separada, en especial para que no haya marcos referenciales y conceptuales diferentes para discriminar a una empresa frente otra, en las decisiones de inversión institucionales. 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Los países que continúan por el camino de la dependencia de los sectores intensivos en carbono corren el riesgo de perder la ventaja competitiva a través de un mayor costo del carbono, menor resiliencia e incapacidad para mantenerse al día con la innovación tecnológica y un apalancamiento limitado en los acuerdos comerciales. Sin embargo, el reporte apunta que alejarse de las industrias intensivas en carbono, que actualmente emplean a millones de trabajadores, desencadenará volatilidad económica, profundizará el desempleo y aumentará las tensiones sociales y geopolíticas. En aspectos relevantes de las economías se discutieron temas torales respecto al tamaño de las economías, la expectativa para el 2024 que se pensaba en un crecimiento global del 5% sin pandemia, ahora se analiza en una caída promedio del 5.5% para países en desarrollo, sin China en estos números. Contraria a esta percepción, el avance de los desarrollados no superaría el 1% en promedio. Esto naturalmente preocupa en cuanto a la brecha del ingreso entre países con mayor grado de desarrollo y países anfitriones de tecnología pero con dificultades de empleo. Esto aumentaría la búsqueda de oportunidades y desencadenaría otra segunda ola migratoria.  La lectura de cualquier pronunciamiento del Foro de días pasados revela preocupación en prácticamente todas las áreas; desde implementación de vacunas y salud pública hasta los presentes niveles de inflación y manejo de tesorerías y deuda pública. No podemos desviar la atención de las incontables citas y alusiones a la unión y la cooperación. No es la primera vez que el mundo sufre padecimientos comunes, pero tal vez sea la primera circunstancia inmersa en una globalidad imperante. Esto último definitivamente cambia el orden de las ideas de la cooperación, dado que en los mismos días subsiste un conflicto armado de singular importancia. La invasión rusa a Ucrania altera todas las formas conocidas en materia de producción.  El tema bélico concentró gran atención sin descuidar sus orígenes pero la discusión derivó en la repercusión de los posibles acuerdos de paz. No es menor el tema del gas como tampoco lo es el comercio de puertos a tres mares que hace un par de meses transitaban en paz. No es menor el tema de pagos internacionales en Rublos por imposición y la consecuencia del cambio en una Unión Europea de la que se espera una respuesta sin confrontación e intransigencia. Son dos efectos a la vez, ambos de retroceso: pandemia y una esquina en Oriente, parte del continente negociador por décadas. Alemania en la encrucijada con un gasoducto y deuda recientemente negociada a tasa cero para su recomposición industrial, un Banco Central absorbiendo papel flotado una y otra vez con descuentos que reducen servicio de la deuda pero se antojan interminables en esa cadena que inunda instituciones internacionales y tesorerías alrededor del globo.  Todo mal, sin embargo, es menor en grupo y en solidaridad. El mundo industrializado cada vez tiene mayores similitudes; las cadenas productivas emparejan sus proporciones de márgenes y rendimientos en las ventajas de unos y otros, en las fortalezas y las carencias. Finalmente es la competencia la que dirime diferencias y califica excelencias y calidades. Naturalmente que para que todo esto ocurra es preciso hacer presencia, hacer valer potencialidades y acercar lazos de participación. México no lo hace desde hace poco más de tres años. Las razones las conocemos pero no las validamos.  Los efectos de un aislamiento de la que fuera la economía número catorce del mundo, nuestro país, ya se notan en el listado de las economías anfitrionas con mejores perspectivas para la inversión. México ya no figura en ese cuadro de 25 economías representativas. Tenemos un solo mensaje, diluido si se quiere semejar en un púlpito que produce un sinnúmero de pronunciamientos todos los días, que pretende cubrir un espectro de nación con proyecto, pero no hay tal, no existe proyecto y por tanto el mensaje es único: la división y de ella la confrontación. De ese mensaje único no puede llegar una invitación seria al capital. De ese mensaje único no puede haber avenencia y concordia.  La escena internacional no existe para esta transición de gobierno en turno. Existen lazos con naciones perdedoras, pero no reportan beneficio alguno para nuestra nación. 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Los ESG dentro de una empresa (bien identificados, gestionados y medidos), buscan ser una herramienta para atender los intereses de los “stakeholders”, a partir de lo cual la empresa, entre otras cosas, obtiene el beneficio de alcanzar mayor solidez para atraer inversiones (no necesariamente mayor rentabilidad), y por extensión, influyen en la sostenibilidad en el largo plazo del negocio. Por eso se han vuelto tan importantes.  Los datos sobre cómo una empresa cumple o integra los estándares ESG en el negocio generalmente se categorizan como información “no contable” y no se reportan como parte de la información financiera. Los activos intangibles son parte de la valuación de las compañías y el objetivo es que los estándares ESG den información sobre esos intangibles (como el valor y reputación de una marca), al pretender medir las decisiones que toma la administración de la empresa frente al impacto que tienen en su entorno, que afectan su eficiencia operativa, y su dirección estratégica. El camino por recorrer El acrónimo trae a muchos de cabeza. Por su naturaleza intangible, y porque algunos los califican de “holísticos” y también sugieren que se juntan tres variables (la E, la S y la G) que no necesariamente debieran analizarse juntas, hay una gran controversia de cómo aplicarlos. Deloitte por ejemplo propone la creación de índices organizados y claros para ordenar la información de ESG en las empresas. Otros, como Vivek Ramaswamy, que ha atraído mucha atención en los medios financieros últimamente, de plano se oponen a los ESG y dicen que es una creación de los tres fondos de inversión más grandes en el mundo (Blackrock, Vanguard y State Street) para manipular a los mercados de inversionistas pasivos; y enfrenta lo que él llama el capitalismo “woke”, que se centra en la S de los ESG por promover criterios de inclusión y equidad, a una nueva forma de “capitalismo de excelencia” que no dependa de esos criterios y se responsabilice solo de generar “buenos productos y servicios”. Hay una “guerra” por atraer capital de parte de los manejadores de activos en los mercados. También, hay quienes destacan la hipocresía corporativa de quienes se proclaman “verdes” sin serlo, y recurren al “greenwashing”, que son las malas prácticas para atraer inversionistas, a partir del engaño de que los negocios aplican los ESG, aunque en la realidad no sea así. Como el reciente escándalo del DWS/Deutsche Bank por denuncias “greenwashing” sobre el propio encargado de administración de activos de la institución. Por otra parte, hay otros banqueros, como Stuart Kirk de HSBC, que hace unas semanas, a pesar de estar al frente de la dirección global de “inversión responsable”, puso en duda que se tenga que analizar hoy “lo que va a pasar en 20 o 30 años” con el medio ambiente. En una conferencia del Financial Times hizo su ya icónica declaración de que “¿a quién le importa si Miami está seis metros bajo el agua dentro de 100 años?”. Kirk fue suspendido por HSBC, y el banco declaró estar a favor de la inversión responsable. Finalmente, hay quienes sugieren, como Amrith Ramkumar del Wall Street Journal, que “nuestro portafolio de inversión puede salvar al planeta”. El debate está vivo y lo único cierto es que los ESG tienen aún un largo camino de perfeccionamiento por delante.  México y los ESG En 2018, 51 inversionistas institucionales en México firmaron una declaración a favor de la divulgación de información de criterios ESG con el Consejo Consultivo de Finanzas Verdes (CCFV) y la llamada Iniciativa de Financiamiento Verde de la ciudad de Londres, “para acelerar el desarrollo de las finanzas verdes y sustentables dentro del sistema financiero mundial, reducir emisiones y alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”. No hay aún una legislación específica en materia de ESG en el país, y las empresas listadas en las bolsas de valores emiten informes sobre ESG de manera voluntaria de acuerdo a marcos internacionales del tema (GRI y PIR). Recientemente la CNBV anunció la emisión de una herramienta de autodiagnóstico ESG y riesgos relacionados para las instituciones que integran el sistema financiero mexicano, que puede ser la antesala de una regulación en la materia. En 2020 se lanzó el Índice S&P/BMV Total México ESG para difundir la importancia de la adopción de los estándares ESG en el ambiente empresarial en el país. El movimiento que inspira la necesidad de criterios ESG en los negocios llegó para quedarse. Seguramente habrá que hacer correcciones en la manera de implementarlos a partir de políticas públicas y regulaciones que clarifiquen y estandaricen su medición, como un “todo” o quizás de manera separada, en especial para que no haya marcos referenciales y conceptuales diferentes para discriminar a una empresa frente otra, en las decisiones de inversión institucionales. Es un tema sobre la atracción de inversiones que irá cobrando cada vez más importancia a nivel mundial y México no puede quedarse atrás.  " ["post_title"]=> string(79) "México y las inversiones: ESG, “greenwashing” y la amenaza del Cisne Verde" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(70) "mexico-y-las-inversiones-esg-greenwashing-y-la-amenaza-del-cisne-verde" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-06-13 09:36:47" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-06-13 14:36:47" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=79840" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(27) ["max_num_pages"]=> float(14) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "cadd972dff04dec6d611edcbef149608" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

México y las inversiones: ESG, “greenwashing” y la amenaza del Cisne Verde

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