Sobre Bad Bunny y la degradación de la cultura popular

A pesar del poderoso mensaje de unidad continental en el show del Súper Bowl,  el valor artístico de Bad Bunny es muy cuestionable.

9 de febrero, 2026

Conocí musicalmente a Bad Bunny cuando en una reunión de chavos descubrí un video clip cuya letra me pareció bastante desagradable:

Por eso me llama pa que se lo meta

se pone en cuatro y me reta

creo que me odia por como lo aprieta…

No pongo más de la letra, en parte por desagradable, pero en parte también porque ¡no le entiendo! El castellano boricua de Benito Martínez Ocasio me resulta frecuentemente incomprensible. De hecho, pienso que no vendría mal que la Real Academia Española de la Lengua emitiera un comunicando declarando que el Conejo Malo no canta en español sino en un dialecto “españoloide” de difícil interpretación.

       En la polémica desatada por la participación del personaje en el Súper Bowl LX, los críticos conservadores del MAGA señalan que no representa a la cultura estadounidense. Es verdad. Yo añado que tampoco representa a la cultura hispanoamericana.

Bad Bunny es un fenómeno cultural significativo en nuestro tiempo. De eso no cabe duda. Pero es lamentable. Se trata de un músico creativo, dicen, y el más escuchado del mundo con 19,800 millones de reproducciones en Spotify, superando a Taylor Swift y a cualquier otro. Eso nos da una idea de la degradación cultural que prevalece, no solo musicalmente sino en los patrones estéticos dominantes en nuestro tiempo (particularmente entre los hispanohablantes -otros tienen la disculpa de no entender las letras de sus canciones-).

       ¿Es un gran músico? No me parece: En sus composiciones prevalecen el rap y el reguetón, géneros musicalmente bastante pobres, realmente sin mucha creatividad ni talento musical implicado, toda vez que se trata de letras con rimas simplonas y harto vulgares montadas sobre patrones rítmicos y melódicos monótonos en extremo y, francamente, primitivos. Más adelante en su carrera, el Conejo ha incursionado en la salsa caribeña, tomando inspiración de buenos músicos como Willie Colón, Héctor Lavoe, Gilberto Santa Rosa o Rubén Blades, a lo que añade efectos con sintetizadores y los patrones raperos habituales en su trayectoria que pretenden modernizar al género, aunque tal vez lo deconstruyen y degradan.

       Lo que me parece más lamentable del cantautor son sus letras, con un manejo lingüístico paupérrimo y, sobre todo, de una vulgaridad penitenciaria, grotesca, promiscua, violenta y diría que “animal” pero mejor no lo hago por respeto a los animales. Algunas muestras, que me apena transcribir:

Voy a llevarte pa PR

Quiere que yo se la aplique

Que pa casa la trafique

Vo’a llevarte pa PR

Mami, pa que veas cómo es que se perrea

Tráete a tu amiga si te gusta la idea

Dile que esta noche vamo a janguear

Que rico la vamo a pasar

Aquí nadie se va a casar

Pero tú te vas a querer quedar (hey, hey)

Hoy la calle está prendí‘a, hookah, pastilla molí‘a

Yo no pierdo tiempo, yo las cambio como Rosalía

La que me mira a los ojos por cinco segundo’, ya yo sé que es mía

¿Dónde están las mala’ que son bienvenía’?

Toy puesto pa’l lío, dime si tú lía’

Tus amiga’ y to el corillo están bien rica’

Pero ese culo tuyo, guau, sobresalía

Salimos de la disco y estaba de día.

Otra:

Pa que le de:

No deja ‘e moverse

Me dijo “Si quieres te vienes adentro, yo no tengo perse”

La linea de amor a obsesión es finita y la tenemo’ a punto ‘e romperse

Ella me dio el culo la primera vez que sola, solita dejó verse

Se metió dos dedos y la escuche gimiendo, no es pa mirarlo es pa’ comerse

Eso es Satan, crush en Twitter, novio en instagram

No estoy seguro si es mayor de edad

Diabla:

En la cama, nos matamos
Del pelo yo la jalo
En el sexo, yo la maltrato
Cuando me muerde, me habla malo

La diabla no siente temor, mor
Quiere sexo y no amor, mor

La castigo sin pasión, ón
Hasta morirnos los dos, oh

La pongo en cuatro con los Louis Vuitton rojos
Se muerde los labios cuando yo la mojo

Cuando se viene, me mira a los ojos

La azoto, la azoto y le cumplo su antojo, bebé

Siempre me llama pa’ que le dé (pa’ que le dé)
Pa’ que se lo meta otra vez (otra vez)

Por eso es una diabla, bla-bla-bla
Se trasforma en la cama, ma-ma-ma
Se le viran los ojos pa’ trá’ (pa’ trá’, bebé).

       Si esto no es degradación del arte o de la poesía en la música, ¿qué es? Por supuesto que, en mi caso, se trata ya de un viejo más bien conservador que considera que en el arte sí hay, o debe haber, categorías estéticas y que no cualquier cosa que se produzca como “arte” lo es. Al menos cuando Piero Manzoni presentó en 1961 su excremento enlatado bajo el título de “Merda d’Artista” señalaba que se trataba de una provocación conceptual frente a la degradación del mercado del arte y la noción misma sobre lo que puede considerarse “arte”. Pero el caso de Bad Bunny es diferente, porque el puertorriqueño lo que busca -dice- es hacer valer las costumbres “de su gente” y hacerse abanderado de los derechos de las minorías y de la cultura woke. Abanderador de la libertad de expresión, lo que hace es más bien expresión de libertinaje. Lo suyo me parece en buena medida una barbaridad, entendiendo que la barbarie es lo opuesto a la civilización: Aquí, en la lucha entre civilización y barbarie, parece que se va imponiendo la barbarie.

       Como bien comprenden en el Tavistock Institute of Human Relations, la música popular incide fuertemente para el modelaje de los patrones culturales de la población, particularmente entre los jóvenes. Entonces, conviene preguntarse ¿qué efectos tiene sobre los jóvenes la música de artistas como Bad Bunny y otros tantos que siguen sus pasos o están en su misma onda? Si las letras de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés promovían el socialismo cubano en los años 60’s y The Beatles, Led Zeppelin, The Doors, The Rolling Stones y Nirvana han promovido el uso de drogas entre los jóvenes, ¿cuáles son los efectos de esta cultura en la sociedad?

       No estoy a favor de la censura, desde luego, pero sí me parece necesario que en la sociedad se alcen voces críticas para recuperar la distinción entre bueno y malo, mejor y peor, constructivo y destructivo, belleza y fealdad, conveniente e inconveniente. ¿No es esa la tarea de la educación? Los antiguos griegos, en su paideia, buscaban desarrollar al mejor tipo de ser humano posible. ¡Brincos diéramos de recuperar ese ideal!

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Adrian Ruiz de Chavez Villafuerte
Humanista, dedicado particularmente a los estudios sobre Liderazgo y temas de Ética Social y análisis del entorno político, económico y social. Es doctor en Filosofía y cuenta con otro doctorado en Educación. Licenciatura en Ingeniero Industrial, con maestrías en Dirección de Empresas y Ciencias Sociales. Actualmente es profesor investigador en la Universidad Anáhuac México, donde fue director de Humanidades y director del Centro de Investigaciones en Liderazgo Anáhuac. Consultor en materia de fortalecimiento de competencias de liderazgo y análisis de inteligencia estratégica.

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