¿Qué es una Narrativa? Parte 2

Ante la mayor crisis económica, social, de salud, relacional, política y cultural de la historia de la humanidad, la forma en que interpretemos, expliquemos y pongamos en palabras lo que nos sucede será determinante para el mundo...

9 de julio, 2021 ¿Qué es una Narrativa? Parte 2
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Ante la mayor crisis económica, social, de salud, relacional, política y cultural de la historia de la humanidad, la forma en que interpretemos, expliquemos y pongamos en palabras lo que nos sucede será determinante para el mundo post-covid que habremos de configurar.

 

La semana anterior decíamos que una narrativa es cada uno de los relatos, historias, explicaciones, crónicas, descripciones, actitudes y protocolos de toda índole, que van desde el mito, las ficciones literarias o cinematográficas, la historia y las creencias en diversos ámbitos hasta las teorías políticas y económicas, patrones de consumo o el modo de hacer ciencia, que combinándose entre sí, articulan de forma coherente una visión del mundo.

Lo mismo es producto de la narrativa de su tiempo la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU, promulgada en 1948 que el Código de Hammurabi, promulgado en Babilonia en el 1750 a.C. Sin embargo, ni nuestra cosmovisión vigente le habría servido a Hammurabi para redactar su ley, puesto que ni las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales eran propicias, del mismo modo que a nosotros no nos sirve la suya en nuestro tiempo. 

Los cambios sociales determinan la necesidad de reconstruir, repensar, reelaborar las narrativas anteriores para que aquello que pensamos acerca del mundo y de nuestra forma de encararlo se ajuste a las nuevas realidades que tenemos frente a nosotros. Y cuando la interpretación humana de la realidad cambia, la cosmovisión, y por lo tanto las narrativas que le dan cuerpo, deben cambiar también en aras de ser más eficaces para interpretar los desafíos que tenemos ante nosotros.

Los seres humanos, según el contexto y la cultura a la que pertenezcamos, hemos sido alimentados por un cuerpo de narrativas que consideramos “la verdad” y nos habilita para desarrollar una forma particular de ver el mundo, de interpretar los acontecimientos y las acciones de quienes nos rodean, y que resulta determinante en gran parte de lo que nos sucede en la vida. Es como si llevásemos puesto unos lentes con una tonalidad particular en el cristal, que colorea y determina nuestras percepciones. Sustituir conscientemente las historias limitantes –centradas en aprobar sólo lo que guarda semejanza conmigo y mis creencias– por las historias correctas –más inclusivas, más justas y más empáticas– y convertirlas poco a poco en acciones, produce poderosos patrones colectivos que, mediante la reafirmación virtuosa, influirá en la manera en que formamos nuestras representaciones internas. De este modo, entre más nos repitamos una interpretación más verdadera nos parecerá y podremos reproducirla con mayor naturalidad. 

Estas narrativas que construimos para darle coherencia al mundo objetivo exterior con el subjetivo interno, se han manifestado a lo largo del tiempo de formas distintas, que abarcan desde los mitos, las religiones, la literatura, la poesía, la historia, la crónica –tanto personal como colectiva, ya sea de un lugar o un periodo de tiempo determinado–, pero también las narrativas se manifiestan de forma más abstracta, más indirecta como en las ideologías, las prácticas de comercio, la economía en general, la redacción de leyes, la prensa, las artes, en una palabra, todas las áreas del conocimiento humano, incluida la ciencia (en los años cincuenta del siglo XX había supuestos estudios científicos que “demostraban” que el tabaco era bueno para la salud y los propios médicos lo recomendaban). Todas estas variedades de “lo humano” se asientan, se articulan entre sí y modifican sus parámetros dependiendo de las cosmovisiones que los rigen.


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Este patrón nos hace entender que es muy probable que lo que hoy defendemos como Verdad incuestionable, en un futuro deje de serlo, o al menos del modo en que lo expresamos hoy. Pero si atendemos al mismo patrón, podemos ver que la tendencia de esas “verdades parciales y temporales” conlleva un crecimiento paulatino y progresivo de la amplitud de quienes se les considera un igual, incremento de la aceptación de las diferencias de todo tipo –ideológicas, raciales, religiosas, culturales–, una ampliación en la diversidad de ideas, de las preferencias sexuales, de visión del mundo y un aumento sensible de la complejidad en todo tipo de sistemas. 

El identificar estas tendencias al desarrollo puede funcionar como una verificación de control sobre las nuevas narrativas que emerjan y de este manera modelarlas en la búsqueda de fomentar el crecimiento y el desarrollo: aquellas que tiendan a lo ya señalado –amplitud, aceptación, diversidad, etc.–, van en el sentido histórico de la evolución humana, mientras aquellas que limiten, restrinjan, excluyan, privilegien a unos grupos por encima de los demás, discriminen, o simplifiquen problemas complejos en aras de adaptarlos a sus propias ideologías estarán representando un movimiento regresivo.   

Cada tiempo, influido por contextos y circunstancias específicas, modifica, adapta y recrea las narrativas previas para darse un nuevo marco de referencia más apropiado a los tiempos y desafíos que se enfrentan.  Y conforme aprendemos estamos obligados a replantearnos y reescribir los relatos que dan sentido a nuestra existencia. 

Una narrativa no son solamente cuentos o historias, sino que cuando ésta se convierte en una manera de entender el mundo, se vuelve un pacto que todos los que forman parte de ella lo suscriben de forma tácita –y la mayoría de las veces inconsciente y acrítica– al estar inmersos en ella. Aún sin observarlo, una narrativa modela nuestra forma de relacionarnos, la ropa que vestimos, el tipo de lugares a los que asistimos, el tipo de trabajo que deseamos tener, el tipo de casa, de coche, de vacaciones, la zona de la ciudad en donde queremos vivir, el tipo de persona de quien queremos enamorarnos… las narrativas se traducen en nuestro interior en creencias. Cada una de nuestras creencias, que pueden o no estar fundadas en acontecimientos y hechos verificables, son narrativas internas que nos permiten articular el mundo y nuestro lugar y nuestro papel en él.

Las grandes ideologías son libretos, son mapas, son piedras rosetas para interpretar el mundo desde una perspectiva. Nos dicen lo que está bien, mal y cómo tenemos que vivir, pero siempre desde una perspectiva parcial e incompleta. No podemos conocer nada desde el todo, tenemos que apoyarnos en un punto, tomar una perspectiva y desde ahí observar. No hay nada malo en ello, pero es importante saberlo. No encaramos la vida desde LA VERDAD, sino desde una posible perspectiva de verdad parcial. 

Ahora el punto es que construyamos narrativas no solo que tengan que ver con quienes somos, sino con la clase de sociedad que queremos ser, aun cuando de inicio nos resulte contraintuitivo o ingenuo. No debemos olvidar que ese cuerpo de ideas y pretensiones con la repetición termina por volverse reales. 

 

 

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Entramos en la época del año cuando se celebra a México en infinidad de formas: Comenzamos con la conmemoración de los Niños Héroes en la toma del Castillo de Chapultepec.  Dicen los expertos que no fueron niños, como nos lo enseñaron en primaria, y que ninguno de ellos se envolvió en la bandera y se tiró desde las alturas para preservarla de los invasores norteamericanos. Como adulta entiendo que se trata de una leyenda romantizada, pero a la vez reconozco que esa imagen que se formó en mi mente en tercero de primaria sigue tan viva como entonces. Contribuyó a  forjar mi identidad, a sentir que una nación por la cual se llevan a cabo esos grandes sacrificios representa una gran nación. Llega unos días después la celebración de nuestra Independencia, ocasión cuando se manifiesta en todo su esplendor la mexicanidad: desde las caracterizaciones de nuestros héroes de la Independencia, las representaciones teatrales, la poesía. Los desfiles en cada una de las poblaciones grandes y pequeñas, frente a los cuales se exalta dentro de nosotros ese particular orgullo de ser mexicanos. No pueden faltar en esa ocasión los deleites gastronómicos, desde los sofisticados chiles en nogada con su gama de leyendas urbanas y modos de preparación, hasta los populares elotes con chile y la fruta picada, que se venden en cualquier esquina durante el desfile. La mexicanidad nos pone a vibrar a todos los oriundos la noche del 15, en el territorio nacional y allende las fronteras.  Ese “Viva México” que respondemos a coro los presentes en tres ocasiones, seguido por los nombres de los héroes de la Independencia, así como la réplica de la campana de Dolores en cada inmueble que representa a nuestro país a lo largo y ancho del mismo, y de igual manera en las sedes oficiales en el extranjero. Se sigue la –ahora controversial– fecha del 12 de octubre que, así queramos borrar de nuestra historia, constituye la mitad de nuestra identidad.  Un festejo que ha perdido mucho lucimiento por cuestiones ajenas al reconocimiento de nuestra identidad mestiza, cuyo epítome este año es la sustitución de un bello monumento de Colón en el Centro Histórico de la Ciudad de México, por una figura estilizada de una  mujer que busca  representar los pueblos originales, pero que a ratos parece sacada de una cinta galáctica. Ella no me significa ninguna identidad en absoluto. Ni por los rasgos que le imprimieron, ni por la frialdad del material con que está hecha, ni por la forma tan arbitraria con que se ha decidido imponerla. Durante primaria y secundaria estudié fundamentalmente, en colegios de monjas. En los libros de historia de primaria, sistemáticamente, nos brincábamos el capítulo de las Leyes de Reforma.  Sabíamos que existió Benito Juárez; conocíamos la historia del niño de un pequeño pueblo oaxaqueño que pasó de cuidar ganado menor a convertirse en presidente de la República. Esto es, no se acentuaba el hecho de que Juárez haya decretado la separación del Estado y de la Iglesia, pero tampoco se arrancaban las hojas de los libros para vetarlo. Ya en secundaria sí aprendí lo necesario sobre las Leyes de Reforma y la figura de Juárez para el México actual. Sería como en los enamoramientos, tiene más efecto la indiferencia que las acciones directas de resistencia. Seguimos en noviembre con los festejos de la Revolución. A mí me remiten a diversos momentos, en particular con mis hijos pequeños en atuendos de ocasión.  Los desfiles asociados con el deporte y las danzas folclóricas entre las que no puede faltar: “La marcha de Zacatecas” y “La Adelita”. Otra vez la gastronomía en pleno para sentirnos aún más mexicanos. Arribamos finalmente a diciembre, a la celebración de la Virgen de Guadalupe. Sucede ese pensamiento paradójico único en México: proveniente de la tradición católica, la figura de la Guadalupana atraviesa cualesquiera creencias religiosas para instalarse en el corazón de todos los mexicanos. Ahora  las calles se ven pobladas por  peregrinaciones de distintos templos de cada parroquia, y en buena parte del territorio nacional se hacen acompañar de danzantes de todas las edades, vestidos de gran colorido, conocidos como “matachines”, cuyo traje incluye una nahuilla adornada con carrizos cortos, o bien pulseras de guijarros en las piernas, que al danzar generan un sonido muy característico. Sobre la cabeza  portan un penacho multicolor a base de plumas, y a lo largo de toda la peregrinación los danzantes van ejecutando cuadros que  han preparado a lo largo del año, al compás de un tambor. Quien encabeza cada contingente porta un estandarte, generalmente bordado, que identifica al templo y a la parroquia que representan. Podríamos seguir hablando mucho más de los elementos que nos dotan de nuestra  identidad como mexicanos. Esta vez quisiera utilizarlo como parangón frente a las acciones ciudadanas que, de manera contraria, señalan nuestro desapego a la patria, término –este último– que nació del mismo vocablo de “padre” y que significa casa, tierra propia, familia, grupo original. ¿Por qué, tantas veces, en lugar de cuidar nuestro suelo, actuamos con descuido, y hasta nos empeñamos en  dañarlo? ¿Por qué sacamos tajada “a la brava”? ¿Por qué tratamos mal a nuestros hermanos? Pareciera que nos aferramos a la idea de sentir que alguien es más que otros por su color de piel, por el nivel académico o por su  solvencia económica. En la denostación que emprendemos queda expuesta nuestra pequeñez. 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(1)  La batalla de Chapultepec no puede entenderse sin la batalla de Molino del Rey ocurrida cinco días antes. En esas dos batallas se perfilan dos figuras que encarnarán algunos años más tarde, la lucha entre liberales y conservadores en la que se conoce como Guerra de Reforma entre 1858 y 1861. El 8 de septiembre de 1847, el Ejército Mexicano infligió considerables bajas al ejército invasor comandado por el General Winfield Scott; la única razón que impidió la consumación de la victoria mexicana, fue la traición del General (masón liberal) Juan N. Álvarez que se mantuvo inactivo en la Hacienda de Los Morales, con más de dos mil soldados a caballo, que si hubieran intervenido en la batalla, habrían consolidado la victoria mexicana y puesto un alto a la guerra iniciada por el presidente James Polk a partir de una mentira como la de Las Torres Gemelas de Nueva York conmemorada el sábado pasado. La guerra contra México la inició el presidente James  Polk declarando que nosotros habíamos invadido a Estados Unidos en 1846, “derramando sangre americana sobre suelo americano”. La farsa era tan descarada como la del “9/11”,  con la diferencia de que la invasión contra México fue impugnada abiertamente en el Congreso de Estados Unidos entre otros, por el Senador Thomas Corwin  cuya defensa de México transcribí íntegra en mi libro “The Comeback River”  (2)  El caso es que si el “benemérito” Juan Alvarez no hubiera actuado en connivencia con “sus hermanos masones” del ejército gringo, las hostilidades se habrían detenido y habríamos podido evitar el despojo de medio territorio nacional, porque existía un fuerte grupo en el Congreso de Estados Unidos opuesto a la guerra contra México y listo para enjuiciar y destituir al presidente Polk.   Seis años después, el “benemérito” Álvarez, encabezaría la llamada revolución de Ayutla cuyo propósito verdadero fue el de perseguir a la Iglesia Católica preparando el terreno para el inmenso negocio emprendido poco después por el otro “benemérito” masón, Benito Juárez que se robó conventos, hospitales, asilos, escuelas y propiedades que la Iglesia Católica destinaba a auxiliar a los más desvalidos. Volviendo a septiembre de 1847, cinco días después de la traición de Juan Álvarez, hubo dos niños héroes  que sobrevivieron para figurar en nuestra historia. El más conocido e importante, fue Miguel Miramón Torelo, llamado “el joven macabeo”, ejemplo de patriota mexicano y líder del PARTIDO CONSERVADOR cuyas acciones son  casi desconocidas en este México cuya verdadera historia no se enseña en las escuelas.  Esa historia, por desgracia, tampoco  se transmite de generación en generación a través de la tradición oral que era la fuente más pura y cierta de la que se alimentaba nuestro amor por México. Miguel Miramón era compañero de los niños héroes que aquella mañana ofrendaron su vida y que son recordados en el pase de lista de honor del Colegio Militar cuando después del nombre de cada uno de ellos, los hoy cadetes responden en voz alta y a coro: murió por la patria. Esa lista de honor culmina cuando el oficial de mando termina el pase diciendo: Heroico Colegio Militar, a lo que los cadetes responden en voz alta con toda su fuerza: POR EL HONOR DE MÉXICO.   Miguel Miramón estuvo aquella mañana luchando por nuestra soberanía  y cayendo prisionero al final de la batalla. Con el tiempo, sería el presidente más joven de la República, cuando gracias a una maniobra de chapulines (3) Ignacio Comonfort renunció a la presidencia para que Benito Juárez se volviera el único presidente de nuestra historia que jamás fue elegido por el voto popular. Mientras el chapulín Juárez intentaba vendernos a los Estados Unidos, Miramón ejerció como verdadero presidente de México.  La historia enfrentaría poco más adelante al joven macabeo, con el especulador inmobiliario oaxaqueño que se robó los bienes de la Iglesia Católica con el pretexto de que según él, eran bienes de manos muertas, para luego repartir el botín entre sus amigos (los de justicia y gracia) dando origen a una gran camada de nuevos ricos  fifís liberales. Miguel Miramón fue respetado y admirado por sus rivales de armas del partido liberal; hombres igualmente dignos como Mariano Escobedo que reconoció siempre en él su honorabilidad y su valentía. Miramón sobrevivió Chapultepec para seguir luchando por México; fue así que se unió al Plan de Tacubaya encabezado por el General Félix Zuloaga contra la Constitución de 1857, redactada bajo instrucciones de la masonería para perseguir a la Iglesia Católica de México. No fue casualidad que haya sido promulgada precisamente el 5 de febrero, para usurpar la festividad de San Felipe de Jesús, el primer santo mexicano muerto en martirio en Nagasaki, Japón en 1597.   Miguel Miramón estuvo a punto de capturar a Benito Juárez  en Veracruz durante la Guerra de Reforma, de no ser porque “casualmente” intervino la marina de Estados Unidos para rescatar al “mister benemiritou of the Americas” para que los siguiera sirviendo como lo hizo con el tratado Mc Lane/Ocampo. Veinte años después de su participación en la batalla de Chapultepec defendiendo a nuestra patria, Miramón se enfrentó al pelotón de fusilamiento en el Cerro de las Campanas (Querétaro) el 19 de junio de 1867. Cuando tenía yo quince años de edad, estudiaba en el inolvidable Colegio Benavente de Puebla, donde mi querido maestro, el Hermano Lasallista Rubén Gómez Flores me hizo participar en el concurso de oratoria al que asistiría el gobernador del Estado Aarón Merino Fernández acompañado de nuestro rector, Don Emilio Reversat. Aún recuerdo la cara del gobernador y de Don Emilio Reversat, al escuchar la primera frase de mi discurso:
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No fue una temeridad de adolescente; sigo pensando y sintiendo igual. Amo a mi patria y aborrezco “la historia por decreto”. Quiero terminar estas líneas recordando el último gesto heroico de Miguel Miramón, el niño héroe y  Joven Macabeo:   Momentos antes de recibir la descarga de fusilería, el Emperador Maximiliano de México hizo señal al comandante del pelotón de fusilamiento, deteniendo un instante la ejecución, para decir lo siguiente:
  • Señor General Miramón; haga usted el favor de ocupar el sitio al centro; los valientes merecen el  lugar de honor”.
...
  1.  Los conocidos como Niños Héroes son: Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Francisco Márquez, Juan de la Barrera, Juan Escutia y Vicente Suárez.
  2. The Comeback River es mi segundo libro sobre la guerra con Estados Unidos. El Discurso Corwin me fue obsequiado por el Coronel U.S.A.F. Joseph Troy Morgan. Es la defensa más apasionada hecha de México por un no mexicano, y además, fundamentado renglón a renglón en el Derecho Internacional.
  3.  También entonces había “chapulines”; gracias al chapulineo (cambio de partidos y comercio de cargos públicos) Benito Juárez llegó a la Presidencia de la República sin haber vencido jamás en una elección popular.
NOTA CURIOSA: Otro niño héroe de aquel 13 de septiembre de 1847, fue el joven  José Ramón Alejo Rodríguez Arangoiti que sobrevivió a la batalla para participar años después en el proyecto del Monumento a Cristóbal Colón desaparecido con mentiras por “la próxima presidenta de México”…  " ["post_title"]=> string(38) "Los valientes ocupan el lugar de honor" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(38) "los-valientes-ocupan-el-lugar-de-honor" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-13 12:19:26" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-13 17:19:26" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70372" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18590 (24) { ["ID"]=> int(70422) ["post_author"]=> string(2) "77" ["post_date"]=> string(19) "2021-09-14 11:40:36" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-09-14 16:40:36" ["post_content"]=> string(6469) "“La patria del escritor es su lengua”.  –Francisco Ayala (1906-2009), escritor español. 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Los desfiles en cada una de las poblaciones grandes y pequeñas, frente a los cuales se exalta dentro de nosotros ese particular orgullo de ser mexicanos. No pueden faltar en esa ocasión los deleites gastronómicos, desde los sofisticados chiles en nogada con su gama de leyendas urbanas y modos de preparación, hasta los populares elotes con chile y la fruta picada, que se venden en cualquier esquina durante el desfile. La mexicanidad nos pone a vibrar a todos los oriundos la noche del 15, en el territorio nacional y allende las fronteras.  Ese “Viva México” que respondemos a coro los presentes en tres ocasiones, seguido por los nombres de los héroes de la Independencia, así como la réplica de la campana de Dolores en cada inmueble que representa a nuestro país a lo largo y ancho del mismo, y de igual manera en las sedes oficiales en el extranjero. Se sigue la –ahora controversial– fecha del 12 de octubre que, así queramos borrar de nuestra historia, constituye la mitad de nuestra identidad.  Un festejo que ha perdido mucho lucimiento por cuestiones ajenas al reconocimiento de nuestra identidad mestiza, cuyo epítome este año es la sustitución de un bello monumento de Colón en el Centro Histórico de la Ciudad de México, por una figura estilizada de una  mujer que busca  representar los pueblos originales, pero que a ratos parece sacada de una cinta galáctica. Ella no me significa ninguna identidad en absoluto. Ni por los rasgos que le imprimieron, ni por la frialdad del material con que está hecha, ni por la forma tan arbitraria con que se ha decidido imponerla. Durante primaria y secundaria estudié fundamentalmente, en colegios de monjas. En los libros de historia de primaria, sistemáticamente, nos brincábamos el capítulo de las Leyes de Reforma.  Sabíamos que existió Benito Juárez; conocíamos la historia del niño de un pequeño pueblo oaxaqueño que pasó de cuidar ganado menor a convertirse en presidente de la República. Esto es, no se acentuaba el hecho de que Juárez haya decretado la separación del Estado y de la Iglesia, pero tampoco se arrancaban las hojas de los libros para vetarlo. Ya en secundaria sí aprendí lo necesario sobre las Leyes de Reforma y la figura de Juárez para el México actual. Sería como en los enamoramientos, tiene más efecto la indiferencia que las acciones directas de resistencia. Seguimos en noviembre con los festejos de la Revolución. A mí me remiten a diversos momentos, en particular con mis hijos pequeños en atuendos de ocasión.  Los desfiles asociados con el deporte y las danzas folclóricas entre las que no puede faltar: “La marcha de Zacatecas” y “La Adelita”. Otra vez la gastronomía en pleno para sentirnos aún más mexicanos. Arribamos finalmente a diciembre, a la celebración de la Virgen de Guadalupe. Sucede ese pensamiento paradójico único en México: proveniente de la tradición católica, la figura de la Guadalupana atraviesa cualesquiera creencias religiosas para instalarse en el corazón de todos los mexicanos. Ahora  las calles se ven pobladas por  peregrinaciones de distintos templos de cada parroquia, y en buena parte del territorio nacional se hacen acompañar de danzantes de todas las edades, vestidos de gran colorido, conocidos como “matachines”, cuyo traje incluye una nahuilla adornada con carrizos cortos, o bien pulseras de guijarros en las piernas, que al danzar generan un sonido muy característico. Sobre la cabeza  portan un penacho multicolor a base de plumas, y a lo largo de toda la peregrinación los danzantes van ejecutando cuadros que  han preparado a lo largo del año, al compás de un tambor. Quien encabeza cada contingente porta un estandarte, generalmente bordado, que identifica al templo y a la parroquia que representan. Podríamos seguir hablando mucho más de los elementos que nos dotan de nuestra  identidad como mexicanos. Esta vez quisiera utilizarlo como parangón frente a las acciones ciudadanas que, de manera contraria, señalan nuestro desapego a la patria, término –este último– que nació del mismo vocablo de “padre” y que significa casa, tierra propia, familia, grupo original. ¿Por qué, tantas veces, en lugar de cuidar nuestro suelo, actuamos con descuido, y hasta nos empeñamos en  dañarlo? ¿Por qué sacamos tajada “a la brava”? ¿Por qué tratamos mal a nuestros hermanos? Pareciera que nos aferramos a la idea de sentir que alguien es más que otros por su color de piel, por el nivel académico o por su  solvencia económica. En la denostación que emprendemos queda expuesta nuestra pequeñez. Habría que tomar lo bueno de cada episodio de nuestra historia, como una amalgama, y con base en ella construir lo mejor de nuestra generación. Proponernos dejar una huella que marque a futuro nuestro paso, como signo de una diferencia dignificadora.  " ["post_title"]=> string(20) "Historia e identidad" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "historia-e-identidad" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-14 14:10:04" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-14 19:10:04" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70422" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(45) ["max_num_pages"]=> float(23) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "b88058fe1f7be2858624a1d074f6d7a0" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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