Las complicadas decisiones de Claudia Sheinbaum

La terrible disyuntiva de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, empezó la última semana de noviembre del año pasado cuando debió decidir entre mantener la marcha económica de la metrópoli o volver a paralizar la actividad...

16 de febrero, 2021

La terrible disyuntiva de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, empezó la última semana de noviembre del año pasado cuando debió decidir entre mantener la marcha económica de la metrópoli o volver a paralizar la actividad productiva debido al crecimiento de los contagios de coronavirus. Finalmente se regresó al semáforo rojo. Con el sistema de salud colapsado en el mes de enero por los irresponsables festejos de la sociedad mexicana durante el mes de diciembre, la Ciudad de México vivió un inicio de año sumamente complicado debido a lo mortífero de la segunda ola de contagios.

Solamente con el inicio de la vacunación a la población de riesgo el pasado 15 de febrero en algunas alcaldías, la ciudad y Sheinbaum Pardo obtuvieron un pequeño respiro luego de padecer semanas de caos y múltiples frentes abiertos. Incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) debió recibir un tratamiento experimental contra el Covid-19, luego de haberse infectado el pasado 24 de enero que, sumada a la compleja realidad nacional, estresó en demasía la gobernanza del país.

La población capitalina no puede darse el lujo de quedarse en casa ya que no podría obtener los recursos monetarios para que las familias sobrevivan. A esta difícil realidad económica y sanitaria debió sumarse la desventura de semanas caóticas en la movilidad derivada del incendio en las instalaciones centrales del Metro que afectaron seis líneas del subterráneo y que dejó fuera de circulación la línea 3 durante todo enero y las líneas 1 y 2 las primeras semanas. 

El sistema de transporte colectivo logró volver a su funcionamiento con ciertas limitaciones, luego de que los talentosos ingenieros de la CFE lograran instalar en tiempo record una subestación eléctrica colocada en el ala derecha de la plaza de los trabajadores, en el complejo “Delicias” del Metro. Este portento de ingeniería, en condiciones normales, hubiera requerido de una planeación, adquisiciones y trabajos previos de más de un año de trabajo.  

El Metro desafortunadamente ha vivido diezmado y castigado en presupuesto anual por lo que este percance en la movilidad, pudo haberse prevenido en lugar de hacer la migración tecnológica luego de un accidente tan lamentable. La directora Florencia Serranía negó que la falta de mantenimiento fuera la causa del incendio en el transformador; sin embargo, la existencia de documentos oficiales ya advertían sobre el peligro real de un percance.  

Contrario a lo que el recuperado presidente AMLO mencionó, durante la segunda gran ola de contagio invernal, muchos mexicanos murieron en sus casas sin la posibilidad de acceder a una cama de hospital o debieron sufrir un viacrucis para sobrevivir a la enfermedad en medio de la rapiña de los acaparadores de oxígeno y la nefasta alza en medicamentos. La cifra de sobremuertes en enero fue de 21 400 personas en la Ciudad de México, que en condiciones previas a la pandemia oscilaba en promedio entre los 4 mil y cinco mil decesos. 




La jefa de gobierno enfrenta retos gigantescos nunca vividos en más de 100 años. No había precedentes de lo que hoy sucede, por lo que se ha trabajado desde el inicio de la crisis sanitaria en tratar de mantener los contagios en niveles manejables, además de salvaguardar una de las principales economías regionales del país. 

Se apostó a no endurecer las medidas sanitarias en la población, pero resulta inconcebible que después de casi un año de iniciada la contingencia, aún existan mexicanos negacionistas o simples “valemadristas” que sin importar los peligros reales de la salud personal y colectiva, no dejan de acudir a fiestas clandestinas, propagar información falsa, además de llevar una vida cotidiana desafiante como si no existiera una crisis mundial.

En director de gobierno digital de la Ciudad de México, Eduardo Clark, ha explicado en diversas ocasiones que desde la aplicación masiva de pruebas para detectar casos positivos y poder localizarlos mediante la geo referenciación, se ha demostrado que la irresponsabilidad en los contagiados es alarmante y execrable. Dicho de forma más clara, algunos ciudadanos que se sabían enfermos de covid-19, luego de obtener una prueba positiva en algún quiosco fueron totalmente renuentes a quedarse en casa aislados para evitar un mayor contagio a víctimas inocentes. 

La Ciudad de México enfrentó días aciagos como el 11 de enero cuando la ciudad estaba sin seis líneas del Metro funcionando, atrapada en un eterno semáforo rojo, con el sistema de salud colapsado y el plan nacional de vacunación detenido ante el retraso en la entrega de biológicos de Pfizer. El pico de número de decesos fue el 18 de enero con 634, durante varias semanas la ciudad se acostumbró a escuchar historias de enfermos que no lograron sobrevivir. 

Incluso los restauranteros amagaron con rebelarse a las duras medidas sanitarias derivadas del semáforo rojo. Luego de negociaciones con el gobierno de la ciudad, el pasado 25 de enero retomaron actividades con medidas sanitarias de contención, así como algunos centros comerciales que dan servicio las 24 horas.

Mientras los sonidos de las sirenas de las ambulancias aún se escuchan por la ciudad, el duro invierno muestra la cruda realidad de un sistema de salud desmantelado por los gobiernos neoliberales que vieron la sanidad como negocio privado. Además de la politiquería de un régimen que partidizó el uso del cubrebocas como una bandera mortal que provocó muertes y contagios innecesarios, salvo el caso de la jefa de gobierno, que siempre utilizó la mascarilla. Ni el contagio y recuperación del presidente hizo que se solidarizara y promoviera el uso del cubrebocas como medida real de mitigación de la pandemia.

Gobernar consiste en tomar complejas decisiones que afectan la vida de los ciudadanos. Al final se deberá analizar cada acción gubernamental y políticas públicas implementadas para conocer los errores que costaron vidas humanas, con la finalidad de no volver a estar tan expuestos y vulnerables a las fatalidades como es una pandemia que, desafortunadamente, volverá a ocurrir si no se ataca el problema de fondo: el cambio climático.

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