La tragedia de la Línea 12 del Metro | La importancia de la narrativa y conciencia histórica

¿Qué significan hoy algunas expresiones  como “democracia”, “libertad”, “justicia”, “unidad”?  Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación… ⎯Fratelli tutti, CARTA ENCÍCLICA .  Como millones de capitalinos en los últimos 52 años, toda mi...

5 de mayo, 2021

¿Qué significan hoy algunas expresiones 

como “democracia”, “libertad”, “justicia”, “unidad”? 

Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas

como instrumento de dominación…

Fratelli tutti, CARTA ENCÍCLICA . 

Como millones de capitalinos en los últimos 52 años, toda mi vida he utilizado el Sistema de Transporte Colectivo Metro. Pese a todas las fallas que –desde que tengo uso de memoria– ha presentado el Metro, a nadie le cabía la menor duda de que esta infraestructura es como el sistema circulatorio de la Ciudad de México. Bueno, quizás no a todos, pues de otro modo se hubieran tomado todas las medidas posibles para prevenir esta tragedia1 que ha coronado una serie de medidas corruptas y arbitrarias de tantos politiqueros que conforman al actual régimen, –empezando, sin lugar a dudas, por el canciller Ebrard–.

A raíz de este hecho, muchos expertos han analizado las causas fácticas y políticas que produjeron el desenlace que el lunes atestiguamos todos. Por ello, en un esfuerzo por sobrepasar el sentimiento de indignación e impotencia, considero necesario entender el sentido histórico que este suceso ha tenido ya que, tristemente, a los mexicanos se nos suelen olvidar las cosas. Más allá de emprender una apología por la oposición política, el objetivo de esta reflexión es comprender el suceso de ayer como un símbolo histórico para entender, un poco mejor, nuestro contexto actual. 

Sobre la importancia de interpretar los hechos históricos, Mauricio Beuchot afirma lo siguiente: “Nos reflejamos en la historia como en un espejo. Gracias a ella sabemos lo que somos, nos muestra la naturaleza humana. Por eso con sus trozos edificamos utopías, a partir de los hechos imaginamos futuros. Con el descontento de lo fáctico o factual nos lanzamos a lo posible”2. Básicamente, lo que nos da a entender el filósofo mexicano es que la gran ventaja de interpretar la historia es la comprensión de nosotros mismos como individuos, comunidades y como país a la luz de nuestro pasado, ya que “no hay otra forma de conocer al ser humano más que a partir y a través de su historia, de lo que hace, para encontrar, en las constantes, lo que es”3. De esta manera, cuando contrastamos el pasado con el presente, podemos plantearnos posibles panoramas de lo que será nuestro futuro. No se trata de predecir con exactitud milimétrica qué sucederá. Más bien es un ejercicio de la reflexión humana para comprender cómo podemos evitar caer en los mismos males. Así, “como señala Ricoeur, la historia debe servir por lo menos para no repetir los errores de ayer en el hoy y el mañana”4

Para realizar este ejercicio, se necesitan entender los sucesos históricos a través de una analogía con los textos. De esta manera, así como el signo está compuesto por una referencia y un sentido, también podemos comprender al suceso histórico conformado por una referencia –el hecho que sucedió– y un sentido –la comprensión de lo sucedido, así como la dirección, la interpretación de la referencia–.5  

En tanto se trata de la referencia, el hecho es claro: la infraestructura del puente, por el cual pasaban a diario los trenes de la Línea 12 del metro, cedió y se derrumbó en la calle. ¿Qué sentidos podemos encontrar y cómo interpretamos este suceso? La primera pregunta, obligada, es el porqué. Como ya ha sido reportado por muchos analistas, la estructura general del Metro siempre ha dejado mucho que desear. Desgraciadamente, la Línea 12 siempre se ha caracterizado por el desperfecto. Incluso las agencias periodísticas extranjeras lo reportan así: “La línea 12 ha estado sometida al escrutinio público por sus desperfectos desde su inauguración. Sus nueve años han estado marcados por cierres, deterioros y reparaciones”6. Y si bien, hay comentarios que intentan especificar más como el ofrecido por el exdirector del Metro, Jorge Gaviño, cuando afirma que “la trabe que falló es metálica y la investigación deberá determinar la causa del percance, incluyendo si es de origen o mantenimiento”7, todo parece apuntar a un mismo origen: la falta de estrategia en el diseño e implementación de las obras públicas. Lo cual, no es algo nuevo en el panorama mexicano. Incluso el mismo Metro ha sido un símbolo de lo desvencijado y olvidado que las administraciones públicas han dejado caer por falta de mantenimiento a tanta obra pública.

Otro sentido que no se nos puede escapar a nuestra atención es el hecho que, lejos de asumir responsabilidades, han salido a declarar –dirimiendo la culpa– que no hubo ningún error por su parte. Ejemplo de ello es la siguiente declaración que realizó Marcelo Ebrard: “Esta obra [la Línea 12] fue entregada al Gobierno entrante [de la CDMX] en julio del 2013 después de una revisión de siete meses. El que actúa con integridad no debe temer a nada, el que nada debe nada teme, pero yo estoy sujeto a lo que determinen las autoridades sobre los peritajes”8. Y qué va a temer cuando tales peritajes están en manos del control gubernamental. Da un nuevo sentido cuando se confronta esta declaración con aquella que realizó en 2016 donde describió lo bueno que tenía el PRI: “–Eficiencia; que sí mantiene su unidad. Y hoy está aprovechándola para reinstalar un presidencialismo feroz. Estamos en un proceso de instalación cualitativamente superior del presidencialismo en México. Ahí van otra vez de regresito”9. Irónico, pues hoy le queda perfecto esta descripción a la gestión de MORENA. 

Por último, hemos de considerar el sentido en tanto proyección, es decir, el futuro que queremos. Dudo que sea el único al que esta tragedia le recuerda, en cierta medida, al famoso cuento “El guardagujas” del nunca igualado Juan José Arreola.  En el relato se narra cómo un hombre intenta viajar en un tren cuyo itinerario, estructura y efectividad son nulas. Como es usual del estilo del escritor jalisciense, existen muchos niveles de interpretación; sin embargo, hay un sentido que destaca por ser más cercano al de nuestra realidad. Tal interpretación es el de la impotencia de vivir dentro de un sistema que pretende ser bueno, óptimo y funcional cuando, en realidad, busca el control absoluto a ultranza. Cuando el pasajero le pregunta al guardagujas la razón por la cual la empresa ferroviaria administra con tan severas fallas el servicio, éste le contesta:

 

–Todo esto lo hace la empresa con el sano propósito de disminuir la ansiedad de los viajeros y de anular en todo lo posible las sensaciones de traslado. Se aspira a que un día se entreguen plenamente al azar, en manos de una empresa omnipotente, y que ya no les importe saber a dónde van ni de dónde vienen 10.

 

Al final del cuento, el pasajero olvida hacia dónde quería ir. Con lo cual, se infiere que ha perdido conocimiento de sí mismo y, por consiguiente, de su entorno. Por lo cual, si no queremos terminar como este ingenuo viajero, hemos de empezar a cobrar una conciencia crítica e histórica que nos permita dilucidar los engaños del presente contrastándolos con las tragedias actuales y del pasado. Por ello, resalto la importancia de entender los hechos y sucesos como signo merecedores de interpretarse. ¿Qué nos enseña la pobre actuación gubernamental y la falta de entereza política de nuestros gobernantes? Que tienen una agenda como la empresa del cuento de Arreola. La tragedia de la Línea 12 no solo era previsible, sino que fue fruto del pequeño ego de ciertos actores politiqueros que han hecho su carrera a través del dolor y el sufrimiento del pueblo mexicano. También nos demuestra el gran cinismo con el que osadamente se desempeñan. 

Como ciudadanos no podemos darnos el lujo de olvidar este dolor de más de doce familias que han perdido a un ser querido. Como mexicanos, no podemos permitir que jueguen con la narrativa y la usen a su favor. Y, por último, no hemos de dejar que nos radicalicen más entre nosotros. Es a través de la interpretación de los hechos históricos como podemos adquirir una conciencia auténtica de lo que somos y lo que buscamos alcanzar. Por ello, no debemos olvidar jamás la tragedia de la Línea 12.

 

Nunca se avanza sin memoria […] Necesitamos mantener “viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió” que “despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”.11

 1 A unos cuantos minutos empezó a compartirse por redes sociales una nota del periódico El Universal donde se señaló que ya desde 2017 se habían identificado fallas estructurales. El 4 de mayo salió un reportaje señalando este artículo; disponible en: https://www.eluniversal.com.mx/metropoli/cdmx/estacion-olivos-temian-en-2017-colapso-de-linea-12-del-metro-tras-el-sismo.

 2 Beuchot, Mauricio, Hechos e Interpretaciones; (México: FCE, 2016), p. 74.

 3 Beuchot, Hechos e Interpretaciones, p. 67.

4 Beuchot, Hechos e Interpretaciones, p. 65.

 5Cfr. Beuchot, Hechos e Interpretaciones, p. 66.

 6 BBC News Mundo, Accidente en Línea 12: la controvertida historia de la línea de metro que colapsó y provocó decenas de muertos y heridos. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-56980066.

 7Aristegui Noticias, Exdirector del Metro explica posibles fallas en la línea 12 (vídeo). Disponible en: https://aristeguinoticias.com/0405/mexico/exdirector-del-metro-explica-posibles-fallas-en-la-linea-12-video/.

8  El Financiero, ‘El que nada debe, nada teme’, dice Ebrard tras colapso en Línea 12 del Metro. Disponible en: https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2021/05/04/el-que-nada-debe-nada-teme-dice-ebrard-tras-colapso-en-linea-12-del-metro/.

 9 Scherer Ibarra, María y Lozano, Nacho, El priista que todos llevamos dentro; (México: Grijalbo, 2016), pp. 30 y 31.

10 Arreola, Juan José, Confabulario definitivo, novena edición; (Madrid: Cátedra, 2017), p. 90.

 11 Carta encíclica Fratelli tutti, 249.

Comentarios


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La casualidad es sin duda un componente parcial de la realidad, pero no el único ni el preponderante. Quizá lo correcto consista en centrarnos en la aceptación de la incertidumbre como condición medular de la existencia.  ¿Eres siquiera capaz de imaginar un universo gobernado por el azar absoluto? Trata de visualizar un cosmos donde la contingencia sea total, es decir, donde no haya reglas ni constantes ni continuidad previsible de ninguna especie, donde el caos y la indeterminación constituya el devenir rutinario, donde la coherencia entre las causas y los efectos no pueda siquiera ser pensada y donde la inexistencia de patrones impida la construcción de estructuras de cualquier tipo. Lo único que puede surgir de ahí es la nada, la atomización total, el caos absoluto, porque sería un escenario sin ningún pauta o referencia a la cual aferrarse.     Lo más probable es que si el universo fuese arbitrario a ese nivel ni siquiera se habría configurado la vida. 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En ese universo donde la estructuras básicas y constantes como la formación de moléculas, la gravedad, los campos electromagnéticos, entre muchos otros patrones previsibles dan forma a una realidad cognoscible, así sea de manera parcial. Es en esta dimensión de la existencia donde la tensión entre la voluntad y el azar puede ocurrir. Es aquí, en ese universo estable, donde es posible identificar cómo ciertas causas anticipan ciertos efectos, mientras que muchas otras causas nos resultan desconocidas y sólo podemos inferirlas por sus efectos.  Ahora bien, diferenciemos con claridad el azar de lo arbitrario. Mientras el primero lo entendemos como una sucesión de casualidades que no están relacionadas entre sí pero forman parte de las estructuras establecidas por la evolución del cosmos, lo arbitrario se daría si los fenómenos se sucedieran sin orden ni concierto, sin referentes, sin una coherencia interna entre un acontecimiento y otro. El azar es indeterminado, pero tiene una cierta coherencia y forma parte del orden universal. Las monedas del ejemplo pueden caer cara o escudo, pero siempre caen, no podemos predecir el resultado concreto de cada lanzamiento pero sí el comportamiento general del fenómeno. Que exista el azar no significa que, de manera arbitraria, de pronto nazca un elefante que vuela, o una ballena que juegue al ajedrez.  Cuando decimos que la vida se compone de una sucesión de azares significa que los acontecimientos, las oportunidades o los inconvenientes que nos van ocurriendo no responden a ningún propósito que vayan más allá de los accidentes circunstanciales de la propia existencia. Es decir, el azar está acotado y condicionado a lo que “es posible” en determinada circunstancia, aun cuando nosotros no podamos ver esa “posibilidad”.  ¿Cuáles son las normas internas que rigen el azar? No hay forma de saberlo. El espacio de indeterminación se rige por las mismas estructuras del universo que no pueden ser alteradas por el ser humano. Si el meteorito que mató a los dinosaurios hubiese tenido una trayectoria ligeramente distinta y no pega en la tierra como lo hizo, casi seguro que los humanos nos estaríamos aquí. ¿Por qué ocurrió así y no de otra manera? No hay forma de saberlo. Lo que es un hecho es que ese acontecimiento moldeó el devenir evolutivo del planeta y dio lugar a las condiciones para que apareciéramos los humanos.  Volviendo al ejemplo de la moneda que cae escudo o cara, si llevamos a cabo cinco lanzamientos es casi imposible predecir el resultado y el orden de los mismo, pero si por medio de la estadística damos seguimiento a cincuenta mil lanzamientos en vez de cinco, entonces será posible detectar ciertos patrones que nos permiten comprender mejor el comportamiento de ese azar, acotado por las propias estructuras que lo acogen.  La posibilidad de encontrarnos fortuitamente en la calle con alguien que no hemos visto en veinte años en una gran ciudad ciertamente no es cero, pero sí una muy remota, por eso cuando ocurren circunstancias como esa nos parece casi mágico.  ¿Nuestra voluntad o nuestras intenciones –por ejemplo, pensar en ese alguien unos días antes de topárnoslo– pueden forzar ese tipo de casualidades? Es imposible saberlo con certeza. Lo que desconocemos acerca del funcionamiento sutil del cosmos es seguramente mucho más que lo que ya sabemos y por lo tanto no es posible ni afirmar ni negar categóricamente esa posibilidad. Quizá el azar, o lo que nosotros entendemos como tal, ni siquiera exista y sea tan solo una forma de interpretar los acontecimientos desde la perspectiva limitada de la Totalidad que tenemos como seres humanos, desde la cual no podemos ver muchos de los patrones cósmicos; sin embargo, sea como sean las cosas a esos niveles, es verdad que nuestra percepción nos hace experimentar un potente factor de impredictibilidad que muchas veces llega hasta lo misterioso.     Lo cierto es que esa comprensión de que somos producto caprichoso del azar y del tiempo, de que tras una concatenación de casualidades inexplicables apareció la vida que conocemos y con ella finalmente los humanos, quienes vivimos corroídos por la ansiedad y la angustia, en medio de un cosmos inmenso, inerte, incierto y vacío tampoco termina por convencer del todo y es en este nivel donde la reflexión acerca del sinsentido del azar, tiene cabida.  Una cosa es que exista un espacio de indeterminación donde entran en juego patrones estadísticos que se nos escapan y otra que el azar sea realmente la propiedad cósmica preponderante.  Sin embargo, en el otro extremo del espectro es necesario reconocer que el hecho de que deseemos un cosmos lleno de sentido y armonía, cuya evolución tenga un propósito y una razón, y que además nosotros seamos capaces de decidir voluntariamente aquello que experimentamos no es suficiente para que las cosas de verdad ocurran de ese modo, o para que, si lo son, podamos observarlas en su justa dimensión. Quizá el más grande aprendizaje al que podemos acceder consiste en dejar de preocuparnos por el azar y la casualidad, que a fin de cuentas, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control y centrarnos en la aceptación plena de la incertidumbre como una condición de la existencia humana.  Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(22) "El sinsentido del azar" ["post_excerpt"]=> string(155) "El azar y la casualidad, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control. La incertidumbre es una condición inherente de la existencia humana. 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Aprovechaos: El Viene-Viene amaneció ¡con ganas!  Esta Columna vertebral y sobre todo visceral, rinde homenaje a nuestro ínclito anfitrión Eduardo I, por haber sacudido las ondas hertzianas y kilowaticas de la radio con sus agudos comentarios. Dijo Eduardo I que nuestro macuspano  Le Grand Tlathuán- ¡no se enoja! Sólo finge demencia pa’ acarrear agua para su tabasqueño molino de adoradores. Y le sale, que ni bordado. Aunque frunza el ceño, por dentro está risa y risa. El Hijo Predilecto de la Ch(/%(/&$da, Palenque y anexas  (Eso no lo dijo Eduardo I, lo dice el Viene Viene) ¡Es un gran pelotero! Y todo un histrión.  Con un solo dedito, lo mismo dice que sí, dice que no y dice que ¡no sabe! Y cuando lo acorralan, saca ¡otros datos! Hace como que llora ¡Quiere llorar, quiere llorar! Lo cierto es que ni se acongoja. Ya lo hemos visto. Se ha puesto “malito” porque le duele su corazón de él; y luego –como anillo al dedo- le pega el Covid dos veces. 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Ni Resortes, en “El beisbolista fenómeno” ¡Andy Man se cuece aparte!  (Todo lo anterior, Clasificación no apta para milenials)  Y mientras tanto, los “machuchones” desde la tribuna le hacen: ¡Buuuu!, pero bien que se acomodan y hacen sus apuestas. Son “alecuijes” Id. Est. Charales que nadan juntos en la misma charca.  ¿Pu’s no que muy “sentidos” porque Andy Man les secó Texcoco? ¡Voooy! (La Tucita Dixit)  Ya parece. Se “miace” que más bien Papi Sam tronó los dedos y a falta de cambiar ídolos por espejitos, se fue por el sincretismo y decidió cambiar al Señor Netzahualcoyotl por la Santa Lucía. Aplicando la “Ley Zbgniew Brzezinki” ¡No queremos un Japón en la frontera con Estados Unidos!  ¿Se imaginan un Hob o canal de Panamá aéreo en la CEDEMEAKISS..? ¡Oh My Dog!  ¡Houston, Dallas, Atlanta, Miami, JKF, Los Ángeles… tenemos un problema!   Algo similar al proyecto del tren bala México-Kurítaro, que le secaron al Quique por andar coqueteando con los chinos. ¡Copelas, o cuelio! 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Ésta es producto de muchas variables que se desconocen, pero el desconocerlas no significa que carezcan de patrones sutiles que las condicionen y les otorguen un cauce. La evolución tiene innumerables constantes y súbitas rupturas creativas que dan lugar a nuevas formas de existencia, pero que, aun cuando no podamos conocerlas todas y mucho menos controlarlas, no necesariamente son arbitrarias.  De este modo, ante la imposibilidad de que un azar absoluto gobierne el universo, la casualidad se convierte por fuerza en componente parcial de la realidad que conocemos en equilibrio con la causalidad. En este universo de contingencia parcial, si lanzamos una moneda cien veces al aire, no es fácil predecir cuántas y en qué orden caerá arriba el escudo y en cuantas la cara, pero en la versión de azar total ni siquiera podríamos estar seguros de que la moneda caería.  Ahora pensemos, ya no esa contingencia absoluta sino una relativa. En ese universo donde la estructuras básicas y constantes como la formación de moléculas, la gravedad, los campos electromagnéticos, entre muchos otros patrones previsibles dan forma a una realidad cognoscible, así sea de manera parcial. Es en esta dimensión de la existencia donde la tensión entre la voluntad y el azar puede ocurrir. Es aquí, en ese universo estable, donde es posible identificar cómo ciertas causas anticipan ciertos efectos, mientras que muchas otras causas nos resultan desconocidas y sólo podemos inferirlas por sus efectos.  Ahora bien, diferenciemos con claridad el azar de lo arbitrario. Mientras el primero lo entendemos como una sucesión de casualidades que no están relacionadas entre sí pero forman parte de las estructuras establecidas por la evolución del cosmos, lo arbitrario se daría si los fenómenos se sucedieran sin orden ni concierto, sin referentes, sin una coherencia interna entre un acontecimiento y otro. El azar es indeterminado, pero tiene una cierta coherencia y forma parte del orden universal. Las monedas del ejemplo pueden caer cara o escudo, pero siempre caen, no podemos predecir el resultado concreto de cada lanzamiento pero sí el comportamiento general del fenómeno. Que exista el azar no significa que, de manera arbitraria, de pronto nazca un elefante que vuela, o una ballena que juegue al ajedrez.  Cuando decimos que la vida se compone de una sucesión de azares significa que los acontecimientos, las oportunidades o los inconvenientes que nos van ocurriendo no responden a ningún propósito que vayan más allá de los accidentes circunstanciales de la propia existencia. Es decir, el azar está acotado y condicionado a lo que “es posible” en determinada circunstancia, aun cuando nosotros no podamos ver esa “posibilidad”.  ¿Cuáles son las normas internas que rigen el azar? No hay forma de saberlo. El espacio de indeterminación se rige por las mismas estructuras del universo que no pueden ser alteradas por el ser humano. Si el meteorito que mató a los dinosaurios hubiese tenido una trayectoria ligeramente distinta y no pega en la tierra como lo hizo, casi seguro que los humanos nos estaríamos aquí. ¿Por qué ocurrió así y no de otra manera? No hay forma de saberlo. Lo que es un hecho es que ese acontecimiento moldeó el devenir evolutivo del planeta y dio lugar a las condiciones para que apareciéramos los humanos.  Volviendo al ejemplo de la moneda que cae escudo o cara, si llevamos a cabo cinco lanzamientos es casi imposible predecir el resultado y el orden de los mismo, pero si por medio de la estadística damos seguimiento a cincuenta mil lanzamientos en vez de cinco, entonces será posible detectar ciertos patrones que nos permiten comprender mejor el comportamiento de ese azar, acotado por las propias estructuras que lo acogen.  La posibilidad de encontrarnos fortuitamente en la calle con alguien que no hemos visto en veinte años en una gran ciudad ciertamente no es cero, pero sí una muy remota, por eso cuando ocurren circunstancias como esa nos parece casi mágico.  ¿Nuestra voluntad o nuestras intenciones –por ejemplo, pensar en ese alguien unos días antes de topárnoslo– pueden forzar ese tipo de casualidades? Es imposible saberlo con certeza. Lo que desconocemos acerca del funcionamiento sutil del cosmos es seguramente mucho más que lo que ya sabemos y por lo tanto no es posible ni afirmar ni negar categóricamente esa posibilidad. Quizá el azar, o lo que nosotros entendemos como tal, ni siquiera exista y sea tan solo una forma de interpretar los acontecimientos desde la perspectiva limitada de la Totalidad que tenemos como seres humanos, desde la cual no podemos ver muchos de los patrones cósmicos; sin embargo, sea como sean las cosas a esos niveles, es verdad que nuestra percepción nos hace experimentar un potente factor de impredictibilidad que muchas veces llega hasta lo misterioso.     Lo cierto es que esa comprensión de que somos producto caprichoso del azar y del tiempo, de que tras una concatenación de casualidades inexplicables apareció la vida que conocemos y con ella finalmente los humanos, quienes vivimos corroídos por la ansiedad y la angustia, en medio de un cosmos inmenso, inerte, incierto y vacío tampoco termina por convencer del todo y es en este nivel donde la reflexión acerca del sinsentido del azar, tiene cabida.  Una cosa es que exista un espacio de indeterminación donde entran en juego patrones estadísticos que se nos escapan y otra que el azar sea realmente la propiedad cósmica preponderante.  Sin embargo, en el otro extremo del espectro es necesario reconocer que el hecho de que deseemos un cosmos lleno de sentido y armonía, cuya evolución tenga un propósito y una razón, y que además nosotros seamos capaces de decidir voluntariamente aquello que experimentamos no es suficiente para que las cosas de verdad ocurran de ese modo, o para que, si lo son, podamos observarlas en su justa dimensión. Quizá el más grande aprendizaje al que podemos acceder consiste en dejar de preocuparnos por el azar y la casualidad, que a fin de cuentas, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control y centrarnos en la aceptación plena de la incertidumbre como una condición de la existencia humana.  Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(22) "El sinsentido del azar" ["post_excerpt"]=> string(155) "El azar y la casualidad, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control. La incertidumbre es una condición inherente de la existencia humana. 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