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El orgullo de existir y el derecho a ser nombrados

La homosexualidad no es una enfermedad; la homofobia sí lo es.

2 de junio, 2026 Las estadísticas del INEGI muestran que 83 de cada 100 personas de la Comunidad LGBTI+ se dieron cuenta de su orientación antes de cumplir los 18 años.

Junio es el Mes del Orgullo en todo el mundo. Para algunas personas se trata de una celebración colorida que llena las calles de banderas arcoíris; para otras, es una oportunidad para recordar décadas de lucha contra la discriminación. Sin embargo, más allá de los desfiles y los símbolos, el orgullo representa algo profundamente humano: el derecho de cada persona a vivir con dignidad, a ser reconocida por quien es y a ser llamada de la manera en que se identifica.

La Homosexualidad y la Transexualidad son tan naturales en los seres humanos como lo es la heterosexualidad. La Doctora y Sexóloga Claudia Rampazzo nos dice que no decidimos nuestra identidad y que no elegimos como tal ser personas trans, durante años se pensó que solo existía un cerebro femenino o un cerebro masculino y hoy la ciencia nos está mostrando algo mucho más complejo en temas de neurociencia. Los estudios muestran que ciertas áreas del cerebro relacionadas con la percepción corporal, como la autoconciencia, la conectividad y los procesamientos emocionales, pueden presentar patrones que no encajan totalmente con el sexo asignado al nacer y el que antes se determinaba estrictamente por la gentilidad. Estos estudios no respaldan la idea simplista de un cerebro 100% masculino o 100% femenino sino algo más parecido a un mosaico cerebral, mezclas variables de características necrológicas influenciadas por la genética, por las hormonas prenatales, por el desarrollo cerebral y claro por las experiencias humanas. En los últimos años, uno de los debates más intensos ha girado en torno a las llamadas leyes de identidad o reconocimiento de género. Quienes se oponen a ellas suelen argumentar que el lenguaje no debe modificarse o que el reconocimiento legal de la identidad de género implica concesiones excesivas. Sin embargo, detrás de estas discusiones existe una pregunta fundamental: ¿quién tiene el derecho de definir quién es una persona?

La identidad de género es la vivencia interna y personal del género tal como cada individuo la siente. No se trata de una moda ni de un capricho, tal vez a nuestra sociedad tan conservadora esto le pueda parecer imposible pero bien podríamos platicar con nuestros hijos y las generaciones mas jóvenes al respecto, ellos tienen puntos de vista mucho más evolucionados y deconstruidos y mucho nos ayudarían a entender la homosexualidad y la transexualidad como algo absolutamente natural, respetable y orgánico.

Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud han reconocido que las personas trans y no binarias tienen derecho al respeto de su identidad y a vivir libres de discriminación. Algo muy importante que tenemos que saber todos es que la homosexualidad es solo un tema de preferencia y orientación individual y que en ningún momento abre la puerta a para filias ni padecimientos y mucho menos comportamientos violentos y abusivos.

Llamar a alguien por el nombre y los pronombres con los que se identifica no implica renunciar a nuestras convicciones personales. Es, simplemente, un acto básico de respeto. Lo hacemos todos los días cuando pronunciamos correctamente el nombre de una persona o cuando respetamos títulos profesionales y formas de trato. Reconocer la identidad de género de alguien pertenece a la misma esfera de consideración y dignidad humana.

En México, este principio no surge únicamente de la cortesía, sino también del marco jurídico. El artículo 1° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prohíbe toda forma de discriminación que atente contra la dignidad humana. Además, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha emitido criterios que reconocen el derecho al libre desarrollo de la personalidad, incluyendo la identidad de género.

La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación también establece mecanismos para combatir actos discriminatorios basados en características personales, incluida la identidad de género. A ello se suman reformas aprobadas en diversas entidades federativas que permiten el reconocimiento legal de la identidad de las personas trans mediante procedimientos administrativos, sin necesidad de procesos judiciales largos y costosos.

A nivel internacional, los Principios de Yogyakarta, aunque no son vinculantes, constituyen una referencia importante para la interpretación de los derechos humanos relacionados con la orientación sexual y la identidad de género. Asimismo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su Opinión Consultiva 24/17, estableció que los Estados deben garantizar el reconocimiento de la identidad de género de las personas y facilitar la adecuación de documentos oficiales.

Algunas personas consideran que estos cambios legales son innecesarios porque creen que afectan únicamente a una minoría. Pero la historia demuestra que los derechos humanos no se miden por el tamaño de los grupos que los ejercen. Los avances en materia de derechos de las mujeres, de las personas con discapacidad o de las minorías raciales también fueron cuestionados en su momento. Hoy entendemos que una sociedad democrática se fortalece cuando se protege a quienes históricamente han sido excluidos y es deber de los gobernantes proteger a todos los ciudadanos no únicamente a los que coinciden con ellos y en ideologías.

El Mes del Orgullo nos invita precisamente a reflexionar sobre ello. No se trata de exigir privilegios ni de imponer formas de pensamiento. Se trata de reconocer que todas las personas merecen vivir sin miedo a ser humilladas, rechazadas o invisibilizadas por ser quienes son.

Defender el derecho de una persona a ser llamada por el género con el que se identifica no amenaza la libertad de nadie ni la seguridad de las familias. Por el contrario, amplía el espacio de respeto y convivencia para todos. Una sociedad verdaderamente libre es aquella donde nadie tiene que esconder su identidad para ser aceptado.

El orgullo, en última instancia, no es una celebración de la diferencia. Es una celebración de la dignidad humana y orgullo quiere decir lo opuesto a vergüenza. La dignidad comienza por algo tan sencillo, y tan poderoso, como reconocer a las personas por quienes ellas dicen ser.

En todo caso hablando de protección a las infancias deberíamos de empezar por perseguir los delitos sexuales a menores de edad por parte de pederastas que muchas veces se esconden bajo el cuidado de instituciones religiosas pretendiendo engañar a la sociedad, haciéndose pasar por personas de fe y aprovechándose de la confianza se la que gozan en espacios llenos de niñas y niños indefensos que desconocen las sucias depravaciones e intenciones de estos delincuentes.

La homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí lo es, reconocer la preferencia y la orientación de las personas siempre y cuando exista consenso y conocimiento es más que un acto de respeto: es el inicio de una verdadera evolución social.

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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