INEGI presenta resultados de la encuesta sobre el  COVID-19 en la educación 2020

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través del Comunicado de Prensa Número 185/21, con fecha de 23 de marzo de 2021, presentó los Resultados de la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en...

20 de mayo, 2021

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través del Comunicado de Prensa Número 185/21, con fecha de 23 de marzo de 2021, presentó los Resultados de la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación  (ECOVID-ED) 2020. Ahí se señala:

“La ECOVID-ED 2020 permite conocer el impacto por la cancelación provisional de clases presenciales en las instituciones educativas del país, en la experiencia educativa de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de 3 a 29 años, tanto en el pasado ciclo escolar 2019- 2020, como en el actual ciclo 2020-2021”.

Datos Nacionales

De acuerdo a los porcentajes, en este rubro se muestra una acentuada deserción escolar por falta de recursos económicos; universo de alumnos inscritos en algún centro educativo, clases a distancia.

Deserción 

  • 33.6 millones de personas entre los 3 y 29 años estuvieron inscritas en el ciclo escolar 2019-2020 (62.0% del total). De ellas, 740 mil (2.2%) no concluyeron el ciclo escolar: 58.9% por alguna razón asociada a la COVID-19 y 8.9% por falta de dinero o recursos.

Inscripciones




  • Para el ciclo escolar 2020-2021 se inscribieron 32.9 millones (60.6% de la población de 3 a 29 años).

Falta de recursos económicos

  • Por motivos asociados a la COVID-19 o por falta de dinero o recursos, no se inscribieron 5.2 millones de personas (9.6% del total 3 a 29 años) al ciclo escolar 2020-2021.

Clases a distancia, Padres desempleados, falta de conectividad

  • Sobre los motivos asociados a la COVID-19 para no inscribirse en el ciclo escolar vigente (2020-2021), 26.6% considera que las clases a distancia son poco funcionales para el aprendizaje; 25.3% señala que alguno de sus padres o tutores se quedaron sin trabajo, 21.9% carece de computadora, otros dispositivo o conexión de internet.

Disponibilidad-clases presenciales

  • Más de la mitad de la población de 3 a 29 años tiene mucha disponibilidad para asistir a clases presenciales una vez que el gobierno lo permita.

Reto mundial

Medir el impacto de la pandemia por la COVID-19 en distintos ámbitos es un reto nuevo que enfrentan los países en el mundo. En específico, en el campo de la educación la afectación ha sido particular, dadas las recomendaciones del distanciamiento social.

La metodología que utilizó el INEGI para realizar la encuesta fue por medio del levantamiento de información por medio de entrevistas telefónicas, bajo el marco de muestreo que deriva del Plan Nacional de Numeración del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), tanto de teléfonos móviles como fijos; dada su selección probabilística, permite expandir sus resultados para la población del país (94% de la población es usuaria de teléfono).

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Me da un poco de risa que ahora todo mundo conoce muy bien a The Economist. Vaya, es una revista que goza de prestigio internacional y que es leída por las élites financieras y políticas del mundo. Yo estoy suscrito a ella desde hace algunos años y todas las semanas me llegan sus newsletters. Por eso sé que la publicación normalmente critica a muchos líderes –Trump, Biden, Boris Johnson, Putin, Bolsonaro, Erdogan, Orbán–, no solo a López Obrador.   ¿Qué es The Economist? Es una revista de Economía y Política que se publica desde la primera mitad del siglo XIX. Su posición es el liberalismo. A veces me río de las rabietas que hicieron algunos comentaristas orgánicos del nuevo régimen a propósito del artículo “Mexico’s false Messiah” (El falso mesías de México). ¿Qué esperaban? La filosofía que sigue esta publicación es el liberalismo económico y el liberalismo político. Si uno quisiera leer un artículo que celebre las políticas del actual gobierno, muy probablemente lo encuentre en Granma, el periódico oficialista de Cuba, o en La Jornada, que es el diario oficialista de México. Pero, por favor, no en The Economist.   El artículo critica al presidente mexicano, pero también reconoce en él cualidades y logros. Veamos.   Aspectos positivos  El artículo reconoce como positivo el aumento de los salarios mínimos, de las pensiones y el subsidio de los jóvenes aprendices. Acepta que el gobierno de Obrador ha logrado un equilibrio entre gasto público y deuda, y que ello ha permitido que nuestro país goce de finanzas sanas. Subraya que Obrador se ha convertido en la voz de los desposeídos y que no es corrupto; es más, da razón a AMLO al admitir que, efectivamente, la clase gobernante ha sido muy corrupta. Finalmente, destaca el artículo la gran popularidad que goza el presidente (arriba del 60%). Aspectos negativos La crítica puede resumirse en ocho puntos.  Uno: AMLO divide. Para él hay dos tipos de mexicanos: los que lo apoyan (el pueblo) y los que lo critican (las élites). Los que lo apoyan son los buenos; los que lo critican son, además de “traidores”, culpables de todos los problemas del país. Dos:“Necrofilia Ideológica”. El presidente está enamorado de viejas ideas que han probado no funcionar. Un ejemplo es que solo el Estado debe producir toda la energía que necesita un país, sin importar que sea cara y sucia, dejando fuera la inversión privada. Tres: Militarismo. El presidente mexicano está entregando el país a los militares. No solo hacen trenes y aeropuertos, también administran puertos y combaten al crimen, además de tener cada vez más dinero bajo su control.  Cuatro: Desprecio del conocimiento. El presidente desprecia el expertise, lo que ha provocado que su gobierno sea ineficiente. Cinco: La política de “Abrazos no Balazos”. No funciona. 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Para The Economist, el presidente mexicano está dañando a la democracia y en los siguientes tres años se verá la magnitud de los daños. De ahí la importancia de las elecciones. Ocho: Mensaje al gobierno de Estados Unidos. El artículo cierra con una recomendación a Biden: no debe cometer el mismo error que Trump, a quien no importaba el ascendente autoritarismo en su patio trasero (o sea, en México). Balance Creo que el artículo en general tiene razón, tanto en los aspectos positivos como en los negativos. No dice nada que no sepamos ya. No pretende ser una pieza periodística, como quisieran algunos periodistas (Ricardo Raphael). Es una simple opinión editorial. No pretende informar, sino expresar lo que para ellos ha sido el gobierno de Obrador. Hay que distinguir entre lo que es una nota informativa y un artículo de opinión. “Mexico’s false Messiah” es lo segundo. Se podrá controvertir cada uno de los ocho aspectos negativos que resumo. Los seguidores del presidente dirán que todos son falsos, y los opositores afirmarán que todos son verdaderos. En mi opinión –y espero que esto no me haga merecer el paredón de fusilamiento– los ocho puntos contienen más verdad que falsedad. ¿El presidente divide? Sí. Quien diga que no, está viendo otra película. Si bien el término “Necrofilia Política” es horrendo, no podemos negar que el modelo de producción de energía del presidente es de los años 70’s. Sobre el militarismo, es evidente también la participación de las fuerzas armadas en cada vez más ámbitos de la vida civil. Tampoco creo que nadie niegue que el presidente desprecia el conocimiento: él mismo ha dicho que prefiere a alguien leal en las oficinas y dependencias, aún cuando éstas requieran directivos técnicamente calificados. Sobre el fracaso de “Abrazos, no balazos”, simplemente hay que ver la tasa de homicidio doloso en México: hoy es más alta que en 2018 y que en 2012, y cualquiera lo puede corroborar con datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Si bien algunos creen que México es el país del mundo que mejor ha manejado la pandemia y que Gatell es un sueño, como dice el presidente, la verdad, admitida por el propio gobierno, es que rondamos los 500 mil muertos por Covid-19, así que no puede decirse que el manejo haya sido excelente: ha sido de los peores en el mundo. Es verdad también que la incertidumbre generada por el gobierno al atacar sistemáticamente las instituciones –instituciones que AMLO considera pérfidas–, y algunas de sus políticas económicas, son un desaliento a la inversión, tanto nacional como extranjera; es cierto que México, teniendo las condiciones para un crecimiento galopante, por culpa de todos sus gobiernos –AMLO, Peña, Calderón, Fox, Zedillo, Salinas, de la Madrid, López, Echeverría, y así, ad nauseam– está en el atraso y bajo condiciones inaceptables de desigualdad social, económica y cultural. El punto número ocho, aunque controvertible, pues constituye un “call to action” a Estados Unidos, no deja de contener cierta verdad: que Trump y AMLO llegaron a un entendimiento, que mientras México frenara a como diera lugar la migración hacia Estados Unidos, Trump dejaría hacer a AMLO lo que éste quisiera. Por eso, Obrador se decantó abiertamente por Trump en las elecciones estadounidenses. Ahora bien, no es que el gobierno de Biden no esté al tanto de lo que pasa en México, y en eso la recomendación de The Economist es ingenua. Y sí, no deja de ser peyorativo que la publicación nos considere el patio trasero de los Estados Unidos (back yard). ¿Injerencista? Sí, en la medida que una publicación privada y no un gobierno, puede serlo: o sea, nada, o muy poco. Si alguien sostuviera, por ejemplo, que México es injerencista hacia Israel porque un artículo de La Jornada critica a Netanyahu, exhibiría la pobreza de su inteligencia.  Desafortunadamente el presidente confundió a The Economist –grupo editorial de capital italo-británico– con el gobierno del Reino Unido. Y en esa confusión usó sus ya clásicos epítetos que sus seguidores repiten de memoria: injerencista, golpista, neoliberal, pasquín, majadero, grosero, conservador, corrupto, etcétera. Entre los intelectuales orgánicos del nuevo régimen no faltaron los que denostaron al premier y a la reina, ni los que se refirieron al Reino Unido como la “Pérfida Albión”. Tampoco faltó quien afirmara que el artículo había sido financiado por golpistas conservadores mexicanos (por aquello del llamado al voto). ¡Por favor! Es un artículo de una revista, no la declaración de guerra del gobierno británico (por aquello de “un soldado en cada hijo te dio…”). El señor Obrador podría pasar a la historia como el Neymar de los jefes de Estado (Neymar se la pasa llorando tirado en el suelo, en vez de jugar). Ni siquiera Trump hizo tanto escándalo cuando Der Spiegel publicó una portada verdaderamente siniestra y degradante, en la que aparecía degollando a la estatua de la libertad. Parece que un medio que haya juzgado favorablemente a un presidente anterior, queda descalificado de plano y para siempre ante los ojos de Obrador y seguidores. Si bien The Economist publicó artículos que veían con buenos ojos la reforma energética promovida por Peña en 2014, también es cierto que la revista ha publicado artículos en contra de otros gobiernos mexicanos, incluidos los de Peña y Calderón.  El año pasado, el diario francés Le Monde publicó un muy favorable artículo sobre Claudia Sheinbaum. Los seguidores de Morena aplaudieron al diario e hicieron énfasis en que era uno de los más importantes de Europa. Si supieran que Le Monde ha publicado artículos muy críticos de Obrador, tal vez ya no estarían tan contentos. Y así, vemos que el presidente mexicano y sus seguidores sistemáticamente desprestigian y descalifican a publicaciones que se atreven a criticar. La lista es vasta: The Economist, Financial Times, Time, New York Times, Washington Post, Wall Street Journal. Y ya no digamos la prensa en español. Todos a sus ojos son conspiradores y hacen una especie de siniestro nado sincronizado para hundirlo a él y a la 4T.   El presidente se debe serenar. Obrador explota contra todo aquel que sea crítico de su gobierno. A veces exhibe y acusa sin pruebas. En ocasiones hasta se burla, como el día de la portada del Reforma sobre las masacres, o su última chanza de la vitacilina. Pero que no se diga nada de él, porque entonces hace el coraje del mundo. Ahí se ve su incongruencia y la de sus seguidores, que se tiran al drama igual que él. Un día antes del artículo de The Economist, AMLO recomendó a todos sus críticos que usaran vitacilina. Pero un día después, ¡pum!, “instant Karma”: vitacilina, ¡ah qué buena medicina!   Y para terminar, como siempre la habilidad de AMLO hace que todo se le resbale y hasta le favorezca. Que el amado líder sea golpeado provoca que sus seguidores lo adoren más y piensen menos. 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Para los que no vivieron la época anterior al INE o al IFE, pensar que los mexicanos sabíamos con seis meses de antelación quién iba ganar las elecciones presidenciales o que los nuevos diputados hacían planes aún antes de ser electos, aquellos días les resultarán una especie de ficción kafkiana; el hecho es que así funcionaron las cosas durante décadas porque eran una manifestación más de nuestra manera de ser en el mundo; mientras tanto, soterrada bajo el manto paternalista de un gobierno que en todo estaba menos en lo que debía, se fue gestando aquel raro germen que conocemos como conciencia ciudadana.  En este ejercicio electoral quedó de manifiesto que ni las diatribas del presidente ni las amenazas de candidatos airados, mucho menos de la violencia política pudieron contener a los ciudadanos que se la jugaron con sus instituciones votando libremente; aquellos hechos desafortunados quedaron para el anecdotario y la picaresca, aunque a más de uno les costó el puesto y la esperanza. Desde luego, el primer ganador es el instituto Nacional Electoral que recibió el apoyo y la confianza de los ciudadanos y por lo tanto su derecho de garantizar su sobrevivencia más allá de cualquier coyuntura política, pero también somos los ciudadanos quieres ganamos porque logramos convertir las elecciones en algo más que un proceso para asignar cargos públicos, las urnas hoy son un termómetro de nuestra conciencia y e identidad culturales. Entre broma y broma la verdad se asoma, decía mi abuela la mujer sabia, y lo digo porque hoy por la mañana me llegó un meme que comparaba a la ciudad de México con el Berlín de la Guerra Fría, nuestro muro imaginario divide en dos mitades la ciudad entre las alcaldías ganadas por la coalición y las que obtuvo Morena y su alianza, desde luego la metáfora es inexacta, pero nos lleva a pensar la manera en que estamos viéndonos a nosotros mismos, como una sociedad dividida por conflictos de clase. Contra lo que muchos pensaron, ni el gobierno federal ni Morena quedaron abatidos, tampoco las opciones opositoras salieron fortalecidas, tal vez el hecho se explique porque la oposición no ofreció proyecto reales y viables y la ineficiencia e impericia del gobierno quedó subsanada por la potencia de las preguntas que ha lanzado sobre nosotros mismos, nuestra cultura y nuestra identidad. 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Aspectos negativos La crítica puede resumirse en ocho puntos.  Uno: AMLO divide. Para él hay dos tipos de mexicanos: los que lo apoyan (el pueblo) y los que lo critican (las élites). Los que lo apoyan son los buenos; los que lo critican son, además de “traidores”, culpables de todos los problemas del país. Dos:“Necrofilia Ideológica”. El presidente está enamorado de viejas ideas que han probado no funcionar. Un ejemplo es que solo el Estado debe producir toda la energía que necesita un país, sin importar que sea cara y sucia, dejando fuera la inversión privada. Tres: Militarismo. El presidente mexicano está entregando el país a los militares. No solo hacen trenes y aeropuertos, también administran puertos y combaten al crimen, además de tener cada vez más dinero bajo su control.  Cuatro: Desprecio del conocimiento. El presidente desprecia el expertise, lo que ha provocado que su gobierno sea ineficiente. Cinco: La política de “Abrazos no Balazos”. No funciona. La violencia en México sigue incontenible y el crimen organizado cada vez ocupa más posiciones. Seis: Lamentable manejo de la pandemia. El artículo explica que el exceso de mortandad en México es, números redondos, de 477 mil decesos durante el tiempo de la pandemia, lo que nos coloca como uno de los países que peor manejaron el problema. Siete: AMLO desalienta a los inversionistas. El artículo reconoce que la posición geográfica de México es una de sus mayores ventajas y que hay elementos para que el país crezca galopantemente. Muchas multinacionales desean diversificar sus cadenas de producción lejos de China, lo cual es para nosotros una gran oportunidad, además del boom post-Covid que empieza a vivir Estados Unidos. Sin embargo, las acciones del gobierno, no solo en la cuestión energética, sino también la paulatina concentración del poder en manos del presidente, generan incertidumbre y preocupan a los inversionistas. Para The Economist, el presidente mexicano está dañando a la democracia y en los siguientes tres años se verá la magnitud de los daños. De ahí la importancia de las elecciones. Ocho: Mensaje al gobierno de Estados Unidos. El artículo cierra con una recomendación a Biden: no debe cometer el mismo error que Trump, a quien no importaba el ascendente autoritarismo en su patio trasero (o sea, en México). Balance Creo que el artículo en general tiene razón, tanto en los aspectos positivos como en los negativos. No dice nada que no sepamos ya. No pretende ser una pieza periodística, como quisieran algunos periodistas (Ricardo Raphael). Es una simple opinión editorial. No pretende informar, sino expresar lo que para ellos ha sido el gobierno de Obrador. Hay que distinguir entre lo que es una nota informativa y un artículo de opinión. “Mexico’s false Messiah” es lo segundo. Se podrá controvertir cada uno de los ocho aspectos negativos que resumo. Los seguidores del presidente dirán que todos son falsos, y los opositores afirmarán que todos son verdaderos. En mi opinión –y espero que esto no me haga merecer el paredón de fusilamiento– los ocho puntos contienen más verdad que falsedad. ¿El presidente divide? Sí. Quien diga que no, está viendo otra película. Si bien el término “Necrofilia Política” es horrendo, no podemos negar que el modelo de producción de energía del presidente es de los años 70’s. Sobre el militarismo, es evidente también la participación de las fuerzas armadas en cada vez más ámbitos de la vida civil. Tampoco creo que nadie niegue que el presidente desprecia el conocimiento: él mismo ha dicho que prefiere a alguien leal en las oficinas y dependencias, aún cuando éstas requieran directivos técnicamente calificados. Sobre el fracaso de “Abrazos, no balazos”, simplemente hay que ver la tasa de homicidio doloso en México: hoy es más alta que en 2018 y que en 2012, y cualquiera lo puede corroborar con datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Si bien algunos creen que México es el país del mundo que mejor ha manejado la pandemia y que Gatell es un sueño, como dice el presidente, la verdad, admitida por el propio gobierno, es que rondamos los 500 mil muertos por Covid-19, así que no puede decirse que el manejo haya sido excelente: ha sido de los peores en el mundo. Es verdad también que la incertidumbre generada por el gobierno al atacar sistemáticamente las instituciones –instituciones que AMLO considera pérfidas–, y algunas de sus políticas económicas, son un desaliento a la inversión, tanto nacional como extranjera; es cierto que México, teniendo las condiciones para un crecimiento galopante, por culpa de todos sus gobiernos –AMLO, Peña, Calderón, Fox, Zedillo, Salinas, de la Madrid, López, Echeverría, y así, ad nauseam– está en el atraso y bajo condiciones inaceptables de desigualdad social, económica y cultural. El punto número ocho, aunque controvertible, pues constituye un “call to action” a Estados Unidos, no deja de contener cierta verdad: que Trump y AMLO llegaron a un entendimiento, que mientras México frenara a como diera lugar la migración hacia Estados Unidos, Trump dejaría hacer a AMLO lo que éste quisiera. Por eso, Obrador se decantó abiertamente por Trump en las elecciones estadounidenses. Ahora bien, no es que el gobierno de Biden no esté al tanto de lo que pasa en México, y en eso la recomendación de The Economist es ingenua. Y sí, no deja de ser peyorativo que la publicación nos considere el patio trasero de los Estados Unidos (back yard). ¿Injerencista? Sí, en la medida que una publicación privada y no un gobierno, puede serlo: o sea, nada, o muy poco. Si alguien sostuviera, por ejemplo, que México es injerencista hacia Israel porque un artículo de La Jornada critica a Netanyahu, exhibiría la pobreza de su inteligencia.  Desafortunadamente el presidente confundió a The Economist –grupo editorial de capital italo-británico– con el gobierno del Reino Unido. Y en esa confusión usó sus ya clásicos epítetos que sus seguidores repiten de memoria: injerencista, golpista, neoliberal, pasquín, majadero, grosero, conservador, corrupto, etcétera. Entre los intelectuales orgánicos del nuevo régimen no faltaron los que denostaron al premier y a la reina, ni los que se refirieron al Reino Unido como la “Pérfida Albión”. Tampoco faltó quien afirmara que el artículo había sido financiado por golpistas conservadores mexicanos (por aquello del llamado al voto). ¡Por favor! Es un artículo de una revista, no la declaración de guerra del gobierno británico (por aquello de “un soldado en cada hijo te dio…”). El señor Obrador podría pasar a la historia como el Neymar de los jefes de Estado (Neymar se la pasa llorando tirado en el suelo, en vez de jugar). Ni siquiera Trump hizo tanto escándalo cuando Der Spiegel publicó una portada verdaderamente siniestra y degradante, en la que aparecía degollando a la estatua de la libertad. Parece que un medio que haya juzgado favorablemente a un presidente anterior, queda descalificado de plano y para siempre ante los ojos de Obrador y seguidores. Si bien The Economist publicó artículos que veían con buenos ojos la reforma energética promovida por Peña en 2014, también es cierto que la revista ha publicado artículos en contra de otros gobiernos mexicanos, incluidos los de Peña y Calderón.  El año pasado, el diario francés Le Monde publicó un muy favorable artículo sobre Claudia Sheinbaum. Los seguidores de Morena aplaudieron al diario e hicieron énfasis en que era uno de los más importantes de Europa. Si supieran que Le Monde ha publicado artículos muy críticos de Obrador, tal vez ya no estarían tan contentos. Y así, vemos que el presidente mexicano y sus seguidores sistemáticamente desprestigian y descalifican a publicaciones que se atreven a criticar. La lista es vasta: The Economist, Financial Times, Time, New York Times, Washington Post, Wall Street Journal. Y ya no digamos la prensa en español. Todos a sus ojos son conspiradores y hacen una especie de siniestro nado sincronizado para hundirlo a él y a la 4T.   El presidente se debe serenar. Obrador explota contra todo aquel que sea crítico de su gobierno. A veces exhibe y acusa sin pruebas. En ocasiones hasta se burla, como el día de la portada del Reforma sobre las masacres, o su última chanza de la vitacilina. Pero que no se diga nada de él, porque entonces hace el coraje del mundo. Ahí se ve su incongruencia y la de sus seguidores, que se tiran al drama igual que él. Un día antes del artículo de The Economist, AMLO recomendó a todos sus críticos que usaran vitacilina. Pero un día después, ¡pum!, “instant Karma”: vitacilina, ¡ah qué buena medicina!   Y para terminar, como siempre la habilidad de AMLO hace que todo se le resbale y hasta le favorezca. Que el amado líder sea golpeado provoca que sus seguidores lo adoren más y piensen menos. El presidente mexicano no solo tiene un carisma político que funciona como magneto; su figura empieza a adquirir una dimensión religiosa: para muchos de sus seguidores, él ya es un Imán. 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