¡El INE es de ciudadanos, no de súbditos! 

Mi más merecido y respetuoso reconocimiento al doctor José Woldenberg, mexicano excepcional y precursor de la transición democrática de nuestra patria, como el primer consejero presidente del IFE.

11 de noviembre, 2022

López Obrador parecía estar seguro de contar con los votos del PRI para pasar su reforma electoral que le permitiría desaparecer al INE como organismo AUTÓNOMO, y así asegurar el control de todos los procesos electorales.

AMLO comenzó a inquietarse cuando supo que la sociedad civil se estaba organizando para defender al INE e impedir que imponga su reforma electoral estilo Nicaragua, donde Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, ganan elecciones con el 100% de los votos a su favor.

Mientras se acerca la fecha para que su reforma electoral sea discutida en el Congreso de la Unión, López Obrador ha ido mostrando mayor enojo y disgusto  en sus mañaneras.

Violando el artículo 6º de la Constitución, ha cubierto de injurias y descalificaciones a los organizadores y a los ciudadanos que acudirán a la MARCHA NACIONAL EN DEFENSA DEL INE.

Le irrita notablemente que sus adversarios hagan escuchar su voz de CIUDADANOS en vez de callarse como si fueran SUS SÚBDITOS. La marcha en defensa del INE es oportuna e indispensable, PERO NO BASTA.

La mejor manera de defender al INE y preservar la incipiente democracia mexicana ES ASUMIR UNA OFENSIVA JURÍDICA  CONTRA EL EJECUTIVO FEDERAL, EN TODOS LOS FRENTES LEGALES DISPONIBLES:

DENUNCIARLO PENALMENTE POR EL DELITO DE  PECULADO QUE COMETE TODOS LOS DÍAS al utilizar recursos públicos para exaltar el culto a su persona, y  promover su propio interés político y para denigrar, ofender y denostar a todos los que se oponen a sus  caprichos.

Su conducta diaria encuadra en el artículo 223, fracción II del Código Penal Federal que a la letra dice:

Artículo 223.- “Comete el delito de peculado:”

II.-“El servidor público que ilícitamente utilice fondos públicos u otorgue alguno de los actos a que se refiere el artículo de uso ilícito de atribuciones y facultades con el objeto de promover la imagen política o social de su persona, la de su superior jerárquico o la de un tercero, o a fin de denigrar a cualquier persona;”

Desde que tuvo conocimiento de que la sociedad civil organizada saldría a defender al Instituto Nacional Electoral, López Obrador arreció sus agresiones intimidatorias VIOLANDO DIRECTAMENTE EL ARTÍCULO 6º DE LA CONSTITUCIÓN que a la letra dice:

Artículo 6º.- 

“LA MANIFESTACIÓN DE LAS IDEAS NO SERÁ OBJETO DE NINGUNA INQUISICIÓN JUDICIAL O ADMINISTRATIVA, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; EL DERECHO DE RÉPLICA SERÁ EJERCIDO EN LOS TÉRMINOS DISPUESTOS POR LA LEY. El derecho a la información será garantizado por el Estado.”

Los manifestantes, POR CONDUCTO DE SUS REPRESENTANTES COMO EL INTACHABLE JOSÉ WOLDENBERG, deberían exigir por escrito a López Obrador QUE LES CONCEDA EL DERECHO DE RÉPLICA en su conferencia mañanera, PARA QUE SE DISCULPE Y SE RETRACTE DE LAS DESCALIFICACIONES Y OFENSAS QUE LES HA LANZADO, VIOLANDO EL ARTÍCULO 6º CONSTITUCIONAL.

Cualquier ciudadano que vaya a participar en la marcha en defensa del INE, TIENE DERECHO A EXIGIRLE A LÓPEZ OBRADOR QUE SE DISCULPE PÚBLICAMENTE por las injurias y descalificaciones DIFUNDIDAS CON CARGO AL ERARIO, y está obligado a concederles el DERECHO DE RÉPLICA, CEDIÉNDOLES EL MISMO MICRÓFONO Y LA MISMA TRIBUNA QUE ÉL HA USADO PARA OFENDER A LOS MANIFESTANTES.

LÓPEZ OBRADOR QUIERE PROVOCAR LA CAÍDA DEL SISTEMA QUE HOY NOS GARANTIZA ELECCIONES LIMPIAS para volver al VIEJO SISTEMA en el que el dinosaurio MANUEL BARTLETT podría imponer la voluntad de AMLO.

A la marcha nacional en defensa del INE, debe seguir una avalancha de acciones legales que paren en seco los afanes autoritarios de AMLO.

LA MEJOR FORMA DE CERRARLE LA BOCA A LÓPEZ OBRADOR ES HACERLO PAGAR JUDICIALMENTE POR SUS HABLADURÍAS, POR SUS OFENSAS Y POR SUS ACUSACIONES SIN PRUEBAS.

EN MATERIA CIVIL NO HAY FUERO, de manera que cualquier ciudadano puede demandar civilmente a López Obrador exigiéndole que se disculpe y se retracte por las descalificaciones que hace al INE, a sus consejeros y a los ciudadanos que defienden al Instituto Nacional Electoral.

El artículo 111 de la Constitución claramente dice:

“En demandas del orden civil que se entablen contra cualquier servidor público NO SE REQUERIRÁ DECLARACIÓN DE PROCEDENCIA.”

La bancada de lacayos de MORENA en el Congreso de la Unión, no puede impedir que AMLO responda ante los tribunales tanto nacionales como internacionales EN MATERIA CIVIL.

En materia PENAL se debe denunciar a López Obrador sin necesidad de esperar a que se le acabe el fuero que mentirosamente dijo que ya no existía.

Para demostrar que López Obrador comete el delito de PECULADO todos los días, basta con ver los videos de sus diatribas cotidianas en las que se victimiza para elevar su aprobación fomentando el culto a su personalidad; donde injuria, descalifica y ofende a todo aquel que no está de acuerdo con él, y UTILIZA RECURSOS PÚBLICOS que suman muchísimos millones de pesos, acumulados en los más de cuatro años que ha dedicado a sembrar el odio y el resentimiento que hoy divide a los mexicanos.

La marcha en defensa del INE sin duda marcará un hito y le dejará un mensaje muy claro a AMLO.

PERO NO BASTA. Hagamos un INE INEXPUGNABLE, que sea INVULNERABLE E INDESTRUCTIBLE; fuera del alcance de las ambiciones autoritarias, para que ni EL REY DEL CASH  ni ningún otro  futuro aspirante a dictador o monarca, intente de nuevo  CONVERTIRNOS DE CIUDADANOS EN SÚBDITOS.

     ______________________________________

(1) INEC: Instituto “NICARAGÜENSE” de Elecciones y Consultas, como el que hoy permite a Daniel Ortega y Rosario Murillo, mantener como rehén a todo el pueblo de Nicaragua.

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Al no poder jerarquizar el valor de cada planteamiento, el narcisismo se ha generalizado.  Posmodernidad y lo verdadero La tesis central del movimiento posmoderno, que podemos llamar pluralista por su genuino deseo de igualdad y de integrar a todas las culturas y todos los puntos de vista por igual, consiste en la afirmación de que la verdad no existe en sí misma, sino que depende de la perspectiva, de la cultura y del punto de vista desde donde se le interprete. La verdad, entonces, no es más que una interpretación de los hechos entre las muchas posibles. Esta visión le da un enorme peso a la interpretación individual, con los riesgos obvios e inherentes que implica que nuestras conclusiones se desliguen de la realidad objetiva, con lo cual pueda considerarse como verdad cualquier cosa que el individuo asuma como tal. La verdad no es algo que nos venga dado de antemano sino que se construye: se elabora, se interpreta y se construye. 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(Recordemos el ejemplo de las alucinaciones psicóticas de John Nash, que fueron representadas en la película Una mente de brilla; el que esas imágenes fueran reales para él no las hacen verdaderas.)  Principios teóricos del Posmodernismo En opinión de Ken Wilber, expresada en su libro Trump y la posverdad1, el posmodernismo se funda en tres grandes principios teóricos.  El primero es el contextualismo, que se sostiene en la premisa de que no hay verdades universales y que cualquier conclusión que se asuma como tal dependerá del contexto en que se construya.  El segundo, el constructivismo que se funda en el supuesto de que la verdad no es algo dado y que requiere de ser construida.  Y el tercero Wilber lo llama Aperspectivismo: no existe ninguna perspectiva que carezca de sesgos históricos y por lo tanto ninguna de ellas puede considerarse como preestablecida o privilegiada.   Cada uno de ellos se integró a la visión posmoderna y tras la crisis de legitimidad del paradigma moderno se vivieron como una bocanada de oxígeno. Sin embargo el planteamiento tiene una profunda contradicción de origen que el pluralismo de hoy aún ha conseguido resolver. Si bien la idea de que la “verdad depende del contexto” es plausible, una vez que se lleva al extremo se convierte en la idea de que “sólo existen verdades locales y todas son igualmente válidas”, lo que llevó a la imposibilidad de jerarquizar el valor de cada planteamiento y de ahí a un narcisismo generalizado no hay más que un paso.  Posmodernidad y  pluralismo El problema llegó cuando, la contradicción performativa que envenena el núcleo mismo de la comprensión posmoderna, se hizo evidente: no existen principios ni verdades universales, salvo la idea universal de que “no existen principios y verdades universales”. El discurso posmoderno niega la existencia de cualquier metanarrativa que abarque a todos los seres humanos, salvo ella misma, que sí los abarca, pues considera universalmente verdadera la idea de que no existen verdades universales. Afirman que todo conocimiento –excepto la comprensión posmoderna, que sí es universal– depende del contexto. El conocimiento es una interpretación, excepto el de ellos que es auténtico y universal. La tesis central pluralista afirma que toda verdad, para serlo, debe estar inserta en una cultura particular y sólo ahí lo es. Sin embargo, esta afirmación es en sí universal porque se aplica a todas las culturas y en todos los tiempos.   Todas las perspectivas son igualmente válidas, salvo las defendidas por el posmodernismo, que “resultan más deseables”, y cualquier jerarquía o categoría de valor se interpretan como opresivas, excepto las defendidas por el posmodernismo. Así, aun cuando es evidente que la igualdad, la inclusión y la sustentabilidad son preferibles a la segregación, el autoritarismo y la intolerancia, la posmodernidad, al erradicar toda jerarquía, se quedó sin argumentos discursivos ni puntos de referencia para justificar la superioridad de unos valores por encima de otros. Lo que comenzó diferenciando y reconociendo conceptos verdaderos pero parciales, como la visibilización y reconocimiento de culturas oprimidas, una vez llevados al extremo de asignarle a todo el mismo valor, dieron lugar a un relativismo pluralista radical que conduce al nihilismo y al narcisismo. Verdad y opresión  Conforme nos sumergíamos en el tobogán de un pluralismo cada vez más radical, toda verdad heredada de los procesos históricos del pasado es comprendida como un intento de imposición opresiva. Y esto nos lleva a la conclusión lógica, pero extrema, de que cualquier verdad que no es completamente propia, que no es producto de nuestra particularísima interpretación, es una forma de poder que nos oprime. Así lo dice Wilber: “Según esa perspectiva, el pasado no nos legó verdades reales y duraderas, sino modas inventadas por la historia, con lo cual nuestra tarea consiste en rechazar todas esas verdades y empeñarnos en el logro de una autonomía creada y puesta en marcha por cada uno2…”. Lo mismo sucede con los valores: no existen superiores e inferiores. Wilber asegura que para el posmoderno: “Cualquier valor o verdad que afirme ser universal, verdadero o útil para todos, no es más que una forma disfrazada de poder, que trata de obligar a todo el mundo a adoptar las verdades y valores de quienes las promueven con el objetivo último de la esclavitud y la opresión3”. Cultura y verdad Puesto que el posmodernismo defiende la idea de que toda verdad es una construcción cultural, la verdad no existe en sí misma, sino que depende de la perspectiva, de la cultura, del punto de vista, pero sobre todo de la interpretación personal. Llevados al extremo es posible negar realidades objetivas o hechos demostrados si contravienen nuestra forma de entender un evento o una circunstancia en particular. Desde la perspectiva posmoderna todo pensamiento humano es generado y está limitado por formas lingüístico-culturales propias de cada idiosincrasia y de cada individuo. Así, el conocimiento humano es producto de las prácticas lingüísticas y sociales de cada comunidad local y producido por sus propios intérpretes, sin relación con alguna realidad concreta e independiente. Cuando se abraza esta comprensión como verdadera, se llega a la inevitable conclusión de que todas las perspectivas son igualmente válidas del mismo modo que ninguna perspectiva posee la legitimidad para imponerse a las demás. Este igualitarismo que suprime toda jerarquía y niega cualquier posibilidad de narrativas universales conduce a una atomización de la verdad que convierte las interacciones humanas y los acuerdos colectivos en fenómenos aislados.   El retrato de ese mundo de pequeños conjuntos aislados es en sí un metarrelato que rige y condiciona las interacciones, tanto internas de cada conjunto, como entre el universo de conjuntos. Esto resulta conflictivo para los pluralistas posmodernos, pues hace que su paradigma fundado en la igualdad, donde todas las ideas y manifestaciones son igualmente válidas y dignas de respeto, entre en contradicción con aquellas manifestaciones que utilizan esa apertura a la inclusión para defender visiones excluyentes y discriminatorias. Pero como argumentativamente no pueden censurarlas, porque justamente defienden la libertad de expresar cualquier idea, han inventado la corrección política y la cancelación como mecanismos sustitutorios de una correcta e indispensable jerarquización del valor.    Con la mejor de las intenciones, se deconstruyeron los grandes relatos universales para centrar el énfasis en la diversidad, en la importancia de los rasgos culturales particulares, en la necesidad de llevar el discurso moderno de la igualdad a la aceptación indiscriminada del otro, equiparando todos los valores, ideas y construcciones del mundo como equivalentes. Pero cuando todo tiene el mismo valor, nada en realidad vale demasiado, lo que no tarda en llevarnos al nihilismo.  Con lo que los posmodernos más radicales no contaban es que esa particularización extrema, lejos de conducir a la empatía, la solidaridad y al multiculturalismo constructivo, nos ha llevado a establecer un mundo lleno diferencias, aislamiento y separación.     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Págs. 202 2 Wilber, Ídem, Íbidem, Obra citada, P. 20 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Pág. 20 3 Wilber, Ídem, Íbidem, Obra citada, P. 20 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Pág. 20" ["post_title"]=> string(42) "Los grandes retos del Paradigma posmoderno" ["post_excerpt"]=> string(211) "La tesis central del movimiento posmoderno consiste en la afirmación de que la verdad no existe en sí misma, sino que depende de la perspectiva, de la cultura y del punto de vista desde donde se le interprete." 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Gracias a todo ello toma conciencia de que resultaba imposible detener estos terribles flagelos por vías pacíficas. Basado en un profundo fundamentalismo cristiano, acepta que cometió “acciones atroces, pero necesarias”, por lo que no expresa remordimiento alguno y ni siquiera piensa haber incurrido en ningún acto criminal. En escritos publicados abiertamente en las redes sociales y en foros neonazis por internet, el buen Anders manifiesta ideas tan claras y contundentes como las que siguen: “Díganme de un país donde los musulmanes hayan convivido pacíficamente con los no musulmanes” (Periódico Reforma, domingo 24 de julio de 2011, sección Internacional, Pág. 19.).  También afirmaba que las asociaciones de derechos humanos, defensoras de las minorías, no eran otra cosa que “violentas organizaciones marxistas” y que es necesario combatirlas por “todos los medios” y que, a su juicio, los socialistas representan una “encarnación del mal”. Incluso perteneció a las juventudes del Partido del Progreso –derecha ultranacionalista de Noruega-, pero las abandonó decepcionado porque desde su perspectiva habían abrazado el “multiculturalismo” y la “corrección política”, cánceres que provocan la “pérdida de identidad nacional”.     

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  Podríamos continuar por páginas hablando sobre las ideas de este hombre, y de muchos otros casos semejantes, pero de lo que se trata aquí es de tomar conciencia de que las concepciones y los actos llevados a cabo por Anders Behring Breivik no son aislados ni tampoco producto de la mente de un desquiciado, sino que toman forma a partir de un conjunto de ideas bien estructuradas que encuentran sustento en una base ética casi universal que se ha sido considerada válida por siglos, e incluso milenios y que tienen que ver con el rechazo del otro, de lo que se considera ajeno a la concepción propia del mundo, una amenaza a las creencias personales y a la manera de estar en el mundo que se considera correcta.  En una humanidad inevitablemente multicultural, las posibilidades de que en diversas partes del espectro ideológico aparezcan figuras como ésta –como de hecho sucede cada vez con más frecuencia– es cada vez mayor. 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El posmodernismo pone al lenguaje como el centro de gravedad y la metafísica es sustituida por el análisis de textos. Para filósofos como Ludwig Wittgenstein el lenguaje es fundamental para construir la realidad, que si bien es como es, también puede ser de otra manera: “los límites de mi lengua son los límites de mi mundo”. Si bien comparto la idea de que lo que no puedo enunciar no existe para mí, el que no exista para mí no significa que no exista en lo absoluto. (Recordemos el ejemplo de las alucinaciones psicóticas de John Nash, que fueron representadas en la película Una mente de brilla; el que esas imágenes fueran reales para él no las hacen verdaderas.)  Principios teóricos del Posmodernismo En opinión de Ken Wilber, expresada en su libro Trump y la posverdad1, el posmodernismo se funda en tres grandes principios teóricos.  El primero es el contextualismo, que se sostiene en la premisa de que no hay verdades universales y que cualquier conclusión que se asuma como tal dependerá del contexto en que se construya.  El segundo, el constructivismo que se funda en el supuesto de que la verdad no es algo dado y que requiere de ser construida.  Y el tercero Wilber lo llama Aperspectivismo: no existe ninguna perspectiva que carezca de sesgos históricos y por lo tanto ninguna de ellas puede considerarse como preestablecida o privilegiada.   Cada uno de ellos se integró a la visión posmoderna y tras la crisis de legitimidad del paradigma moderno se vivieron como una bocanada de oxígeno. Sin embargo el planteamiento tiene una profunda contradicción de origen que el pluralismo de hoy aún ha conseguido resolver. Si bien la idea de que la “verdad depende del contexto” es plausible, una vez que se lleva al extremo se convierte en la idea de que “sólo existen verdades locales y todas son igualmente válidas”, lo que llevó a la imposibilidad de jerarquizar el valor de cada planteamiento y de ahí a un narcisismo generalizado no hay más que un paso.  Posmodernidad y  pluralismo El problema llegó cuando, la contradicción performativa que envenena el núcleo mismo de la comprensión posmoderna, se hizo evidente: no existen principios ni verdades universales, salvo la idea universal de que “no existen principios y verdades universales”. El discurso posmoderno niega la existencia de cualquier metanarrativa que abarque a todos los seres humanos, salvo ella misma, que sí los abarca, pues considera universalmente verdadera la idea de que no existen verdades universales. Afirman que todo conocimiento –excepto la comprensión posmoderna, que sí es universal– depende del contexto. El conocimiento es una interpretación, excepto el de ellos que es auténtico y universal. La tesis central pluralista afirma que toda verdad, para serlo, debe estar inserta en una cultura particular y sólo ahí lo es. Sin embargo, esta afirmación es en sí universal porque se aplica a todas las culturas y en todos los tiempos.   Todas las perspectivas son igualmente válidas, salvo las defendidas por el posmodernismo, que “resultan más deseables”, y cualquier jerarquía o categoría de valor se interpretan como opresivas, excepto las defendidas por el posmodernismo. Así, aun cuando es evidente que la igualdad, la inclusión y la sustentabilidad son preferibles a la segregación, el autoritarismo y la intolerancia, la posmodernidad, al erradicar toda jerarquía, se quedó sin argumentos discursivos ni puntos de referencia para justificar la superioridad de unos valores por encima de otros. Lo que comenzó diferenciando y reconociendo conceptos verdaderos pero parciales, como la visibilización y reconocimiento de culturas oprimidas, una vez llevados al extremo de asignarle a todo el mismo valor, dieron lugar a un relativismo pluralista radical que conduce al nihilismo y al narcisismo. Verdad y opresión  Conforme nos sumergíamos en el tobogán de un pluralismo cada vez más radical, toda verdad heredada de los procesos históricos del pasado es comprendida como un intento de imposición opresiva. Y esto nos lleva a la conclusión lógica, pero extrema, de que cualquier verdad que no es completamente propia, que no es producto de nuestra particularísima interpretación, es una forma de poder que nos oprime. Así lo dice Wilber: “Según esa perspectiva, el pasado no nos legó verdades reales y duraderas, sino modas inventadas por la historia, con lo cual nuestra tarea consiste en rechazar todas esas verdades y empeñarnos en el logro de una autonomía creada y puesta en marcha por cada uno2…”. Lo mismo sucede con los valores: no existen superiores e inferiores. Wilber asegura que para el posmoderno: “Cualquier valor o verdad que afirme ser universal, verdadero o útil para todos, no es más que una forma disfrazada de poder, que trata de obligar a todo el mundo a adoptar las verdades y valores de quienes las promueven con el objetivo último de la esclavitud y la opresión3”. Cultura y verdad Puesto que el posmodernismo defiende la idea de que toda verdad es una construcción cultural, la verdad no existe en sí misma, sino que depende de la perspectiva, de la cultura, del punto de vista, pero sobre todo de la interpretación personal. Llevados al extremo es posible negar realidades objetivas o hechos demostrados si contravienen nuestra forma de entender un evento o una circunstancia en particular. Desde la perspectiva posmoderna todo pensamiento humano es generado y está limitado por formas lingüístico-culturales propias de cada idiosincrasia y de cada individuo. Así, el conocimiento humano es producto de las prácticas lingüísticas y sociales de cada comunidad local y producido por sus propios intérpretes, sin relación con alguna realidad concreta e independiente. Cuando se abraza esta comprensión como verdadera, se llega a la inevitable conclusión de que todas las perspectivas son igualmente válidas del mismo modo que ninguna perspectiva posee la legitimidad para imponerse a las demás. Este igualitarismo que suprime toda jerarquía y niega cualquier posibilidad de narrativas universales conduce a una atomización de la verdad que convierte las interacciones humanas y los acuerdos colectivos en fenómenos aislados.   El retrato de ese mundo de pequeños conjuntos aislados es en sí un metarrelato que rige y condiciona las interacciones, tanto internas de cada conjunto, como entre el universo de conjuntos. Esto resulta conflictivo para los pluralistas posmodernos, pues hace que su paradigma fundado en la igualdad, donde todas las ideas y manifestaciones son igualmente válidas y dignas de respeto, entre en contradicción con aquellas manifestaciones que utilizan esa apertura a la inclusión para defender visiones excluyentes y discriminatorias. Pero como argumentativamente no pueden censurarlas, porque justamente defienden la libertad de expresar cualquier idea, han inventado la corrección política y la cancelación como mecanismos sustitutorios de una correcta e indispensable jerarquización del valor.    Con la mejor de las intenciones, se deconstruyeron los grandes relatos universales para centrar el énfasis en la diversidad, en la importancia de los rasgos culturales particulares, en la necesidad de llevar el discurso moderno de la igualdad a la aceptación indiscriminada del otro, equiparando todos los valores, ideas y construcciones del mundo como equivalentes. Pero cuando todo tiene el mismo valor, nada en realidad vale demasiado, lo que no tarda en llevarnos al nihilismo.  Con lo que los posmodernos más radicales no contaban es que esa particularización extrema, lejos de conducir a la empatía, la solidaridad y al multiculturalismo constructivo, nos ha llevado a establecer un mundo lleno diferencias, aislamiento y separación.     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Págs. 202 2 Wilber, Ídem, Íbidem, Obra citada, P. 20 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Pág. 20 3 Wilber, Ídem, Íbidem, Obra citada, P. 20 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Pág. 20" ["post_title"]=> string(42) "Los grandes retos del Paradigma posmoderno" ["post_excerpt"]=> string(211) "La tesis central del movimiento posmoderno consiste en la afirmación de que la verdad no existe en sí misma, sino que depende de la perspectiva, de la cultura y del punto de vista desde donde se le interprete." 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