Esto ya es noticia vieja. La semana antepasada, el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, descartó invalidar el título de la ministra Yasmín Esquivel por el presunto plagio de su tesis. Sin embargo, este acto buenaondita no le resultó a al rector, ya que de todas formas se ha ganado el odio y desprecio de nuestro líder supremo, quien, continuando con la tradición de nuestra adorada Carmen Salinas, nunca jamás se queda callado.
Entiendo que es un tema complicado, con muchas personas involucradas y, por lo tanto, es difícil delimitar la responsabilidad de cada una. Pero, en ese pronunciamiento de la UNAM, ¿el rector ni siquiera pudo recomendar darle jalón de orejas a la ministra? ¿O acusarla con su abuelita, como lo recomienda el excelentísimo? Vaya, cuando menos la UNAM debería haberle dado una copia de la Cartilla Moral a la ministra Esquivel para que la lea, reflexione y cambie su forma de ser, caray.
Todo este show puso a la UNAM bajo una luz no muy favorecedora. Uno sabe que está en problemas cuando hasta Vicente Fox te agarra de bajada. Ante esta reacción tan fría por parte de mi alma mater (para que no me acusen de echar hate nomás porque sí), investigué qué otras cosas son tan frías como la UNAM en este caso y he aquí lo que encontré.
La oposición
En México se han descubierto dos lugares en donde, al parecer, no hay vida humana y están más fríos que la Antártida. Me refiero a los lugares de la oposición en la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. La última vez que revisaron esos fríos y solitarios lugares, dicen, nomás había unos pingüinos bailando como la gobernadora Layda Sansores y fumando algo que les dejó Jesusa Rodríguez.
El ahuehuete de Reforma
El famoso árbol plantado por el gobierno de la mera mera petatera del presidente ya está muerto, solo falta que le avisen. El ahuehuete no imaginó enfriarse tan pronto (ni un año lleva el pobre). Algunos aún juran y perjuran que “sigue vivo”, pero si en algo es experta la 4T (y la doctora Sheinbaum) es en negar la realidad. Sin embargo, yo no apostaría porque el ahuehuete nos aplique un Lázaro y experimente una resurrección pronto. O quién sabe, a lo mejor sí revive o, ya de a perdis, veremos a un ahuehuete zombi en Reforma para el próximo Halloween.
Las fiestas de Martha Debayle
Después de la polémica que causó Martha Debayle al dar sus ya famosos consejos para tener reuniones elegantes, no me puedo imaginar algo más frío que una reunión en su casa. Díganme que tengo poca clase, pero ¿una reunión sin botellas de dos (o más) litros en la mesa y con latas cubiertas para que no sea posible ver qué cerveza está degustando cada invitado? Prefiero escuchar a Claudia Sheinbaum narrando golf, gracias. No quiero ni imaginar los improperios que me diría Debayle si llego a su hogar con una guajolota de tamal verde, unos dorilocos, una botella de vino tinto de dos litros (del supermercado, por supuesto) y unas chelas bien helodias.
El corazón de tu ex
¡Este es un digno contendiente para ganarle el lugar a la UNAM! Porque si hablamos acerca de entes helados, el corazón de tu ex (sea quien sea) es más frío que la Antártida y la oposición y de seguro nos ha dado más dolores de cabeza que un mero plagio. ¿O no? Mientras que en el caso de Yasmín Esquivel solo se juega la reputación de la Máxima Casa de Estudios, nuestro/nuestra ex nos aplicó sus jugadas chuecas y terminamos peor que Shakira y Piqué.
Las personas que te dejan en “visto” en WhatsApp
No hay humanos más fríos que quienes utilizan una de las creaciones más terribles de la humanidad (¡la doble palomita azul!) para aplicarnos la ley del hielo (nunca mejor dicho). Especialmente después de que lanzas una pregunta de vital importancia (como “¿nos vamos a ver hoy?” o “¿quién era esa persona con la que ibas de la mano?”) y la susodicha o susodicho nos dejan en visto por días y días y días…hasta que, cuando te das cuenta, ya estamos en la Séptima Transformación (la llamada 7T en la que, dicen las escrituras morenistas, el mismísimo Robo-Tlatoani peleará contra los alienígenas opositores enviados por Claudio X-Terminator González).
Ahora díganme, ¿qué más agregarían a la lista?
Antes de irme, estimados lectores:
¿Un oficinista suicida y un perro parlanchín podrán detener la destrucción causada por el Tlatoani? ¡Estos personajes no los tiene ni Dickens! Lee “El blues de Tláloc”, mi primera novela y encuentre esta y muchas más sorpresas.
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