Señora Contreras a sus órdenes.
La historia se repite cada reunión y en cada ocasión cuando el tema es la política: “Contigo no se puede hablar de política” o la típica: contigo mejor hablamos de otra cosa.
El otro día me dijeron en una reunión familiar que yo en vez de apellidarme Lejtik me debería de llamar Leftik, por izquierdoza y la verdad es que si algo yo quisiera es que entendiéramos qué significa ser de izquierda o de derecha y pudiéramos hablar con pleno conocimiento y que cuando sale el tema y la “tía conservadora” repite las mismas consignas en contra del gobierno y yo o mi hijo Nico o cualquier persona que tenga otro punto de vista intente exponer su idea no nos acaben diciendo “¡Ya no los defiendas!” o “contigo no se puede hablar” o “cambiemos el tema”.
Pareciera que pensar distinto o peor aún, debatir ideas, resulta no solo molesto sino agresivo como si de verdad fuéramos nosotros los que vamos a definir el destino del país o de la humanidad. Y es que cuando se trata de aclarar noticias sin fundamentos o falsas uno en vez de hacer un favor, echas a perder las reuniones sociales y eres “El indeseable Comunista de la familia”. Ojalá de verdad conociéramos los términos que usamos y ojalá yo de verdad me pudiera considerar a mí misma de izquierda o comunista. Lejos lamentablemente estoy de serlo, me falta todo el valor civil del mundo para comprometerme con una postura tan legítima pero también tan estricta.
Yo no soy mas que una común ciudadana de a pie que nació sí, en una situación muy privilegiada, pero que piensa que deberían ser parejas las oportunidades para todos los mexicanos, que vote mas que por Morena o la 4 T francamente a favor de los apoyos sociales porque considero que la brecha social en este país es enorme e injusta y que la pobreza no se debe a la falta de voluntad sino a la diferencia social, que nada me molesta mas que el término “El pobre es pobre porque quiere” o el “no les regales peces, enséñales a pescar” porque pienso que quien lo dice poco o nada entiende sobre la suerte que fue nacer en una casa u otra, en el seno de una familia blanca y con posibilidades o en el campo, en una zona popular con un color de piel mas oscuro y sin el privilegio de haber podido ir a la escuela desayunados y sin la opresión que ser pobre y no tener ni para comer significa.
Pero independientemente de un tema moral, compasivo o como quieran llamarle, estoy convencida de que para que cualquier sociedad avance y logre vivir en armonía es indispensable que haya bienestar y oportunidades para todos, que los apoyos sociales brindan tranquilidad y dan un pequeño respiro a los menos favorecidos y que ademas es dinero que empuja la economía porque se usa en los mismos negocios o servicios y que por si fuera poco disminuye la delincuencia y por tanto la inseguridad.
Eso al parecer me vuelve un elemento incómodo y de verdad que si he sido omitida de reuniones y bloqueada en redes sociales, peor aún, como me dijo el otro día un viejo amigo:“Te quiero aunque seas de Morena” y eso tuviera que ser a la vez un insulto y una bendición para mí.
Y me apena también algo que me he tardado mucho en poder entender y es que tanta gente que se reconoce neófita en conocimientos sociales decide a pesar de no entender de política como ellos dicen apoyar a la causa que los haga parecer de una clase social privilegiada como si la preferencia política te regalara la membresía al club de la elite y la exclusividad.
Bajémosle ya dos rayas a nuestro ego y cerrazón. Con suerte seremos recordados una generación después de morir, a menos que logremos trascender por algo muy especial como grandes logros de algún tipo se mencionaran nuestros nombres con suerte un par de años después de que hayamos partido ¿Cuál es la necesidad de vivir siempre tan confrontados?
¿Cuánto necesitas en realidad para ser feliz? A todos nos gusta pasarla bien y tener cosas, vivir con desahogo, poder conocer lugares, darnos ciertos lujos, pero está comprobado que lo que mas teme la sociedad no es no tener sino que el de al lado tenga mas que uno. No sé si me explico, el verdadero miedo de quienes condenan las ideologías igualitarias e inclusivas no es perder lo que se pueda o no tener sino no ser el que mas tiene en la cuadra. Esa competencia feroz por tener mas que los demás, por no aceptar que si al de abajo le va mejor al de arriba no tiene por qué faltarle nada.
Al final nada nos vamos a llevar de esta vida y para mí algo que sí valdría la pena haber vivido es la experiencia en comunidad y el haber hecho algo por el otro; haber trabajado en lo individual y por nuestras familias, pero también en comunidad; haber apoyado a que las condiciones de vida fueran buenas para todos en el entendido que efectivamente siempre habrá quien tenga más porque trabaje más o sea más talentoso y también quien no necesite ni aspire a tener tanto pero que sea por propio esfuerzo y no porque vivamos en un sistema injusto, obsoleto y opresor y que de tanto ponernos el pie los unos a los otros acabemos por no avanzar ninguno.
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