Por más de tres décadas, la industria automotriz ha sido un pilar del crecimiento económico y de la integración comercial de México con América del Norte. Ha generado miles de empleos bien remunerados en el norte y el Bajío, atraído millones de dólares en inversión extranjera y fortalecido una cadena de valor que vincula a cientos de empresas mexicanas con el mercado global.
Hoy, este modelo enfrenta una amenaza creciente: la posible relocalización de una parte importante de la industria automotriz instalada en México hacia Estados Unidos por decisiones políticas y estratégicas del presidente Trump.
Las consecuencias serían devastadoras. La industria automotriz representa el 25% de las exportaciones totales de México y es un motor clave de inversión extranjera directa. Su salida provocaría una caída drástica en ambos rubros, afectando la balanza comercial, debilitando la confianza de los inversionistas y reduciendo ingresos fiscales.
El impacto laboral sería inmediato y profundo. La industria emplea directamente a más de 900 mil personas e indirectamente a millones más en proveeduría, logística y comercio. Una reubicación masiva dejaría sin sustento a miles de familias en estados como Coahuila, Guanajuato, Puebla y Nuevo León, cuya economía depende en gran medida del sector.
El efecto se extendería a la desigualdad regional. El norte y el centro del país perderían infraestructura productiva y oportunidades de desarrollo, acentuando los desequilibrios económicos.
No solo están en juego empleos y exportaciones. La industria automotriz ha impulsado la transferencia tecnológica, la inversión en centros de ingeniería y el desarrollo de talento especializado. Su salida frenaría la innovación y el avance hacia una economía del conocimiento.
En el ámbito geopolítico, una relocalización masiva podría tensar la relación comercial con Estados Unidos, especialmente si se fundamenta en subsidios o proteccionismo contrario al T-MEC. México podría recurrir a mecanismos de solución de controversias, pero la incertidumbre afectaría la inversión y el crecimiento.
Ante este panorama, México debe actuar con visión y estrategia. Es urgente fortalecer la certeza jurídica, la infraestructura logística, la energía competitiva y limpia, y el estado de derecho. Al mismo tiempo, el país debe diversificar su base industrial hacia sectores con futuro, como energías renovables, electrónica avanzada, industria farmacéutica y servicios tecnológicos.
La relocalización automotriz no es inevitable, pero representa una amenaza seria. Para mantener su posición en el mapa industrial global, México debe modernizar sus políticas públicas y construir una estrategia de desarrollo industrial menos dependiente de una sola industria o un solo país.
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