Las economías se reciclan…

Como cada lunes, Manuel Torres Rivera reflexiona sobre los aspectos más importantes de la economía mundial y mexicana.

20 de junio, 2022

El mundo moderno, una y otra vez, demuestra que el talento y guía de las naciones progresistas superan desequilibrios, crisis, conflictos bélicos y abusos en prerrogativas de comercio y de intercambio. Más allá de la mano invisible que acomoda oferta y demanda, existen circunstancias que eliminan dominios temporales, simplemente borran supuestas fronteras de supremacía, porque al fin de una jornada de imposición de un bien cautivo, surge la reciprocidad en otros bienes en demanda. Se escribe esta aseveración en el considerando de las cadenas productivas que cada día dependen menos de productos terminados. El mundo de los componentes ha demostrado sus fortalezas en prácticamente todas las áreas, con la natural exclusión de los perecederos, aún cuando existen semillas, fertilizantes, tecnología de riego, maquinaria y otras necesidades propias del mundo agropecuario, para aunar este capítulo al mencionado. 

Las economías encuentran acomodo y el enunciado de este texto alude a ello; desde luego la alusión excluye a las economías de naciones sometidas a sistemas dictatoriales y absolutistas. Creemos poder afirmar que en el mundo moderno, todas las crisis han sido resueltas. De una u otra forma, las naciones-estado han resuelto sus diferencias. Desde los acuerdos de Bretton Woods en New Jersey, en 1944, los organismos internacionales creados, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han realizado sus tareas de reconstrucción, alguna vez y de recomposición del orden natural del comercio y diálogo entre naciones en estos días. 

También, derivado de estas tareas invaluables, el concepto global de apertura ha resuelto por la mejor de las vías, la cancelación de fronteras y tarifas y aranceles, la creación de bloques que territorialmente hacen sentido para el intercambio de bienes y servicios. La cooperación económica existe y prueba de ello es la resolución de precios en competencia abierta y la calidad y excelencia que aportan todos los países inscritos en esta globalidad. 

Hagamos un poco de historia relativamente reciente, dada la era que construyó una lección importante: el petróleo. Era el año de 1974, nueve países conjugaban su riqueza petrolera para anunciar al mundo industrializado un “embargo” haciendo notar que la acepción de este vocablo es inglés en su raíz y denota captura en el sentido temporal que significa condicionar un aumento significativo en precio y adecua suministro a condiciones muy por encima de los requerimientos ordinarios de mercado. Esto sucedía ante la creación de un Cartel que en sus siglas inglesas también, se denominó OPEC. 

Los países industrializados no tuvieron más remedio que aceptar estas condiciones para no frenar sus cadenas de producción. Las reservas obtenidas en un solo año sumaron 55,000 millones de dólares para la recién creada OPEC. Estas reservas a su vez, crearon un mercado secundario de divisas, denominado eurodólares, por su independencia de la Reserva Federal Norteamericana. Esto simplemente era un depósito denominado en dólares, aclarando una vez más que era simple denominación. El mercado se radicó en Londres por la ausencia de encaje legal del Banco de Inglaterra. Desde luego a este mercado novedoso y cuantioso acudieron decenas de “Merchant Banks” con el único propósito de participar en créditos sindicados por bancos agentes o líderes hasta con comisiones de un octavo de un uno por ciento. De estas facilidades crediticias, los gobiernos tomaron ventaja al acceder a una tasa LIBOR, inferior a la tasa PRIME norteamericana. 

Aquí viene un punto curioso, que incide en expectativas de mercados de capitales: todos los créditos se concedieron a cinco años de plazo, con la prerrogativa de revolvencia acostumbrada. El mundo industrializado avizoraba dos circunstancias y la primera de ellas era la exploración de yacimientos en occidente; la segunda y más importante era la consideración de demanda de infraestructura de los países de oriente, los mismos que embargaron petróleo. Cundía en sentido humorístico que las naciones de oriente podían comprar Rolls Royce pero carecían de las carreteras adecuadas. 

Lo anterior es significativo en el sentido del acomodo global. Los cinco años de plazo de las facilidades financieras fueron proféticos. Surgieron casos aislados de refinanciamiento de partes de capital no cubierto pero en general bastaron para adecuar planes gubernamentales. Los bancos de consorcio se retiraron, todos con utilidades de operación, los yacimientos de los mares del norte fueron explotados, la oferta petrolera se diluyó en precios accesibles para la industria y el mundo progresista abría nuevos canales de comercio a países con riqueza nueva. 

Esto que se menciona destaca la problemática que hoy se vive con un conflicto bélico que trastorna eventos ya vividos y superados en otras épocas. No puede negarse dependencia de mercados de otras latitudes pero tampoco puede negarse la prueba que supera un mundo unido y coordinado por las mismas necesidades. El brote inflacionario se encuentra incontrolable de momento. Nuestro socio más importante, la Unión Americana, lanza un plan recesivo y la repercusión en nuestra economía reacciona de forma inmediata con política alcista. 

El gobierno mexicano en turno sufre un pasmo de incompetencia y también lo padece en la incongruencia que pretende acomodar sugerencias firmes de la Casa Blanca en materia de inversión ya presente y en marcha y el eterno mensaje desconcertante de la presidencia, mensaje resuelto a seguir alterando el gasto corriente en esa confusión que desvía la intención del dispendio con la interpretación equivocada de inversión productiva. 

Las menciones de inclusión en la escena global no reúnen certeza y convicción tampoco. El mundo enfrenta una recomposición y el lenguaje de la transición en turno lo ignora como llamado imperante. Las economías desde luego se reciclan, obedecen a tiempos, pero los tiempos reclaman adscripción a políticas congruentes con la realidad y esa realidad se trastoca en este gobierno. Se abre, por tanto, un compás de espera hasta el 2025. No tenemos certeza sobre la comprensión de esta espera por parte de Canadá y los Estados Unidos. Nosotros en México no la tenemos. 

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