Tintas indelebles

No sabemos qué hacer: Lloramos. Nos abrazamos. Rezamos. -Élmer Mendoza

3 de enero, 2023 Tintas indelebles

Hace un par de semanas, nuestro jefe Eduardo Ruiz-Healy nos invitó a cada uno de sus colaboradores a que habláramos sobre el libro más representativo que leímos en 2022. Yo no tardé más de unos minutos en elegir mi favorito. No obstante, esa solicitud de Eduardo me llevó a analizar qué otras lecturas he procurado en los últimos doce meses. Me topé con sorpresas singulares. Ha sido fundamentalmente narrativa, cuento o novela corta, predominantemente escrita por mujeres. Muy en contraste con lecturas de años previos, más de tipo ensayístico, a través de las cuales pretendía desmadejar las grandes redes de pensamiento crítico que nos rigen en la actualidad.

Me descubrí enamorada de la narrativa por una sencilla razón: alejada de los cánones tradicionales que presentan los problemas sociales mediante grandes teorías, esta vez me hallé muy cercana a entender lo que nos ocurre  mediante el abordaje a personajes de carne y hueso como yo; personajes contradictorios, que se equivocan y aprenden de sus errores, con los que puedo identificarme. Historias que parten de un punto inicial, con un deseo o propósito, y que se dirigen de manera planificada o casual, a través de muchas o pocas líneas, hacia el logro de eso que el protagonista desea cumplir con todo el corazón.

Aunado a lo antes dicho, la narrativa nos permite presentar la anécdota, muy en particular en el caso del cuento. Fulanito protagonista va del punto A al punto B dispuesto a conseguir algo.  La historia superficial podrá enriquecerse al describir características de los personajes o mediante la creación de atmósferas, hasta colocarnos justo ahí, al lado del protagonista que nos atrapa, trabajando por lograr lo que él se ha propuesto, sorteando dificultades.  La narrativa posee una cualidad: cumple una gran función social, algo que en estos tiempos caóticos hace tanta falta. 

La historia subterránea nos va narrando de una manera subrepticia, a través de guiños y momentos, un problema que el autor tiene urgencia por plantear ante su lector.  Esta es la maravilla de la narrativa. De hecho, si nos vamos para atrás en el tiempo nos hallaremos con las fábulas tradicionales que al final de la historia nos dejan una moraleja. Avanzamos luego a los grandes cuentistas rusos y europeos, que comienzan a dosificar ese mensaje oculto de una forma que en una primera lectura no alcanza a desentrañarse.  Y viene más adelante la narratología del siglo 20 y lo que va del 21, en la que la historia subterránea, tantas veces de denuncia, viene perfectamente trenzada con la anécdota y asoma la cabeza de vez en vez. Terminamos nuestra lectura con un nuevo conocimiento sobre eventos que identificamos o padecemos, y que la historia nos sugiere formas de enfrentar.

En este tenor, y en el espacio periodístico que me queda, antes de que mi jefe de redacción se vea en necesidad de recortar mi texto, van mis lecturas:

En primer término, leí un libro de cuentos maravilloso. Se titula Bavispe. Su autor es Carlos René Padilla, norteño, periodista de formación y escritor por vocación. Cuenta en su haber con un buen número de libros publicados. El título  hace referencia a una pequeña población sonorense en torno a la cual giran las nueve historias que componen el libro, editado por Nitropress. Ha sido ganador del Premio Nacional de Literatura 2022. La prosa es ágil, los personajes entrañables, y el autor muy acertado en presentarnos la cara humana de la problemática que se vive en la región noroeste de México. Lo he recomendado y lo he regalado, segura de estar compartiendo un gran libro.

En este viaje sin final, porque primero nos vamos nosotros los lectores, que las obras, pondría en segundo lugar una trilogía que lleva por nombre: A golpe de linterna: Más de 100 años de cuento mexicano de Liliana Pedroza. Antología publicada como un gran ensayo que contiene en su interior 100 cuentos cortos de alrededor de 100 autoras mexicanas, escritos en los últimos 100 años. Lo ameno de la obra es que hallamos cuentos muy bien escritos de autoras desconocidas, compartiendo espacio con cuentos poco conocidos de las grandes autoras del siglo veinte. Esta completa obra de rescate narrativo fue publicada por Editorial Atrasalante.

Una tercera obra que deseo incluir por original y bien escrita, se denomina Hurricanes blues, voces desde la cárcel. Es un compendio de obras literarias que van desde apotegmas y pequeñas reflexiones, hasta una novela corta, todo ello escrito por participantes del taller de escritura creativa implementado en el Penal de La Pila por el grupo Renace de San Luis Potosí. Me cautivó la dedicación y empeño que ponen tanto los participantes como sus coordinadores para publicar una obra de poco más de 150 páginas en las que los internos consiguen expresarse desde lo más profundo de su corazón. Hay principiantes con pequeñas erratas hasta un autor que refleja, sin lugar a duda, un cimentado oficio de escritor. Su novela corta tiene grandes fragmentos de diálogos que, pese a su complejidad, en ningún momento vuelven cansada su lectura. Me cautivó la obra por ese rescate profundo de la condición humana. Me recuerda un poco a Lola Ancira y Mara Romero en sus respectivos trabajos dentro de colectivos en confinamiento forzado. Ambas autoras poseen un amplio repertorio de obra publicada que da cuenta de su labor, a la vez literaria personal como altruista.

Para rematar, El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo de Irene Vallejo (editorial SIRUELA): En lo personal ha significado un plácido paseo en el tiempo, para exaltar el valor del lenguaje, el que hoy nos tiene cumpliendo con gran placer la invitación encomendada por el jefe. 

¡Feliz 2023 de enriquecedoras lecturas para todos!

Comentarios


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Compartíamos muchos gustos afines, la misma profesión de médicos, él en la especialidad de Cardiología; amantes de la buena música, aunque él con mucho me llevaba ventaja, experto en hallar grabaciones clásicas poco conocidas, que no dudaría en compartir durante muchos años con su círculo virtual, desde Buenos Aires. De igual manera publicaba imágenes de reuniones familiares, viajes y actividades culturales. Menciono todo lo anterior porque, visto así, acabo de perder un gran amigo, aun cuando  la forma más cercana de comunicarnos fue videollamada, pero tan cercano como muchos otros a quienes conozco en forma presencial. Ese día inicié mi reflexión de cada domingo, que envío junto con la actualización semanal de mi blog (https://contraluzcoah.blogspot/) precisamente señalando su partida, y lo que implica el acompañamiento que hacemos unos de otros a lo largo de la vida. Durante el domingo jugaron en mi cabeza varias preposiciones que hoy deseo plasmar por escrito: “Por, para y con”. En este caso aplicadas a las relaciones interpersonales, a esos lazos de unión que se dan entre dos personas, de muy distintas maneras, con muy variados resultados.   Vamos conociendo otros seres humanos con los que podremos establecer, desde encuentros fugaces e intrascendentes, hasta relaciones permanentes, como fue el caso de mi amigo Roberto, quien tenía más de cincuenta años de matrimonio con su esposa Kapitolina. De orígenes distintos, de gustos que fueron aprendiendo a acoplar por el camino; guardaré de su relación de pareja el recuerdo de quienes han vivido de manera armónica con aquello que les rodea, aunque manteniendo cada uno sus propias pasiones: él por su profesión y por la música; ella por el cultivo de flores exóticas y la comida tradicional, entre otras actividades que desde el inicio definieron a uno y otra sin conflicto, respetando la vida del compañero de camino. Formaron una familia amorosa que ahora lamenta la partida del padre, pero se queda con un cúmulo inagotable de memorias y enseñanzas, que lo mantendrán vivo entre ellos, así  como entre quienes tuvimos la fortuna de conocerlo de otras formas. Por, para y con: hay quien puede preguntarnos quién es la persona más importante en nuestra vida, y de entrada no dudaremos en mencionar la pareja, los padres o los hijos. Sentimos que vivimos por y para ellos, y que cualquier otra cosa es secundaria. Sin embargo, en un segundo análisis, podremos descubrir que la persona más importante en la vida es uno mismo, por simple sentido común.  Si no me amo a mí mismo, no estoy en capacidad de amar a otros.  No es gratuita la mención bíblica de: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, lo que lleva implícito que primero tengo que amarme a mí mismo, para cumplir con este mandamiento. Por, para y con: las películas mexicanas de la época de oro dan cuenta de esos ideales de mediados del siglo pasado: Vivir para los demás sin importar que se nos fuera la vida en ello.  Viene a mi mente la imagen de Marga López en el papel de resignada madre mexicana, costurera de oficio, que va perdiendo la vista, pero se niega a destinar un solo peso en una revisión médica y posible compra de anteojos, para no “molestar” a sus hijos adultos. Sacrificarse hasta la muerte de forma absurda para el hogar, para la familia, para otras causas más allá de sí misma, sin establecer prioridades sensatas. Por, para y con: finalmente viene “con”, la preposición liberadora que parte del amor propio, de cuidarme y satisfacer mis necesidades personales, y así  estar en condiciones de salir a acompañar a otros. Sentir que yo soy la razón que impulsa mi ánimo cada mañana, que no necesito más estímulo para activarme, y que me siento feliz conmigo mismo, como dicen los franceses: Ȇtre bien dans sa peau. En estas condiciones, ahora sí, andar el camino de la vida con la pareja, los hijos, los amigos…Con ellos, acompañándolos, respetando cada uno su espacio; dándose oportunidad de un crecimiento personal individual. Así como llegan van partiendo de nuestro lado, de manera circunstancial algunos, definitiva otros, pero siempre tendremos la compañía de nosotros mismos, hasta el final. Hoy sé que Roberto ha partido después de una vida plena y productiva.  Kapitolina vive su dolor de esposa, pero sigue su propio camino, porque se tiene a ella misma en primer término, después a sus seres queridos, y aún hay mucho por vivir.
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