Mesoamérica y la estrella gigante del año 1054

A principios del mes de Julio del año 1054, el astrólogo de la corte (astronomía y astrología eran una misma ciencia) anunció la repentina aparición de una nueva estrella en el firmamento: el más grande astro visto...

1 de septiembre, 2021

A principios del mes de Julio del año 1054, el astrólogo de la corte (astronomía y astrología eran una misma ciencia) anunció la repentina aparición de una nueva estrella en el firmamento: el más grande astro visto desde la tierra, sólo por debajo, en tamaño y luminosidad del sol y la luna, y muy por encima de Venus. La interpretación del ministerio astronómico fue más o menos la siguiente: “su brillo es tan grande (…) lo cual significa que en el trono hay una persona de enorme valía”. El astrólogo de la corte recibió por parte del Emperador, como es de suponerse, todo tipo de felicitaciones y mercedes. Testimonios en tierras árabes quedaron también asentados; cosa de un milenio después, científicos desvelaron su naturaleza: se trataba aquella estrella, visible incluso de día por alrededor de un mes, y en el cielo nocturno por prácticamente dos años, hasta su difuminación, de la percepción en la Tierra de la explosión de una estrella, una ‘supernova’ (SN1054) cuyos rastros hoy aún son localizables en lo que se conoce como la Nebulosa del Cangrejo.  De hecho, supuso el descubrimiento de una nueva caracterización del citado fenómeno, denominada “supernova de captura de electrones”, y que se ha convertido en una de las estructuras astronómicas más estudiadas y analizadas más allá de nuestro propio sistema solar. Todo esto se dio a una distancia calculada en alrededor de 6500 años luz de nuestro pequeño punto azul en la inmensidad.

     EUROPA   Y   AMÉRICA

Un evento de esta magnitud, sin duda, causó estupor en todas partes del mundo en aquella  época, pero a diferencia de los abundantes registros existentes en el continente asiático, en Europa no existen testimonios registrados de tan inusual hecho. En Europa se explica fácilmente, debido a la férrea censura de la Iglesia católica medieval que, bajo el manto de sus oscurantistas dogmas, era su exclusivo monopolio todo lo concerniente a lo que se refería a los cielos. Solo hay un muy pequeño indicio de aquello, y es el escudo de la localidad española de Teruel, que sin tener una certeza absoluta, se atribuye a aquel fenómeno: un toro y una estrella. La conclusión más aceptada, es que se trata de una representación de la SN1054 junto a la constelación de Tauro.

En América los dos únicos indicios claros de expresiones del registro del fenómeno astronómico no se ubican en lo que se conoce como Mesoamérica, sino mucho más al norte: una en Nuevo México (Estados Unidos), en un sitio denominado cómo Peñasco Blanco. Se trata de un grande petroglifo en el Cañón del Chaco, que supone un marcador astronómico, esto en lo que fuera hacia los Siglos X y XI un importante asentamiento de la Cultura Ananazi, que tuvo vastos conocimientos en la materia. La otra evidencia está en lo que hoy es el estado de Durango, (México), tratándose de otra suerte de marcador astronómico, grabado este en piedra volcánica, conocido como “Tuitán”, que asemeja claramente un mapa detallado de la bóveda celeste, consignando la aparición del año 1054; la Cultura asentada ahí se conocía como chalchihuiteña, con supuestas influencias teotihuacanas.

MESOAMÉRICA Y LA  SISTEMÁTICA DESTRUCCIÓN  DE  SUS  CÓDICES

Existen evidencias de la observación del hombre prehistórico de las fases lunares, de hasta unos 30 000 años de antigüedad. Los pueblos mesoamericanos fueron grandes estudiosos de lo que en el espacio exterior se miraba, desde los ciclos solares hasta eclipses, pasando por todo tipo de avistamientos, ya fueran esperados o espontáneos, sin embargo, paradójicamente los registros de todo esto no son muchos, de hecho prácticamente se circunscriben algunas estelas con glifos mayas y a la orientación de lo que queda de sus grandes Ciudades. En cuánto a los códices, baste decir que solo sobreviven 15 elaborados en tiempos prehispánicos, y 400 de tradiciones orales ahí consignadas, mandadas a recoger por Frailes franciscanos, ya en las primeras décadas del periodo colonial. La destrucción de los códices que llevaron a cabo los europeos, contrario a lo que podía pensarse, no son ni de lejos, lo único responsable de su desaparición, sino que se tiene constancia de que esto fue una práctica sistemática; además de que en los días más álgidos de batallas por la denominada Conquista, hordas de tlaxcaltecas entraron a destruir la Biblioteca de Texcoco, “la Atenas de América”, cuna de los acolhuas, descendientes del Rey poeta Nezahualcóyotl. De los amoxcalli (casas de libros) de la Gran Tenochtitlan no se tiene mayor noticia de su destino. Por tanto, los códices ordenados por los clérigos españoles, no pueden sino tener múltiples omisiones y un sesgo de la visión del mundo que ellos tenían por única: la judeocristiana.

Si nos remontamos 200 años hacía atrás de la Conquista, durante la década de los años veinte del siglo XIV, cuando se forma la llamada Triple Alianza entre los señoríos de Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, y se derrota a la entonces Ciudad hegemónica en el Anáhuac, Azcapotzalco, los mexicas destruyen tanto los códices de dicha Ciudad como los propios, la razón: ninguno consignaba la grandeza histórica que ellos mismos pretendían proyectar a partir de ese momento. La “Historia oficial” tenochca debe imponerse, y así se interviene la realidad, modificando la Historia con fines políticos y propagandísticos. El lugar común de que la Historia la escriben los vencedores, se impone en el caso del que sería el gran Imperio de México Tenochtitlan.

La noche del 12 de Julio de 1562, una hoguera se levantaba sobre Maní (a unos 100 Km de distancia de Mérida) en Yucatán, en ella ardían objetos sagrados de toda índole, incluyendo sus milenarios códices, que contenía su Historia, vida y cosmovisión e identidad. Años después, hacia 1575, se imprimen unos textos escritos por el propio Fraile Diego de Landa, mismo que ordenó semejante oprobio antes relatado, hecho que llevó inclusive a algunos naturales al suicidio, conocidos como “Relación de cosas notables de Yucatán”; sin embargo y como en el caso del centro de lo que hoy es México, éstos eran imprecisos, por decir lo menos; casi cinco Siglos después, científicos (tanto mexicanos y extranjeros) expertos en la Civilización Maya, lo corroboran, afirmando que los escritos de Landa son “inexactos y prácticamente inútiles”.

    ¿FUE LA SN1054 UN AGENTE PRECIPITADOR DE IMPORTANTES ACONTECIMIENTOS?

Ante la evidente relación de todo lo que acontecía en el ámbito terrestre a las observaciones cósmicas, que se pueden resumir en una famosa sentencia Maya que reza: “según el cielo, así es el mundo”, queda la incógnita de las implicaciones que habría tenido la inesperada y abrupta aparición de una estrella de esas dimensiones en el firmamento, que podía verse de forma clara incluso a la luz del sol, como lo fue la multicitada SN1054, ya que todo fenómeno celeste tenía un gran peso específico en todos los aspectos y decisiones concernientes a la mitología, religión, guerras, migraciones y demás, dónde hoy se sabe que importantes sitios arqueológicos fueron, por su ubicación y características, observatorios astronómicos. Se miraba, pues, todo movimiento en la bóveda celeste, con paciencia y devoción divinas, de ahí su impactante exactitud en sus cálculos calendáricos, por ejemplo.

 La decadencia de los grandes asentamientos mayas, durante los Siglos X y XI, fue multifactorial, se sabe: guerras, sequías, epidemias e incluso deforestación debieron haber sido la causa. Todo esto desembocó en la abrupta decisión de migrar de las regiones del interior, donde habían florecido sus antepasados a las costeras, donde había fuentes de agua dulce seguras como lagunas y cenotes. Aquí llama la atención un hecho, que es la fecha en la que se ubican dichos movimientos migratorios: alrededor del año 1050 d.c., justo por los meses en los que hizo su aparición la SN1054.

 En la Ciudad prehispánica de Xochicalco, hoy Morelos, se tienen también claramente identificados cambios relevantes alrededor del año de la Supernova, en 1054, estos reflejados en los espacios construidos, la ya de por sí Ciudad con tradición de gentes de alto saber astronómico, que registraron cambios radicales en el comportamiento de sus habitantes, todo esto, aproximadamente, de los años 1000 al 1100. Se tiene conocimiento de esfuerzos por parte de sus pobladores de limitar drásticamente los espacios de acceso a la Ciudad, llegando por momentos a cerrarla, llevándose a cabo inusuales expresiones hacia adentro, como colocar esqueletos colgados de los techos de algunos pórticos. El año 1100 d.c. es el que está registrado como el último en el que la Ciudad sobrevivió como tal, porque en ese mismo año, un poderoso incendio generalizado (deliberado) terminó en definitiva con ella.

 Los dos anteriores párrafos nos llevan aquí a tres preguntas: ¿qué sucedió justo en esos años en las grandes Ciudades mayas del interior y también en Xochicalco para sus misteriosos finales?; ¿acaso tendría alguna influencia en estos dos relevantes hechos históricos la aparición, en el 1054, de la gran estrella supernova?; ¿cuánto no sabemos ni tendremos siquiera cercano conocimiento, de hechos y aspectos importantísimos en el devenir histórico las Civilizaciones que en estas tierras nos antecedieron? Quizás nunca lo sabremos con exactitud.

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