La conversión de San Ignacio de Loyola

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26 de mayo, 2021

El 20 de mayo se celebró el quinto centenario de la conversión de san Ignacio de Loyola. Hubo una celebración solemne de la apertura del Año Ignaciano 2021-2022, coincidiendo con el quinto centenario del episodio histórico que da comienzo a la conversión del santo, cuando el 20 de mayo de 1521 Ignacio de Loyola cae herido en la defensa del castillo de Pamplona. Asistió el Padre General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa SJ

En México, la Provincia mexicana de la Compañía de Jesús llevó a cabo una misa solemne de Apertura del Año Ignaciano, desde el Templo del Verbo Encarnado y la Sagrada Familia (Col. Roma, CDMX). Presidió el P. Provincial Luis Gerardo Moro Madrid, S.J. (El evento se transmitió por www.facebook.com/jesuitasenmexico).

La Compañía de Jesús es la orden católica masculina más numerosa en el mundo. Alberga a casi 16 000 miembros en el planeta, repartidos en 69 Provincias, cinco regiones independientes y seis dependientes. América Latina cuenta con 1056 jesuitas en las seis Provincias de la Asistencia Meridional y 1058 en las Provincias de la Asistencia Septentrional, totalizando 2114 miembros, 13% del total de la Compañía. La Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús se distribuye en 56 comunidades a lo largo del país, con más de 300 jesuitas.

La Compañía de Jesús fue fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola, con la aprobación del Papa Pablo III. Ignacio de Loyola había reunido a su alrededor a un grupo de hombres dinámicos y bien educados, que no deseaban más que ayudar a otros a encontrar a Dios en sus vidas. El plan original de Ignacio era que los jesuitas fueran misioneros itinerantes, que predicaran y administraran los sacramentos allí donde hubiera esperanzas de lograr el bien mayor.

Los apostolados más distintivos de la Compañía son el trabajo “en los lugares de frontera” (con indígenas, obreros, presos, refugiados), la promoción de los derechos humanos (que ha implicado la persecución y el asesinato de algunos de sus miembros), el apostolado intelectual y la educación.

Educación




La Compañía de Jesús ha conformado el más grande proyecto global de educación universitaria de la historia. Actualmente, alrededor de un millón y medio de estudiantes acuden a más de 230 universidades de la red jesuita en todos los continentes. Hoy se cuenta con más de 2300 colegios en la red jesuita, en colaboración con un gran número de laicos y con otros compañeros religiosos. Se educan a más de 2 millones de estudiantes procedentes de contextos religiosos, culturales, sociales y lingüísticos de todo tipo, en los cinco continentes y en más de 70 países. En México se cuenta con seis colegios y el Sistema Universitario Jesuita que agrupa a ocho instituciones de educación superior.

Los jesuitas administran las siguientes Obras Internacionales: Apostolado de la Oración, Vatican News, Servicio Jesuita a Refugiados, Comunidad de Vida Cristiana (CVX), Observatorio Vaticano.

Compañía de Jesús en México

Enviados por san Francisco de Borja, tercer superior general de la Compañía de Jesús, los jesuitas llegan a tierras mexicanas el 9 de septiembre de 1572. Es un grupo de 15 religiosos bajo las órdenes del padre Pedro Sánchez, primer superior provincial de la Provincia Mexicana de la Compañía. Ya establecidos en la capital del virreinato novohispano, Sánchez promueve la fundación de un colegio-seminario en 1573. Ese mismo año comienzan a recibirse a los primeros novicios. Para finales del siglo XVI, los jesuitas ya estaban establecidos en Ciudad de México, Pátzcuaro, Oaxaca, Puebla, Valladolid (actual Morelia), Zacatecas y Guadalajara, en donde han fundado colegios e iniciado ministerios pastorales. También han iniciado misiones en regiones de Sinaloa, Durango, Coahuila, Zacatecas y San Luis Potosí. Durante el siglo XVII y XVIII los jesuitas en la Nueva España amplían su presencia misionera en Chihuahua (Sierra Tarahumara), Sonora, Baja California y Nayarit.

En 1767 el monarca español Carlos III decretó la expulsión de los casi 5000 jesuitas que se encontraban en todos los territorios bajo su autoridad, medida que se fue ejecutando en la América española y las Filipinas durante los meses siguientes. En ese momento había 680 jesuitas en la Nueva España. 

En la actualidad, los jesuitas en México desarrollan su misión en Tijuana, Nogales, Chihuahua, Sierra Tarahumara, Torreón, Parras, Monterrey, Tampico, Guadalajara, Puente Grande (Jalisco), Ciudad Guzmán, León, Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Jaltepec (Oaxaca), Tatahuicapan (Veracruz), Huayacocotla (Veracruz), Mérida, Arena (Chiapas), Bachajón (Chiapas), Frontera Comalapa (Chiapas).

Comentarios
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Una vez asentadas en nuestro proceso cognitivo terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. Merece la pena reflexionar acerca del tipo y calidad de metáforas solemos usar para explicarnos la existencia.  Si un buen amigo nos confiesa que, ante una situación, se siente “entre la espada y la pared”, de ningún modo pensaremos que literalmente una espada amenaza con clavarse en su pecho mientras su espalda roza con un muro infranqueable y sin embargo entendemos de inmediato que se encuentra en una disyuntiva apremiante, donde hay pocas alternativas de decisión.    Hemos entrado en el territorio de la metáfora, una figura retórica por medio de la cual se expresa una idea, una situación, un objeto o un concepto poniéndolo en relación de semejanza con otro que lo ilustre y se trata de un concepto indispensable si hablamos de la construcción de narrativas.  Esta manera de expresión implica un proceso cognitivo donde dos conceptos se ponen en relación de tal modo que uno de los términos explica al otro, pero nunca de maneta literal, sino en sentido figurado. Si ambos términos de una metáfora fueran idénticos, al grado de ser intercambiables en cualquier situación o circunstancia, estaríamos ante dos sinónimos.  Pensemos en una de las metáforas más conocidas e influyentes de nuestro mundo actual: “tiempo es dinero”. En términos abstractos el concepto de “tiempo” y el de “dinero” no tienen relación alguna. 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El verdadero asunto está en que no solo se trata de construir comparaciones ingeniosas que faciliten la comprensión de conceptos, sino que se trata de un proceso cognitivo tan arraigado, de introyecciones tan profundas –y a tal grado inconscientes– que se confunden con realidades objetivas que terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. En el caso del ejemplo citado: “tiempo es dinero”, mucho más que una consigna perspicaz, puede convertirse en el dogma-motor de la propia vida para infinidad de personas, marcando la manera en que dicho individuo se vincula con el mundo, con los demás y consigo mismo.    Y podemos ir aún más allá: todo nuestro pensamiento está edificado a partir de metáforas. Al menos eso aseguran George Lakoff y Mark Johnson en su insustituible clásico, Methaphors we live by1, traducido al español como Metáforas de la vida cotidiana2 Para estos autores, el ser humano no solo construye metáforas mediante el lenguaje, sino que piensa mediante ellas y por ello resulta medular prestar atención en aquellas que conducen nuestros pensamientos y acciones.  Para Lakoff y Johnson erróneamente las metáforas suelen verse como herramientas del lenguaje, como un mero asunto de palabras, cuando en realidad sucede lo contrario: tanto nuestros conceptos como nuestras actividades están metafóricamente estructuradas y, por lo tanto, el lenguaje también está metafóricamente estructurado.  Las metáforas se vuelven conceptos que, lejos de quedarse en lo abstracto, crean una enorme intensidad emocional una vez que son internalizados como verdaderos. Y esos conceptos metafóricos que gobiernan nuestro pensamiento no son solo asuntos del intelecto, pues estructuran aquello que percibimos tanto del mundo como de la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello rigen nuestro funcionamiento cotidiano al nivel de los detalles más mundanos.  Si la mayor parte de quienes trabajan en la Bolsa de Valores piensan de verdad que “el mercado financiero es una jungla”, su manera de comportarse en ese ámbito determinará que así sea. Lo que Lakoff y Johnoson afirman es su texto no es que las metáforas describan una realidad preexistente, sino que a partir de configurar e internalizar el concepto “mercado financiero” como equivalente a una “jungla” es que éste se convierte en en una.  Literalmente no hay parecido alguno entre el “mercado financiero” y una “jungla”. Lo que hacemos es abstraer algunas características de la jungla –pasando por alto todas las demás– y retratamos con ellas al mercado financiero. La simplificación que queda tras retirar la complejidad real de ambos conceptos para utilizar solo unos cuantos de sus elementos suprime su esencia genuina. Por lo tanto una metáfora no retrata la realidad, sino una interpretación parcial de ella, aunque, desde luego, funcionan muy bien para reforzar la percepción que buscamos alimentar del concepto sujeto de la figura retórica.  Caracterizar a la Covid como un enemigo contra el que estamos en guerra o equiparar el debate con una pelea de box en la que hay que derrotar al oponente son comprensiones metafóricas que una vez internalizadas determinan la manera como encaramos las circunstancias de la vida.   Sin embargo es posible comprender que una metáfora (y en general el uso interpretativo del lenguaje) tiene límites en su efectividad y veracidad y que además son susceptibles de ser reinterpretados: aun cuando la conceptualización de un debate como una pelea de box es eficaz para cierto tipo de contienda verbal, nos hace concentrarnos excesivamente en la idea de competencia, nos obsesiona con la relación ganar-perder como eje conductor de la estrategia discursiva, dejando de lado la propósito real de un debate: la búsqueda de la verdad sin importar cuál de las partes esgrima un porcentaje mayor de ella.  Al encararlo exclusivamente desde la contienda, los participantes en un debate quedan imposibilitados para reconocer que dicho intercambio verbal también puede ser cooperativo, propositivo, enriquecedor, puede mostrar diferentes perspectivas de un problema y lo más inaudito de todo: un debate puede ser un extraordinario vehículo para cambiar de opinión, para dejarse tocar por las ideas del otro, para reconocer que hay argumentos mejores que los propios o que nuestra percepción estaba sesgada o incompleta, pero nada de esto ocurrirá mientras el centro de la metáfora con que lo conceptualizamos sea la lucha en vez del intercambio.  Continuemos con este ejemplo. Técnicamente un debate consiste en confrontar dos posturas distintas –una tesis y una antítesis– con el propósito de encontrar la verdad –la síntesis–. Pero si pensamos en un debate entre candidatos a la presidencia y los contendientes asumieran, en vez de esa postura beligerante y descalificadora, una de cooperación, diálogo e intercambio que los llevara a conciliar sus ideas y alcanzar un acuerdo o cuando menos reconocer la validez de la postura ajena, el primer desilusionado sería el público votante. Y esto ocurre porque tenemos profundamente internalizada la idea de que un debate es una contienda donde para que uno gane, el otro tiene que perder, uno tiene que tener razón y el otro estar equivocado. A partir de la metáfora –un debate es una batalla– se ha caracterizado el concepto. Aún cuando este tipo de “contiendas” suelen ser muy atractivas para el público, es muy poco lo que dejan en la práctica en términos de ideas y soluciones.   Las metáforas no contienen en sí mismas significados independientemente de los contextos en que se usan y los hablantes que se identifican con ellas. Por eso no son auténticas herramientas para entender la realidad, sino tan solo una posible interpretación de ella.  Si, por ejemplo, dentro de una pareja, uno de los miembros visualiza internamente el matrimonio como “dos viajeros que comparten una gran aventura”, mientras el otro ha internalizado el compromiso como “una camisa de fuerza que limita su libertad”, aun cuando nunca verbalicen sus convicciones internas, podemos estar seguros de que, independientemente de las condiciones y contextos externos, los problemas y desacuerdos no tardarán en llegar. Ambos individuos relacionan el concepto “pareja” con metáforas muy distintas y por ende sus comprensiones de lo que puede y debe esperarse de una relación sentimental serán muy distintas.  Es por eso que la conceptualización metafórica importa, y mucho, para construir los relatos con que nos explicamos el mundo y nuestra relación con los otros y con nostros mismos. Por su conducto llegamos a inferencias, sacamos conclusiones y concretamos comportamientos. Puesto que razonamos en términos metafóricos, las metáforas que usamos –aun sin ser conscientes de ellas– determinan en gran medida cómo vivimos nuestra vida. Y a ti, ¿qué metáforas te mueven? Si tuvieras que responder con dos o tres palabras o con un refrán popular, cómo completarías las siguientes frases: La vida es…  El amor es… El dinero es… El trabajo es… La gente es…   Las metáforas e imágenes verbales que hayas utilizado hablan mucho de tu manera de entender el mundo y tu propia existencia. Ahora sigue el preguntarse cómo esas convicciones llegaron ahí, y en caso de no gustarte, ¿cómo cambiar esas metáforas por otras más satisfactorias? La semana siguiente continuamos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 Lakoff, George, Methaphors we live by, Estados Unidos, The University of Chicago Press, 2003, Págs. 276 2 Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Tercera Edición, España, Cátedra, 2018, Págs. 303 LEE: Liderazgo y el carácter global de la civilización humana / por Juan Carlos Aldir | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(51) "La Metáfora como materia prima de nuestros relatos" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(50) "la-metafora-como-materia-prima-de-nuestros-relatos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-16 07:17:45" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:17:45" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=68118" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17800 (24) { ["ID"]=> int(67327) ["post_author"]=> string(2) "55" ["post_date"]=> string(19) "2021-06-25 11:00:35" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-06-25 16:00:35" ["post_content"]=> string(6610) "Como deben saber, estimados lectores, desde 2014 me he especializado en escribir acerca de un virus que tenemos los amantes de las carreras de caballos ―que es más peligroso que el mismísimo Covid-19― del cual se puede infectar una persona que le gusten los caballos de carrera. El remedio para curarse del mal lo proporciona la empresa permisionaria al no ofrecer premios suficientes para que los propietarios puedan mantener sus ejemplares. Así, pues, hace poco decidí editar un libro que contiene todos los artículos que he escrito; faltan los que he firmado después de julio de 2020 a la fecha, los cuales se pueden leer en el portal en donde escribo: https://ruizhealytimes.com/author/enrique-rodriguez/. En el prefacio del libro escribí lo siguiente: “Desde hace mucho tiempo, un grupo de “amigos del caballo” hemos estado tratando de convencer a las autoridades mexicanas de que la Industria que se puede producir, como resultado de una reglamentación adecuada de las carreras de caballos con apuesta, merece su atención. “Un caballo de carreras estabulado en un Hipódromo que funcione como Dios manda, puede crear 3.5 empleos directos más otro tanto de servicios, negocios y empleos indirectos. “La derrama económica que genera esta actividad es importante: producción de granos y forrajes; elaboración de medicamentos veterinarios. Empleos especializados: herreros y talabarteros; jinetes y caballerangos; transporte especializado; alimentos y bebidas para los aficionados; impuestos, derechos y contribuciones. 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Al contrario, antes de la pandemia que azota al mundo ya estaba muy deteriorada. “El lector podrá constatar en manos de quien ha estado esta actividad; empresas financieramente emproblemadas que no han podido cumplir con el objeto de su permiso, a pesar de la gran cantidad de giros complementarios que se les otorgaron, es decir, sus casinos. “Así pues, esta serie de artículos publicados desde 2014 a la fecha; las entrevistas que se han divulgado en periódicos importantes como Milenio y La Jornada, la gran cantidad de notas destacadas que se han publicado en blogs, como son “El Sendero del Apostador” y otros tantos, no han encontrado eco en las autoridades responsables de sexenios pasados y en el gobierno de la Cuarta Transformación tampoco ha habido quien escuche (aunque recientemente ya ha cambiado). “Cuando se encontró alguna respuesta favorable, los servidores públicos fueron removidos por causa de cambios en los equipos de nuevos servidores públicos que entran en funciones, sin tener idea de que se trata. 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Si se toman de manera literal no hay forma de articular una idea donde ambos signifiquen lo mismo, sin embargo desde un sentido metafórico, y contextualizado de forma correcta, la relación es muy estrecha y resulta fácilmente comprensible para una persona de occidente educada en un contexto urbano.  En nuestra cultura el “tiempo” es entendido como un recurso limitado y valioso que, bien empleado, sirve para conseguir nuestras metas y generar riqueza; estas características conceptuales las comparte con el “dinero” y por ello, correctamente contextualizados, son términos susceptibles de fundirse en una metáfora.  Hasta ahí el anecdótico juego de lenguaje. El verdadero asunto está en que no solo se trata de construir comparaciones ingeniosas que faciliten la comprensión de conceptos, sino que se trata de un proceso cognitivo tan arraigado, de introyecciones tan profundas –y a tal grado inconscientes– que se confunden con realidades objetivas que terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. En el caso del ejemplo citado: “tiempo es dinero”, mucho más que una consigna perspicaz, puede convertirse en el dogma-motor de la propia vida para infinidad de personas, marcando la manera en que dicho individuo se vincula con el mundo, con los demás y consigo mismo.    Y podemos ir aún más allá: todo nuestro pensamiento está edificado a partir de metáforas. Al menos eso aseguran George Lakoff y Mark Johnson en su insustituible clásico, Methaphors we live by1, traducido al español como Metáforas de la vida cotidiana2 Para estos autores, el ser humano no solo construye metáforas mediante el lenguaje, sino que piensa mediante ellas y por ello resulta medular prestar atención en aquellas que conducen nuestros pensamientos y acciones.  Para Lakoff y Johnson erróneamente las metáforas suelen verse como herramientas del lenguaje, como un mero asunto de palabras, cuando en realidad sucede lo contrario: tanto nuestros conceptos como nuestras actividades están metafóricamente estructuradas y, por lo tanto, el lenguaje también está metafóricamente estructurado.  Las metáforas se vuelven conceptos que, lejos de quedarse en lo abstracto, crean una enorme intensidad emocional una vez que son internalizados como verdaderos. Y esos conceptos metafóricos que gobiernan nuestro pensamiento no son solo asuntos del intelecto, pues estructuran aquello que percibimos tanto del mundo como de la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello rigen nuestro funcionamiento cotidiano al nivel de los detalles más mundanos.  Si la mayor parte de quienes trabajan en la Bolsa de Valores piensan de verdad que “el mercado financiero es una jungla”, su manera de comportarse en ese ámbito determinará que así sea. Lo que Lakoff y Johnoson afirman es su texto no es que las metáforas describan una realidad preexistente, sino que a partir de configurar e internalizar el concepto “mercado financiero” como equivalente a una “jungla” es que éste se convierte en en una.  Literalmente no hay parecido alguno entre el “mercado financiero” y una “jungla”. Lo que hacemos es abstraer algunas características de la jungla –pasando por alto todas las demás– y retratamos con ellas al mercado financiero. La simplificación que queda tras retirar la complejidad real de ambos conceptos para utilizar solo unos cuantos de sus elementos suprime su esencia genuina. Por lo tanto una metáfora no retrata la realidad, sino una interpretación parcial de ella, aunque, desde luego, funcionan muy bien para reforzar la percepción que buscamos alimentar del concepto sujeto de la figura retórica.  Caracterizar a la Covid como un enemigo contra el que estamos en guerra o equiparar el debate con una pelea de box en la que hay que derrotar al oponente son comprensiones metafóricas que una vez internalizadas determinan la manera como encaramos las circunstancias de la vida.   Sin embargo es posible comprender que una metáfora (y en general el uso interpretativo del lenguaje) tiene límites en su efectividad y veracidad y que además son susceptibles de ser reinterpretados: aun cuando la conceptualización de un debate como una pelea de box es eficaz para cierto tipo de contienda verbal, nos hace concentrarnos excesivamente en la idea de competencia, nos obsesiona con la relación ganar-perder como eje conductor de la estrategia discursiva, dejando de lado la propósito real de un debate: la búsqueda de la verdad sin importar cuál de las partes esgrima un porcentaje mayor de ella.  Al encararlo exclusivamente desde la contienda, los participantes en un debate quedan imposibilitados para reconocer que dicho intercambio verbal también puede ser cooperativo, propositivo, enriquecedor, puede mostrar diferentes perspectivas de un problema y lo más inaudito de todo: un debate puede ser un extraordinario vehículo para cambiar de opinión, para dejarse tocar por las ideas del otro, para reconocer que hay argumentos mejores que los propios o que nuestra percepción estaba sesgada o incompleta, pero nada de esto ocurrirá mientras el centro de la metáfora con que lo conceptualizamos sea la lucha en vez del intercambio.  Continuemos con este ejemplo. Técnicamente un debate consiste en confrontar dos posturas distintas –una tesis y una antítesis– con el propósito de encontrar la verdad –la síntesis–. Pero si pensamos en un debate entre candidatos a la presidencia y los contendientes asumieran, en vez de esa postura beligerante y descalificadora, una de cooperación, diálogo e intercambio que los llevara a conciliar sus ideas y alcanzar un acuerdo o cuando menos reconocer la validez de la postura ajena, el primer desilusionado sería el público votante. Y esto ocurre porque tenemos profundamente internalizada la idea de que un debate es una contienda donde para que uno gane, el otro tiene que perder, uno tiene que tener razón y el otro estar equivocado. A partir de la metáfora –un debate es una batalla– se ha caracterizado el concepto. Aún cuando este tipo de “contiendas” suelen ser muy atractivas para el público, es muy poco lo que dejan en la práctica en términos de ideas y soluciones.   Las metáforas no contienen en sí mismas significados independientemente de los contextos en que se usan y los hablantes que se identifican con ellas. Por eso no son auténticas herramientas para entender la realidad, sino tan solo una posible interpretación de ella.  Si, por ejemplo, dentro de una pareja, uno de los miembros visualiza internamente el matrimonio como “dos viajeros que comparten una gran aventura”, mientras el otro ha internalizado el compromiso como “una camisa de fuerza que limita su libertad”, aun cuando nunca verbalicen sus convicciones internas, podemos estar seguros de que, independientemente de las condiciones y contextos externos, los problemas y desacuerdos no tardarán en llegar. Ambos individuos relacionan el concepto “pareja” con metáforas muy distintas y por ende sus comprensiones de lo que puede y debe esperarse de una relación sentimental serán muy distintas.  Es por eso que la conceptualización metafórica importa, y mucho, para construir los relatos con que nos explicamos el mundo y nuestra relación con los otros y con nostros mismos. Por su conducto llegamos a inferencias, sacamos conclusiones y concretamos comportamientos. Puesto que razonamos en términos metafóricos, las metáforas que usamos –aun sin ser conscientes de ellas– determinan en gran medida cómo vivimos nuestra vida. Y a ti, ¿qué metáforas te mueven? Si tuvieras que responder con dos o tres palabras o con un refrán popular, cómo completarías las siguientes frases: La vida es…  El amor es… El dinero es… El trabajo es… La gente es…   Las metáforas e imágenes verbales que hayas utilizado hablan mucho de tu manera de entender el mundo y tu propia existencia. Ahora sigue el preguntarse cómo esas convicciones llegaron ahí, y en caso de no gustarte, ¿cómo cambiar esas metáforas por otras más satisfactorias? La semana siguiente continuamos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 Lakoff, George, Methaphors we live by, Estados Unidos, The University of Chicago Press, 2003, Págs. 276 2 Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Tercera Edición, España, Cátedra, 2018, Págs. 303 LEE: Liderazgo y el carácter global de la civilización humana / por Juan Carlos Aldir | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(51) "La Metáfora como materia prima de nuestros relatos" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(50) "la-metafora-como-materia-prima-de-nuestros-relatos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-16 07:17:45" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:17:45" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=68118" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(23) ["max_num_pages"]=> float(12) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "a15183b87082790065b9402957798fab" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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