Estos son algunos de los relojes más bellos de Europa

En la madrugada de este domingo los relojes en Europa se retrasaron una hora y los relojes públicos se ajustaron al horario de invierno. Por ello, la agencia alemana DW se dio a la tarea de enlistar...

27 de octubre, 2020 Reloj

En la madrugada de este domingo los relojes en Europa se retrasaron una hora y los relojes públicos se ajustaron al horario de invierno. Por ello, la agencia alemana DW se dio a la tarea de enlistar algunos de los más hermosos del Viejo Continente.

El Big Ben en Londres

Big Ben

Conocida como Big Ben, su nombre oficial es Torre de Elizabeth. ‘Big Ben’ se refiere solo a la más grande y pesada de las cinco campanas. Cada hora, las campanas usualmente suenan la melodía Voice of Britain. Sin embargo, estarán en silencio hasta 2021 debido a trabajos de renovación.

El reloj del ayuntamiento de Praga

Reloj Praga

El Reloj Astronómico de Praga, que data de 1410, es una obra maestra de la tecnología gótica. Según la leyenda, le sacaron los ojos a su constructor tras su finalización para que el reloj permaneciera único en el mundo. ¡Y es único! Los 12 apóstoles deleitan a los visitantes del casco antiguo de Praga con su espectáculo de marionetas.

La torre de reloj Zytglogge en Berna

Reloj Berna

En lo que a relojes se refiere, Suiza es una visita obligada. El Zytgogge, la torre de reloj de 1530, es el punto de referencia de la capital Berna. Cada hora, los turistas pueden ver el espectáculo de figuras alrededor de Cronos, el dios del tiempo.

El Glockenspiel en Múnich

Reloj

Dos o tres veces al día, las figuras del Glockenspiel hacen su aparición en el ayuntamiento de Múnich. Las figuras de tamaño natural representan dos eventos de la historia de la ciudad: la boda del duque Guillermo V. en 1568 y el baile del tonelero que representa resistencia tras una devastadora epidemia de peste. El Glockenspiel funciona con energía solar de una forma muy moderna.

Torre dell’Orologio en Venecia

Reloj Venecia

El Reloj Astronómico de la plaza de San Marcos muestra no solo la hora, sino también el signo zodiacal actual, así como las fases de la Luna y el Sol. Hasta la última restauración en 1998, el “Temperatore”, guardia de la torre, vivía en ella con su familia. El reloj ha sido monitoreado digitalmente desde 2006.

 

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Si bien es deseable, esta propuesta tiende a responsabilizar al individuo, a culparlo de una problemática que lo rebasa, pues no se trata de una cuestión personal sino un asunto de políticas públicas que tienen que ver con la producción y elaboración de alimentos, su acceso, su precio y distribución, así como a la provisión de servicios públicos, de empleos estables y remunerados con salario suficiente, vivienda digna y lugares de recreación y deporte. De acuerdo con el estudio Social inequities in cardiovascular risk factors in women and men by autonomous regions in Spain, la relación entre desigualdad y obesidad es mayor en mujeres de bajos recursos (23%) que en las de altos ingresos (8%). En Obesity and inequities Guidance for addressing inequities in overweight and obesity, la OMS muestra que la desigualdad educativa explica 26% de la obesidad en hombres y 50% en mujeres. 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Luego, el hombre igual que Dios, es capaz de elegir. Actualmente el concepto de libertad, como lo entendemos, es cuestionado por los descubrimientos de la biología y la neurociencia. Sabemos que las reacciones químicas, neuronales y hormonales determinan nuestra conducta y elecciones. La ciencia de los datos nos ha mostrado que nuestra conducta sigue determinados patrones, sujetos a manipulación. Si nuestra química, hormonas y neuronas determinan nuestras reacciones y elecciones, así como los algoritmos permiten saber y anticipar lo que elegimos, y alterar esas decisiones, entonces, ¿qué tan libres somos? ¿Existe el libre albedrío, como lo conceptualizaron los antiguos? La discusión sigue. No obstante, hay indicios que sugieren que la libertad, entendida como la establece el constitucionalismo estadounidense y francés, es relevante y vigente en el ámbito político y social, pese a nuestras limitaciones para elegir libremente, a conciencia y voluntad. 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La desigualdad se mete por la piel, demuestran Wilkinson y Pickett. La ansiedad que provoca la desigualdad por intentar imitar los patrones y estilos de vida de los más pudientes produce un estado constante de alerta en el cuerpo por la liberación continua de cortisol. Esta sustancia eleva la presión arterial y, para mitigar el estrés, la angustia causada por tratar de imitar y obtener los inalcanzables patrones de consumo, socializados por la publicidad, se recurre a la ingesta de alimentos y bebidas ricas en grasas saturadas y carbohidratos, que son a las que se tiene acceso. El consumo de estos productos alivia momentáneamente la angustia por la liberación de dopamina, pero al poco tiempo se repite el ciclo. Así descubrieron el porqué de la epidemia mundial de obesidad y diabetes, que se presenta y azota particularmente a los sectores de bajas rentas económicas. Ante esta problemática global de salud pública, se recomienda comer menos y ejercitarse. Si bien es deseable, esta propuesta tiende a responsabilizar al individuo, a culparlo de una problemática que lo rebasa, pues no se trata de una cuestión personal sino un asunto de políticas públicas que tienen que ver con la producción y elaboración de alimentos, su acceso, su precio y distribución, así como a la provisión de servicios públicos, de empleos estables y remunerados con salario suficiente, vivienda digna y lugares de recreación y deporte. De acuerdo con el estudio Social inequities in cardiovascular risk factors in women and men by autonomous regions in Spain, la relación entre desigualdad y obesidad es mayor en mujeres de bajos recursos (23%) que en las de altos ingresos (8%). En Obesity and inequities Guidance for addressing inequities in overweight and obesity, la OMS muestra que la desigualdad educativa explica 26% de la obesidad en hombres y 50% en mujeres. La conclusión de responsabilizar a las personas de su sobrepeso y obesidad -que desencadenan males cardiovasculares y cerebrales, y ciertos tipos de cáncer-, equivale a decir, estás gordo porque quieres, porque careces de fuerza de voluntad; comes en exceso “vitamina T” (tacos, tamales, tortas…). Es tu libre albedrío, tus elecciones, las que te enferman. Esta teoría olvida convenientemente o ignora que los distintos metabolismos, por razones hormonales y bioquímicas, ocasionan que la saciedad individual requiera de mayor o menor ingesta de alimentos, y que la ansiedad, ocasionada por el estrés (niveles muy altos de cortisol) que ocasiona el ambiente en el que viven los individuos (desvelos, largos trayectos en transporte, acceso exclusivo a “vitamina T”, los bajos salarios, sistemas de salud precarios o inaccesibles, educación de mala calidad, violencia intrafamiliar, servicios públicos deficientes o inexistentes, son los condicionantes sociales que determinan tu masa corporal y bienestar. Como se aprecia, somos menos libres de lo que sostiene la idea de libre albedrío y estamos altamente condicionados por las influencias orgánicas y sociales. Sin embargo, requerimos de libertades políticas y económicas para evitar la tiranía. Y necesitamos igualdad para eludir el malestar, la angustia y la polarización consecuente que ocasionan las brechas que separan a los sectores privilegiados de los que carecen de lo elemental. El abismo que separa a unos y otros grupos sociales ha causado que dejen de comunicarse. Hemos perdido la capacidad de entender al otro, en detrimento de la pluralidad y la diversidad, de la tolerancia y de la convivencia pacífica. En suma, libertad e igualdad son valores cardinales de la sociedad moderna, arraigados en el mismo instinto de supervivencia. Pero ninguno de los valores es absoluto, como enseñó Isaiah Berlin. Conviven en equilibrio, delicado, precario, fugaz. Este filósofo inglés preguntaba en Árbol que crece torcido: qué tanta igualdad queremos para qué tanta libertad. Su conclusión es que la libertad absoluta de los coyotes implica el exterminio del gallinero, y la igualdad absoluta aniquila la libertad: es el camino del totalitarismo. En resumen, responsabilizar al individuo del control de su entorno social, económico y político es una doble trampa y una aberración. La primera trampa consiste en eximir al Estado y a las corporaciones de su responsabilidad e igualar el poder personal con el de los grandes grupos económicos cuando la democracia ha degenerado en plutocracia; es decir, pesa menos el voto del ciudadano común que el voto de las élites económicas: con sus vastos recursos inclinan a un lado u otro la decisión política, salvo excepciones. Una de ellas es cuando un potente relato moviliza a los indignados y encumbra a hombres providenciales. La segunda trampa es una aberración: si todo depende de la voluntad personal del individuo, de su libre elección, y cuando enfrenta sus problemas y malestares se siente y se sabe impotente, se frustra. Alimenta el malestar social saberse incapaz de controlar y cambiar el entorno. Se condena a la impotencia y a la inmovilidad porque el individuo solitario es incapaz de cambiar el statu quo. Estamos ante un nuevo determinismo. La libertad que conduce a la impotencia termina por aceptar como inamovible el orden de cosas. Una sociedad de personas frustradas e impotentes se convierte en una olla de presión que eleva la inconformidad y la frustración a grados quizá explosivos. Libertad e igualdad se necesitan y condicionan. Una sin la otra conduce a sociedades disfuncionales y a la infelicidad colectiva.  " ["post_title"]=> string(42) "El origen religioso de libertad e igualdad" ["post_excerpt"]=> string(129) "Libertad e igualdad se necesitan y condicionan. Una sin la otra conduce a sociedades disfuncionales y a la infelicidad colectiva." 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