Te preguntarás qué historias se guardan bajo el techo de un bar y de lo que son testigos las luces tenues que alumbran el rincón de una mesa solitaria. Algunas personas disfrutan del momento con amigos, tal vez con una pareja; otros comienzan una aventura secreta.
La mía solamente estuvo acompañada del licor y la suavidad de un blues de esos que más que escucharse, se sienten en el alma. El reciente fracaso de un amor permitió que una lágrima rodara por mi mejilla, cayendo en mi copa de vino y dándole el sabor agridulce que en cada trago alivia el corazón.
Así pasaba las noches, volviéndose largas pareciendo no tener fin, mientras permanecía sentado en la mesa tratando de olvidar a la autora de mi desdicha. Algunas veces cambiaba el sabor de mi bebida pensando que sería más confortable para el alma.
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Así sin darme cuenta entre copas, el Whiskey borraba aquel triste recuerdo pero a la vez moldeaba tu cuerpo, trago a trago. Ese sabor a madera fina detallaba cada parte de ti como una obra de arte esculpida por las manos de un gran escultor. Mientras las botellas de Bacanora forjaron tu carácter firme pero encantador, ese que embriaga de amor.
Se fueron vaciando las botellas borrando heridas. Pasaba la noche recorriendo bares y tabernas, pensando que en alguno lograría encontrar el consuelo de mi desamor, pero lo único que encontraba era el fondo de un vaso que pedía ser rellenado nuevamente.
¿Sabes una cosa?… En ocasiones sentía que el licor era el único que podía consolarme, pero ahora el sabor de tus besos me hacen sentir borracho de amor, pues tu boca tiene el buque de un fino Brandy.
En un bar dejé atrás las malas memorias pero también forjé nuevas ilusiones, no es que el vicio sea el remedio ni la mejor terapia pero de copa en copa ahogué mis penas.
Cuántas huellas dejaron mis manos en un vaso… no lo sé. Lo que sí sé es que a tu llegada por fin se secaron mis lágrimas. Hoy solo permanezco embriagado de tu ser y el vino solo me acompaña en mis recuerdos.
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Aprendí que para tener dicha en el amor primero hay que conocer el dolor de la traición, que para salir a flote hay que tocar el fondo para impulsarse hacia la superficie y aun cuando te sientas ahogado es porque estas apunto de ser rescatado.
Así la historia de un ser común, en un bar como cualquiera, donde una mesa y varias botellas de licor fueron testigos de la traición y del nacimiento de una nueva ilusión.
“ESTA ES LA NATURALEZA DE MI SER”.
Escribir y leer para ser | Colaboración de María del Carmen Maqueo
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