Cartas a Tora XXIII

Querida Tora: No me lo vas a creer: empezaron a arreglar el hoyo del patio. El lunes muy temprano llegó un montón de trabajadores con… Querida Tora:          No me lo vas a creer: empezaron a arreglar...

Enrique Delgado Fresán   |  febrero 3, 2017

Querida Tora: No me lo vas a creer: empezaron a arreglar el hoyo del patio. El lunes muy temprano llegó un montón de trabajadores con…

Querida Tora:

         No me lo vas a creer: empezaron a arreglar el hoyo del patio. El lunes muy temprano llegó un montón de trabajadores con uniformes nuevos, que comenzaron por sacar la basura que se había acumulado. Trabajaron todo el día, y para el anochecer ya tenían tres cubetas llenas de escombros de todo tipo. Al chavo del 7 se le hizo muy ppoco, y fue a investigar qué había pasado. ¿Y qué crees? Que el equipo que había contratado no se presentó; y el portero consiguió a toda prisa otro equipo. Sí, les va a cobrar un podo más; pero las obras se empezaron ya.

Los vecinos empezaron a protestar, porque no era lo que habían acordado. Unos querían demandar al equipo que no se presentó, y otros los querían linchar; y, de paso, linchar a quien contrató al equipo nuevo (el portero, ¿te imaginas?). El chavo pidió que compareciera el portero. Y éste salió con todos sus guaruras (ya contrató cuatro más). Pero no lo dejaban hablar, de enojados que estaban; y ya se le iban a echar encima cuando aparecieron unos mariachis tocando “El Son de la Negra”. Todos se olvidaron del portero y se pusieran a gritar y a cantar con ellos; luego aparecieron unas botellas de tequila y ponche para las damas (que nadie quiso); y antes de que nos diéramos cuenta ya se había armado el mitote (busca en el diccionario inter-estelar esta palabra; y si no la encuentras, imagínate lo que es).

El del 7 se retiró temprano, porque el día siguiente tenía que trabajar; pero la fiesta duró hasta las dos de la mañana. Y el portero (ésto te lo digo con estricta confidencialidad) ordenó a los mariachis que se estacionaran junto a sus ventanas. Yo quise defenderlo, y rasguñaba a todos los que se acercaban; pero yo creo que el portero les dio consigna de patearme, porque no me dejaban en paz.

Al final, los vecinos felicitaron al portero por su buena idea de celebrar el inicio de las obras, y se fueron a  dormir muy a gusto. Hasta la mocha y sus secuaces (que las hay peor que ella) estaban muy contentas.


Siguieron trabajando toda la semana, y todas las noches se armaba algún convivio, alguna reunioncita; y el sábado, hasta baile tuvimos. La mocha organizó una serie de rogativas para que no se declarara una epidemia de partos en la vecindad, que dio bastante buenos resultados. La única que quedó embarazada fue la chica esa que cumplió dos veces los quince; pero como su mamá ya no está en condiciones de fingir que tenía otro bebé (paralítica y parapléjica), tuvo que decir que fue un tumor benigno (al producto le pusieron Benigno y lo mezclaron con todos los escuincles de la vecindad, para que no lo distinguieran).

Mientras, el chavo del 7 fue a investigar qué había pasado en realidad con el equipo que había contratado. Le costó trabajo, pero consiguió averiguar que había ido un “enviado del Comité” a cancelar el contrato por enfermedad de uno de los vecinos, y que no le fueron a avisar por temor al contagio.

Se le derramó la bilis. Lo fueron a visitar los del Comité; también el portero y sus guaruras, que iban risa y risa. El les agradeció que hubieran salvado el proyecto y que lo hubieran visitado. “Obra de misericordia”, contestó el portero. La mamá del chavo, agradecida, los invitó a tomar un piscolabis (¿qué te parece?) y les sirvió una merienda espléndida. Ellos no lo sabían, pero se trataba de puras “sobrinas” de una…

Ya te vi torcer el gesto. Pero entérate de una vez: no son caníbales. Y lo que comieron no fueron restos del banque de algún tío desconsiderado. “Sobrinas” es un derivado un tanto humorístico de “sobras”, ¿te enteras?. Sobras de una comida que ofrecieron los señores del 7 a sus parientes. Pero faltaron algunos, y no era cosa de tirar los picatostes ni la capirotada ni los chilaquiles (todos traídos del “King’s”). Así quisieron corresponder a las atenciones que tenían con el primero y último de sus hijos, la niña de sus ojos (no es una señorita; es un macho, pero esa es la expresión que se usa para denotar el centro del afecto de alguien). Tanto ésto como lo de “sobrinas”son expresiones muy difundidas que, sin ser muy folklóricas, dan al lenguaje color y lo tiñen de cierto humorismo. ¿No te gusta? Tu te lo pierdes, chiquita. A mi cada día me gustan más estas variaciones del idioma.

Ya llevamos tres semanas de trabajo. Hay montones de tierra por todos lados, que nadie se quiere llevar. Llegaron dos o tres toneladas de tierra para rellenar el hoyo (¿por qué sacaron tanta, si luego la tienen que reponer a mayor precio?). La azotea está llena de tubos, que no sé para qué los quieren. Y al fondo del patio hay una olla enorme de cemento que ya fraguó, y no saben qué hacer con ella. Lo peor es que dos gatos cayeron en ella y también fraguaron. Pero lo bueno es que la obra ya está en marcha. Hay que ser optimistas.


Te quiere,

         Cocatú

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