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“Pájaros en la boca” de Samantha Schweblin
Samantha Schweblin, lo inquietante de tu narrativa en la que la realidad sabe fluir con lo fantástico (o quizá más propiamente con lo extraño) y con un gozo de angustia mantienes la tensión en el texto. Te has merecido el título de “una de las mejores cuentistas argentinas de las últimas décadas” y una gran cantidad de premios por tu oficio de escritora.
Escucho una entrevista que te hacen. Me encanta. Hablas de tus formas narrativas, de lo que buscas con tu escritura. Me cautiva el sentido que le das al género del cuento, hablas de “la potencia de la rapidez que te da”, que “en cinco páginas un cuento te deja parado en otro lugar”. ¿Has elaborado tu decálogo sobre cómo escribir un cuento?, esa “lista de instrucciones para el lector”, estaría bueno leerlo.
En “Pájaros en la boca”, te he escuchado leyéndote. Me pareces una escritora sumamente cuidadosa y como lectora se agradece. La realidad que planteas nos reta y nos haces caer en una verosimilitud de hechos que le da tensión al relato porque intuimos a donde nos llevas, a un lugar aterrador. Platicabas que cuando empiezas un cuento ya está la tensión en camino, se percibe; que cuando termina el cuento pareciera que sigue lo no narrado. Sé, y entiendo, que en Cortázar hayas visto a uno de tus arquetipos literarios, pero lo mismo con Flannery O´Connor, con John Cheever, Raymond Carver, Antonio Dibenedetto y Adolfo Bioy Casares.
En un artículo que publicó la BB Mundo (www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151026_hay_festival_entrevista_argentina_samanta_schweblin.) nos platicaste algo muy gracioso. Parafraseo un poco. Cuando tenías 12 años decidiste dejar de hablar, no por problemas de algún tipo, simplemente porque te frustraba la distancia entre lo que querías decir y lo que entendía la gente. Hubo un proceso de por medio con tu excelente psicoterapeuta hasta que al final descubriste que la literatura fue ese salvavidas que te ayudó a decir lo que querías decir. Y así tu escritura funciona distinta.
Para ti la literatura es “la posibilidad de entregarte a tus propias dudas y temores”, comentaste en otra entrevista. Te entendí con ese altísimo contenido estético en el que se ampara la significación, intensidad y tensión, de forma inesperada. Logras inquietarnos.
En “Pájaros en la boca”, todo está calculado para que reaccionemos necesariamente. Así lo logras en este relato que con un inicio in meda res ya estemos alertas. Has echado a andar ese mecanismo de tu cuento en el que hay una significación natural dada por la tremenda intensidad, y en el que hábilmente no sobra nada. Tu estrategia representa ese discurso de una realidad social silenciosa, la relación padres e hijos, la ruptura familiar, el caos. Es un remolino de imágenes. A través del padre de Sara, que nos narra desde la primera persona, le das vida a hechos, a lo que no se dice, escuchamos entre tus silencios. En tu escritura hay libertad, diálogos concisos, narrativa clara. El suspenso es un hilo conductor visible que nos tiende una trampa para enjaularnos en el cuento. ¡Qué bien lo haces!
Silvia y Martín son los padres divorciados. Sara una hija rara de 13 años que vive con su madre hasta que…, ¡come pájaros vivos!
El espacio está dado, la temporalidad tan clara. La madre se va, deja a Sara con un padre horrorizado, ¡su hija come pájaros vivos! Y así de simple, Silvia se cansa de llevarle pájaros a su hija y decide no aparecer más en el relato. Y decides tú que Martín decida, es su hija. Lucha por ayudarla y sacarla de un ritual espantoso. No lo logra.
La tensión está en todo este relato, nos preguntamos una y otra vez, ¿qué?, ¿por qué?, ¿cómo? Y veo las respuestas en un discurso social que nos está noqueando y no lo queremos aceptar. Nos hablas de adicciones, de enfermedades mentales (¿sería adecuado internar a Sara en un psiquiátrico?), de la misma interacción desgajada con los que más amamos, falta de comunicación, inadaptación social, relaciones de poder en el núcleo familiar. Nos mueves entre la incredulidad y la angustia; entre un hecho humano y otro bárbaro.
La significación nos la muestras en pequeñas e intensas dosis. El suspenso lo abres y cierras con tanta facilidad. Con la voz del padre nos descubres la tensión. Todo es normal. Una normalidad determinada por luchas de poder. La realidad es alarmante, el mundo es raro.
Fusionaste austeridad en tu estilo con palabras que nos caen como petardos y nos dejas en el mundo del inconcebible extrañamiento; volando como pájaros que en cualquier momento pueden ser engullidos.
Escribir y leer para ser | Colaboración de María del Carmen Maqueo
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