CARTAS A TORA 297

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana

20 de enero, 2023 CARTAS A TORA 297

Querida Tora:

No sabes la que se armó el otro día en la vecindad. Y fue por una cosa muy personal, muy privada, pero que una de las protagonistas empezó a propagar a gritos un domingo a mediodía, cuando el patio estaba lleno de gente (yo creo que calculó muy bien el día y la hora, para ver si conseguía apoyo de algunos vecinos). Pero ahorita vas a ver lo que pasó.

En el 10 hay unos vecinos nuevos, un matrimonio joven que tiene un niño de meses, que se han hecho muy populares en la vecindad, precisamente porque el bebé está bonito y es muy simpático, y todos lo quieren ver y hacerle gracias para que se ría. Pues en eso estaban los vecinos, cuando entró una muchacha bastante guapa (más que guapa, era lo que aquí llaman “muy buena”) y se lanzó sobre el papá del bebé diciendo “Mi amor”, “Tesoro mío”, “¡Por fin te encontré!”, y le echó los brazos al cuello y lo besó en la boca como besan en las películas porno las artistas (según me han contado, porque a mi no me consta).

Imagínate el desconcierto de todos; pero, sobre todo, el de la esposa, que no sabía qué hacer ni qué decir. Pero al cabo de un rato, le jaló el cabello a la mujer para separarla del muchacho y la increpó de fea forma. Pero ella le dio una bofetada que sonó a estampido de llanta que truena, y dijo que venía “por el amor de su vida”. Enseguida se armó un argüende tremendo, en el que todo el mundo hablaba y nadie se entendía. Al fin, sonó un estampido (de verdad, un estampido de pistola, aunque fuera de chinampinas), que logró el silencio. Y el portero se plantó en el centro del tumulto y exigió a la muchacha que se explicara.

La chica dijo que ella y el chavo habían sido novios desde la primaria, pero tres años antes ella lo había dejado porque le habían ofrecido un mejor puesto de trabajo fuera de la ciudad; y para aceptarlo tuvo que romper con él. Y que se había ido con el corazón destrozado. Pero el trabajo ya se había acabado (nunca explicó qué clase de trabajo era), y ahora volvía por su verdadero amor. Esto arrancó suspiros y grititos de muchas de las viejas de la vecindad, sobre todo de las más afectas a las telenovelas. Pero hubo muchas que dijeron que eso no era justo, que ya había perdido su oportunidad. La del 10 protestó, diciendo que ella tenía un hijo del chavo, que ya habían armado su vida, que estaban contentos y que se querían. La que regresó del misterioso trabajo dijo que ella tenía derechos de antigüedad, que había cometido un error al dejarlo, pero que quería rehacer su vida y ser feliz; y que estaba dispuesta a luchar por conseguirlo. Entonces, el chavo le dijo que la había querido mucho, pero que eso ya pertenecía al pasado; que quería a su esposa y a su hijo, y le pidió que lo dejara seguir su vida, ahora que ya había alcanzado la paz. Pero la muchacha le dijo que a quien amaba era a ella, que la esposa era un error sin importancia; y el bebé, un obstáculo que un hospicio podía resolver. ¡Y que se quita la blusa!

Esta vez, el griterío fue de los “caballeros”, que lo menos que hicieron  fue decir al del 10 que la chava estaba mejor que su esposa, que dejara a ésta o que se que se quedara con las dos, que es lo que hacen los hombres de verdad. Entonces, él pidió que se callaran; y cuando lo logró, apoyado por las pistolas de los guaruras (que aunque de chinampinas, son impresionantes) le puso la blusa a su ex y la condujo a la calle. Luego, pidió al portero que cerraran las puertas de la vecindad. Y la muchacha esa se quedó en la calle, gritando y exigiendo que le devolvieran a su verdadero amor, hasta que se quedó dormida en la banqueta. Y esa misma noche, los chavos del 10 y su bebé abandonaron la vecindad con destino desconocido, para evitar otros incidentes como el de ese día.

Yo les doy la razón: es mejor cortar por lo sano. Porque la ex volvió a ir, pero nadie supo decirle a dónde se habían ido los chavos. Quién sabe lo que sería de ella.

Me quedé un poco triste al comprobar que, a veces, la gente toma  decisiones que las perjudican. Pero más triste es ver que algunas quieren hacer su voluntad, pasando por encima de los demás y atropellando principios universales. ¿O será que ellas no tienen principios?

Te lo dejo para que lo pienses.

Te quiere

Cocatú

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