CARTAS A TORA 254

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones de lo que ahí ve.

17 de enero, 2022

Querida Tora

El otro día ocurrió un incidente que trajo  sus consecuencias. Resulta que en el 47 vive una mujer ya grandecita (no sé su edad con certeza, pero calcúlale alrededor de los 40), sola, sin hijos ni “detalles” conocidos. Y la noche del sábado, le llevaron serenata. Así como lo oyes. ¿Quién? Un compañero de trabajo que se “aventó” a hacerle la corte.

Como a la una de la mañana se empezó a escuchar al mariachi. Y la señora del 7, que es muy metiche y siempre anda de ofrecida, corrió a abrir la puerta de la vecindad. Hacía muchos años que no nos llegaba un entretenimiento de ese calibre. No es necesario decirte que todos los vecinos se levantaron, entusiasmados; y más al enterarse de que era para la “soltera irredenta” (Así le dicen las malas lenguas a la del 47). La pobre mujer salió al patio, con su pudorosa bata de hija de familia a saludar, temblando de emoción, a su audaz pretendiente. ¡Cómo la aplaudieron! Y más, al novio (Ya todo el mundo lo calificaba así).

Ah, pero el portero…. No sé por qué ese individuo se tiene que meter en donde no lo llaman (Es decir, en todo). Cuando mayor era el entusiasmo de los vecinos, apareció en calzones (Así como te lo cuento) y echó dos balazos al aire. Ahí se acabaron las felicitaciones y los gritos de alegría. Y cuando la mujer se plantó ante él con aires de protestante heroica, el portero se acercó y le puso la pistola en la frente (Todos sabemos que sólo tiene chinampinas, pero el cañón estaba muy frío), y le dijo que estaba atentando con “el sagrado derecho de los vecinos al descanso”; y que si su “amiguito” (Lo dijo con  un desprecio rayano en la insolencia) no se iba al instante con  su mugre mariachi, la pistola iba a cumplir con el cometido para el cual fue construída. Nadie se arriesgó a que funcionaran las chinampinas (Por si acaso), y el pretendiente se fue, con  la cola entre las patas, diciendo a su adorada que se verían en el trabajo a las nueve en punto de la mañana.

Y todos se fueron a acostar.

Todos menos el portero, que se quedó haciendo guardia en el patio para asegurarse de que sus órdenes se cumplieran.

Esto a mi se me hizo  muy extraño, pues siempre manda a sus guaruras que hagan ese tipo de trabajos, y me quedé cerca de la portería, a ver si averiguaba algo. Y sí: averigüé un poco más que “algo”. Lo  que pasó fue que el portero tenía de visita a la Flor esa noche; pero hasta la una de la mañana no había podido hacer nada, por más que se esforzaba. Ya había inventado todo tipo de pretextos más o menos creíbles, cuando oyó el escándalo, y le pareció una oportunidad inmejorable para zafarse del compromiso, aunque ya le había pagado a la Flor con largueza desacostumbrada. Y se quedó en el patio a ver si cuando se le pasara el coraje, o con el relente de la noche, empezaba a funcionar. ¿Pero qué crees? Que nada. Y la Flor durmió todo lo que quedaba de noche y parte de la mañana en la camota que tiene el portero, feliz y con  dinerito en el bolsillo. Porque aunque el portero le pidió que se lo devolviera, ella se negó rotundamente. Y le dijo que lo necesitaba para pagar el alquiler de su departamento “¿O acaso quieres que se lo pida a otros señores?”.

Eso es algo que el portero no puede aceptar, aunque sabe perfectamente que la Flor tiene otros señores que la ayudan con sus gastos, y le dijo que se quedara con él, pero que esperaba que la próxima vez se lo recompensara “con creces”. Ella contestó que eso le correspondía a él más que a ella, y se vistió y se fue.

El portero se bebió unos buenos tragos de tequila “para quitarse el frío”, y durmió el resto del día y toda la noche siguiente. Y ya no se enteró de que la mujer del 47 se fue de la vecindad y se casó ese mismo día con el milagroso novio que había encontrado.

¿Qué te parece?

Te quiere.

Cocatú

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Convence a la presidente de no destruir el cometa ni desviarlo, sino fragmentarlo para recoger toda esa riqueza cuando caiga en el océano pacífico. De esa forma darán un duro golpe a Rusia y China, que son los que controlan la mayor parte de esos minerales en el planeta. Promete que con este plan se crearán tantos empleos que ya no habrá pobreza en el mundo. Peter Isherwell representa a cualquiera de esos billonarios que son capaces de darse un rol por el espacio mientras el resto de los mortales es golpeado duramente por la pandemia y la pobreza. Piense usted en los magnates de la telefonía celular, de las computadoras, del software, de las redes sociales, del internet, del comercio electrónico, de los autos eléctricos. Cualquiera de ellos podría ser Isherwell: lo único que les importa son sus intereses económicos, y no dudarían en poner en grave peligro a la humanidad si eso les asegura mayor poder y riqueza. Don’t look up también es una sátira a los seguidores de los populistas, y por esta razón, muchos que se sienten identificados con ellos en el film experimentan una cierta incomodidad. A medida que se va haciendo más claro el acercamiento del cometa, los Trump/Orlean no dudan en politizar y dividir. Dice la presidente Orlean que no deben mirar hacia arriba (don’t look up), que los malos quieren que miren arriba para que ellos, los buenos, tengan miedo. Y entonces los seguidores, parodia brutal de los simpatizantes de Trump, comienzan a comportarse como energúmenos coreando en todo el país la consigna “Don’t look up” (no mires arriba) y a negar que siquiera exista el tal cometa. Es la sátira del populismo a nivel de base, es decir, la crítica vertida sobre los seguidores; las referencias a los rallies de Trump son evidentes. Finalmente, el plan de Isherwell para fragmentar el cometa en lugar de destruirlo, fracasa. La extinción de la vida en la Tierra llega. 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Prueba de ello es la fantástica narración que hace José Saramago del primer homicida –dentro de las religiones abrahámicas–, Caín. La historia la conocemos todos. Los dos primeros hijos de Adán y Eva que, en un día cualquiera, ofrecieron sacrificios en alabanza a Dios; un aparente e inofensivo acto que acabó por protagonizar un suceso que será recordado por milenios. ¿Qué ocurre? El hermano mayor asesina al menor. ¿Por qué? El texto no ofrece explicación alguna. Lo cual, quizás, es el encanto de la historia, pues nos permite –como Saramago lo hace– llenar los espacios con una narrativa que nos haga sentido. Lo que el escritor portugués hace en esta corta novela es, a mi modo de ver, una defensa del libre albedrío en su esplendor más existencialista –no hay sentido más el que uno mismo quiera impregnarle a su vida–. La historia es relativamente sencilla. Adán y Eva son expulsados del Edén y forzados a vivir en el mundo mortal. Tienen dos hijos, Caín y Abel. 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El mismo derecho es ejemplo paradigmático de la importancia que acarrea una correcta interpretación de la realidad:  El derecho es un concepto interpretativo. Los jueces deberían decidir qué es el derecho al interpretar la práctica de otros jueces cuando deciden qué es el derecho. […] La actitud del derecho es constructiva: su objetivo, en el espíritu interpretativo, es colocar el principio por encima de la práctica para demostrar el mejor camino hacia un futuro mejor, cumpliendo con el pasado2.   De esta manera, pienso que la gran maestría de Saramago en esta novela es, precisamente, demostrar el rol central que desempeña nuestra capacidad interpretativa para descifrar nuestra realidad. Los hechos históricos, los actos públicos, las voluntades privadas, las leyes y políticas implementadas, son símbolos que constantemente estamos interpretando. 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La película critica la inacción y frivolidad de los tres grandes poderes: el político, el mediático y el económico. Estos tres poderes constituyen una“idiocracia”, o gobierno de los idiotas (government of idiots). Es claro que existe una inercia mundial que está colocando a populistas autoritarios en los gobiernos de muchas naciones. El caso más dramático es Trump. Todo populismo autoritario desprecia la ciencia. Los Trump aparecen en este film representados por la presidente Janie Orlean (Maryl Streep) y su frívolo y casi idiota hijo, Jason Orlean (Jonah Hill), jefe del gabinete. A los populistas les da por asignar en puestos técnicos a personas que no son idóneas, y ese es el caso de la directora de la NASA, que no es una astrónoma. Los Trump/Orlean son incapaces de entender la gravedad de la situación y muestran que el gobierno de los Estados Unidos está en manos de idiócratas: la presidente Orlean está más preocupada por las elecciones intermedias y por la designación de un antiguo amante como ministro de la Suprema Corte, que por la inminente destrucción del planeta. El poder mediático está personificado por Brie Evantie, presentadora de uno de los programas más importantes de la televisión estadounidense. El papel es magníficamente interpretado por Cate Blanchet. El poder político tiene su equivalente mediático, es decir, también el poder mediático está en manos de personas frívolas y casi idiotas (el co-host del programa es prueba de ello). Lo único que les importa es el rating y las interacciones en redes sociales. Igual que los Trump/Orlean, los presentadores de este show –que representan a Fox News– no tienen la capacidad de entender la gravedad de la situación. Y el público televidente tampoco, porque está más interesado en el “científico más sexy”, que es Leonardo DiCaprio en el papel del Dr. Mendy, o en el ataque histérico “al aire” de Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), que es la astrónoma que descubrió el cometa, o en la ruptura y reconciliación de dos estrellas del pop. Brie Evantie tiene más interés en llevar al Dr. Mendy a la cama, cosa que consigue, que en la extinción de la humanidad. El poder económico está representado por Peter Isherwell, billonario dueño de la omnipresente empresa de tecnología BASH. Lo único que le interesa es tener más dinero y más poder. Una vez que se lanza la misión para desviar la ruta del cometa, Ihserwell la detiene. Tiene el poder para eso y más, pues se puede decir que Janie Orlean le debe la presidencia por todo el dinero que le ha dado y le sigue dando. Ihserwell descubre que el cometa contiene una riqueza incalculable de los minerales que necesitan sus productos tecnológicos. Convence a la presidente de no destruir el cometa ni desviarlo, sino fragmentarlo para recoger toda esa riqueza cuando caiga en el océano pacífico. De esa forma darán un duro golpe a Rusia y China, que son los que controlan la mayor parte de esos minerales en el planeta. Promete que con este plan se crearán tantos empleos que ya no habrá pobreza en el mundo. Peter Isherwell representa a cualquiera de esos billonarios que son capaces de darse un rol por el espacio mientras el resto de los mortales es golpeado duramente por la pandemia y la pobreza. Piense usted en los magnates de la telefonía celular, de las computadoras, del software, de las redes sociales, del internet, del comercio electrónico, de los autos eléctricos. Cualquiera de ellos podría ser Isherwell: lo único que les importa son sus intereses económicos, y no dudarían en poner en grave peligro a la humanidad si eso les asegura mayor poder y riqueza. Don’t look up también es una sátira a los seguidores de los populistas, y por esta razón, muchos que se sienten identificados con ellos en el film experimentan una cierta incomodidad. A medida que se va haciendo más claro el acercamiento del cometa, los Trump/Orlean no dudan en politizar y dividir. Dice la presidente Orlean que no deben mirar hacia arriba (don’t look up), que los malos quieren que miren arriba para que ellos, los buenos, tengan miedo. Y entonces los seguidores, parodia brutal de los simpatizantes de Trump, comienzan a comportarse como energúmenos coreando en todo el país la consigna “Don’t look up” (no mires arriba) y a negar que siquiera exista el tal cometa. Es la sátira del populismo a nivel de base, es decir, la crítica vertida sobre los seguidores; las referencias a los rallies de Trump son evidentes. Finalmente, el plan de Isherwell para fragmentar el cometa en lugar de destruirlo, fracasa. La extinción de la vida en la Tierra llega. Solo Isherwell, la presidente Orlean y algunos de los billonarios del planeta logran escapar en una nave, y permanecen en un sueño encapsulado durante milenios en lo que la nave halla un planeta con condiciones similares a las de la Tierra. Cuando eso sucede y aterrizan en otro mundo, la presidente Orlean es tragada por un animal que tiene la belleza de un ave exótica, pero también la peligrosidad de un velociráptor. Y al mero final, ya que pasaron los créditos, vemos a su hijo, Jason Orlean, quizá el único sobreviviente del planeta, saliendo de las ruinas de un búnker en Washington DC y tratando de transmitir live en las redes sociales. El cine también hace política, y Don’t look up es una parodia desde la izquierda estadounidense. Trump y los republicanos la van a odiar –no dudo que también en México resulte molesta a algunos sectores–. No sé si usted recuerde algunos filmes que exaltaron el patriotismo americano, como Armageddon o El día de la independencia, sin duda verdaderos panfletos, casi fascistas, en los que los estadounidenses eran los salvadores del planeta y el mundo entero tenía que reconocérselos y agradecérselos; filmes con una clara intención política desde la derecha rancia, desde el conservadurismo patriotero y ramplón. Pues bien, “Don’t look up” es una sátira desde la izquierda, escrita por alguien que se define a sí mismo como “democratic socialist”; una sátira que bien pudo haber salido de las plumas de Bernie Sanders y Noam Chomsky si ellos fueran humoristas y hubieran colaborado con un John Oliver.  Considerada solo como pieza cinematográfica, creo que Don’t look up tiene méritos, sin ser extraordinaria. Yo le pondría tres estrellas en una escala de cinco. Vale la pena ver este film como lo que es: una sátira, y como tal, hiperbólica, rocambolesca, estrambótica, irónica, sarcástica, farsesca, grotesca y extravagante. Pero todo ello es su virtud. Creo que Carl Sagan habría reído mucho. Pero si usted es fan de Trump y de los populismos, si usted niega el cambio climático y desprecia la ciencia, creo que no le va a gustar." ["post_title"]=> string(49) "“Don’t look up” o la sátira de los idiotas" ["post_excerpt"]=> string(64) "Análisis de la reciente película Don´t look up de Adam Mckay." 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“Don’t look up” o la sátira de los idiotas

Análisis de la reciente película Don´t look up de Adam Mckay.

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