CARTAS A TORA 232

Querida Tora1: Lo de la “Reforestación de la Vecindad” tuvo cola. Al principio parecía que los vecinos se habían olvidado de los “estímulos económicos” con el incendio en la azotea. Pero ese mismo incendio se los recordó,...

9 de julio, 2021 CARTAS A TORA

Querida Tora1:

Lo de la “Reforestación de la Vecindad” tuvo cola. Al principio parecía que los vecinos se habían olvidado de los “estímulos económicos” con el incendio en la azotea. Pero ese mismo incendio se los recordó, porque resulta que los humos se dispersaron por toda la colonia y  afectaron a muchos habitantes. A unos les dio por lo pacífico, y andaban por la calle medio dormidos, como zombies descoloridos; pero otros se pusieron  agresivos y hasta hubo uno que pintó una raya en el suelo y dijo que al que pasara de esa raya lo iba a rajar en dos o en tres partes o en lo que resultara; y como sacó una navaja como de a metro, todos se lo creímos. Pero eso sólo duró unas horas, y acabó por convertirse en una juerga, porque el pobre intoxicado no acertaba ni a una pared que, según él, lo había desobedecido; y se lo llevaron a la comisaría más pronto que enseguida.

Luego, los vecinos fueron  a exigir al portero la entrega de los estímulos. Y ahí fue donde el portero empezó a parir chayotes (perdóname por la expresión, pero no encuentro otra que se ajuste mejor a su situación). Cuando las exigencias arreciaron, les pidió unas horas de plazo para resolver la “logística” del asunto, y se encerró en la portería. Ahí estuvo horas y horas, yendo de un lado para otro y sin saber qué hacer. Hasta pidió que le llevaran un diccionario, a ver si “económico” tenía otro significado que fuera distinto a dar dinero. Con el trabajo que le cuesta leer, y se estuvo buscando y pensando hasta altas horas de la noche. Cuando ya no podía más, llamó a sus guaruras y les dijo que le resolvieran el problema, para el día siguiente; y que si no…

Ahí lo dejó, porque así se oye más amenazador.

Al otro día le tuvieron que echar una cubeta de agua para que despertara, porque como se había desvelado “trabajando”, no había manera de que se levantara. Pero ya estaba un grupo de vecinos en la puerta, exigiendo la solución del asunto. El guarura que sí acabó la secundaria estuvo un rato hablando con él, hasta que las facciones se le iluminaron con algo parecido a una sonrisa de triunfo. Y entonces sí salió a dar la cara.

Entonces se echó una parrafada muy larga, adornando lo que su guarura le había dicho que, en resumen, era lo siguiente: la palabra económico no significa solamente “dar dinero” sino que también es adjetivo gentilicio (eso fue lo que dijo, porque no pudo recordar lo que el muchacho le dijera; pero a los vecinos les daba lo mismo una palabra que otra) que significa que el sustantivo, en este caso la palabra “estímulos” es algo de poco precio, no necesariamente dinero (eso lo repitió unas catorce veces), sino algo pequeño pero significativo que valía más que el dinero (esto no lo entendió nadie, ni siquiera él) y luego empezó a hablar de adjetivos, de gerundios, del nominativo y del ablativo, e hizo un  revoltijo que los vecinos se retiraron sin pedir explicaciones porque ya les dolía la cabeza.

Pero algo tenía que darles, dijeron  los guaruras; porque si no, luego se iban a quejar con ellos, y les costaba mucho trabajo quitárselos de encima. Entonces, mandó hacer unas tarjetitas blancas y brillosas que decían, con letras góticas, bien renegridas: “Al Mérito Agrícola”, y las entregó en una ceremonia convocada para el domingo siguiente, ante un mantel limpísimo sobre el que había unos dulcecitos de limón que compró en la tiendita de la esquina. Y con cada tarjetita entregaba un dulcecito.

No es que los vecinos quedaran satisfechos, pero pensaron que podían poner la tarjetita en la sala, bajo un cristal; o en la entrada de su casa, junto a la plantita que tenían. Los dulcecitos los guardaron como recuerdo, porque ya los conocían y sabían que eran malísimos. Pero, al fin y al cabo, algo habían conseguido arrancarle al portero.

Y ya no ha habido más “programas sociales”. Ya veremos lo que pasa en el futuro.

Te quiere

Cocatú

1Contexto: Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ve en ese lugar. Su correspondencia tiene algo de crítica social y toques de humor.
Comentarios


object(WP_Query)#18806 (52) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(67879) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "04-01-2023" ["before"]=> string(10) "01-02-2023" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(66) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(67879) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "04-01-2023" ["before"]=> string(10) "01-02-2023" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["update_menu_item_cache"]=> bool(false) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18810 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18808 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18809 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "04-01-2023" ["before"]=> string(10) "01-02-2023" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(503) " SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2023-01-04 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2023-02-01 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (67879) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND ((rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish'))) GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2 " ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18807 (24) { ["ID"]=> int(87778) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2023-01-16 10:58:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2023-01-16 15:58:24" ["post_content"]=> string(5540) "Querida Tora: Te voy a contar algo muy gracioso que sucedió el otro día. Bueno, gracioso para mi, aunque no tanto para las personas a quienes les ocurrió. Y que creo que, con el pasar de los días, también ya han de haber visto la gracia, después del mal rato que pasaron (ni tan malo, la verdad, pero les gusta hacer montañas de todos los granitos que se encuentran). Resulta que los vecinos se volvieron a acordar de todas las obras que están pendientes en la vecindad (los baños, los lavaderos, las escaleras, lo de siempre), y empezaron a correr rumores por todos los rincones. El portero (siempre el portero. No sé por qué, pero tiene que aparecer en todo) quiso acallarlos, y se le ocurrió organizar una función de cine para un sábado en la noche. La gente se entusiasmó; y más porque les iba a pasar una película vieja, de esas de las que el cine mexicano siempre ha estado muy orgulloso porque hacen llorar mucho. Todos se apuntaron para asistir, y media hora antes de la función ya estaba el patio abarrotado; y hasta la gente de la azotea se había acomodado para ver la película. El señor del 37, ese que es tan bravero, llegó con su mujer, creyendo que le hacía un favor. Pero la señora sufría un dolor de cabeza que la tenía medio atontada, y se sentó junto a él sin apenas saludar a las vecinas; y en cuanto empezó la película se le acostó en el hombro, con la intención de dormirse. No lo logró del todo, porque el señor se levantó como a la media hora para ir al baño (pero tenía que ir hasta su vivienda, por lo que tardó bastante. Te digo esto para que comprendas mejor lo que pasó). La señora intentó ver la película, pero apenas podía abrir los ojos, y no veía la hora de que el marido volviera. Pero el que llegó fue el señor del 48 (tarde, como de costumbre), y al ver asiento vacío, se sentó en él. Ella sintió que había alguien, e inmediatamente se recargó en su hombro y empezó a roncar. El del 48 intentó quitársela, pero no podía; por más que la empujaba, ella volvía a apoyarse en su hombro. Por fin la dejó estar, aunque algo incómodo, y se dispuso a ver la segunda mitad de la película. Y al cabo de un rato, regresó el marido. Vio a su mujer con la cabeza apoyada en el hombro del señor del 48, y empezó a gritar con su voz aguardentosa y estridente. Le dedicó todos los insultos que puedas imaginarte, y muchos más que yo nunca había oído. Luego se metió entre las filas de asombrados vecinos, tomó al del 48 por el cuello y lo levantó en vilo, diciendo que lo iba a tirar desde la azotea, para que aprendiera a no “mancillar la honra de los hombres honrados”. La función se detuvo, todos los espectadores se levantaron, alarmados, y el portero apareció al fondo, tratando de imponer el orden. Pero el del 37 no escuchaba ni las protestas de inocencia de su mujer ni las súplicas del pobre tipo del 48, que ya se veía desparramado por el piso del patio. La misma excitación de los espectadores impedía al del 37 avanzar, pues se vio rodeado por una masa humana que le impedía pasar, y que le decía que escuchara a los presuntos “culpables” antes de hacer algo de lo que podría arrepentirse. El del 37 contestó que el arrepentimiento era cosa de los pusilánimes (Yo no lo creía capaz de conocer una palabra tan poco común y más aún de pronunciarla, pero lo hizo), y que a los violadores se les debía aplicar “el castigo más ejemplar de todos”. A una indicación del portero, los guaruras los rodearon; pero él, sabedor de que las pistolas son de juguete, se las quitó y las rompió a mordidas (aunque sin tragarse los pedazos porque, según dijo después, el plástico le provocaba accesos de diarrea). En tantos dimes y diretes, ya había llegado a las escaleras, y hubiera cumplido su amenaza si no se lo impide… ¿quién dirás? ¡La Mocha! Esta señora (“Señorita”, como siempre se apresura a corregirnos) parece haberse convertido en el ángel guardián de la vecindad. En este caso, se le plantó delante al del 37 (Cosa que ni los vecinos, ni los guaruras, ni mucho menos el portero se habían atrevido a hacer), y le exigió que soltara al señor del 48 con una voz que hasta a mi me impresionó. El del 37 se la quedó mirando con furia; pero ella le sostuvo la mirada y le obligó a bajar los ojos y a soltar al pobre hombre. La Mocha le dijo que había sido un error, y el bravero ese dijo con  voz apenas audible “Perdón, señora” (Señorita, exigió ella), y se fue a sentar a su sitio, donde empezó a gritar “Cácaro. ¡Cácarooo!” y a incitar a la gente a sentarse. Su esposa le dijo que se iba a acostar a la vivienda, y el contestó “Que te alivies”. A los cinco minutos se reanudó la función, y los vecinos pudieron llorar a gusto durante la media hora que faltaba (menos el del 48, que prefirió tomarse unos sedantes e irse a dormir). Si quieres extraer una moraleja del incidente, es que hay que saber cómo hablar a la gente que está alterada por alguna emoción violenta. Parece muy sencillo, pero a ver quién es capaz de hacerlo. Te quiere Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "Cartas a Tora 296" ["post_excerpt"]=> string(171) "Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-296" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2023-01-19 02:07:27" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2023-01-19 07:07:27" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=87778" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18774 (24) { ["ID"]=> int(88215) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2023-01-27 10:55:22" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2023-01-27 15:55:22" ["post_content"]=> string(7481) "Querida Tora: El otro día nos enteramos de que la señora Sura (te acuerdas quién es, ¿verdad? La adivina o cartomanciana o como la quieras llamar) tiene una hija. No la conocíamos porque la tenía interna en una escuela; pero ya terminó la preparatoria, y la tuvo que sacar. Los primeros días todo fueron fiestas y alegría e invitaciones a la muchacha de todas las jóvenes de la vecindad, y todo iba muy bien. Pero… Ay, esos peros. Resulta que a la semana de haber llegado, la muchacha le dijo a doña Sura que tenía novio. La mujer puso el grito en el cielo (no sé qué tiene el cielo que ver en el asunto, ni cómo hacen para poner un grito tan lejos, pero así se dice) “¿Cómo es posible? – dijo – Estabas en un internado muy serio, rodeada de monjas, de mujeres muy estrictas. ¿Cómo pudiste conocer a un muchacho?”. Fue un disgusto terrible para la mujer, pero tuvo que aceptar el hecho consumado, y le dijo que quería conocerlo.  Estuvieron como quince días buscando una fecha apropiada para la entrevista, pero siempre surgía algún inconveniente. Era la muchacha quien cancelaba las citas; no sé si le daba pena o vergüenza o qué, pero era ella la que impedía que doña Sura conociera al susodicho. A mi me intrigaba ese proceder, y un día que iba a ver al novio la seguí, a ver si averiguaba lo que pasaba. Y tuve suerte, porque se vieron en un café, y él le preguntó a ella qué pasaba, por qué no podía concertarse esa cita. ¿Y sabes qué contestó ella? Que porque tenía miedo de que a su mamá no le gustara y le ordenara dejarlo. “¿Y me dejarías?”, preguntó él. “Por supuesto que no”, contestó la chava, “pero se crearía una situación muy violenta”. Él insistió, pero no llegaron a nada. Sin embargo, el día siguiente el chavo se presentó en la vecindad y fue directamente a la vivienda de doña Sura. Ella le puso mala cara (y no sabes lo fe que se ve cuando pone mala cara), pero lo hizo pasar (“Por cortesía”, dijo a su atribulada hija cuando le preguntó por qué). Yo corrí a meterme en la vivienda por la ventana de la azotehuela, porque la cosa prometía.

Te puede interesar:

CARTAS A TORA 297

El muchacho dijo todo lo que dicen los que se encuentran en situación parecida, e hizo todos los juramentos de costumbre. “Nada nuevo”, pensé, “Este se va al rato, y no vuelve. Y la única que va a sufrir es la muchacha”. Pero me equivoqué. Doña Sura lo atendió como yo nunca creí que fuera capaz de atender a un pretendiente de su hija, pues hasta le ofreció un cafecito con pastel de chocolate. Y ya los dos chavos creían que no habría obstáculos para su amor, cuando doña Sura le pidió que le dejara leerle las cartas. La chava se entusiasmó porque su mamá no le lee las cartas gratis a nadie, y creyó que ya empezaba a considerarlo parte de la familia. Pero en cuanto colocó las cartas sobre la mesa, lanzó un grito porque en ellas veía (según dijo textualmente) la muerte, el horror y el espanto. Y empezó a enumerar el terrible futuro que esperaba a su hija si se casaba con ese chavo: iba a perder el trabajo, la iba a embarazar y a abandonarla, el bebé se le iba a morir (“La boca se te haga chicharrón”, estuve a punto de decirle en voz alta), él se vería implicado en un robo a mano armada e iría a dar a la cárcel, ella iba a rodar muy abajo y, en fin, todas las desgracias que ocurrían a las jóvenes rebeldes en las películas de la Edad de Oro del Cine Mexicano.  La chica se levantó, airada, y dijo que nada de eso era cierto, porque vio al chavo pálido y tembloroso; que a su mamá le encantaba predecir cosas malas, pero que eso no podía ser cierto, porque ellos se amaban, y contra el amor nadie puede (cursi, pero lo dijo a gritos, para que la oyeran bien las vecinas que estaban amontonadas junto a sus ventanas. Doña Sura afirmó que ella venía de familia de profetas, y que sus predicciones siempre se cumplían; y volvió a echar las cartas una y otra vez, hasta que entre ellas apareció el rey de Bastos, y señalando el garrote que lleva, declaró que esa era la peor carga que le podía salir a alguien (pero al chavo le salió hasta la cuarta o quinta vez que le echó las cartas), y dijo a su hija que no se burlara de ella, porque entonces la cosa sería peor para todos; y se levantó enfurecida, enorme en esa túnica negra que tanto le gusta usar y con voz salida de los infiernos dijo al chavo “No pasarás”, y cayó desvanecida. Varias de las vecinas se desmayaron también, y hubo que llevarlas a la enfermería (por cierto, que la enfermera se negó a atenderlas, “no le fuera a  caer a ella también alguna maldición”). Las que no se desmayaron empezaron a gritar, algunas se hincaron a rezar; y los gritos se oían ya en la vecindad de junto. Llamaron al portero, pero él se negó a aparecer, “porque él no creía en esas cosas”, y corrió a meterse debajo de la cama. Y los guaruras, ni hablar: el que no tenía que ir al baño, le tenía que hablar a su mamá, y todos desaparecieron. La situación se estaba saliendo de control, pues algunos ya habían ido a llamar al gendarme de la esquina, a pesar de que no podría hacer nada; pero peor era quedarse ahí parados, esperando quién sabe qué horror. Y decidí intervenir. Sin pensarlo dos veces, me metí entre los pies de doña Sura y la hice caer del banquito al que se había subido para parecer más grande, y logré que se cayera. Lanzó un grito horrible, pero en cuanto cayó se quedó callada, callada, como muerta. Pero no estaba muerta. Tardó varios minutos en volver a la conciencia, y lo primero que dijo fue “¿Dónde estoy?” ¿Y qué crees? El chavo dijo: “Si no sabe dónde está, menos puede saber lo que va a ser de nosotros en el futuro”, y le dio la mano a la chava. Ya iban a salir, pero doña Sura se recuperó y pidió a su hija que no se fuera así, y le rogó que hiciera las cosas bien y se casara. La chava accedió, pidió al novio que le diera esa noche para hablar con su mamá y que volviera al día siguiente. Y así lo hicieron. Madre e hija hablaron hasta altas horas de la noche. Doña Sura dijo que temía perderla, que era lo único bueno que había hecho en su vida y que no quería que se fuera. La chava le dijo que no la perdía, que estarían siempre en contacto, que necesitaba la guía de su experiencia y de su sabiduría y que su esposo sería como un hijo para ella. La mujer comprendió a los jóvenes y les ofreció su apoyo (tampoco podía hacer otra cosa, so pena de quedarse sola), y hasta fijaron una fecha tentativa de boda. Así, el asunto se resolvió satisfactoriamente para todos. Pero el portero no salió en toda la noche de la portería. Te quiere Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "CARTAS A TORA 298" ["post_excerpt"]=> string(173) "Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-298" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2023-01-27 10:55:22" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2023-01-27 15:55:22" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=88215" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18807 (24) { ["ID"]=> int(87778) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2023-01-16 10:58:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2023-01-16 15:58:24" ["post_content"]=> string(5540) "Querida Tora: Te voy a contar algo muy gracioso que sucedió el otro día. Bueno, gracioso para mi, aunque no tanto para las personas a quienes les ocurrió. Y que creo que, con el pasar de los días, también ya han de haber visto la gracia, después del mal rato que pasaron (ni tan malo, la verdad, pero les gusta hacer montañas de todos los granitos que se encuentran). Resulta que los vecinos se volvieron a acordar de todas las obras que están pendientes en la vecindad (los baños, los lavaderos, las escaleras, lo de siempre), y empezaron a correr rumores por todos los rincones. El portero (siempre el portero. No sé por qué, pero tiene que aparecer en todo) quiso acallarlos, y se le ocurrió organizar una función de cine para un sábado en la noche. La gente se entusiasmó; y más porque les iba a pasar una película vieja, de esas de las que el cine mexicano siempre ha estado muy orgulloso porque hacen llorar mucho. Todos se apuntaron para asistir, y media hora antes de la función ya estaba el patio abarrotado; y hasta la gente de la azotea se había acomodado para ver la película. El señor del 37, ese que es tan bravero, llegó con su mujer, creyendo que le hacía un favor. Pero la señora sufría un dolor de cabeza que la tenía medio atontada, y se sentó junto a él sin apenas saludar a las vecinas; y en cuanto empezó la película se le acostó en el hombro, con la intención de dormirse. No lo logró del todo, porque el señor se levantó como a la media hora para ir al baño (pero tenía que ir hasta su vivienda, por lo que tardó bastante. Te digo esto para que comprendas mejor lo que pasó). La señora intentó ver la película, pero apenas podía abrir los ojos, y no veía la hora de que el marido volviera. Pero el que llegó fue el señor del 48 (tarde, como de costumbre), y al ver asiento vacío, se sentó en él. Ella sintió que había alguien, e inmediatamente se recargó en su hombro y empezó a roncar. El del 48 intentó quitársela, pero no podía; por más que la empujaba, ella volvía a apoyarse en su hombro. Por fin la dejó estar, aunque algo incómodo, y se dispuso a ver la segunda mitad de la película. Y al cabo de un rato, regresó el marido. Vio a su mujer con la cabeza apoyada en el hombro del señor del 48, y empezó a gritar con su voz aguardentosa y estridente. Le dedicó todos los insultos que puedas imaginarte, y muchos más que yo nunca había oído. Luego se metió entre las filas de asombrados vecinos, tomó al del 48 por el cuello y lo levantó en vilo, diciendo que lo iba a tirar desde la azotea, para que aprendiera a no “mancillar la honra de los hombres honrados”. La función se detuvo, todos los espectadores se levantaron, alarmados, y el portero apareció al fondo, tratando de imponer el orden. Pero el del 37 no escuchaba ni las protestas de inocencia de su mujer ni las súplicas del pobre tipo del 48, que ya se veía desparramado por el piso del patio. La misma excitación de los espectadores impedía al del 37 avanzar, pues se vio rodeado por una masa humana que le impedía pasar, y que le decía que escuchara a los presuntos “culpables” antes de hacer algo de lo que podría arrepentirse. El del 37 contestó que el arrepentimiento era cosa de los pusilánimes (Yo no lo creía capaz de conocer una palabra tan poco común y más aún de pronunciarla, pero lo hizo), y que a los violadores se les debía aplicar “el castigo más ejemplar de todos”. A una indicación del portero, los guaruras los rodearon; pero él, sabedor de que las pistolas son de juguete, se las quitó y las rompió a mordidas (aunque sin tragarse los pedazos porque, según dijo después, el plástico le provocaba accesos de diarrea). En tantos dimes y diretes, ya había llegado a las escaleras, y hubiera cumplido su amenaza si no se lo impide… ¿quién dirás? ¡La Mocha! Esta señora (“Señorita”, como siempre se apresura a corregirnos) parece haberse convertido en el ángel guardián de la vecindad. En este caso, se le plantó delante al del 37 (Cosa que ni los vecinos, ni los guaruras, ni mucho menos el portero se habían atrevido a hacer), y le exigió que soltara al señor del 48 con una voz que hasta a mi me impresionó. El del 37 se la quedó mirando con furia; pero ella le sostuvo la mirada y le obligó a bajar los ojos y a soltar al pobre hombre. La Mocha le dijo que había sido un error, y el bravero ese dijo con  voz apenas audible “Perdón, señora” (Señorita, exigió ella), y se fue a sentar a su sitio, donde empezó a gritar “Cácaro. ¡Cácarooo!” y a incitar a la gente a sentarse. Su esposa le dijo que se iba a acostar a la vivienda, y el contestó “Que te alivies”. A los cinco minutos se reanudó la función, y los vecinos pudieron llorar a gusto durante la media hora que faltaba (menos el del 48, que prefirió tomarse unos sedantes e irse a dormir). Si quieres extraer una moraleja del incidente, es que hay que saber cómo hablar a la gente que está alterada por alguna emoción violenta. Parece muy sencillo, pero a ver quién es capaz de hacerlo. Te quiere Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "Cartas a Tora 296" ["post_excerpt"]=> string(171) "Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-296" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2023-01-19 02:07:27" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2023-01-19 07:07:27" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=87778" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(15) ["max_num_pages"]=> float(8) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "67b3ab820a0693b37b36096685b70caf" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["allow_query_attachment_by_filename":protected]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
CARTAS A TORA 297

Cartas a Tora 296

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora,...

enero 16, 2023
CARTAS A TORA 298

CARTAS A TORA 298

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora,...

enero 27, 2023




Más de categoría
CARTAS A TORA 298

CARTAS A TORA 298

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe...

enero 27, 2023
fotografia de klaus nomi

Klaus Nomi: el alienígena de Bowie

Tras su muerte, Klaus Nomi se convirtió en una figura de culto en lugares tan dispares como Nueva York...

enero 26, 2023
Toma de protesta José Reséndiz Balderas

Toma de Protesta de la nueva Junta Directiva 2023-2024 “José Reséndiz Balderas” de la SNHGE

El pasado sábado 21 de enero tuvo lugar la Asamblea General Extraordinaria en su carácter Solemne donde se llevó...

enero 26, 2023
textos de maria del carmen maqueo

Gramática de la vida

Ésta es nuestra obligación hacia el niño; darle un rayo de luz y seguir nuestro camino. -María Montessori.

enero 24, 2023