CARTAS A TORA 232

Querida Tora1: Lo de la “Reforestación de la Vecindad” tuvo cola. Al principio parecía que los vecinos se habían olvidado de los “estímulos económicos” con el incendio en la azotea. Pero ese mismo incendio se los recordó,...

9 de julio, 2021 CARTAS A TORA

Querida Tora1:

Lo de la “Reforestación de la Vecindad” tuvo cola. Al principio parecía que los vecinos se habían olvidado de los “estímulos económicos” con el incendio en la azotea. Pero ese mismo incendio se los recordó, porque resulta que los humos se dispersaron por toda la colonia y  afectaron a muchos habitantes. A unos les dio por lo pacífico, y andaban por la calle medio dormidos, como zombies descoloridos; pero otros se pusieron  agresivos y hasta hubo uno que pintó una raya en el suelo y dijo que al que pasara de esa raya lo iba a rajar en dos o en tres partes o en lo que resultara; y como sacó una navaja como de a metro, todos se lo creímos. Pero eso sólo duró unas horas, y acabó por convertirse en una juerga, porque el pobre intoxicado no acertaba ni a una pared que, según él, lo había desobedecido; y se lo llevaron a la comisaría más pronto que enseguida.

Luego, los vecinos fueron  a exigir al portero la entrega de los estímulos. Y ahí fue donde el portero empezó a parir chayotes (perdóname por la expresión, pero no encuentro otra que se ajuste mejor a su situación). Cuando las exigencias arreciaron, les pidió unas horas de plazo para resolver la “logística” del asunto, y se encerró en la portería. Ahí estuvo horas y horas, yendo de un lado para otro y sin saber qué hacer. Hasta pidió que le llevaran un diccionario, a ver si “económico” tenía otro significado que fuera distinto a dar dinero. Con el trabajo que le cuesta leer, y se estuvo buscando y pensando hasta altas horas de la noche. Cuando ya no podía más, llamó a sus guaruras y les dijo que le resolvieran el problema, para el día siguiente; y que si no…

Ahí lo dejó, porque así se oye más amenazador.

Al otro día le tuvieron que echar una cubeta de agua para que despertara, porque como se había desvelado “trabajando”, no había manera de que se levantara. Pero ya estaba un grupo de vecinos en la puerta, exigiendo la solución del asunto. El guarura que sí acabó la secundaria estuvo un rato hablando con él, hasta que las facciones se le iluminaron con algo parecido a una sonrisa de triunfo. Y entonces sí salió a dar la cara.

Entonces se echó una parrafada muy larga, adornando lo que su guarura le había dicho que, en resumen, era lo siguiente: la palabra económico no significa solamente “dar dinero” sino que también es adjetivo gentilicio (eso fue lo que dijo, porque no pudo recordar lo que el muchacho le dijera; pero a los vecinos les daba lo mismo una palabra que otra) que significa que el sustantivo, en este caso la palabra “estímulos” es algo de poco precio, no necesariamente dinero (eso lo repitió unas catorce veces), sino algo pequeño pero significativo que valía más que el dinero (esto no lo entendió nadie, ni siquiera él) y luego empezó a hablar de adjetivos, de gerundios, del nominativo y del ablativo, e hizo un  revoltijo que los vecinos se retiraron sin pedir explicaciones porque ya les dolía la cabeza.

Pero algo tenía que darles, dijeron  los guaruras; porque si no, luego se iban a quejar con ellos, y les costaba mucho trabajo quitárselos de encima. Entonces, mandó hacer unas tarjetitas blancas y brillosas que decían, con letras góticas, bien renegridas: “Al Mérito Agrícola”, y las entregó en una ceremonia convocada para el domingo siguiente, ante un mantel limpísimo sobre el que había unos dulcecitos de limón que compró en la tiendita de la esquina. Y con cada tarjetita entregaba un dulcecito.

No es que los vecinos quedaran satisfechos, pero pensaron que podían poner la tarjetita en la sala, bajo un cristal; o en la entrada de su casa, junto a la plantita que tenían. Los dulcecitos los guardaron como recuerdo, porque ya los conocían y sabían que eran malísimos. Pero, al fin y al cabo, algo habían conseguido arrancarle al portero.

Y ya no ha habido más “programas sociales”. Ya veremos lo que pasa en el futuro.

Te quiere

Cocatú

1Contexto: Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ve en ese lugar. Su correspondencia tiene algo de crítica social y toques de humor.
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