CARTAS A TORA 356

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diariamente le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana.

5 de julio, 2024 cartas a tora

Querida Tora:

El otro día, los del 10 tuvieron una reunión. Unas 10 ó 12 personas, para celebrar que un sobrino de la señora se había recibido de Ingeniero Químico. Fue una reunión de traje. Eso no quiere decir que todos vistieron de traje, sino que cada uno de los invitados llegó con algo para la cena, diciendo “Yo traje esto o aquello”. Así, el gasto no se le carga a una sola persona, y todos quedan contentos.

Pero cuando empezaban a cenar, apareció el portero, No estaba invitado, sino que llegó por sus pistolas. Y ahora sí se aplicó bien el dicho, porque detrás estaban sus guaruras (ocho pistolas, ¿te imaginas?). El jefe de familia se levantó, entre asustado y enojado, y le preguntó qué quería. (los demás estaban nada más asustados, y ninguno abrió la boca). ¿Y qué crees? El portero le dijo que estaban infringiendo el Reglamento de la vecindad, porque celebraban en su casa una fiesta con personas que ni siquiera eran de la vecindad, y cobraba por admitir a los invitados. El señor se molestó, dijo que aquello era una reunión privada, que no se afectaba a los vecinos, que no había fines de lucro, en fin, ya te imaginarás todo lo que dijo. Pero el portero, firme en sus acusaciones; y cuando vió que algunos invitados se levantaban para apoyar al inquilino, hizo una seña y todos sus guaruras se adelantaron, apuntando a los invitados. Hubo un momento de verdadero terror, que lo rompió el hijo del inquilino burlándose de los guaruras y metiendo el dedo en sus pistolas. Uno de los guaruras se puso verdaderamente furioso y, como el niño no se callaba, disparó. El chamaco se llevó las manos al pecho, gritó de dolor y cayó, revolcándose entre horribles espasmos y feroces eructos, hasta quedar luego inmóvil. El portero increpó a su guarura por ponerle balas de verdad a su pistola; y el muchacho, lívido como quinceañera sorprendida cometiendo faltas contra la moral, no acertaba a decir nada. La madre lanzó un grito de horror y cayó sobre el cuerpo exánime de su hijo, con lo que todas las mujeres empezaron a llorar al unísono. El portero comprendió que la situación se salía de sus manos y se aprestaba a retirarse, prohibiendo a todos que se hablara de lo ocurrido; pero en eso, el niño se levantó lanzando alegres carcajadas, porque todo había sido una actuación.

El portero ardía de coraje, y ordenó a su guarura que se apoderara del niño y se lo llevara a la portería, para ahí aplicarle el correctivo que se merecía. Pero el padre se puso frente a él y le dijo que quien tocara a su hijo, aunque fuera por interpósita persona, se las iba a entender con él. El portero cerró la boca, dio media vuelta y salió de la vivienda. Yo creo que eso de la interpósita persona le pareció demasiado fuerte, y prefirió irse. Pero en la puerta se detuvo, y con toda la fuerza que le da su posición de autoridad suprema de la vecindad, dijo a los concurrentes que eso no se iba a quedar así, que nadie lo amenazaba impunemente a él, que iba a elaborar una nueva Constitución de la vecindad (yo creo que quiso decir Reglamento, pero Constitución le pareció más fuerte), que todos los inquilinos tenían que aceptar y vivir de acuerdo a ella, y que el que la violara iba a sufrir las consecuencias. Eso de “las consecuencias” lo dijo con una voz grave y amenazante que verdaderamente me dio escalofríos. Después de eso se marchó, mientras los guaruras amenazaban con sus pistolitas a los concurrentes, y el niño les sacaba la lengua a todos y cada uno de ellos. (hubieras visto el manazo que le dio la madre).

Al día siguiente, toda la vecindad comentaba el caso, porque antes de amanecer ya estaban todos al tanto de todo. La mayoría censuraban al portero por ser tan arbitrario y por su intento de imponerles una nueva Constitución, pero nadie se atrevió a decirle nada. Y cada vez que el portero salía al patio o abría sus ventanas, se alejaban prudentemente, tratando de evitar que los viera rondando la portería. 

  Yo creo que esto no se va a quedar así, y que habrá consecuencias. Espero que no sean muy malas para los vecinos, pero nunca se sabe por dónde puede salir este hombre. Ya te platicaré lo que ocurra.

Te quiere

Cocatú                                                                                                                                                                                                                             

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