CARTAS A TORA 220

Querida Tora: Hay una familia que vive en el 51, muy tranquila, muy agradable. El señor, sobre todo, es muy serio: vive para su trabajo y para sus hijos. Sin olvidar a la esposa, claro, porque la...

16 de abril, 2021

Querida Tora:

Hay una familia que vive en el 51, muy tranquila, muy agradable. El señor, sobre todo, es muy serio: vive para su trabajo y para sus hijos. Sin olvidar a la esposa, claro, porque la atiende como no te imaginas. Todo iba muy bien con ellos, hasta que una de las chamacas del 37 cumplió 16 años. Dirás que eso no tiene nada nada que ver, pero es que en cuanto se sintió “grande” inició una ofensiva contra el señor del 51. Le puso cerco; se le tropezaba en todos lados los rincones, le sonreía con todos los dientes y lo miraba con ojos insinuantes. Como el asedio tranquilo no le daba resultado, dio un paso adelante. Se dio cuenta de que iba al trabajo en  Metro, y ella dejó de tomar el camión para ir a la escuela y desde ese día viajó en Metro, aunque tenía que transbordar. “Casualmente” se encontraba al del 51 en la calle o en la estación, y viajaban juntos, y, entre las apreturas de la hora pico, se le sobaba de arriba abajo, por delante y por detrás, y varias veces le metió mano.

El del 51 hacía como que no se daba cuenta, pero bien supo lo que estaba pasando. Entonces, optó por salir mucho más temprano; pero la chava lo imitó, y una vez que iba sentado, en el Metro, lo vio y corrió a sentarse en sus piernas (y no sabes cómo se movía la condenada). Como tampoco eso le dio resultado, resolvió contarle a la del 38 (que es su incondicional) lo que sufría con la indiferencia del señor. Y al día siguiente, ya todos los vecinos murmuraban que el del 51 no funcionaba bien, que era poco hombre y que resultaba un peligro para todos los niños de la vecindad. Naturalmente, todos le dejaron de hablar, a él y a su esposa; y a los niños les prohibieron que jugaran con los del 51.

Los pobres no sabían lo que pasaba, pero se enteraron en cuanto los del 41 fueron a invitar al señor a ir al gimnasio con ellos. Eso puso al hombre sobre aviso, y resolvió poner fin al chisme. Y, efectivamente, el domingo que estaba la gente en el patio, se subió a un banquito y les dijo a los vecinos que él era tan hombre como el que más, y que si no le hacía caso a la chava del 37 era porque respetaba a las mujeres y quería a su esposa, a la cual no estaba dispuesto a faltar. ¿Y sabes qué? Lo abuchearon. Así como te lo cuento. El pobre hombre tuvo que ir a refugiarse en su vivienda para escapar de la pamba con picahielos a la que lo querían someter.

El del 37 (¡Imagínate! el papá de la chava) se reía de él en sus narices, y una vez juntó a un grupo de compañeros de borrachera para no dejarlo entrar a la vecindad “por ser la vergüenza de los vecinos honrados”. Las viejas le decían cosas muy feas cuando pasaban a su lado. La señora del 37 le sacaba la lengua en cuanto lo veía; y la chava se levantaba las faldas más arriba de la cintura cuando lo veía venir, con lo que lo único que consiguió fue que uno de los ninis de la azotea la violara una tarde que no tenía nada que hacer.

Lo peor fue cuando su esposa lo enfrentó y le dijo que a ver qué hacía, porque ella no iba a permitir que sus hijos crecieran con el estigma (esa fue la palabra que usó, no estoy exagerando) de tener un padre maricón. El pobre hombre corrió a la tienda, compró una botella de mezcal y otra de tequila, se las bebió de un jalón y fue a tocar la puerta del 37, a exigir que saliera la chava que tenía 16 años (y ninguna de las otras, añadió). Pero la que salió fue la madre, que es muy bronca; lo llamó acosador, sádico, maníaco sexual, violador y otras lindezas por el estilo, le atizó un golpe con el mango de la escoba y lo dejó tirado en el pasillo “para que lo recogiera la mártir de su mujer”.




El hombre estuvo tres días en cama. No tanto por el golpe, sino por el disgusto que se había llevado, porque se puso amarillo, amarillo y lo vomitaba todo. Pero los chismes se calmaron.

Aunque no tanto. Porque unos días después me di cuenta de que las viejas se reunían en los tendederos, y entre lo que platicaban hacían alarde de las “faenas” de sus esposos, y competían a ver cuál de ellos tenía más hijos en las calles aledañas. Si los ven con alguna otra mujer, hacen unos escándalos espantosos; pero si alguno tiene un hijo con otra, lo felicitan y le llevan una veladora a algún santo de su devoción. ¿Quién entiende esas cosas? Debe ser cosa de consultarlo con algún psiquiatra, pero yo no tengo tiempo para eso, y te lo dejo a ti de tarea, que al fin y al cabo eres mujer (o un equivalente), y debe serte más fácil entenderlo… Y cuando regrese, me lo explicas, por favor.

Te quiere,

Cocatú

Comentarios
object(WP_Query)#18118 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(64177) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "19-04-2021" ["before"]=> string(10) "17-05-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(64177) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "19-04-2021" ["before"]=> string(10) "17-05-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(false) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18149 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18079 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18085 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "19-04-2021" ["before"]=> string(10) "17-05-2021" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(463) "SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2021-04-19 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2021-05-17 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (64177) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish') GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2" ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18083 (24) { ["ID"]=> int(64621) ["post_author"]=> string(3) "180" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content"]=> string(9545) "El 23 de abril pasado se celebró, como todos los años, el Día Internacional del Libro. Como es conocido, se conmemora en ese día porque coincide con la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare. Es común que durante estas fechas se organicen ferias de libros y campañas para promover la lectura.  Sí, me refiero a esas famosas campañas a favor de la lectura, en las que se enlistan una serie de atributos que obtendremos de manera casi mágica gracias a los libros: “Leer te hará más listo”;  “Leer te hará exitoso”;    “Leer te hará más guapo”. Debo admitir que dichas campañas pueden ser más intimidantes que seductoras. Por ejemplo, muchos promotores, como intelectuales o escritores (cuyas buenas intenciones no pongo en duda) en entrevistas suelen aparecer con libreros rellenos detrás de ellos. Por ello, entiendo que alguien pueda pensar algo más o menos así:   “¿Para ser un lector necesito una biblioteca? ¡Santo cielo!”.  Realizar un análisis de las campañas para fomentar la lectura es todo un rollo: hay quienes están a favor y hay quienes consideran que son inútiles y, en el mejor de los casos, ineficaces y fuera de la realidad de los mexicanos. Como en toda discusión, ambos lados tienen argumentos fuertes y débiles.  Por eso, hoy no vengo a echarle un rollo para convencerlo de que se vuelva un lector empedernido de la noche a la mañana. Tampoco vengo a compartirle la proverbial foto mía con libreros llenos detrás de mí. Mucho menos vengo a criticarle sus hábitos lectores. Eso lo sabrá usted y nadie más puede decirle si está bien o mal.  Si usted disfruta de la lectura, ¡perfecto! Si no, ¡también!  Afortunadamente, vivimos en un país libre.  Sin embargo, me gustaría contarle una humilde y personal experiencia que tuve con la lectura durante un momento muy oscuro de mi vida y cómo, de cierto modo, me salvó.   I’ve got the blues Como George Orwell se describió en uno de sus ensayos, yo también fui un niño solitario y tímido. En mis ratos libres entre tarea y tarea, solía tomar libros de Arthur Conan Doyle y Julio Verne de la colección de mi madre (ediciones de pasta blanda, que quedaban bastante cachiporreadas después de leerlas) y pasaba las tardes imaginando las hazañas de Sherlock Holmes y las aventuras de Phileas Fogg. Durante  muchas tardes de mi infancia y adolescencia, ellos fueron mis amigos con quienes viajaba al mismísimo centro de la Tierra o con quienes resolvía crímenes en las calles de Londres. ¡Suena cursi, pero así fue para mí! A partir de esos días, el hábito de la lectura me siguió durante gran parte de mi vida; sin embargo, por allá de 2014, empecé a distanciarme de la lectura. En parte, por las obligaciones laborales, en parte por la familia, en parte por no encontrar algún libro que encendiera esa llama dentro de mi corazón como antes. En mi burbuja cotidiana y citadina, empecé a extrañar esas historias que me transportaban a otros mundos y me hacían olvidarme del trajín diario. Leer ya no era lo mismo de antes. Fast forward a 2017. No fue un año bueno para mí. Es más, diría que fue uno de los más duros en memoria reciente: terminé una relación complicada que casi quiebra mi espíritu. Después, me alejé de mis amigos y conocidos y comencé a sentirme aislado y solitario. El trabajo era lo único que me mantenía conectado con este mundo. Inevitablemente, cual Titánic de carne y hueso, me dirigí al peor iceberg con el que se puede encontrar una persona aislada y con el espíritu quebrantado: una crisis depresiva profunda. Sabía que era momento de buscar ayuda profesional.  Por cierto, si usted atraviesa por algo similar, ¡busque ayuda!  Para no hacerle el rollo muy largo, en esas terapias, una de las tareas que me asignó la doctora fue buscar algo que me apasionara. “Leer”, le dije a mi terapista. “Pero justo ahora, doctora, no hay alguna lectura que me llame la atención como antes”. La doctora me motivó para que buscara algún libro nuevo, que experimentara de nuevo con mi antigua pasión lectora.  Así fue como me encontré con un sitio de comedia estadounidense. En él, había varios podcasts en donde se reseñaban libros de Kurt Vonnegut. Por ejemplo, Breakfast of Champions, Sirens of Titan, Timequake, Hocus Pocus y God Bless You, Mr. Rosewater. Parecían historias únicas, dignas de volver a tomar un libro. Así que me propuse algo: conseguir alguna de esas novelas y averiguar si Kurt Vonnegut y yo teníamos química.  ¡Solos nunca más! Meses después, logré salir de mi crisis depresiva a base de terapia y libros. En esto último quiero centrar la atención: leer a Kurt Vonnegut cambió mi vida por dos razones. En primera, porque leer Sirens of Titan me encontré con un pasaje que enmarcaré algún día para nunca olvidarlo:   A purpose of human life, no matter who is controlling it, is to love whoever is around to be loved. Porque a veces olvidamos que esa es una de las razones por las que estamos en el planeta. Leer a Vonnegut y sus relatos llenos de humanidad fue algo que ayudó a sentirme un poco menos solo en el mundo. Hay quienes dicen que leer es un acto “solitario y egoísta”. Bueno, eso depende del enfoque que cada uno le dé. Leer la obra de Kurt Vonnegut me permitió, a través de foros y las redes sociales, conocer a varias personas alrededor del mundo, quienes se convirtieron en amigos míos. Poco a poco, se diría, me uní a una especie de familia extendida con miembros alrededor del mundo.  La segunda razón por la que leer a Kurt Vonnegut me ayudó a salir de mi crisis depresiva fue porque su obra me recordó que las pequeñas acciones hacen una gran diferencia en el mundo. Leer God Bless You, Mr. Rosewater de Kurt Vonnegut fue mi call to action, uno más poderoso que el de cualquier influencer, youtuber o booktuber. Esta novela trata sobre Eliot Rosewater, un veterano de guerra millonario, quien decide abandonar Nueva York y dirigir la fundación Rosewater en una ciudad olvidada de Indiana. Ahí, Eliot decide que su propósito será “proveer de una cantidad ilimitada de amor y limitadas cantidades de dinero” a todo aquel que necesite.    Cuando terminé de leer esta novela quise ser como Rosewater. También quise que hubiese más personas como él en el mundo, que toman acción y deciden hacer cosas para mejorar el mundo. Así, con mis limitados recursos (al fin y al cabo, yo no provengo de una familia rica) decidí tomar acción: encontré aquellas causas con las que empaticé y que requerían ayuda y decidí apoyarlas. Así fue como descubrí que la lectura puede salvarnos y proveernos de un sentido en la vida cuando más lo estamos buscando. Al menos, así pasó conmigo. Espero que usted no tenga que atravesar por una crisis depresiva para disfrutar de la lectura; sin embargo, si por alguna razón le ocurre, quiero decirle dos cosas. En primer lugar, que usted no está solo: muchos hemos pasado por algo así y siempre estaremos para apoyarnos. Y segundo, no menosprecie el valor que puede tener el arte en nuestros momentos difíciles y oscuros. El arte, en cualquiera de sus formas, es capaz de proveernos de humanidad. Y más aún: es capaz de regalarnos una “familia extendida” en los momentos en los que más la necesitamos para apoyarnos." ["post_title"]=> string(25) "¡La lectura me salvó! " ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(19) "la-lectura-me-salvo" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64621" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18000 (24) { ["ID"]=> int(65214) ["post_author"]=> string(2) "73" ["post_date"]=> string(19) "2021-05-11 12:01:18" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-05-11 17:01:18" ["post_content"]=> string(7001) "Tras bambalinas, como se dice en el mundo del teatro, es el lugar donde se cocinan las obras del ingenio humano. No está el respetable para saberlo, pero los colaboradores que gracias a la generosidad de este espacio vertimos nuestras palabras de manera habitual –la tan fina la metáfora que tenía preparada con los ríos de tinta ya no sirve de mucho–, tenemos una “sala de conversación” (que sería la forma de llamar en español al consabido chat que tal vez algún día, si el uso y la práctica lo autorizan, tenga carta de naturalización en el diccionario). En esa sala virtual se cocinan las pláticas, se comparten ideas y puntos de vista y, desde luego, también palabras. Es algo así como el cajón del sastre donde tiramos los retazos y los hilos, donde se dejan las agujas; algo como el gran fogón donde alguno tira una cebolla y otro más un tocino para generar este guiso colectivo que, esperamos, siempre satisfaga el hambre de información y nuestra necesidad de cocinarla. En ella, como en todos los casos en que las redacciones de mínimos mensajes se ven sometidos a la tiranía de la inteligencia artificial –que a veces no es tan lista– en el formato de corrector ortográfico, sufrimos sus ataques y algunos de ellos resultan hilarantes. Hace poco nos sucedió y la plática fue derivando del inocente error ortográfico a los diccionarios ficticios, juguetones y a veces chocarreros con que algunas buenas y magníficas plumas han tendido trucos y transformado las palabras. Diccionarios de esos hay varios, pero entonces y ahora me refiero a algunos de mis preferidos: el de Coll, editado en España hace ya décadas y que ahora resulta una rareza editorial; el Diccionario del Diablo, escrito por Ambroce Bierce, el escritor norteamericano al que Carlos Fuentes convirtió en mito cuando lo bautizó como el “Gringo Viejo” y al Diccionario de lugares comunes de Flaubert. Como se aprecia, en todos lados se cuecen habas y a los escritores de todo el mundo les da por jugar con sus instrumentos de trabajo. Alfonso Reyes dedicó algunas páginas a sus jitanjáforas, poemas sin sentido basados solo en la sonoridad de los vocablos y escribió alguno sobre una palabra a la que tuvo que desnaturalizar para llenarla de todo contenido posible en El canto del Jalibut… “por la orillita del mar flordelicado los negros cantan jalibut”. Si bien es cierto que en ningún caso y por ningún motivo la palabra “ocupar” es sinónimo de “necesitar” y nadie en realidad jamás “ocupa tomar un taxi”, sino “necesita tomar un taxi”, o que el principio activo del verbo presidir es presidente –dícese del que preside – y nunca presidenta, como tampoco se puede decir atacanta o ignoranta, aunque el lenguaje incluyente merezca reflexión aparte; también es verdad que las palabras nos ocultan juegos y bromas que, de hecho, nunca son inocentes sino siempre van dirigidos a zaherir errores y defectos propios, ajenos y colectivos. El ingenio con las palabras es ejercicio conocido de algunas plumas, como la invitación de George Bernard Shaw a su amigo, el Primer Ministro Winston Churchiill, convocándolo a la primer función de su nueva obra de teatro y conminando a llevar a un amigo “si lo tiene…”, y la respuesta del estadista excusándose por no poder asistir en esa ocasión pero ofreciendo ir a la segunda “si la hay…”; Camilo José Cela diputado a Cortes en España que roncaba plácidamente en su curul sin mayor culpa porque decía que no estaba dormido sino durmiendo pues no es lo mismo “estar jodido que estar jodiendo”, más ruda la respuesta de Salvador Novo a alguna provocación de Luis Spota, 21 años más joven el segundo y que me parece que no sabía con quién se estaba metiendo y que recibió un acre epigrama… “que en el apellido paterno lleva el oficio materno”. En fin, como dice mi mujer, sabia mujer, madre de mis hijos y a la que le dedico estas palabras en un sentido 10 de mayo, a veces, solo a veces, “entre broma y broma, la verdad se asoma”.  Porque nuestros tiempos parecieran no estar para bromas, pero qué va, al contrario, si no ejercemos el humor, si no nos aventuramos a encontrar dobles  y triples significados a la realidad, ya el encierro nos hubiera dejado más locos –estultos decía Erasmo de Rotterdam–. Así que revisando y reanudando lecturas doy con definiciones como estas de Coll: “administraidor”, el que maneja los bienes ajenos quedándose con buena parte de ellos y que más o menos nos hace pensar en los que debiendo dar mantenimiento a una columna se lo gastan en otra cosa, por ejemplo; o “virgilante”, aquella que está despierta o vela para no perder su virginidad en un descuido pero que, en cambio, se le escapan los perversos y pervertidos que empujan ballenas con las manos con el macabro propósito de hacerlas caer; si para todo hay, como “calmaleón”, voz destinada a calmar a las fieras y que bien visto se puede aplicar a la multiforme y policrómática charla de cada mañana destinada a disimular nuestros problemas. Bierce, después de todo, atribuye al Diablo las voces de su diccionario, va más a fondo, no tortura la forma de las palabras pero sí su significado ,y por ejemplo, como si tuviera máquina del tiempo y nos hubiera visitado en la semana dice que un “conservador” es alguien que está enamorado de los males existentes a diferencia del liberal que quiere sustituirlos por otros nuevos. Incluso define “logro” como la muerte del esfuerzo y el inicio del desencanto. Pero basta ya, que me fatigo de redefinir este mundo que nos tocó en suerte que requiere más hechos que palabras y me vuelvo a mi viejo amigo Joan Manuel Serrat, que sigue insistiendo con aquello de que “puestos a escoger prefiero… las voces de la calle que las del diccionario y un lunar de tu cara que la pinacoteca nacional”. Derrepronto me llaman a comer, que tengas buena fortuna, amigo lector." ["post_title"]=> string(24) "La palabra es un juguete" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(24) "la-palabra-es-un-juguete" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-11 12:48:08" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-11 17:48:08" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=65214" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18083 (24) { ["ID"]=> int(64621) ["post_author"]=> string(3) "180" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content"]=> string(9545) "El 23 de abril pasado se celebró, como todos los años, el Día Internacional del Libro. Como es conocido, se conmemora en ese día porque coincide con la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare. Es común que durante estas fechas se organicen ferias de libros y campañas para promover la lectura.  Sí, me refiero a esas famosas campañas a favor de la lectura, en las que se enlistan una serie de atributos que obtendremos de manera casi mágica gracias a los libros: “Leer te hará más listo”;  “Leer te hará exitoso”;    “Leer te hará más guapo”. Debo admitir que dichas campañas pueden ser más intimidantes que seductoras. Por ejemplo, muchos promotores, como intelectuales o escritores (cuyas buenas intenciones no pongo en duda) en entrevistas suelen aparecer con libreros rellenos detrás de ellos. Por ello, entiendo que alguien pueda pensar algo más o menos así:   “¿Para ser un lector necesito una biblioteca? ¡Santo cielo!”.  Realizar un análisis de las campañas para fomentar la lectura es todo un rollo: hay quienes están a favor y hay quienes consideran que son inútiles y, en el mejor de los casos, ineficaces y fuera de la realidad de los mexicanos. Como en toda discusión, ambos lados tienen argumentos fuertes y débiles.  Por eso, hoy no vengo a echarle un rollo para convencerlo de que se vuelva un lector empedernido de la noche a la mañana. Tampoco vengo a compartirle la proverbial foto mía con libreros llenos detrás de mí. Mucho menos vengo a criticarle sus hábitos lectores. Eso lo sabrá usted y nadie más puede decirle si está bien o mal.  Si usted disfruta de la lectura, ¡perfecto! Si no, ¡también!  Afortunadamente, vivimos en un país libre.  Sin embargo, me gustaría contarle una humilde y personal experiencia que tuve con la lectura durante un momento muy oscuro de mi vida y cómo, de cierto modo, me salvó.   I’ve got the blues Como George Orwell se describió en uno de sus ensayos, yo también fui un niño solitario y tímido. En mis ratos libres entre tarea y tarea, solía tomar libros de Arthur Conan Doyle y Julio Verne de la colección de mi madre (ediciones de pasta blanda, que quedaban bastante cachiporreadas después de leerlas) y pasaba las tardes imaginando las hazañas de Sherlock Holmes y las aventuras de Phileas Fogg. Durante  muchas tardes de mi infancia y adolescencia, ellos fueron mis amigos con quienes viajaba al mismísimo centro de la Tierra o con quienes resolvía crímenes en las calles de Londres. ¡Suena cursi, pero así fue para mí! A partir de esos días, el hábito de la lectura me siguió durante gran parte de mi vida; sin embargo, por allá de 2014, empecé a distanciarme de la lectura. En parte, por las obligaciones laborales, en parte por la familia, en parte por no encontrar algún libro que encendiera esa llama dentro de mi corazón como antes. En mi burbuja cotidiana y citadina, empecé a extrañar esas historias que me transportaban a otros mundos y me hacían olvidarme del trajín diario. Leer ya no era lo mismo de antes. Fast forward a 2017. No fue un año bueno para mí. Es más, diría que fue uno de los más duros en memoria reciente: terminé una relación complicada que casi quiebra mi espíritu. Después, me alejé de mis amigos y conocidos y comencé a sentirme aislado y solitario. El trabajo era lo único que me mantenía conectado con este mundo. Inevitablemente, cual Titánic de carne y hueso, me dirigí al peor iceberg con el que se puede encontrar una persona aislada y con el espíritu quebrantado: una crisis depresiva profunda. Sabía que era momento de buscar ayuda profesional.  Por cierto, si usted atraviesa por algo similar, ¡busque ayuda!  Para no hacerle el rollo muy largo, en esas terapias, una de las tareas que me asignó la doctora fue buscar algo que me apasionara. “Leer”, le dije a mi terapista. “Pero justo ahora, doctora, no hay alguna lectura que me llame la atención como antes”. La doctora me motivó para que buscara algún libro nuevo, que experimentara de nuevo con mi antigua pasión lectora.  Así fue como me encontré con un sitio de comedia estadounidense. En él, había varios podcasts en donde se reseñaban libros de Kurt Vonnegut. Por ejemplo, Breakfast of Champions, Sirens of Titan, Timequake, Hocus Pocus y God Bless You, Mr. Rosewater. Parecían historias únicas, dignas de volver a tomar un libro. Así que me propuse algo: conseguir alguna de esas novelas y averiguar si Kurt Vonnegut y yo teníamos química.  ¡Solos nunca más! Meses después, logré salir de mi crisis depresiva a base de terapia y libros. En esto último quiero centrar la atención: leer a Kurt Vonnegut cambió mi vida por dos razones. En primera, porque leer Sirens of Titan me encontré con un pasaje que enmarcaré algún día para nunca olvidarlo:   A purpose of human life, no matter who is controlling it, is to love whoever is around to be loved. Porque a veces olvidamos que esa es una de las razones por las que estamos en el planeta. Leer a Vonnegut y sus relatos llenos de humanidad fue algo que ayudó a sentirme un poco menos solo en el mundo. Hay quienes dicen que leer es un acto “solitario y egoísta”. Bueno, eso depende del enfoque que cada uno le dé. Leer la obra de Kurt Vonnegut me permitió, a través de foros y las redes sociales, conocer a varias personas alrededor del mundo, quienes se convirtieron en amigos míos. Poco a poco, se diría, me uní a una especie de familia extendida con miembros alrededor del mundo.  La segunda razón por la que leer a Kurt Vonnegut me ayudó a salir de mi crisis depresiva fue porque su obra me recordó que las pequeñas acciones hacen una gran diferencia en el mundo. Leer God Bless You, Mr. Rosewater de Kurt Vonnegut fue mi call to action, uno más poderoso que el de cualquier influencer, youtuber o booktuber. Esta novela trata sobre Eliot Rosewater, un veterano de guerra millonario, quien decide abandonar Nueva York y dirigir la fundación Rosewater en una ciudad olvidada de Indiana. Ahí, Eliot decide que su propósito será “proveer de una cantidad ilimitada de amor y limitadas cantidades de dinero” a todo aquel que necesite.    Cuando terminé de leer esta novela quise ser como Rosewater. También quise que hubiese más personas como él en el mundo, que toman acción y deciden hacer cosas para mejorar el mundo. Así, con mis limitados recursos (al fin y al cabo, yo no provengo de una familia rica) decidí tomar acción: encontré aquellas causas con las que empaticé y que requerían ayuda y decidí apoyarlas. Así fue como descubrí que la lectura puede salvarnos y proveernos de un sentido en la vida cuando más lo estamos buscando. Al menos, así pasó conmigo. Espero que usted no tenga que atravesar por una crisis depresiva para disfrutar de la lectura; sin embargo, si por alguna razón le ocurre, quiero decirle dos cosas. En primer lugar, que usted no está solo: muchos hemos pasado por algo así y siempre estaremos para apoyarnos. Y segundo, no menosprecie el valor que puede tener el arte en nuestros momentos difíciles y oscuros. El arte, en cualquiera de sus formas, es capaz de proveernos de humanidad. Y más aún: es capaz de regalarnos una “familia extendida” en los momentos en los que más la necesitamos para apoyarnos." ["post_title"]=> string(25) "¡La lectura me salvó! " ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(19) "la-lectura-me-salvo" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-28 09:06:24" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-28 14:06:24" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64621" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(20) ["max_num_pages"]=> float(10) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "6959820c684adc0165f3a6451b565b52" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

¡La lectura me salvó! 

El 23 de abril pasado se celebró, como todos los años, el Día Internacional del Libro. Como es conocido, se conmemora en...

abril 28, 2021

La palabra es un juguete

Tras bambalinas, como se dice en el mundo del teatro, es el lugar donde se cocinan las obras del ingenio humano. No...

mayo 11, 2021




Más de categoría

CARTAS A TORA 224

Querida Tora: Hace mucho tiempo que no te hablo de la Flor. Nadie la contrata, ni siquiera para cantar...

mayo 14, 2021

79 Aniversario de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística

MCP. Óscar Tamez Rodríguez, presidente de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, mencionó que “la SNHGE con...

mayo 13, 2021

La palabra es un juguete

Tras bambalinas, como se dice en el mundo del teatro, es el lugar donde se cocinan las obras del...

mayo 11, 2021

El mes de Maia

Mayo es el quinto mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días; pero era el tercer mes en el antiguo calendario romano, donde enero...

mayo 10, 2021