Amar es, ante todo, aceptar. Una reseña de la obra “Siete veces adiós”

Henry James –el legendario novelista anglosajón– acertó al decir que “la única clasificación de la novela que puedo comprender es: la que tiene vida y la que no la tiene”. Lo mismo se puede decir de cualquier...

15 de abril, 2022 Amar es, ante todo, aceptar. Una reseña de la obra "Siete veces adiós"

Henry James –el legendario novelista anglosajón– acertó al decir que “la única clasificación de la novela que puedo comprender es: la que tiene vida y la que no la tiene”. Lo mismo se puede decir de cualquier producción artística. Sin duda, la obra Siete veces adiós pertenece a la segunda clase, pues, ¡vaya que te hace sentir vivo!

Más que tratar de describir la trama de este musical, quiero enfocarme a delinear lo que cualquier espectador atestiguará desde el filo de su asiento. Como ya se puede adivinar desde el título de esta reseña, Siete veces adiós habla acerca del sentimiento más poderoso que cualquier persona experimenta durante su vida: el amor. Ya lo decía el viejo Johny Cash, “Ever since time, nothing’s ever been found that’s stronger than love y, precisamente, esta es el hecho sobre el cual la trama gira. Construida desde los personajes simbólicos de “Ella”, “Él” y “Lamore”, durante la obra se narrará, con lujo de detalle, todo el tren emocional que experimentamos al enamorarnos. Aquí quiero enfatizar la brillante idea que fue maximizar la calidad simbólica de los personajes. No hay nombres e, incluso, se advierte desde el principio que, aunque para propósitos de la narración se usarán “Ella” y “Él”, en realidad es una historia que puede ocurrir entre cualquier tipo de parejas, “Él” y “Él”, “Ella” y “Ella”, etc., pues el amor es el mismo para todo el género humano. Claro, es un guiño a la inclusión de género actual, pero también es un gran acierto porque enfatiza la realidad, clara y objetiva, una indiscutible verdad de la naturaleza humana: todos somos igualmente capaces de amar y ser amados. 

Sin embargo, queridos lectores, no hay que pensar que se trata de una típica historia “romantizada” de las relaciones cuyo clímax es un noble gesto que restablece el ideal del amor. Al contrario, se trata tanto de la “viceralidad”, como la angustia de perder el amor, la esperanza a través de la nostalgia, el miedo de decir la verdad y terror de aceptarse tal como uno es. Este es otro punto brillante de la obra. Siete veces adiós se centra en la experiencia global del amor, no sólo en lo que es taquillero y consolador. Todo espectador, de aceptar el reto y abrir su corazón a sentir, se embarcará en todos los sentimientos que enriquecen nuestra experiencia de amor, así como aquellas pasiones que turban nuestra vivencia del mismo. En este punto, considero importante señalar dos sentencias que afirma san Agustín acerca de la vida humana que se ven reflejadas a la perfección en la obra. La primera es que el amor sí duele, y más cuando se trata de aceptar aquellos rasgos no tan virtuosos de la persona amada. Amar es reconocer y aceptar; es perdonar. Sin embargo, éste último es, quizás, de lo más difícil que una persona puede hacer: perdonar a la persona amada, pese al dolor que le haya provocado. Sin embargo, cuando el amor está centrado en la aceptación mutua, hay camino al crecimiento. Como dijo san Agustín, “aunque goce en tolerarlo, más quisiera, sin embargo, que no hubiese cosa que tolerar”. El segundo punto que dramatiza a la perfección la obra es el hecho de que, siempre cuando se ama, se tiene miedo a perderlo: “En las cosas adversas deseo las prósperas, en las cosas prósperas temo las adversas”. Nada nos llena tanto el corazón como amar y ser amados. Sin embargo, como bien lo demostrará la obra, no todo amor es “el indicado”; pero no por ello deja de ser una experiencia del amor. Al final, amar sí tiene que ver con nuestra libertad. En nuestra voluntad de aceptarnos a nosotros mismos, así como a nuestra pareja, encontramos la experiencia real del amor. No tengo duda de que todo espectador se encontrará con sí mismo y saldrá con una renovada visión y experiencia del amor.

Hasta aquí la parte de la reseña más crítica en cuanto contenido. Toca hablar acerca de algo más subjetivo, mi gusto acerca de la obra en general. En cuanto a la producción se refiere, todo espectador saldrá más que satisfecho por la gran profesionalidad de la obra. Ambientaciones profesionales, sencillas y ad hoc al desarrollo narrativo de la historia son acompañadas por un extraordinario equipo de músicos que –en auténtico espíritu del teatro griego clásico– interactúan constantemente con los actores en escena para enriquecer la experiencia teatral. Y, a propósito de la actuación, considero que es uno de los mejores trabajos tanto de Fernanda Castillo como de Gustavo Egelhaaf, quienes brindan un auténtico sentido de realidad a cada una de las dimensiones antes descritas del amor. Sin duda, también cabe laudar el trabajo de César Enríquez quien brilla en el escenario por una actuación perfectamente ceñida a su papel como “Lamore” –el Amor–.

La idea original, libreto, musicalización y dirección escénica están a cargo del famoso actor e influencer Alan Estrada. Además, la obra también cuenta con Salvador Suárez a cargo del libreto, así como la música y letras de Jannette Chao y Vince Miranda. Una obra cien por ciento mexicana, es una producción que vale toda la pena para cualquier persona que tenga el corazón abierto a sentir, así como la entereza de enfrentar sus miedos más ocultos. Siete veces adiós nos recuerda que el miedo es parte del amor y, más allá que quedarnos con una versión idealizada del mismo, nos llama a que nos atrevamos a vivirlo en todas sus dimensiones. Al final, amar es –ante todo– reconocer qué implica, aceptar quienes somos y vivir con apertura, sabiendo que en el otro –en nuestra pareja– nos vemos reflejados. No hay mayor libertad que elegir amar, no importa la consecuencia. 

 1James, Henry, El arte de la ficción, trad. de Juan José Utrilla (México: UNAM, 2018), p. 99.

 2Johny Cash, A thing called love, Columbia Records, 1972.

 3conf. X, 28, 39. San Agustín, Confesiones, trad. de Ángel Custodio Vega (Madrid: BAC, 2013).

 4Ídem.

 5“Pues la sensibilidad y el juicio, que son las cualidades que componen lo que comúnmente llamamos gusto, varían sobremanera en bastante gente”. Énfasis original del texto. Burke, Edmund, De lo sublime y bello, trad. de Menene Gras Blaguer (Madrid: Alianza, 2014), p. 60.

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