¿Cuánto invierten en educación los países de América Latina?

De acuerdo con el Banco Mundial, los países que menos invierten en educación son: Haití, Guatemala y Perú. Los países que más invierten en educación son: Posición País %  de su PIB Modalidad 1 Cuba 12,8% País...

25 de febrero, 2021

De acuerdo con el Banco Mundial, los países que menos invierten en educación son: Haití, Guatemala y Perú.

Los países que más invierten en educación son:

Posición País %  de su PIB Modalidad
1 Cuba 12,8% País con mayor inversión en educación.
2 Costa Rica 7,4% Sistema Educativo: Preescolar, Primaria, Secundaria y Superior.
3 Bolivia 7,3% Educación Regular, Educación Alternativa y Especial, Educación Superior de Formación Profesional.
Venezuela 6,9% Educación gratuita y obligatoria: Preescolar, Primaria, Secundaria y Universitaria.
5 Brasil 6,2% Gratuita y obligatoria.
6 Argentina 5,5% Igualdad y gratuidad.
7 Chile 5,4% Parvularia,*Básica (*Obligatoria), *Media (*Obligatoria) y Superior.
8 Ecuador 5,0% Educación Pública o Fiscal, Fiscomisional, Municipal, Privada o Particular, Laica o Religiosa e Hispana o Bilingüe Internacional.
9 México 4,9% Básica, Media Superior y Superior.
10 Uruguay 4,9% Gratuita.
11 Colombia 4.5% Preescolar, Básica, Media y Superior.
12 Nicaragua 4,3% Primaria, Secundaria y Superior.
13 Perú 3,9% Preescolar y Básicas.
14 El Salvador 3,8% Obligatoria con difícil acceso.
15 Paraguay 3,4% Dificultad de aceptación.
16 Guatemala 2,8% Otras preferencias diferentes a la educación como el trabajo.

 

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Esta es una parte central de la auténtica “nueva normalidad”.  “Del Imperio romano, que llegó a cubrir más de tres millones de kilómetros cuadrados y englobaba el veinte por ciento de la población mundial, y cuya desaparición resultaba tan inimaginable como la del propio planeta, nada queda”. -Jonathan Safran Foer, Podemos salvar el mundo antes de cenar “El hombre que no cambia nunca de opinión es como el agua estancada: su mente cría alimañas”. -William Blake En los últimos dos artículos hemos explotado algunas de las características debe tener un líder1 para encarar los desafíos del siglo XXI. Se afirmaba también que un líder de la Era Covid y Post-Covid, sin despreciar las propiedades de los liderazgos tradicionales como la honestidad, confianza en sí mismo, la vocación de servicio, la pasión por lo que se hace, la búsqueda de la innovación, empatía y creatividad entre muchas otras, requiere además cuatro características que para los tiempos por venir lucen indispensables: 1.- Comprensión profunda del carácter global de la civilización humana. 2.- Capacidad de cambio, adaptación y rectificación. 3.- Entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto. 4.- Consciencia de Ejemplaridad. En esta oportunidad hablaremos un poco acerca de la segunda: Capacidad de cambio, adaptación y rectificación Ningún gobierno del mundo anticipaba en noviembre de 2019 que en apenas unos meses las cosas fuesen a cambiar del modo en que lo hicieron, y mucho menos que la crisis fuese a alargarse por tanto tiempo. 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Ésta, nos guste o no, es una de las características medulares de la auténtica “nueva normalidad”. El cambio es, entonces, una variable permanente que debe considerarse siempre en la ecuación de la existencia y en cualquier plan o proyecto público o privado y por lo tanto, un factor congénito indisociable de las distintas formas de liderazgo que emerjan en la búsqueda de una gestión eficaz de los grandes problemas que pone ante la humanidad el siglo XXI. El gran reto para el líder de estos tiempos consiste en actuar en función de un escenario que de antemano se sabe cambiante e indeterminado, en vez de aferrarse a planes irrealizables para luego, cuando no hay más remedio, reaccionar tardíamente con remiendos y componendas insuficientes que condenen a sus dirigidos a ir siempre un paso atrás de la vanguardia humana. La semana entrante toca el turno de explorar la cualidad tercera del nuevo liderazgo: la entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto. 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Asimismo, crisis también es una situación complicada o de escasez. Una persona puede enfrentarse a diversas clases de crisis. Una de las más comunes es la de salud, que tiene lugar cuando se experimenta un cambio importante en el curso de una enfermedad. Se habla de crisis de nervios  cuando un sujeto pierde el control de sus emociones, esto ocurre por lo general ante una situación de estrés. Otro momento de crisis para una persona suele aparecer al alcanzar una cierta edad. Se habla de la crisis de los 30 años, o de los 40 o de los 50, y se refieren a la dificultad que conlleva enfrentar los cambios propios de cada etapa de la vida. Si bien es cierto que muchos envejecen sin prestar atención a estas cuestiones y disfrutando del día a día, el cuerpo y la mente sufren modificaciones progresivas irreversibles que afectan a aquéllos que no soportan desprenderse definitivamente de las cosas. Desde un punto de vista meramente fisiológico, por ejemplo, se dice que entre los 27 y los 30 años de edad la piel deja de producir colágeno, lo que explica que sea ésta la franja etaria en la que comienzan a aparecer arrugas. Desde un punto de vista psicológico, las crisis son tan comunes como necesarias para el desarrollo de una persona. Cualquier obstáculo que se nos presente en la vida, por pequeño e insignificante que parezca a simple vista, representa un desafío que, de ser resuelto y superado, nos llevará a una nueva etapa en el espiral de nuestro crecimiento, ya que cada una de sus vueltas representa una crisis. Cabe señalar que nunca se puede descender, lo cual podría ser entendido como una involución. La crisis implica quedarse estancado en un nivel, atrapado en un estado evolutivo y negarse al progreso. Las crisis sociales, que trascienden a una persona, están dadas por un proceso de cambios que amenaza a una estructura social. 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Si bien se trata de una etapa muy difícil para un país, este tipo de crisis representa la excusa perfecta para muchas personas que no desean esforzarse por conseguir un futuro mejor; el malestar general que se asocia con épocas de crisis en ciertos países demuestra que hay una gran tendencia a bajar los brazos ante el primer obstáculo, y a lamentarse en lugar de buscar soluciones.  Una crisis política, es la situación de conflicto que amenaza la continuidad de un gobierno, por ejemplo La renuncia de tres ministros ha producido una gran crisis política en el país. Por lo que podemos concluir que siempre estaremos expuestos a una crisis social ya que forma parte del cambio y evolución de nuestro entorno. Asumamos el compromiso de transformar  las crisis en áreas de oportunidad para propiciar el cambio con un impacto social. 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Ni el concepto de familia, ni de educación, ni de trabajo, ni de relaciones de género, de maneras de relacionarse tienen semejanza alguna, y hablamos apenas de 50 años. La vida diaria y las herramientas empleadas por alguien nacido en la década de los cincuenta del siglo XX, aun si solo habláramos del aspecto tecnológico, no tienen nada que ver con la manera en que un chico nacido en el año 2000  se relaciona con el mundo y con su propia existencia. Y no se trata solo de pantallas e internet. Los cambios se dan en racimo en todos los ámbitos del quehacer humano. Lo que la emergencia sanitaria por Covid-19 está haciendo es desnudar brutalmente esa tendencia preexistente, hacerla evidente y retratarla en su justa dimensión, dejándonos en claro que no hay ningún elemento que permita suponer que esta dinámica de transformación y cambio pudiera detenerse o desacelerarse, aun cuando resulte imposible determinar el sentido y dirección de dicho cambio. Más bien, al contrario, la tendencia en el último siglo es que los cambios tengan lugar con un intervalo de tiempo cada vez menor. Del mismo modo que los individuos tenemos que ajustarnos a las nuevas condiciones, el líder debe hacer el esfuerzo análogo por abrirse al cambio, la adaptación y la rectificación cuando las medidas tomadas den muestras de no ser las óptimas. Sumado a la comprensión sistémica y global que implican los escenarios colectivos, las nuevas estrategias, soluciones y políticas públicas deben nacer ya con un plan B, C y D, con diversas variantes en cada caso, porque ésa es la realidad a la que irremediablemente habrán de enfrentarse. La vida pública y privada continuarán experimentando cambios constantes, modificaciones de forma y de fondo que no será posible pasar por alto y cada vez tendremos que adaptarnos más rápido a las nuevas condiciones, que, además, como nos ha enseñado la Covid-19, no podremos prever por anticipado. Ésta, nos guste o no, es una de las características medulares de la auténtica “nueva normalidad”. El cambio es, entonces, una variable permanente que debe considerarse siempre en la ecuación de la existencia y en cualquier plan o proyecto público o privado y por lo tanto, un factor congénito indisociable de las distintas formas de liderazgo que emerjan en la búsqueda de una gestión eficaz de los grandes problemas que pone ante la humanidad el siglo XXI. El gran reto para el líder de estos tiempos consiste en actuar en función de un escenario que de antemano se sabe cambiante e indeterminado, en vez de aferrarse a planes irrealizables para luego, cuando no hay más remedio, reaccionar tardíamente con remiendos y componendas insuficientes que condenen a sus dirigidos a ir siempre un paso atrás de la vanguardia humana. La semana entrante toca el turno de explorar la cualidad tercera del nuevo liderazgo: la entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Cabe aclarar que, aun cuando la palabra líder suele llevar antes el artículo masculino (el), no planteo de ningún modo el liderazgo como un tema exclusivamente masculino, por lo cual todas las veces la palabra sea utilizada en este texto se usa con la intención de que represente un concepto neutro en el que pueden encajar indistintamente mujeres y hombres. 2 Innerarity, Daniel, Pandemocracia. Una filosofía de la crisis del coronavirus, Primera Edición, España, Galaxia Gutemberg, 2020, P. 34 3 Morin, Edgar, Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación, Primera Edición, España, Paidós-Grupo Planeta, 2016, P. 43 Te podría interesar:

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