Frente a la planta que me traje ayer de su casa escribo estas letras y ofrezco disculpas por dedicarle mi espacio a un tema que tal vez no sea de interés público, pero que hoy es en lo único que puedo pensar.
Este fin de semana partió mi tía Sara, su corazón tan grande y flexible capaz de guardar amor para tanta gente y tantas cosas colapsó, como era de esperar. ¿De qué otra cosa podría haber muerto Sara? Una mujer que amaba tanto la vida y que estaba llena de pasiones, letras, recuerdos y belleza, finalmente su corazón reventó.
Sara era tanto que hoy no puedo entender cómo será un mundo sin su presencia física. No entiendo mucho del tema de los arquetipos femeninos, pero yo creo que Sara seria Demeter, una encarnación real de la diosa cuidadora de las plantas, senadora, cálida, con unas manos llenas de sabiduría ancestral, con una palabra para cada ocasión, con un remedio para cada problema, la visualizo siempre hablando con sus plantas, tenia muchas y bellísimas, en macetas preciosas y ademas ella las alegraba aún más, les colocaba mariposas de pewter, colgaba colibríes de sus ramas, moñitos, pequeños adornos, cantaba cuando cocinaba, siempre en los días especiales nos preparaba una inolvidable y deliciosa sopa de migas.
Yo la molestaba porque se tardaba una eternidad cocinando. Tanto platicaba y cantaba que se le iba la mañana entera en la cocina, después del arte especialmente de la pintura y la literatura temas en los que era una erudita, mujer estudiada pero sobre todo autodidacta, con una sensibilidad y un entendimiento tremendos fruto de su elevado coeficiente intelectual del que se sabia portadora pero nunca hablaba y por lo general como le pasa a la gente que entiende todo padecía. Sencilla, divertida, ocurrente, con una dislexia que hacia las delicias de los que la amábamos porque inventaba sin querer palabras compuestas y frases chuecas que se volvieron nuestro sello.
Yo, su hija putativa Perséfone hija de Demeter, que no podía contener el impulsó irrefrenable de cada tanto bajar al inframundo y volver para platicarle lo que vivi y ella encantada de recibirme siempre y escucharme y vivir en carne propia mis alegrías, era capaz de niña de portarme bien para que mis papás me dieran permiso de ir a su casa una semana en vacaciones y que era la mejor semana del año, le daba una lista de lo que quería hacer y ella se encargaba de palomear todos mis deseos, desde llevarme a Reino Aventura, prestarme sus collares para hacer una pasarela con mis primas hasta preparar juntas un pastel escuchando canciones de Enrique Guzman.
Los lugares que habitaba Sara siempre fueron increíbles: su casa llena de flores y luz, su música, sus cuadros y adornos, su primer “Salud” cuando nos tomábamos uno o muchos tequilas juntas. Tan fácil de risa como de llanto, era una de esas bendecidas personas que lloran a carcajadas su secreto, creo yo para tener un alma tan limpia era lavarla con lágrimas y darle mantenimiento con lectura y risas, hay un adjetivo que la describe perfecto “Amantisíma. Y es que como quería Sara, tenía muchísimas amigas, la adoraban sus vecinos, lo mismo su familia que el de la tiendita de la esquina, sus alumnas, y yo más que nadie, con toda mi alma, con todas mis fuerzas, yo espero, Sara, vivir muchos años y tener una casa parecida a la tuya a la que se llegue y se sepa que es un lugar seguro; espero preparar sopa de migas y que nunca me quede como a ti; espero que mi memoria sea fiel para nunca olvidar tu voz tan característica tan ronquita y tan cálida, tus palabras revueltas, tu risa, tu forma tan puntual de contar historias yéndote siempre por las ramas y haciendo de cualquier historia por sencilla que fuera un universo.
Fuiste una auténtica feminista, pero de las de verdad, no por moda, no por convencimiento, antes que se conociera el contexto, tú siempre defendiste a todas las mujeres, me enseñaste a criar en tribu, a mi y a todas, eras esa mujer siempre presta para ayudar, aconsejar, hacer tuyo el problema de la otra, contener pero también disfrutar y compartir sin límites.
Te preocupaba envejecer y dar molestias, no poder ser independiente, tu salud estaba mermando muy rápido y tal vez tú sabías que era momento de partir, me duele en el alma pero me alegra que nunca hayas tenido que pedir ayuda.
Sara, no puedo con la idea de que hoy seas ceniza, de que tu voz solo viva ya en mi recuerdo.
Si soy muy egoísta porque a lo mejor ya era tu momento, yo sé que te preocupaba no dar molestias, pero yo hubiese querido que estuvieras siempre. Las dos somos Gnósticas, no sé qué haya después de la muerte, solo espero que hayas ido a un lugar mejor.
Yo no fui tu hija, no nos teníamos que querer, elegimos hacerlo y esos son los cariños más fuertes. Nos quisimos con furia, con total aceptación y desinterés.
Vuela alto, tía Sara, y si se puede dame una señal de en dónde estarás para que yo pueda saber a dónde me quiero dirigir. Porque el cielo al que llegues es el cielo de la gente justa, que se sabe buenos chistes y ama la vida.

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