Este día de muertos, recordemos a la Democracia Mexicana (RIP)

Andaba feliz la Democracia en tierra azteca, / cuando se encontró con López Obrador…

1 de noviembre, 2022

Una de las muertes más sonadas este año será la de la democracia mexicana. Todo iba bien, o, al menos, no tan mal. En 2000, después de tantos años de que el poder actual tuviese las manos metidas en los procesos electorales, logramos la alternancia en el poder. Y, aunque perfectible, teníamos una vida democrática que iba en buen camino. Y llegó 2018. López ganó, democráticamente hemos de decir. Y todo eso está en camino a cambiar para peor. 

Con la hipermilitarización de México (que ni Calderón, en sus sueños más guajiros, pudo imaginar) y la mentada Reforma Electoral (que más que reforma, sus intenciones más bien son deformar, matar y aniquilar cualquier organismo electoral imparcial), es sencillo asegurar que la democracia mexicana ha muerto. 

Tuvimos una buena racha, Democracia Mexicana. Un poquito más de 30 años. Se dice fácil, pero es casi una vida pequeña. Te hiciste mucho del rogar, pero cuando nos diste el “sí”, fue uno de los momentos más dulces en la vida pública mexicana. La alternancia fue posible y nos llenó de alegría, especialmente a quienes lucharon por darle a las nuevas generaciones la capacidad de elegir libremente. 

No es tu culpa, Democracia Mexicana, pero López, el destructor, no te tiene contemplada en sus planes autoritarios. Ya ves cómo es el jefazo, el mandamás: a él, eso de la libertad no le gusta, le saca ronchas. Él prefiere seguir usando la miseria del mexicano como moneda de cambio, como siempre lo ha hecho. Él prefiere seguir destruyendo, pues está en su naturaleza. El emperador de Palacio Nacional nunca ha sabido construir nada más que clientelas electorales y lo poco que ha “construido” ha sido a costa de destruir algo más (como el AIFA, a expensas de destruir el AICM; el Tren Maya, a expensas de destruir la selva). 

López, el destructor, en su mundo hipersimplificado, solo es capaz de agrupar a los mexicanos en tres grupos: clientelas, adversarios y cómplices. Y en ese mundo, ni la Democracia ni la Libertad tienen cabida. Por ello, a diario el mandamás se encarga de denostar, desde su púlpito mañanero, a todo aquel que disienta. Sin embargo, como dice la sabiduría popular, “es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado”. Democracia Mexicana, pronto te volveremos a encontrar, vas a ver. López, el destructor, no va a ganar, no puede, México no se lo merece. 

Ni modo, así es esto. El famoso Primor (que comparten, en el fondo, el mismo ADN) se ha encargado de matar a la Democracia Mexicana poco a poco este 2022. Por cierto, esa alianza infame me recuerda a la línea de la vieja canción de The Who, Won’t Get Fooled Again: “Meet the new boss, same as the old boss”. Lo cual, a su vez, me lleva a la conclusión inevitable de que a los mexicanos nos ENCANTA el priismo (solo que somos demasiado tercos para reconocerlo). Nuevo nombre (Morena), pero mismos trucos y “principios” (PRI). Quien no reconozca esto es, en el mejor de los casos, un ingenuo. 

Para finalizar, en el ánimo de las fechas que se acercan, he aquí una calaverita para la pobre Democracia Mexicana:

Andaba feliz la Democracia en tierra azteca,

cuando se encontró con López Obrador,

quien toda su vida ha sido un destructor,

y este le preguntó “¿quieres una beca?” . 

La Democracia, adusta, contestó “ahorita no, gracias”. 

Y López, vengativo, le espetó un montón de falacias, 

y le ordenó a la milicia y al congreso rancio y adulón,

que mandaran a la pobre Democracia directo al panteón

 

Comentarios


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Hemos pasado de las mentiras públicas disimuladas a las mentiras descaradas y abiertas, repetidas una y otra vez sin pudor alguno tanto por el Presidente como por sus seguidores.  Como nunca, se ha hecho realidad aquello de que, parafraseando el dicho original, si el de hasta arriba miente, todos los que le siguen también mienten. Adicionalmente, si en años previos habíamos los mexicanos logrado construir algunas instituciones cuyo propósito era precisamente sanear nuestra vida pública de mentiras, tranzas, desinformación y violaciones a la ley, el gobierno morenista ha hecho lo más posible para acabar con ellas: destruyéndolas, cooptándolas o anulándolas, como ilustran los casos de la CNDH, el INAI y ahora van con todo “para destrozar” al INE. Lo mismo se puede decir de los recurrentes ataques verbales y presiones diversas a casi todos aquellos periodistas e intelectuales que denuncian y desenmascaran las muchas mentiras de las que está hecha la llamada 4T. Prohibido decir que el emperador va desnudo y la transformación anunciada involuciona de fantasía a pesadilla. Entre tanto, al señor Presidente se le han contado ya casi 100 000 mentiras en sus conferencias mañaneras (¡100 000!), más las que se acumulen. Y va cada vez peor, porque ya no se trata de mostrar sencillamente “otros datos”: Acusar al INE de “embarazar urnas” o perpetrar fraudes electorales y a Lorenzo Córdova de ser “un farsante” ya va más allá de las mentiras: es canallada. Lo mismo que explicar los accidentes cada vez más frecuentes en el metro de la CDMX por “actos de sabotaje”. Ya no digamos dar por inaugurada una refinería que quién sabe cuándo pueda funcionar si es que algún día lo hace, o presumir de un sistema de salud tipo danés cuando el desabasto de medicinas es alarmante. 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El cambio de un modelo de desarrollo autárquico y autoritario a otro de libre comercio y flujo de capitales fue obligado por la bancarrota del Estado mexicano en los años ochenta. En ese contexto se retiraron subsidios y apoyos al campo y a las empresas. Miles de campesinos y rancheros, así como de empresarios quebraron. Su destino fue la migración, vincularse a las economías informal e ilícita o morir en el desamparo. Se apostó a que la apertura comercial por sí sola resolviera el problema económico, social y político que trajo la insolvencia del gobierno. Apenas se crearon algunos organismos autónomos, algunos inútiles y cooptados por intereses económicos. Se invirtió poco y mal en construir un sistema judicial y una policía competente. Al mismo tiempo que se desmanteló el añejo aparato policial y de justicia, el narcotráfico dio un salto gigantesco gracias a que México se convirtió en puente del tráfico de cocaína y de precursores químicos para producir drogas más letales. Fue una combinación catastrófica para la seguridad y la paz. Entonces ¿dónde estamos? Ámbito económico: una parte del país se vincula con el sector exportador, el moderno de la economía. La otra mitad está en la informalidad, ligada a economías ilícitas: narcotráfico, extorsión, secuestro, cobro de piso, asesinatos… Pero entre un sector y otro hay una relación parasitaria y utilitaria: en el campo y la minería el sector informal suele proveer seguridad e incluso trabajadores al formal. Ámbito de seguridad y justicia: la liberación del sistema político desmanteló el orden autoritario, lo cual desarticuló al sistema policiaco que tenía un pie en la legalidad -pues dependía de un mando policial jerárquico- y otro pie en la ilegalidad: robaba, extorsionaba y se quedaba con los decomisos de drogas y botines de ladrones. Este doble papel permitía regular y mediar con los criminales. Su disgregación favoreció que las policías se vincularan al crimen organizado. 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La suerte nos salva de morir en un enfrentamiento o un asalto. La misma suerte nos favorece si logramos un empleo formal o nos da la espalda si no logramos emprender, pues para ello se requieren conexiones y dinero. Ante la dislocación del Estado, la narrativa ha permitido ocultar sus carencias y mantener el control político. El relato político sirve para que la gente soporte los desastres cotidianos. Los cambios, escribe Claudio Lomnitz en El tejido social rasgado, “requieren una narrativa que les otorgue una finalidad y que marque una dirección: la transición democrática y la modernización en un caso [fue el relato que dio cobijo a la fase neoliberal, que causó gran destrucción; este ciclo terminó con el inicio de la guerra a las drogas], y la “Cuarta Transformación” -con su obsesión con “la recuperación de la soberanía”-, en el otro”. 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Si las instituciones son ineficaces para exponer y combatir las mentiras y los actos deshonestos como ocurre, por ejemplo, en los regímenes totalitarios, más temprano que tarde, el orden público deviene en el horror. Debemos reconocer que la cultura mexicana, históricamente, se ha distinguido por los juegos de palabras que ocultan la verdad. Tal es el caso de los juegos de albures o aquellas legendarias “mentiras de los mexicanos”: “mañana te pago”; “la última y nos vamos”… Y nuestra clase política no ha destacado por su honorabilidad y su afán de verdad, sino más bien por los altos índices de corrupción. No es casual que seamos el país en el que “quien no tranza no avanza” o donde “la moral es un árbol que da moras” y en el que durante prácticamente todo el siglo XX vivíamos en un orden político simulado donde, pese a la letra del texto constitucional, no éramos propiamente ni república ni democrática ni representativa ni federal.  No obstante lo anterior, nunca habíamos estado tan mal como en estos aciagos días de la autodenominada “4ª. Transformación”. Los que llegaron al poder prometiendo ser, sobre todo, moralmente distintos, en efecto lo han sido, pero para mal. En estos cuatro años de gobierno “progresista”, la élite ahora gobernante ha demostrado que, en efecto, no son iguales a los de antes, sino mucho peores. Hemos pasado de las mentiras públicas disimuladas a las mentiras descaradas y abiertas, repetidas una y otra vez sin pudor alguno tanto por el Presidente como por sus seguidores.  Como nunca, se ha hecho realidad aquello de que, parafraseando el dicho original, si el de hasta arriba miente, todos los que le siguen también mienten. Adicionalmente, si en años previos habíamos los mexicanos logrado construir algunas instituciones cuyo propósito era precisamente sanear nuestra vida pública de mentiras, tranzas, desinformación y violaciones a la ley, el gobierno morenista ha hecho lo más posible para acabar con ellas: destruyéndolas, cooptándolas o anulándolas, como ilustran los casos de la CNDH, el INAI y ahora van con todo “para destrozar” al INE. Lo mismo se puede decir de los recurrentes ataques verbales y presiones diversas a casi todos aquellos periodistas e intelectuales que denuncian y desenmascaran las muchas mentiras de las que está hecha la llamada 4T. Prohibido decir que el emperador va desnudo y la transformación anunciada involuciona de fantasía a pesadilla. Entre tanto, al señor Presidente se le han contado ya casi 100 000 mentiras en sus conferencias mañaneras (¡100 000!), más las que se acumulen. Y va cada vez peor, porque ya no se trata de mostrar sencillamente “otros datos”: Acusar al INE de “embarazar urnas” o perpetrar fraudes electorales y a Lorenzo Córdova de ser “un farsante” ya va más allá de las mentiras: es canallada. Lo mismo que explicar los accidentes cada vez más frecuentes en el metro de la CDMX por “actos de sabotaje”. Ya no digamos dar por inaugurada una refinería que quién sabe cuándo pueda funcionar si es que algún día lo hace, o presumir de un sistema de salud tipo danés cuando el desabasto de medicinas es alarmante. Y tantos otros cuentos chinos.  En el gobierno más mentiroso de la historia de México, desde luego no es dato menor señalar que han plagiado sus tesis la ministra Yazmín Esquivel; el Fiscal General, Gertz y el director impuesto en el CIDE, Romero Tellaeche.  Lo que vivimos es muy grave. Tantas mentiras desde el gobierno no son irrelevantes ni meramente anecdóticas. Las mentiras destruyen. Como las drogas. Nuestra sociedad no debe permitir esto. Nos urge verdaderamente un México sin mentiras.    " ["post_title"]=> string(39) "Las mentiras destruyen, como las drogas" ["post_excerpt"]=> string(150) "“Cada mentira que contamos es una deuda con la verdad, y tarde o temprano hay que pagarla”. - Valeri Legásov (1936-1988), científico soviético." 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