El discurso para la conquista del poder del populismo

El actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró que la democracia es frágil. Dicha declaración la emitió al enterarse de la negativa de llevar a juicio político al expresidente Trump por su incitación a la violencia...

17 de febrero, 2021

El actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró que la democracia es frágil. Dicha declaración la emitió al enterarse de la negativa de llevar a juicio político al expresidente Trump por su incitación a la violencia en la fallida toma del Capitolio. 

Biden tiene mucha razón. Estamos en un momento muy complejo, asediados por profesionales de la conquista del poder que están dispuestos a todo. Para ello utilizan desde la insatisfacción por los resultados del sistema democrático hasta la manipulación de las emociones, la neurolingüística y las plataformas sociales. 

Hace algunos meses referíamos a Yascha Mounk, que en su libro El pueblo contra la democracia afirma que “hay años vertiginosos en los que todo cambia de repente. Los advenedizos toman la escena política. Los votantes claman por unas políticas que eran impensables apenas unos días antes. Tensiones sociales que llevaban mucho tiempo bullendo bajo la superficie, entran en explosiva y terrorífica erupción. Un sistema de gobierno que daba la impresión de ser inmutable parece de pronto estar a punto de descomponerse”. Hoy estamos inmersos en ese túnel.

Quienes han aprovechado este momento han sido los nuevos populistas, a través de un modelo que han refinado para conquistar el poder. Están ocasionando graves y profundas consecuencias en la sustentabilidad de los sistemas democráticos.

Han capitalizado la creciente frustración por la falta de resultados para todos y la desigualdad provocada por la globalización que ha concentrado los beneficios en pocos, para ofrecer futuros mejores pero irreales. Para ello, han creado un modelo basado en premisas que les han brindado éxito en la conquista y conservación del poder. Aquí algunas de sus características:

  • Polarizar: crear dos bandos opuestos e irreconciliables que se disputan el poder. Son  los buenos y los malos, los héroes y los villanos, los opresores y los oprimidos. Todo ello a través de una simplificada narrativa que lo hace más sencillo de comunicar.
  • Ser el redentor: presentarse como el líder bueno y honesto que viene a salvar al pueblo de su mala situación y acabar con el enemigo que lo oprime.
  • Usar una retórica intensa y de elevada densidad: ocupar la agenda pública y llenar con cantidad todos los espacios de comunicación para implantar los temas de su interés. Achicar o eliminar espacios para discutir la realidad.
  • Usar  símbolos: ante la dificultad de dar los resultados prometidos, apoyarse en símbolos que refuerzan la credibilidad de las promesas a cumplir. Usar símbolos de honestidad, humildad, cercanía con el pueblo, de justicia, de combate a la corrupción.
  • Confrontar para definir: obligar a que haya dos bloques y a definirse. Atacar a los medios de comunicación que critiquen. Condenarlos como enemigos del pueblo y descalificarlos como defensores del pasado y de los privilegios que antes gozaban.

Para incrementar la eficacia del nuevo discurso populista, hay que agregarle elementos valiosos de enfoque: usar la emocionalidad para conectar, crear narrativas simples, sencillas, cotidianas, que simplifiquen la realidad, aunque no sean racionales o se basen en mentiras a medias o mentiras completas; ser consistente en el uso del discurso y sus principales conceptos y mensajes; y alinear el discurso a las características personales del ejercicio público del poder del líder.

También se empiezan a vislumbrar técnicas muy efectivas para distraer en caso de crisis o momentos difíciles: polemizar y confrontar usando datos distintos, acusando a quienes ejercieron el poder en el pasado o desvirtuando al opositor en lo personal y no en sus planteamientos; incorporar temas polémicos en la agenda pública que sature el debate; o distraer con errores o polémicas que pueden convertirse hasta en ridículos públicos para distraer la atención y “humanizar” a los nuevos actores del poder.

Los rasgos negativos del nuevo populismo son claros y preocupantes: su visión simplificada de la democracia; el desdén por las leyes y las instituciones; la aversión a los contrapesos; la tentación de concentrar el poder del Estado en un líder único; la intolerancia a la crítica y el acoso sistemático a la prensa libre; la polarización de la sociedad; el uso de “mentiras organizadas” para crear realidades alternativas.

Pero hay que reconocer, como lo hemos dichos antes, que el populismo se nutre también de un fuerte componente simbólico: el rechazo social a los privilegios de las élites políticas y económicas, un difuso pero poderoso sentido de igualdad, el rechazo a la política y los partidos tradicionales, la fascinación por líderes anti sistémicos.  El populismo abrió una puerta a los que no tenían voz para expresar sus visiones y expectativas y convirtió su frustración en una poderosa fuerza política y electoral.

El nuevo populismo nace de las fallas intrínsecas de la democracia liberal, de reconocer  que las emociones de los ciudadanos cuentan y votan. A la par existe una gran incapacidad de entender y atender a profundidad las razones válidas de la actual insatisfacción de las mayorías.

Contacto: www.marcopaz.mx, [email protected], Twitter @marcopazpellat, www.facebook.com/MarcoPazMX, www.ForoCuatro.tv y www.ruizhealytimes.com

 

Comentarios
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Por ejemplo, de cada siete días, siempre habrá un lunes, un martes, un miércoles… y así hasta el domingo y cada uno de ellos, aun siendo cronológicamente idénticos – todos están constituidos por veinticuatro horas, de sesenta minutos cada una, de sesenta segundos cada uno– les hemos atribuido una serie de características que nos permiten comportarnos distinto en cada caso –a menos que estemos de vacaciones (fuera del tiempo), nunca será igual un domingo que un miércoles– y asignar actividades diferentes en cada caso, y esa estructura se sostiene de forma idéntica cincuenta y dos veces por año.  Ese armazón, que a primera vista puede parecer esquemático y rígido, en realidad nos permite desplegar sobre él toda nuestra creatividad. Es gracias a esta red de ciclos interconectados e interdependientes que podemos diseñar nuestra vida. 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Aceptar y digerir las pérdidas, asumir los aprendizajes, resignificar el sufrimiento que implica el final de cada uno de estos ciclos, que suele ser de importancia capital para la vida tanto cotidiana como interior y psicológica del individuo, es casi siempre la diferencia entre construir un nuevo presente con una nueva perspectiva de futuro o quedarse estancado física, emocional, sentimental o profesionalmente. Quedarse atorado en ciclo caduco se experimenta en muchos casos como un lastre, como un peso que se lleva sobre las espaldas que nos impide movernos y evolucionar.  Cerrar consciente, simbólica y de forma decidida y saludable cada ciclo que termina –amoroso, profesional, pérdida familiar, etc.– asumiendo de manera adulta los aprendizajes y pérdidas que haya implicado, equivale a la curación de una herida. 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Durante la conferencia mañanera del miércoles 19 de enero, el periodista Esteban Durán, del informativo Vanguardia de Veracruz, informó al presidente la situación que prevalece en esta propiedad, perteneciente al Patrimonio Inmobiliario Federal de 52 hectáreas…. el Hipódromo de las Américas. ¿Habrá un terreno en la Ciudad de México más valioso? En síntesis, el periodista le informó la situación. 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Por ejemplo, de cada siete días, siempre habrá un lunes, un martes, un miércoles… y así hasta el domingo y cada uno de ellos, aun siendo cronológicamente idénticos – todos están constituidos por veinticuatro horas, de sesenta minutos cada una, de sesenta segundos cada uno– les hemos atribuido una serie de características que nos permiten comportarnos distinto en cada caso –a menos que estemos de vacaciones (fuera del tiempo), nunca será igual un domingo que un miércoles– y asignar actividades diferentes en cada caso, y esa estructura se sostiene de forma idéntica cincuenta y dos veces por año.  Ese armazón, que a primera vista puede parecer esquemático y rígido, en realidad nos permite desplegar sobre él toda nuestra creatividad. Es gracias a esta red de ciclos interconectados e interdependientes que podemos diseñar nuestra vida. Es decir, que sobre los periodos natural y culturalmente periódicos, sucesivos y constantes del tipo cíclico-preestablecido montamos nuestros planes y proyectos, y la mera existencia de esos marcos temporales de referencia nos permite administrar nuestras agendas, elaborar estrategias y conseguir lo deseado. Justo lo opuesto de lo que hacemos en la segunda variedad: los ciclos-existenciales. Como seres humanos sociales, vivimos insertos en una buena variedad de ámbitos y ejercemos una diversa serie de roles. Al mismo tiempo que desempeñamos una actividad profesional o formativa, somos hijos, padres, parejas, amigos, tenemos hobbies, del mismo modo que tenemos aspiraciones, deseos, propósitos, planes, proyectos que deseamos concretar en una o varios de los ámbitos señalados y para conseguirlo llevamos a cabo una serie de actividades concretas en cada uno de los casos. Cada uno de ellos podemos considerarlo un ciclo existencial. Y además, cada ciclo existencial puede constar de varias etapas. El ejemplo más obvio: nuestro rol como pareja. Comenzamos una relación afectiva y romántica con alguien y ese ámbito se convierte, aun cuando conviva con el resto de nuestros roles, en una realidad completa por sí misma y si por alguna causa la pareja se disolviera, ese ciclo existencial terminaría. Pero quizá lejos de terminar, pase a una segunda fase y los miembros de la pareja decidan vivir juntos, para, quizá, alcanzar más adelante una etapa posterior que consista en tener descendencia.   Es difícil exagerar la importancia de cerrar completa y categóricamente un ciclo existencial antes de abrir otro en el mismo ámbito. Aceptar y digerir las pérdidas, asumir los aprendizajes, resignificar el sufrimiento que implica el final de cada uno de estos ciclos, que suele ser de importancia capital para la vida tanto cotidiana como interior y psicológica del individuo, es casi siempre la diferencia entre construir un nuevo presente con una nueva perspectiva de futuro o quedarse estancado física, emocional, sentimental o profesionalmente. Quedarse atorado en ciclo caduco se experimenta en muchos casos como un lastre, como un peso que se lleva sobre las espaldas que nos impide movernos y evolucionar.  Cerrar consciente, simbólica y de forma decidida y saludable cada ciclo que termina –amoroso, profesional, pérdida familiar, etc.– asumiendo de manera adulta los aprendizajes y pérdidas que haya implicado, equivale a la curación de una herida. Limpiarla, retirarle la pus, desinfectarla, produce dolor, inflamación, hipersensibilidad y requiere de acciones y cuidados que la conduzcan a cicatrizar por completo.  Cerrar correctamente un ciclo existencial equivale a sanar, a cicatrizar y, respondiendo a su carácter circular y temporal, generar entonces las condiciones para volver a abrir uno nuevo, pero desde un lugar distinto, fortalecidos por la experiencia y la sabiduría que el proceso nos dejó.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir  " ["post_title"]=> string(47) "Tipos de ciclo: preestablecidos y existenciales" ["post_excerpt"]=> string(196) "Cerrar correctamente un ciclo nos permite generar condiciones para abrir uno nuevo, pero desde un lugar distinto, fortalecidos por la experiencia y la sabiduría que el proceso anterior nos dejó." 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