Desde la perspectiva del destino puro

Es innegable que dentro de nuestra existencia particular nacemos inmersos en una serie de contextos que si bien no califican como destino, condicionan nuestra vida de manera muy importante.

13 de mayo, 2022

Pensar en el destino como una serie de acontecimientos predeterminados resulta desesperanzador, pues convierte la existencia en un sinsentido. 

Sin dejar de lado los contextos que nos condicionan, existen espacios de maniobra para que la voluntad humana sea ejercida. 

Si pienso en la mera posibilidad de la existencia de un destino preestablecido, lo que me vienen son unas cuantas preguntas elementales: 

¿Por qué alguien determinó que naciera una Marie Curie, un Albert Einstein, un Pablo Picasso, un Lionel Messi, una Malala Yousafzai o una Sor Juana Inés de la Cruz… mientras que esa misma inteligencia cósmica determinó que yo fuese… “solamente” yo? 

¿Bajo qué criterio se le asignan a algunos seres humanos destinos ejemplares y transformadores de su entorno, a otros se les castiga con vidas miserables de profundo sufrimiento, mientras que a la mayoría se nos condena a existencias anodinas, caracterizadas por la trivialidad y la irrelevancia?

Pensar en el destino como una serie de acontecimientos predeterminados e inmutables no sólo me parece inverosímil sino sobre todo desesperanzador. Imaginar que mi vida está irremediablemente atada a un argumento inamovible y, escrito por algo o por alguien, con un  propósito oscuro y desconocido para mí en el cual, lejos de ser un participante activo en mi propio futuro, soy como el personaje de un videojuego que sube y baja a capricho de una fuerza controladora e incomprensible, me hace sentir que la existencia carece por completo de sentido y fundamento. 

Esta manera prescriptiva de crear historias ni siquiera es una buena técnica para escribir una novela. Por más que se considere al autor como creador del universo literario que narra, incluso ahí es mucho más emocionante encararlo como descubridor de lo que los personajes hacen, respetando sus acciones y decisiones en función del carácter y temperamento del propio personaje,  que como preceptor que ordena las circunstancias y controla el futuro de todos según su capricho. A fin de cuentas, no olvidemos que el autor, por más “dios” de su mundo que se crea, depende del lector para que su trabajo tenga sentido, y éste sólo habrá de interesarse en lo que el autor dice en la medida en que las acciones y sentimientos descritos se correspondan con la lógica interna de la existencia en la que vive el lector. Si quien recibe la obra literaria no consigue mirarse en el espejo de lo narrado, el autor se quedará sólo con su creación, convirtiéndola en un paraje estéril y yermo. El autor requiere que sus personajes se expresen con verdad, aun cuando ésta no se corresponda con la “verdad” propia, tanto como los personajes necesitan del aliento de vida que les otorgan las palabras y artilugios narrativos de los que los provee el autor.   

Para esa inteligencia cósmica, como quiera que cada quien decida llamarla, tendría que ser muy aburrido presenciar a lo largo de la eternidad miles de millones de películas que ya vio y vivir preso de un spoiler perpetuo. 

Si no estoy habilitado para influir en lo que me sucede, si no soy capaz de aplicar en mi existencia y mi interacción con otros un poco de creatividad y si además las consecuencias de todos nuestros actos están ya predeterminadas, ¿qué sentido tiene cualquier experiencia? 

En la Grecia clásica el destino lo marcaba todo. El oráculo expresaba de forma enigmática los retos que el individuo consultante habría de enfrentar de forma inevitable y en muchas ocasiones la vida entera era una lucha perdida de antemano contra ese destino del que no se podía escapar. 

Tetis, diosa griega relacionada con el mar, recibió la profecía de que su hijo, Aquiles, podría tener una larga vida pero aburrida, o gloriosa pero corta, y por más que trató de protegerlo para que no muriese joven, tal y como el oráculo indicaba, no pudo evitar que el impetuoso guerrero marchase a la guerra de Troya en busca de su destino, donde efectivamente murió como consecuencia de una flecha envenenada que dio en su único punto vulnerable: el talón. 

El caso más dramático del universo clásico es quizá el de Edipo, cuyos padres, Layo y Yocasta, recibieron la terrible profecía del Oráculo de Delfos de que su hijo mataría a su padre, se casaría con su madre y usurparía el trono de Tebas. Para evitar ese perturbador destino trataron de matar a Edipo siendo bebé, pero el destino inexorable conspiró para que sobreviviera y provocó que muchos años después, sin saber que lo era, Edipo matara a su padre en un duelo callejero, se casara con su madre y se convirtiera en rey de Tebas para terminar sacándose los ojos cuando se enteró de la verdad.  

El destino para los griegos era ineludible; sin embargo, desde nuestra perspectiva actual, si el devenir traducido en infinidad de vivencias no deriva en un aprendizaje que influya en nuestras decisiones y resultados posteriores, ¿cuál podría ser la motivación para levantarse cada mañana? Si la conciencia que tengo de mi propio ser y de mis acciones no me faculta para participar en el diseño de mi ruta existencial, ¿qué sentido tiene que exista el concepto de bueno o malo, de correcto o incorrecto? Y, en última instancia, ¿qué sentido tendría existir? 

Es innegable que dentro de nuestra existencia particular nacemos inmersos en una serie de contextos que si bien no califican como destino, en efecto condicionan nuestra vida de manera muy importante. El país en que nacemos, la familia que nos acoge, el credo religioso e ideologías que estructuran nuestro carácter, las condiciones culturales, económicas y sociales en que estamos inmersos, todo ello nos ubica dentro de una serie de estructuras que muchas veces nos marcan de manera definitiva. 

Sin embargo no estamos completamente indefensos ante esta manera de experimentar el destino y, como metáfora de ficción, me gustaría tomar como ejemplo a Coleman Silk, el personaje central de la novela de Philip Roth, La mancha humana.  

Este personaje, aunque azarosamente de piel blanca, era descendiente de una genealogía de raza negra que en tiempos remotos habían llegado a América como esclavos. Ser de raza negra en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX implicaba una amplia gama de limitaciones en todos los sentidos, desde el tipo de educación que podía recibir, la clase de parejas a las que podía aspirar, la calidad de trabajos que podría obtener, entre muchas otras. Por eso Coleman, que se siente preso de la realidad que le tocó vivir, decide desafiar ese destino para construirse uno alternativo: rompe con su pasado, rompe todo contacto con su familia –con sus padres, con sus hermanos, a quienes jamás vuelve a ver–, con su linaje negro y se inventa una vida nueva aprovechando su apariencia convencional a partir de la cual su secreto era imperceptible al grado de que ni esposa, Iris Gitterman, de origen ruso y judío, nunca supo la verdad. 

De este modo Coleman, que de pronto comprendió “la facilidad con que la vida puede ser una cosa en vez de otra1”, asumió una identidad como blanco, huérfano, judío y catedrático universitario especializado en literatura griega clásica. Como afirma en alguna parte de la novela el propio narrador: no se podía tener una vida más de blanco, y gracias a ello consiguió derrotar a su destino, aunque, desde luego, no sin pagar un alto precio por ello. 

Aun cuando todos hemos vivido momentos y circunstancias inexplicables que sólo parecen comprenderse desde la predestinación, no parece que la existencia esté realmente dictada a partir de un destino absoluto y predeterminado. Sin dejar de lado los contextos que nos condicionan, todo parece indicar que existe un espacio de maniobra en el cual la voluntad humana puede ser ejercida. Pero continuaremos con esta exploración en la próxima entrega, donde exploraremos las implicaciones del azar.  

Web: www.juancarlosaldir.com

Instagram:  jcaldir

Twitter:   @jcaldir   

Facebook: Juan Carlos Aldir

1 Roth, Philip, La mancha humana, Primera Edición, México, Debolsillo-Penguin Random House, 2018, Pág. 159

Comentarios


object(WP_Query)#17951 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(15) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(78914) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "29-04-2022" ["before"]=> string(10) "27-05-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(15) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(78914) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "29-04-2022" ["before"]=> string(10) "27-05-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "opinion-y-analisis" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#17953 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(15) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(15) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#17943 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#17941 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "29-04-2022" ["before"]=> string(10) "27-05-2022" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(503) " SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2022-04-29 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2022-05-27 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (78914) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (15) ) AND ((rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish'))) GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2 " ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#17956 (24) { ["ID"]=> int(79166) ["post_author"]=> string(2) "84" ["post_date"]=> string(19) "2022-05-20 10:51:28" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-05-20 15:51:28" ["post_content"]=> string(8335) "Si el universo fuese azaroso ni siquiera se habría configurado la vida. La casualidad es sin duda un componente parcial de la realidad, pero no el único ni el preponderante. Quizá lo correcto consista en centrarnos en la aceptación de la incertidumbre como condición medular de la existencia.  ¿Eres siquiera capaz de imaginar un universo gobernado por el azar absoluto? Trata de visualizar un cosmos donde la contingencia sea total, es decir, donde no haya reglas ni constantes ni continuidad previsible de ninguna especie, donde el caos y la indeterminación constituya el devenir rutinario, donde la coherencia entre las causas y los efectos no pueda siquiera ser pensada y donde la inexistencia de patrones impida la construcción de estructuras de cualquier tipo. Lo único que puede surgir de ahí es la nada, la atomización total, el caos absoluto, porque sería un escenario sin ningún pauta o referencia a la cual aferrarse.     Lo más probable es que si el universo fuese arbitrario a ese nivel ni siquiera se habría configurado la vida. Ésta es producto de muchas variables que se desconocen, pero el desconocerlas no significa que carezcan de patrones sutiles que las condicionen y les otorguen un cauce. La evolución tiene innumerables constantes y súbitas rupturas creativas que dan lugar a nuevas formas de existencia, pero que, aun cuando no podamos conocerlas todas y mucho menos controlarlas, no necesariamente son arbitrarias.  De este modo, ante la imposibilidad de que un azar absoluto gobierne el universo, la casualidad se convierte por fuerza en componente parcial de la realidad que conocemos en equilibrio con la causalidad. En este universo de contingencia parcial, si lanzamos una moneda cien veces al aire, no es fácil predecir cuántas y en qué orden caerá arriba el escudo y en cuantas la cara, pero en la versión de azar total ni siquiera podríamos estar seguros de que la moneda caería.  Ahora pensemos, ya no esa contingencia absoluta sino una relativa. En ese universo donde la estructuras básicas y constantes como la formación de moléculas, la gravedad, los campos electromagnéticos, entre muchos otros patrones previsibles dan forma a una realidad cognoscible, así sea de manera parcial. Es en esta dimensión de la existencia donde la tensión entre la voluntad y el azar puede ocurrir. Es aquí, en ese universo estable, donde es posible identificar cómo ciertas causas anticipan ciertos efectos, mientras que muchas otras causas nos resultan desconocidas y sólo podemos inferirlas por sus efectos.  Ahora bien, diferenciemos con claridad el azar de lo arbitrario. Mientras el primero lo entendemos como una sucesión de casualidades que no están relacionadas entre sí pero forman parte de las estructuras establecidas por la evolución del cosmos, lo arbitrario se daría si los fenómenos se sucedieran sin orden ni concierto, sin referentes, sin una coherencia interna entre un acontecimiento y otro. El azar es indeterminado, pero tiene una cierta coherencia y forma parte del orden universal. Las monedas del ejemplo pueden caer cara o escudo, pero siempre caen, no podemos predecir el resultado concreto de cada lanzamiento pero sí el comportamiento general del fenómeno. Que exista el azar no significa que, de manera arbitraria, de pronto nazca un elefante que vuela, o una ballena que juegue al ajedrez.  Cuando decimos que la vida se compone de una sucesión de azares significa que los acontecimientos, las oportunidades o los inconvenientes que nos van ocurriendo no responden a ningún propósito que vayan más allá de los accidentes circunstanciales de la propia existencia. Es decir, el azar está acotado y condicionado a lo que “es posible” en determinada circunstancia, aun cuando nosotros no podamos ver esa “posibilidad”.  ¿Cuáles son las normas internas que rigen el azar? No hay forma de saberlo. El espacio de indeterminación se rige por las mismas estructuras del universo que no pueden ser alteradas por el ser humano. Si el meteorito que mató a los dinosaurios hubiese tenido una trayectoria ligeramente distinta y no pega en la tierra como lo hizo, casi seguro que los humanos nos estaríamos aquí. ¿Por qué ocurrió así y no de otra manera? No hay forma de saberlo. Lo que es un hecho es que ese acontecimiento moldeó el devenir evolutivo del planeta y dio lugar a las condiciones para que apareciéramos los humanos.  Volviendo al ejemplo de la moneda que cae escudo o cara, si llevamos a cabo cinco lanzamientos es casi imposible predecir el resultado y el orden de los mismo, pero si por medio de la estadística damos seguimiento a cincuenta mil lanzamientos en vez de cinco, entonces será posible detectar ciertos patrones que nos permiten comprender mejor el comportamiento de ese azar, acotado por las propias estructuras que lo acogen.  La posibilidad de encontrarnos fortuitamente en la calle con alguien que no hemos visto en veinte años en una gran ciudad ciertamente no es cero, pero sí una muy remota, por eso cuando ocurren circunstancias como esa nos parece casi mágico.  ¿Nuestra voluntad o nuestras intenciones –por ejemplo, pensar en ese alguien unos días antes de topárnoslo– pueden forzar ese tipo de casualidades? Es imposible saberlo con certeza. Lo que desconocemos acerca del funcionamiento sutil del cosmos es seguramente mucho más que lo que ya sabemos y por lo tanto no es posible ni afirmar ni negar categóricamente esa posibilidad. Quizá el azar, o lo que nosotros entendemos como tal, ni siquiera exista y sea tan solo una forma de interpretar los acontecimientos desde la perspectiva limitada de la Totalidad que tenemos como seres humanos, desde la cual no podemos ver muchos de los patrones cósmicos; sin embargo, sea como sean las cosas a esos niveles, es verdad que nuestra percepción nos hace experimentar un potente factor de impredictibilidad que muchas veces llega hasta lo misterioso.     Lo cierto es que esa comprensión de que somos producto caprichoso del azar y del tiempo, de que tras una concatenación de casualidades inexplicables apareció la vida que conocemos y con ella finalmente los humanos, quienes vivimos corroídos por la ansiedad y la angustia, en medio de un cosmos inmenso, inerte, incierto y vacío tampoco termina por convencer del todo y es en este nivel donde la reflexión acerca del sinsentido del azar, tiene cabida.  Una cosa es que exista un espacio de indeterminación donde entran en juego patrones estadísticos que se nos escapan y otra que el azar sea realmente la propiedad cósmica preponderante.  Sin embargo, en el otro extremo del espectro es necesario reconocer que el hecho de que deseemos un cosmos lleno de sentido y armonía, cuya evolución tenga un propósito y una razón, y que además nosotros seamos capaces de decidir voluntariamente aquello que experimentamos no es suficiente para que las cosas de verdad ocurran de ese modo, o para que, si lo son, podamos observarlas en su justa dimensión. Quizá el más grande aprendizaje al que podemos acceder consiste en dejar de preocuparnos por el azar y la casualidad, que a fin de cuentas, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control y centrarnos en la aceptación plena de la incertidumbre como una condición de la existencia humana.  Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(22) "El sinsentido del azar" ["post_excerpt"]=> string(155) "El azar y la casualidad, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control. La incertidumbre es una condición inherente de la existencia humana. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(22) "el-sinsentido-del-azar" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-05-20 10:51:28" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-05-20 15:51:28" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=79166" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17888 (24) { ["ID"]=> int(78357) ["post_author"]=> string(3) "180" ["post_date"]=> string(19) "2022-04-29 12:01:29" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-04-29 17:01:29" ["post_content"]=> string(7553) "Oigan, sé que nos hemos divertido mucho últimamente (por ejemplo, con las recomendaciones para el Día Internacional del Libro). Sin embargo, hoy quisiera compartirles algunas reflexiones sobre uno de los temas centrales en la vida pública del país: la violencia contra las mujeres y los feminicidos. Comenzaré con una anécdota sobre algo que ocurrió el fin de semana pasado.  Mi hermana y yo llevamos a nuestra madre a la aplicación del refuerzo de la vacuna contra el Covid-19 el fin de semana pasado. Yo me bajé para acompañar a mi mamá y ayudarla a caminar mientras mi hermana se quedó esperándonos en el automóvil, estacionada cerca de la entrada de la sede de vacunación. Un rato después, mi hermana tuvo que mover el coche en reversa. Al hacer este movimiento, su auto pegó, muy levemente, con otro que estaba detrás. Acto seguido, observé y escuché que un hombre se bajó de su auto para insultar a mi hermana, utilizando palabras altisonantes y misóginas, las cuales no replicaré aquí por respeto a ustedes. Corrí hacia el automóvil de mi hermana. Cuando llegué, me acerqué al hombre y le pregunté cuál era el problema más allá del golpe a su coche. Me insultó y me dijo que me fuera. Le pregunté “Tranquilo, ya viene el seguro a pagarte. ¿Por qué la agredes? Es una mujer y merece respeto”. La respuesta del hombre me dejó pasmado: “¿Y qué?”.  El daño al automóvil de este hombre no fue nada serio, todo sea dicho (si acaso existió daño alguno), y que no pudiese arreglarse con una engorrosa pero segura visita del seguro del automóvil de mi hermana. En cambio, el hombre nos gritó, en especial estaba ensañado con mi hermana, gritándole insulto misógino tras insulto misógino. Al final, el hombre golpeó la ventana del auto y amenazó a mi hermana, para después huir despavorido cuando vio que un policía estaba cerca. Al parecer, sólo era un sujeto que buscaba descargar su odio misógino con una mujer que aparentemente estaba sola.  La frase que me respondió el hombre se me quedó grabada: “¿Y qué?”. Me quedé pensando en que esa actitud es la misma que muchos agresores y feminicidas tienen: “Es una mujer. ¿Y qué? ¿Y qué que sea una mujer?”. Justo en esa frase aparentemente inocua, se encuentra la semilla de la misoginia y el desprecio por la vida de las mujeres.  Desgraciadamente, la semana pasada se confirmó que el cuerpo de Debanhi Escobar, quien apenas tenía 18 años, fue hallado sin vida en una cisterna de un motel de Nuevo León.  La violencia contra las mujeres es una plaga que permea desde asuntos triviales,  como el que les relaté, hasta la ola de desapariciones de mujeres en Nuevo León. Parece ser que, cuanto más se habla de la violencia que sufren las mujeres, más se exacerban los actos que atentan contra ellas. Por ello, mi corazón no es ajeno a la desgracia de Debanhi Escobar y el dolor y la impotencia que deben estar experimentando sus padres. Actualmente, el estado que gobierna Samuel García es azotado por una serie de feminicidios, situación digna de una serie de terror. No sé en qué momento perdimos todo el respeto por la vida humana, particularmente por la vida de las mujeres. Parece ser que ya olvidamos que todos los seres humanos, sin distinción alguna, entramos a este mundo por medio de una mujer, con todas las implicaciones biológicas y simbólicas de este hecho.  En este punto vale la pena reflexionar lo siguiente: ¿qué podríamos esperar que ocurra dentro de la sociedad si las conferencias presidenciales se utilizan como una jeringa llena de verborrea tóxica que nos inocula a diario? ¿Qué podríamos esperar si desde el púlpito presidencial se puede despreciar a las mujeres (hecho que además se aplaude), como ocurrió con Liz Vilchis, con eso de “no sabe leer, pero es honesta”?  Por ello, no es de extrañar que la reacción oficial del presidente Lopez al asesinato de Debanhi Escobar, desde su conferencia matutina (¿dónde más?), fue, por decir lo menos, tibia. Esta respuesta contrasta con los embates furibundos y constantes al INE, a periodistas y a miembros de la oposición. ¿Algún día veremos, por parte del presidente, una reacción tan apasionada ante los hechos que aquejan de facto a la sociedad mexicana? ¿O esa pasión únicamente está reservada para los asuntos prioritarios en la agenda del presidente? Claro, agarrar de punching bag a Loret de Mola reditúa mucho y es fácil. Ver al monstruo de la violencia contra las mujeres directo a los ojos, en cambio, es un asunto mucho más complicado y que requiere muchas más agallas. En este asunto, la mismísima alma de México está en juego.  Comprendo que a Debanhi Escobar no la mató ni el gobierno federal ni el gobierno local. También estoy consciente que los gobiernos no son los únicos actores públicos en el país. Pero también es cierto que el tipo de gobernantes que elegimos dice mucho sobre el tipo de sociedad que somos.  Sé que un breve texto como este poco cambiará las cosas. Pero si usted, por azares del destino, llegó a esta publicación, le dejo una pregunta que ojalá tenga el arrojo de hacerse. Es un asunto que no podemos dejar de encarar, porque mañana podría ser una hermana, una madre, una hija, una sobrina, una prima o una amiga.  ¿Qué haremos, como sociedad, para frenar la violencia contra las mujeres? Hagámoslo por Debanhi Escobar y por todas las mujeres que sufren la violencia y que son asesinadas. Hagámoslo por nuestra familia y por nosotros. Comencemos por nuestros círculos cercanos y sigamos con la reflexión de a quién elegimos para gobernarnos. No estoy seguro que deseemos un gobierno que sólo guarde su compasión para los delincuentes y para sus seguidores. No estoy seguro que deseemos una sociedad polarizada y en la que la violencia contra las mujeres crece y se normaliza. No estoy seguro que queramos ser una sociedad indiferente ante la violencia que sufren las mujeres.   Debemos decidir, como sociedad, qué alma queremos que tenga México en los años venideros: una compasiva y justa o una intoxicada por el odio y el resentimiento.   " ["post_title"]=> string(66) "La violencia contra las mujeres: la batalla por el alma de México" ["post_excerpt"]=> string(165) "Debemos decidir, como sociedad, qué alma queremos que tenga México en los años venideros: una compasiva y justa o una intoxicada por el odio y el resentimiento. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(64) "la-violencia-contra-las-mujeres-la-batalla-por-el-alma-de-mexico" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-04-29 12:02:03" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-04-29 17:02:03" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=78357" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#17956 (24) { ["ID"]=> int(79166) ["post_author"]=> string(2) "84" ["post_date"]=> string(19) "2022-05-20 10:51:28" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-05-20 15:51:28" ["post_content"]=> string(8335) "Si el universo fuese azaroso ni siquiera se habría configurado la vida. La casualidad es sin duda un componente parcial de la realidad, pero no el único ni el preponderante. Quizá lo correcto consista en centrarnos en la aceptación de la incertidumbre como condición medular de la existencia.  ¿Eres siquiera capaz de imaginar un universo gobernado por el azar absoluto? Trata de visualizar un cosmos donde la contingencia sea total, es decir, donde no haya reglas ni constantes ni continuidad previsible de ninguna especie, donde el caos y la indeterminación constituya el devenir rutinario, donde la coherencia entre las causas y los efectos no pueda siquiera ser pensada y donde la inexistencia de patrones impida la construcción de estructuras de cualquier tipo. Lo único que puede surgir de ahí es la nada, la atomización total, el caos absoluto, porque sería un escenario sin ningún pauta o referencia a la cual aferrarse.     Lo más probable es que si el universo fuese arbitrario a ese nivel ni siquiera se habría configurado la vida. Ésta es producto de muchas variables que se desconocen, pero el desconocerlas no significa que carezcan de patrones sutiles que las condicionen y les otorguen un cauce. La evolución tiene innumerables constantes y súbitas rupturas creativas que dan lugar a nuevas formas de existencia, pero que, aun cuando no podamos conocerlas todas y mucho menos controlarlas, no necesariamente son arbitrarias.  De este modo, ante la imposibilidad de que un azar absoluto gobierne el universo, la casualidad se convierte por fuerza en componente parcial de la realidad que conocemos en equilibrio con la causalidad. En este universo de contingencia parcial, si lanzamos una moneda cien veces al aire, no es fácil predecir cuántas y en qué orden caerá arriba el escudo y en cuantas la cara, pero en la versión de azar total ni siquiera podríamos estar seguros de que la moneda caería.  Ahora pensemos, ya no esa contingencia absoluta sino una relativa. En ese universo donde la estructuras básicas y constantes como la formación de moléculas, la gravedad, los campos electromagnéticos, entre muchos otros patrones previsibles dan forma a una realidad cognoscible, así sea de manera parcial. Es en esta dimensión de la existencia donde la tensión entre la voluntad y el azar puede ocurrir. Es aquí, en ese universo estable, donde es posible identificar cómo ciertas causas anticipan ciertos efectos, mientras que muchas otras causas nos resultan desconocidas y sólo podemos inferirlas por sus efectos.  Ahora bien, diferenciemos con claridad el azar de lo arbitrario. Mientras el primero lo entendemos como una sucesión de casualidades que no están relacionadas entre sí pero forman parte de las estructuras establecidas por la evolución del cosmos, lo arbitrario se daría si los fenómenos se sucedieran sin orden ni concierto, sin referentes, sin una coherencia interna entre un acontecimiento y otro. El azar es indeterminado, pero tiene una cierta coherencia y forma parte del orden universal. Las monedas del ejemplo pueden caer cara o escudo, pero siempre caen, no podemos predecir el resultado concreto de cada lanzamiento pero sí el comportamiento general del fenómeno. Que exista el azar no significa que, de manera arbitraria, de pronto nazca un elefante que vuela, o una ballena que juegue al ajedrez.  Cuando decimos que la vida se compone de una sucesión de azares significa que los acontecimientos, las oportunidades o los inconvenientes que nos van ocurriendo no responden a ningún propósito que vayan más allá de los accidentes circunstanciales de la propia existencia. Es decir, el azar está acotado y condicionado a lo que “es posible” en determinada circunstancia, aun cuando nosotros no podamos ver esa “posibilidad”.  ¿Cuáles son las normas internas que rigen el azar? No hay forma de saberlo. El espacio de indeterminación se rige por las mismas estructuras del universo que no pueden ser alteradas por el ser humano. Si el meteorito que mató a los dinosaurios hubiese tenido una trayectoria ligeramente distinta y no pega en la tierra como lo hizo, casi seguro que los humanos nos estaríamos aquí. ¿Por qué ocurrió así y no de otra manera? No hay forma de saberlo. Lo que es un hecho es que ese acontecimiento moldeó el devenir evolutivo del planeta y dio lugar a las condiciones para que apareciéramos los humanos.  Volviendo al ejemplo de la moneda que cae escudo o cara, si llevamos a cabo cinco lanzamientos es casi imposible predecir el resultado y el orden de los mismo, pero si por medio de la estadística damos seguimiento a cincuenta mil lanzamientos en vez de cinco, entonces será posible detectar ciertos patrones que nos permiten comprender mejor el comportamiento de ese azar, acotado por las propias estructuras que lo acogen.  La posibilidad de encontrarnos fortuitamente en la calle con alguien que no hemos visto en veinte años en una gran ciudad ciertamente no es cero, pero sí una muy remota, por eso cuando ocurren circunstancias como esa nos parece casi mágico.  ¿Nuestra voluntad o nuestras intenciones –por ejemplo, pensar en ese alguien unos días antes de topárnoslo– pueden forzar ese tipo de casualidades? Es imposible saberlo con certeza. Lo que desconocemos acerca del funcionamiento sutil del cosmos es seguramente mucho más que lo que ya sabemos y por lo tanto no es posible ni afirmar ni negar categóricamente esa posibilidad. Quizá el azar, o lo que nosotros entendemos como tal, ni siquiera exista y sea tan solo una forma de interpretar los acontecimientos desde la perspectiva limitada de la Totalidad que tenemos como seres humanos, desde la cual no podemos ver muchos de los patrones cósmicos; sin embargo, sea como sean las cosas a esos niveles, es verdad que nuestra percepción nos hace experimentar un potente factor de impredictibilidad que muchas veces llega hasta lo misterioso.     Lo cierto es que esa comprensión de que somos producto caprichoso del azar y del tiempo, de que tras una concatenación de casualidades inexplicables apareció la vida que conocemos y con ella finalmente los humanos, quienes vivimos corroídos por la ansiedad y la angustia, en medio de un cosmos inmenso, inerte, incierto y vacío tampoco termina por convencer del todo y es en este nivel donde la reflexión acerca del sinsentido del azar, tiene cabida.  Una cosa es que exista un espacio de indeterminación donde entran en juego patrones estadísticos que se nos escapan y otra que el azar sea realmente la propiedad cósmica preponderante.  Sin embargo, en el otro extremo del espectro es necesario reconocer que el hecho de que deseemos un cosmos lleno de sentido y armonía, cuya evolución tenga un propósito y una razón, y que además nosotros seamos capaces de decidir voluntariamente aquello que experimentamos no es suficiente para que las cosas de verdad ocurran de ese modo, o para que, si lo son, podamos observarlas en su justa dimensión. Quizá el más grande aprendizaje al que podemos acceder consiste en dejar de preocuparnos por el azar y la casualidad, que a fin de cuentas, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control y centrarnos en la aceptación plena de la incertidumbre como una condición de la existencia humana.  Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(22) "El sinsentido del azar" ["post_excerpt"]=> string(155) "El azar y la casualidad, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control. La incertidumbre es una condición inherente de la existencia humana. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(22) "el-sinsentido-del-azar" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-05-20 10:51:28" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-05-20 15:51:28" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=79166" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(39) ["max_num_pages"]=> float(20) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "25a8930074b6318fc680f55cfae37e0f" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
El sinsentido del azar

El sinsentido del azar

El azar y la casualidad, existan o no, están fuera de nuestro ámbito de control. La incertidumbre es una condición inherente...

mayo 20, 2022

La violencia contra las mujeres: la batalla por el alma de México

Debemos decidir, como sociedad, qué alma queremos que tenga México en los años venideros: una compasiva y justa o una intoxicada por...

abril 29, 2022




Más de categoría

Nuevo Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 SEP: lo que sabemos, lo que podemos hacer y lo que debemos esperar…

Como colegios, nuestro trabajo debe enfocarse en tomar lo mejor de lo que los planes oficiales puedan ofrecer, aplicarlo...

mayo 26, 2022
CORRUPCIÓN EN LA 4T

De Frente Y Claro | LA ENORME CORRUPCIÓN EN LA 4T

La reciente Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental destaca que los actos de corrupción ocasionaron pérdidas por 9...

mayo 26, 2022

Según parece, Claudia y Ricardo no salen en la foto

La carrera hacia la sucesión presidencial de 2024 ya comenzó. ¿Quiénes son los más adelantados?

mayo 25, 2022
¿Mala salud democrática?

¿Mala salud democrática?

Marco Antonio Paz nos presenta los resultados del Informe de la Libertad en el Mundo 2021.

mayo 25, 2022