Cuarto de Crisis | ¿Durazo era durazo?

Se fue. Ya no está. Y la violencia se quedó igual.  Alfonso Durazo Montaño, presentó su renuncia formal a la titularidad de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana para participar como candidato de MORENA por la gubernatura...

3 de noviembre, 2020

Se fue. Ya no está. Y la violencia se quedó igual.  Alfonso Durazo Montaño, presentó su renuncia formal a la titularidad de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana para participar como candidato de MORENA por la gubernatura de Sonora. Por lo pronto, Ovidio sigue su vida normal; lo mismo que el Mayo Sambada y el Mencho.

En un acuerdo publicado en la Gaceta del Senado, la Junta de Coordinación Política (Jucopo) dio a conocer la cancelación de la comparecencia que tenía programada Durazo Montaño ante el Senado de la República, en razón de su renuncia al cargo. “La comparecencia programada para llevarse a cabo el día 28 de octubre será pospuesta toda vez que este titular ha presentado su renuncia al cargo para atender otros asuntos”, señala el oficio dirigido al presidente de la Mesa Directiva, Eduardo Ramírez. La semana pasada, Alfonso Durazo presentó su último Informe mensual de incidencia delictiva que presento en Palacio Nacional. 

“Esto no se acaba hasta que se acaba, pero en este momento puedo decir que he decidido atender el llamado de la militancia de Sonora para buscar la gubernatura del estado, consecuentemente presentar mi renuncia a esta oportunidad de carácter histórico que me brindó el presidente de la República”, anunció en la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador. 

En los 22 meses que estuvo al frente de la dependencia, ocurrieron 65 549 víctimas de homicidio doloso y feminicidio en el país, lo que representa un incremento de 9.8% si se compara con el mismo periodo del último tramo de gobierno de Enrique Peña Nieto, en el que se contabilizaron 59 112 asesinatos, de acuerdo con los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

“Les digo a ustedes que renuncio al gabinete pero no al proyecto político que ha encabezado históricamente el presidente de la República, mucho menos renuncio a respetar, reconocer su liderazgo político la congruencia indiscutible que ha tenido el presidente en su ejercicio como gobernante me compromete a continuar en ese proyecto político sumando hasta lograr la transformación de fondo que nos hemos propuesto en nuestro país”, indicó Durazo tras anunciar su renuncia. 

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Y qué mejor manera de demostrarlo que la destitución del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Santiago Nieto, al caer de la gracia de López aprovechando el escándalo de su boda en Guatemala.  Pero llama más la atención a quién designó para ese cargo: ni más ni menos que a Pablo Gómez. Quizás ya olvidó López lo acontecido en 1999 sobre la denuncia en relación a su legitimidad para ser candidato a jefe de Gobierno. Ya con el perdón, ahora Gómez tiene que someterse, obviamente, a las órdenes de quien es el patrón en la 4T. LA DENUNCIA CONTRA AMLO EN 1999 Es importante conocer lo acontecido en noviembre de 1999, que está asentado en el texto “La Construcción de Legitimidad en Torno a la Candidatura de Andrés Manuel López Obrador a Jefe de Gobierno del Distrito Federal” de Andrés Téllez Parra, que encontré en la Biblioteca Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. 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En dicho texto la autora reflexiona acerca de cómo los seres humanos sentimos una preocupación muy real hacia los animales, al mismo tiempo que nos despreocupamos de los otros seres humanos que padecen a nuestro alrededor. Explica Marina:    “A veces me preocupa que los humanos teman ayudar a los humanos. Con los animales hay menos riesgos, menos miedo al fracaso, o a involucrarse demasiado. En las películas bélicas, miles de soldados pueden morir de la forma más atroz, pero cuando le disparan al caballo al público se le parte el alma1”. (P. 155) Enseguida nos cuenta lo que ocurre cuando un grupo de ballenas aparecen varadas en una playa: la comunidad entera se vuelca a “salvarlas”, pero…: “Cuándo nos enteramos de que la vecina tiene cáncer, no acude todo el pueblo a su casa. Nos pasamos el día empujando, excavando y humedeciendo ballenas, y luego volvemos a casa atravesando el centro y pasamos junto a vagabundos acurrucados en bancos –arrastrados a la cuneta cual ballenas–. La luna los ha hecho emerger y boquean en busca de aire entre las alcantarillas. Ellos también se están asfixiando, pero no hay cadena humana de comida en el pueblo. No se respira una palpable urgencia, ni despegan aviones.  Cincuenta ballenas varadas son una crisis tangible con una solución visible. Hay camaradería en el proceso, una fantasía estilo Liberen a Willy, una imagen de Flipper en la cabeza de todos y cada uno de los implicados. Nada tiene de romántico, en cambio, despertar a un hombre tumbado en el banco de un parque y acompañarlo a un albergue. La pequeña dosis de farisaica satisfacción procede de enviar un cheque a Oxfam International2”. (P. 155)   Hasta aquí las palabras de Marina Keegan. Desde luego que no está mal en absoluto comprometernos con el cuidado del planeta y del resto de las especies, en especial cuando somos en gran medida nosotros, los humanos, quienes devastamos los ecosistemas. Simplemente aquí, al hablar de empatía, pareciera que el proceso natural de expansión de la misma pasa primero por aceptar, proteger y cooperar con nuestros iguales.  El problema radica en que, mientras damos la vida por otras especies, entre nosotros nos despellejamos; es entonces que dicha empatía da una potente impresión de falsedad o de inmadurez.  Pareciera que tras estas conductas compasivas ocultamos nuestro miedo a la interacción humana profunda. Es muy difícil pensar en una genuina conciencia planetaria, que incluya tanto a la biosfera como al resto de las especies y que nos lleve a transformar nuestra manera de vivir de forma sustentable y masiva, que no parta de apreciarnos a nosotros mismos, de respetar a nuestros cercanos, de valorar a nuestros prójimos y de aceptar y colaborar con aquellos con que no coincidimos.   La empatía verdadera de la que hablamos aquí, esa que habrá de ayudarnos a hacer un alto en la autodestrucción y retroceder ante el abismo inminente que como humanidad se abre ante nosotros, es un sentimiento expansivo que parte de la aceptación incondicional del propio yo y va ampliándose en esferas cada vez más extendidas y abarcadoras y no un sentimiento selectivo, enfocado solo en aquellos que consideramos dignos de él.  No se trata de caer en la ingenuidad o en el buenismo simplón, pero recordemos que en nuestra búsqueda como especie por mantener nuestra viabilidad en el planeta, o nos salvamos todos o no se salva nadie. Y sin una empatía genuina este propósito será imposible de cumplir.  La siguiente semana profundizaremos más en la búsqueda de una empatía más profunda, que vaya más allá del mero acto generoso y filantrópico para sacudirnos de verdad hasta lo más hondo. Solo desarrollando una empatía como ésta conseguiremos salir del callejón sin salida existencial en que nos hemos metido.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1Keegan, Marina Evelyn, Lo contrario de la soledad, Primera Edición, Primera Reimpresión, España, Alpha Decay, 2015, Pág. 155 2Keegan, Marina Evelyn, Lo contrario de la soledad, Primera Edición, Primera Reimpresión, España, Alpha Decay, 2015, Pág. 155  " ["post_title"]=> string(42) "La empatía como motor evolutivo (parte 1)" ["post_excerpt"]=> string(181) "Popularmente la simpatía se identifica como “ponerse en los zapatos del otro”. 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