Aspirar a la igualdad nos dio libertad

Tocqueville fue testigo del nacimiento de la democracia y la transformación de la mentalidad y de la cultura que han marcado los siglos de la modernidad

22 de noviembre, 2022

Es curioso cómo las ideas en las que creemos -y determinan nuestro comportamiento- son la causa de nuestros desencuentros y hasta enfrentamientos. La raíz de nuestras disputas, hoy en día, derivan de dos añejos valores: las ideas de libertad y de igualdad. Un grupo de personas elige dar todo el peso a la libertad y el otro bando prefiere poner el énfasis en la igualdad. Sin embargo, la historia de las ideas políticas nos muestra que ambos valores son parte de la misma moneda. Lejos de ser antagónicos, el quid del enredo radica en el intento de convertirlos en absolutos (libertad o igualdad categóricas), cuando en realidad son valores relativos. Quizá la disputa sea de énfasis: qué tanta libertad y qué tanta igualdad se requiere para vivir en armonía.

Para quienes eligen como valor absoluto la libertad (en particular la libertad de emprender y del capital), puede resultar chocante que la igualdad fue la idea que abrió camino a la libertad. Es una paradoja, pero hay muchos ejemplos que así lo revelan, como pueden rastrearse en la historia de las ideas. En la actualidad también encontramos casos paradigmáticos de grupos que lograron su libertad basados en la idea de la igualdad. Sin duda, el ejemplo emblemático de esta tesis es lo escrito por Alexis de Tocqueville en La democracia en América. Me parece que nadie puede dudar de la parcialidad de la obra de este autor, escrita en 1835 (la segunda parte fue publicada en 1840). En una de las referencias a la igualdad, Pankaj Mishra cita un pasaje de ese pensador:

“Los philosophes consideraban «racional» una sociedad meritocrática en la que podían prosperar personas como ellos. Al fomentar este racionalismo, se veían como un «partido de la humanidad». Su gusto por la «política literaria», escribía Tocqueville, «se extendió a gente cuya naturaleza o situación les habría mantenido normalmente ajena a la especulación abstracta», a los cuales atrajo la «idea de que todos los hombres deben ser iguales» y «que la razón condena todo privilegio sin excepción». Por ello, «toda pasión pública se disfrazó de filosofía»” (La edad de la ira, Una historia del presente). 

Claro, los pensadores de la ilustración querían libertad para ellos, pero la democracia abrió la puerta de la libertad para todas las personas.

Tocqueville en La democracia en América dice: “La igualdad, que hace a los hombres independientes unos de otros, les da el hábito y el gusto de no seguir en sus acciones particulares sino su voluntad. Esta completa independencia de que gozan continuamente en medio de sus iguales y en el curso de su vida privada, los dispone a mirar de mala manera a toda autoridad y les sugiere la idea y el amor de la libertad política. Una inclinación natural dirige, pues, a los hombres de estos tiempos, hacia las instituciones libres. Tómese uno de ellos al azar, retrocédase, si se puede, a sus tendencias primitivas, y se descubrirá que entre los diferentes gobiernos, el que concibe más pronto y al que más se adhiere, es aquel cuyo jefe ha elegido y cuyos actos examina”.

En la misma página (725) del Libro segundo de su obra añade el pensador francés: “De todos los efectos políticos que produce la igualdad de condiciones, el amor a la independencia es el primero que hiere la imaginación, y el que más terror infunde a los espíritus tímidos… Por lo que a mí toca, lejos de echar en cara a la igualdad la indocilidad que inspira, la alabo por esto principalmente. La admiro al verla depositar en el fondo del espíritu y del corazón de cada hombre esa noción obscura y esa propensión instintiva hacia la independencia política, preparando así el remedio al mal que causa [se refiere al riesgo de esclavitud]. Por esto la considero cuando me inclino ante ella”. 

Tocqueville ve con claridad meridiana beneficios y riesgos de la igualdad.

Entre los beneficios que entraña la igualdad está su impulso a la libertad, a la independencia, a la indocilidad, a la elección por sí mismo de la forma de gobierno. La igualdad fue el incentivo que liberó a los hombres del viejo régimen aristocrático y esclavista. Pero nuestro autor no ignora sus riesgos: habla de la esclavitud. El riesgo de la igualdad como valor absoluto es el reino de la tiranía. Por esa razón el dilema entre igualdad y libertad es un asunto de énfasis. Asienta Isaiah Berlin que habría que elegir qué tanta igualdad se quiere para qué tanta libertad (Árbol que crece torcido). Y agrega: la libertad absoluta de los lobos es la muerte de los corderos. Este pensador inglés, defensor acérrimo de la libertad, no ignora los riesgos de tan crucial y caro valor.

Hay ejemplos recientes sobre cómo la igualdad es una herramienta liberadora. Es el caso de la lucha de los negros contra el racismo, la discriminación y la esclavitud. Y en nuestros días es el caso de la lucha de las mujeres, los homosexuales, los bisexuales, los trans, etcétera. El mismo propósito parece tener el llamado lenguaje inclusivo, aunque en la era de la posverdad (donde las certezas de las ciencias son puestas en duda por las convicciones) quizá haga más grande la Babel (confusión) en la que estamos; no obstante, los grandes cambios en la historia de la humanidad son paradójicos, y puede ser el caso. Lo relevante de estos temas es que permiten apreciar claramente cómo la lucha por la igualdad de derechos es el primer paso hacia la liberación.

Asimismo, Tocqueville observó cómo el espíritu de la igualdad hace más industriosos a los pueblos: “Lo primero que sorprende en los Estados Unidos, es la cantidad innumerable que trata de salir de su condición originaria y el pequeño número de grandes ambiciones que se ven en medio de ese movimiento universal de ambición. No hay norteamericano que no parezca atenaceado por el deseo de elevarse (…) Parece difícil atribuir este estado singular de cosas a la igualdad de condiciones, pues en el momento que se estableció (…) hizo nacer ambiciones casi sin límite (…) Dije en otro lugar de esta obra, de qué manera la igualdad de condiciones impelía naturalmente a los hombres hacia la industria y el comercio y cómo ella acrecentaba y diversificaba los bienes raíces; hice ver igualmente porqué inspiraba a cada hombre un deseo constante y vehemente de aumentar su bienestar…”.

Y hace una observación pertinente para nuestros días. En referencia al riesgo de inestabilidad o de revolución, afirma: “Nada hay más contrario a las pasiones revolucionarias que todas estas cosas”. Es decir, la pasión por emprender y comerciar hace que los hombres prefieran la paz. Y alerta sobre qué puede conducir a los pueblos hacia las guerras fratricidas: “Casi todas las revoluciones que han cambiado la faz de los pueblos, han sido hechas para consagrar la desigualdad o para destruirla. Si se separan las causas secundarias que han producido las grandes agitaciones de los hombres, se encontrará casi siempre la desigualdad; los pobres son los que han querido arrebatar los bienes a los ricos, o éstos han pretendido encadenar a los pobres. Si se pudiera constituir un estado social en el que cada uno tuviese algo que conservar y poco que adquirir, se habría hecho mucho por la paz del mundo”. Todas las citas son del Libro segundo de La democracia

El pensador tenía claro que la desigualdad es la causa de las agitaciones y perturbaciones sociales. Advierte: “Si Norteamérica sufriese alguna vez grandes revoluciones, las acarrearían los negros; es decir, que no sería la igualdad de condiciones, sino, al contrario, la desigualdad la que las haría nacer”. Paradójicamente, hoy no solamente la comunidad negra padece una aberrante desigualdad, sino los blancos, la principal minoría de Estados Unidos. La obra también nos proporciona señales acerca de cómo la desigualdad rompe los consensos sociales. En cambio, la igualdad propicia que: “Las principales opiniones de los hombres se hacen semejantes a medida que las condiciones se igualan”. Además, avista el poder del demagogo:

“A medida que los hombres se asemejan, el dogma de la igualdad de las inteligencias se insinúa en sus creencias y se hace más difícil a un innovador cualquiera adquirir y ejercer gran poder sobre el espíritu del pueblo (…) Observamos, por otra parte que, como los hombres que viven en las sociedades democráticas no están ligados absolutamente los unos a los otros, es necesario convencer a cada uno de ellos, mientras que en las sociedades aristocráticas, basta poder obrar sobre el espíritu de algunos, para que lo sigan todos los demás. Si Lutero hubiera vivido en un siglo de igualdad y no hubiera tenido por oyentes a señores y príncipes, acaso habría encontrado más dificultad en cambiar la faz de Europa”. 

Desde la antigüedad griega se conocía el atractivo, poder y peligro de quienes saben manipular prejuicios, emociones, miedos y esperanzas de la gente. Es el caso de nuestros días.

En suma, leer los orígenes de los grandes cambios sociales es muy revelador y aleccionador. Tocqueville fue testigo del nacimiento de la democracia y la transformación de la mentalidad y de la cultura que han marcado los siglos de la modernidad. Por ello siempre es altamente recomendable leer a los clásicos; ayudan a entender nuestro tiempo.

Comentarios


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Porque así es, la sacrosanta Cuarta Transformación normalizó lo que ni el mentado Comandante Borolas imaginó en sus sueños más guajiros. ¡Y eso que el presidente Calderón era quien nos iba a “militarizar”! LOL-azo, como escribiría la chaviza en Twitter.  La Guardia Nacional ya tiene más trabajos que los padres de familia con esta inflación. Así que, ¿por qué no tomar más tareas? Digo, en esta economía, no está de más diversificarse un poco, así que he aquí cinco trabajos más que el presidente López puede darle al “ejército-que-no-es-ejército-pero-que-sí-lo-es”.  Distribución de tacos de canasta y tamales  La vitamina T es de vital importancia en la dieta de los mexicanos. Por ello, es del interés nacional que los tacos de canasta y los tamales lleguen a todos los rincones de la Ciudad de México y a todo el país, con todo y su salsa verde, sus rajas de chile y, por supuesto, los bolillos (muy útiles para los sustos que nos va a causar  ver a personas armadas en cada esquina). La Guardia Nacional podría ser muy útil para lograrlo, con eso de su omnipresencia. Que después ya no haya medicamentos para el colesterol y el azúcar alta que nos van a causar es otro rollo, pero ¿quién nos quitará el gusto de zamparnos unos buenos tlacuaches de adobo, frijol  o chicharrón o una buena guajolota de tamal de rajas en compañía de la milicia?  Repartidores de fichas en el IMSS e ISSSTE  ¿Quién no ha estado en el frío de las madrugadas esperando una ficha para que lo atiendan en el IMSS e ISSSTE? La Guardia Nacional podría repartir las tan deseadas fichas. La última vez que asistí a una de estas filas, me dio la impresión de que había más personal repartiendo fichas (y organizando a la gente) que fichas, así que un poco de ayuda no le vendría mal a la seguridad social. Si ya los militares estuvieron en todo el asunto de las vacunas contra el Covid-19, no veo por qué no podrían hacer esto. 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Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones. Asumiendo como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen.   En enero de 2017, tras la ceremonia de investidura de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, declaró que dicha ceremonia había sido “la más atendida de la historia”, citando números desfasados y negando la enorme cantidad de material fotográfico, videos y datos procedentes de prensa, instituciones y hasta del propio transporte público que mostraban una realidad muy distinta. 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Antecedentes de la posverdad

Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX.  Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. La verdad dejó de ser algo objetivamente válido para todos y pasó, tras el abuso perverso de quien la lleva hasta la posverdad, a convertirse en una propiedad particular, donde la verdad es lo que yo interpreto como ocurrido sin importar datos, testimonios o referencias que lo desmientan.  Quienes en su momento defendieron el Brexit no basaron su postura en los hechos, sino en la creencia inducida por quienes defendían esa narrativa, de que Inglaterra estaría mejor fuera de la Unión, aunque no hubiese ningún dato objetivo que lo probara esa hipótesis.   Ken Wilber asegura que la generación Boomer, la inmediata posterior a la Segunda Guerra Mundial y primera posmoderna, educó a sus hijos, no tanto enfocados en defender la verdad, pues sabían que ésta era una construcción, sino centrados en enseñar y promover la autoestima. Sentirme validado es mucho más importante que prestar atención a los hechos. La autoestima enfocada así, asegura Wilber, no hace sino fomentar el narcisismo3 Si bien puede considerársele a Donald Trump como el rey de la posverdad, lo cierto es que se trata de una práctica mucho más extendida y popular de que se supone. Este narcisismo del que habla Wilber se manifiesta de muchas formas. Quizá la más inocua sea la representada por la “cultura selfie”, donde la realidad directamente se retoca sin pudor para que la imagen personal se adapte, no a lo que veo, no a lo que es, sino a lo quisiera ver y es esa imagen “renovada” la que se muestra como verdadera. Las redes sociales se convierten entonces en cajas de resonancia para trasmitir posverdades complacientes y reconfortantes. Pero es cada vez más habitual, y mucho más dañino para la construcción de un mundo en común, participar en discusiones que terminan con frases como esta: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya”. Ante esta forma de entender la realidad no sólo no consideramos necesario esforzarnos por encontrar puntos en común y buscar un acuerdo, ni siquiera nos interesa lo que el otro pretende decirnos con “su verdad” ni que parte de esa versión podría servirnos para ampliar o complementar la nuestra.  Estamos tan identificados con nuestras creencias y es tan frecuente encontrar voces que confirman nuestra visión, que resulta muy difícil cuestionarlas. Como asegura Rutger Bregman en Utopía para realistas4, se requiere ser tremendamente valiente para cambiar de opinión porque muchas veces implica rectificar nuestra comprensión de las cosas: “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. No sólo eso, nos volvemos aún más inflexibles que antes en nuestras creencias” (Bregman, Utopía para realistas, 2017, P. 217-218).   Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir  1Youtube, NBC News, Meet the press, “Kellyanne Conway: Press Secretary Sean Spicer Gave 'Alternative Facts’”. Enero 2017 https://www.youtube.com/watch?v=VSrEEDQgFc8 Consulta: 16 marzo 2022 2Oxford English Dictionary (2016) y definido como <relating to or denoting circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinions than appeals to emotion and personal belief>. Tomado de: Jiménez Huertas, Carme, Estamos hechos de lenguaje, Primera edición, Estados Unidos, Amazon, 2019, Pág. 238 3 Wilber, Trump y la posverdad, 2018, P. 45 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Pág. 45 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Págs. 202 4Bregman, Rutger, Utopía para realistas. 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Porque así es, la sacrosanta Cuarta Transformación normalizó lo que ni el mentado Comandante Borolas imaginó en sus sueños más guajiros. ¡Y eso que el presidente Calderón era quien nos iba a “militarizar”! LOL-azo, como escribiría la chaviza en Twitter.  La Guardia Nacional ya tiene más trabajos que los padres de familia con esta inflación. Así que, ¿por qué no tomar más tareas? Digo, en esta economía, no está de más diversificarse un poco, así que he aquí cinco trabajos más que el presidente López puede darle al “ejército-que-no-es-ejército-pero-que-sí-lo-es”.  Distribución de tacos de canasta y tamales  La vitamina T es de vital importancia en la dieta de los mexicanos. Por ello, es del interés nacional que los tacos de canasta y los tamales lleguen a todos los rincones de la Ciudad de México y a todo el país, con todo y su salsa verde, sus rajas de chile y, por supuesto, los bolillos (muy útiles para los sustos que nos va a causar  ver a personas armadas en cada esquina). La Guardia Nacional podría ser muy útil para lograrlo, con eso de su omnipresencia. Que después ya no haya medicamentos para el colesterol y el azúcar alta que nos van a causar es otro rollo, pero ¿quién nos quitará el gusto de zamparnos unos buenos tlacuaches de adobo, frijol  o chicharrón o una buena guajolota de tamal de rajas en compañía de la milicia?  Repartidores de fichas en el IMSS e ISSSTE  ¿Quién no ha estado en el frío de las madrugadas esperando una ficha para que lo atiendan en el IMSS e ISSSTE? La Guardia Nacional podría repartir las tan deseadas fichas. La última vez que asistí a una de estas filas, me dio la impresión de que había más personal repartiendo fichas (y organizando a la gente) que fichas, así que un poco de ayuda no le vendría mal a la seguridad social. Si ya los militares estuvieron en todo el asunto de las vacunas contra el Covid-19, no veo por qué no podrían hacer esto. Igual y el apoyo de la Guardia Nacional es la clave para (¡ahora sí, lo jura López!) tener un sistema de salud digno de un (gran) danés.  Conductores de transporte público Ya sé que vivimos en una verdadera utopía, más aún si hablamos de la seguridad pública. Pero, por si las moscas, estaría bien que los militares fueran conductores del transporte público concesionado. Imagínense si un malandro (¡de esos que ya solo son una memoria distante de los tiempos del prianismo!) quiere subirse y aplicar un asalto chido (Rockdrigo dixit). ¡De seguro se la pensaría dos veces al ver a un miembro de la Guardia Nacional como conductor!  

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Chambelanes en las fiestas de XV años No hay un evento tan bonito como la fiesta de XV. Si de por si ese día las chavas se la pasan muy a gusto, ahora imaginen la sonrisa en el rostro de la festejada cuando baile con un militar al compás de “Bésame en tiempo de Vals, un, dos, tres, un, dos, tres”. Por supuesto que no sería un servicio gratis y lo que gane cada chambelán se iría derechito a la bolsa de la 4T, ahí donde casi casi no hay opacidad. ¿Ingresos extra al erario? ¡Sí, por favor! El servicio podría llamarse “Chambelanes bailando para tu Bienestar” y ofrecer un descuento si se paga con vales del Gobierno de la CDMX o si se compra un tanque de Gas Bienestar (ese que se compró para preparar la carnita asada).  Seguridad en bodas (y demás fiestas)  Hablando de fiestas, ¿quién no se ha encontrado con invitados indeseables en eventos como bodas y demás reuniones? Ya saben, como el sobrino mala copa o el tío locochón que se avienta un speech imprudente sobre lo que el novio hizo en la despedida de soltero la noche anterior. La Guardia Nacional podría prestar sus servicios para brindar seguridad en las fiestas y desalojar a aquellos invitados que están aguando ocasiones que deben ser memorables. Y si los invitados no quieren abandonar la fiesta, allá ellos, porque los muchachos de López están entrenados para dar algo más que abrazos.  A ustedes, ¿qué otros trabajos se les ocurren para la Guardia Nacional?    Antes de irme, estimadas y estimados lectores:  Un Tlatoani anclado en el pasado está destruyendo al Nuevo Imperio Mexicano y sólo aquellos con libre albedrío pueden detenerlo. Lee mi primera novela, “El blues de Tláloc”, ¡y sé uno de ellos!" ["post_title"]=> string(55) "Cinco trabajos más que puede hacer la Guardia Nacional" ["post_excerpt"]=> string(153) "Ya que la GN es multiusos, Octavio García nos menciona en qué otras tareas, además de las que ya practica, se podría desempeñar esta institución. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(54) "cinco-trabajos-mas-que-puede-hacer-la-guardia-nacional" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2023-02-03 11:12:43" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2023-02-03 16:12:43" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=88500" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(48) ["max_num_pages"]=> float(24) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "e6001d7c9bd47f2f4b439dcd01001a7d" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["allow_query_attachment_by_filename":protected]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
la Guardia Nacional

Cinco trabajos más que puede hacer la Guardia Nacional

Ya que la GN es multiusos, Octavio García nos menciona en qué otras tareas, además de las que ya practica, se podría...

febrero 3, 2023
Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones. Asumiendo como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen. En enero de 2017, tras la ceremonia de investidura de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, declaró que dicha ceremonia había sido “la más atendida de la historia”, citando números desfasados y negando la enorme cantidad de material fotográfico, videos y datos procedentes de prensa, instituciones y hasta del propio transporte público que mostraban una realidad muy distinta. Más tarde, cuando en entrevista televisiva, le preguntaron a la Consejera de Presidencia, Kellyanne Conway, acerca de dichas declaraciones, respondió, esbozando una enigmática sonrisa, que los datos inventados por Spicer no eran falsos sino “hechos alternativos”, a lo que el presentador de NBC News, Chuck Todd, le respondió: "Los hechos alternativos no son hechos. Son falsedades". Y dicho periodista hizo énfasis en otra cosa más: si en su primera presentación ante la prensa, y acerca de un hecho en última instancia tan intrascendente, el nuevo gobierno era capaz de mentir de un modo tan flagrante y cínico, qué podría esperarles en el futuro. El equipo del expresidente Trump no reconocía estar mintiendo. Paras ellos la nueva versión de la verdad, construida a partir de sus propias percepciones, era tan válida como los conteos objetivos y las referencias históricas de las toma de posesión anteriores. La verdad era producto de la percepción y su validez se asentaba en el hecho simple de considerarla como tal. El Oxford English Dictionary asegura que la posverdad “denota circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que aquellos que apelan al emoción y a las creencias personales”. Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. De hecho se basa en una premisa muy simple, sostenida en la visión posmoderna que afirma que la verdad no existe, sólo versiones o interpretaciones de la realidad. Tras asumir como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen, y es ese territorio ambiguo el individuo se siente con la capacidad de construir una versión de los acontecimientos que reflejen aquello que desea expresar. La verdad ya no es sólo relativa a una perspectiva o un contexto, ya no es que se vea influida por la interioridad, los miedos, las creencias o los deseos de un individuo, sino que simple y llanamente es producto de la voluntad de quien la crea. La Posverdad se ajusta a las conveniencias de quien pretende imponerla y es inmune a cualquier evidencia empírica u objetiva si ésta contradice los prejuicios, ideología, visión del mundo o, incluso, apetencias u odios coyunturales de quien la defiende. Equivale a aceptar que vivimos en un mundo donde los hechos dejan de ser objetivos y se convierten en optativos, donde lo concreto se ajusta a la interpretación personal del momento y, aunque en principio parece cómodo y satisfactorio, a la larga nos obliga a vivir en un mundo incierto donde no hay referentes comunes a los cuales asirse. Antecedentes de la posverdad Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX. Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. La verdad dejó de ser algo objetivamente válido para todos y pasó, tras el abuso perverso de quien la lleva hasta la posverdad, a convertirse en una propiedad particular, donde la verdad es lo que yo interpreto como ocurrido sin importar datos, testimonios o referencias que lo desmientan. Quienes en su momento defendieron el Brexit no basaron su postura en los hechos, sino en la creencia inducida por quienes defendían esa narrativa, de que Inglaterra estaría mejor fuera de la Unión, aunque no hubiese ningún dato objetivo que lo probara esa hipótesis. Ken Wilber asegura que la generación Boomer, la inmediata posterior a la Segunda Guerra Mundial y primera posmoderna, educó a sus hijos, no tanto enfocados en defender la verdad, pues sabían que ésta era una construcción, sino centrados en enseñar y promover la autoestima. Sentirme validado es mucho más importante que prestar atención a los hechos. La autoestima enfocada así, asegura Wilber, no hace sino fomentar el narcisismo. Si bien puede considerársele a Donald Trump como el rey de la posverdad, lo cierto es que se trata de una práctica mucho más extendida y popular de que se supone. Este narcisismo del que habla Wilber se manifiesta de muchas formas. Quizá la más inocua sea la representada por la “cultura selfie”, donde la realidad directamente se retoca sin pudor para que la imagen personal se adapte, no a lo que veo, no a lo que es, sino a lo quisiera ver y es esa imagen “renovada” la que se muestra como verdadera. Las redes sociales se convierten entonces en cajas de resonancia para trasmitir posverdades complacientes y reconfortantes. Pero es cada vez más habitual, y mucho más dañino para la construcción de un mundo en común, participar en discusiones que terminan con frases como esta: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya”. Ante esta forma de entender la realidad no sólo no consideramos necesario esforzarnos por encontrar puntos en común y buscar un acuerdo, ni siquiera nos interesa lo que el otro pretende decirnos con “su verdad” ni que parte de esa versión podría servirnos para ampliar o complementar la nuestra. Estamos tan identificados con nuestras creencias y es tan frecuente encontrar voces que confirman nuestra visión, que resulta muy difícil cuestionarlas. Como asegura Rutger Bregman en Utopía para realistas, se requiere ser tremendamente valiente para cambiar de opinión porque muchas veces implica rectificar nuestra comprensión de las cosas: “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. No sólo eso, nos volvemos aún más inflexibles que antes en nuestras creencias” (Bregman, Utopía para realistas, 2017, P. 217-218). Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir

La posverdad, el extremo de la patología posmoderna

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enero 27, 2023




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