Siete billones de presupuesto…y se decreta pobreza (primera parte)

El populismo siempre abre un nuevo horizonte cuando desgasta otro. El populismo nunca cede a la razón porque la razón y el entendimiento les son ajenos.

1 de agosto, 2022 se decreta pobreza

Iniciaba la década de los noventa; surgía preocupación por el tamaño del Estado y también por los alcances de la economía. Ya era sentimiento general que las economías eran de mercado y las asfixiaban las políticas públicas, asfixia en cuanto al margen de acción. La iniciativa para dimensionar el tamaño de la economía inició en el Varsity Club del este norteamericano con la Universidad de Yale a la cabeza. Para 1993 la Escuela de Chicago, así llamada por su criterio de evolución y pensamiento económico lanzó como pronunciamiento el término neoliberal. Era una renovación en la dialéctica del momento, un simple despegue del liberalismo de siglos, para diferenciar una concentración en mercados y apertura de fronteras, dando por descontada la influencia del capital. Años atrás surgían las interpretaciones de ventajas comparativas que añadían a los caminos de la especialización impulsada por el esquema neoliberal. 

Podemos observar en esta breve descripción del neoliberalismo un afán estrictamente económico o comercial si abundamos en sus consecuencias más inmediatas. El término economía de mercado adecuó esta circunstancia con mayor exactitud para describir una gama inclusiva en el orden internacional. También podríamos observar que no existe un concepto doctrinario o fórmula cautiva de pensamiento; el modelo simplemente actúa como impulsor de fuerzas de mercado y entre ellas, muy notoriamente, la competencia. Esta concepción no puede entenderla un populista. El populismo por definición –si cabe alguna  en el populismo– reta la apertura. El populismo es un modelo cerrado y contemplativo. Es un modelo pasivo, discursivo y prácticamente estático en su concepción de mando. 

El populismo desde luego parte de un esquema social, de eso no existe duda. La interpretación del Contrato Social adopta bases uniformes para reinterpretar necesidades sin clamor individual. Esto significa un modelo vertical que anula de origen la individualidad. Al no existir individualidad entonces existe un supletorio que intenta diluir las capas sociales para que los estratos se identifiquen unos con otros, pero el sentido vertical de su estructura plasma en el último estrato ese concepto ancestral y hoy casi extinto: la igualdad. Es claro que esta visión no permite señales de otras economías como tampoco permite injerencia de satisfactores de ningún orden. Si lo hiciera, lastimaría la concepción de igualdad. 

Retomando la igualdad como punto de partida y desde luego discrepancia con economías abiertas, podemos imaginar nuestro último punto de diferencia en los mercados internos o de consumo. Los pasos intermedios se llamarían ingreso aunado a los derivados de las cadenas productivas que ya llenaron los espacios de venta, costos, utilidades y renta, en ese orden. Es el último punto el foco central del modelo popular, la renta. Es la renta el ingreso del Estado. En un Estado absolutista prácticamente no existe renta. En un Estado Federal como el nuestro, desde luego existe porque la contribución al producto no radica en el Estado. Los agentes productivos en el modelo mexicano producen mucho más allá de las disposiciones que pudiera tener el gasto público Si sumamos los bienes y servicios de la nación, los agentes privados generan la mayor parte del producto o riqueza de la nación. 

Derivado de lo anterior, la situación del ingreso pertenece, para ser considerado una derivación de agregados de valor, como cualquier otro costo, de las cadenas de producción. Si el ingreso adapta un poder adquisitivo, demanda bienes y satisfactores en relación directa a la oferta derivada de las mismas cadenas de producción. En este punto el modelo popular choca con las ofertas no correspondidas desde la dispersión de recursos captados de la renta productiva. Esta imperfección se llama dádiva y es simple reciclaje de auténticos derivados de valor y no es ingreso. Al integrarse esta imperfección, disloca la oferta por no corresponder a una demanda integrada a procesos productivos. Es una primera llamada a un proceso conocido como inflación.

El gobierno actual disloca el ingreso, lo confunde en una dispersión que justifica en la premisa inicial de este texto, la uniformidad o igualdad. Al situar niveles de ingreso conforme a criterios especulativos de bienestar, irrumpe en forma natural la aspiración individual ya citada en párrafos anteriores. Entonces viene la interpretación que desplaza las capas sociales y todo estrato para dotar de grandeza insospechada la magnificencia de la obra pública. Esta centralización de funciones acapara el gasto corriente de la nación. Para esta circunstancia no existe mesura porque la concesión de subsistencia ya quedó probada en la dotación calculada desde el poder para evitar una situación contestataria. 

La brecha que borra el populismo entre la magnificencia y la precariedad ya quedó sembrada en la aceptación tácita del ingreso que interrumpió los órdenes productivos que la ciudadanía cautiva no conoce y tal vez jamás conocerá. Para el populismo no hay capas intermedias, para el populismo es todo para el poder, poco para la población y nada no existe, porque sería una regresión al reclamo original que le dio sustento. Cuando esto ocurre,  el discurso acomoda el futuro en un presente estático en funciones de mando y ya se comentó. Todo se sitúa en un presente acomodaticio, precario, pletórico de revanchas y desquites ante un pasado fantasmagórico cargado de mezquindad. 

El populismo siempre abre un nuevo horizonte. Lo abre cuando desgasta otro. El populismo nunca cede a la razón porque la razón y el entendimiento son ajenos y la cerrazón es propia y cautiva de fronteras y horizontes cerrados. Entonces enardece el nacionalismo y los valores que han sido usurpados en aras de la riqueza de otros. Surge la pobreza como insignia y estandarte de justicia. Pero en un sistema de agentes productivos es preciso buscar un equilibrio y si no lo hay, una salida porque la recaudación no cesa. Entonces el gasto debe ser insuficiente para el sueño emancipador y correctivo. 

Continuará…

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