“Leverage”, el concepto que la 4t ignora…

Como cada lunes, Manuel Torres Rivera reflexiona sobre el impacto de las políticas populistas del gobierno en la economía mexicana.

8 de agosto, 2022 Leverage

Creo que fue el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) el que tradujo el término de Leverage y lo llamó Apalancamiento Financiero. Como sea, el término describe una capacidad de endeudamiento. Algunas décadas atrás, los créditos o programas de financiamiento a plazo extendido se suscribían hipotecando bienes. En esos años, los bancos comerciales se hicieron de predios, plantas, bienes traducidos a raíces siempre. Naturalmente esto contravenía la estricta operación bancaria y comercial de sus giros. Operar los activos incautados era una salida simple, pero la especialización no existía, por tanto los intentos resultaron en una cadena de vicios interpretativos todos para abultar los esquemas de dirección y actividades todas ajenas a regulaciones de banca. Desde luego se crearon áreas para resolver lo que en la estructura de los bancos simplemente no cabía: la expansión industrial. 

Tal vez los errores de interpretación sean más costosos que los operativos; los primeros pueden obedecer a circunstancias fortuitas, los últimos son gerenciales y obedecen a decisiones propias del giro del negocio. Esta gran diferencia puede significar e impactar en estructuras verticales de mando, tangenciales u horizontales. Las primeras son operativas, las intermedias por casos no previstos y las últimas por ambición de captura. Si el mundo de los negocios no conoce frontera, porque por definición si las bases de un negocio se encuentran en el seno del control, entonces la implementación, siguiente paso, debe resolverse por simple presencia y custodia de activos, premisa indispensable. Pero no es así y la banca comercial lo reconoció en el tiempo.

La especialización resolvió el tema de la deuda para adecuar la experiencia a la capacidad de pago; los activos formaron parte de la dotación esencial en la creación del efectivo necesario para en tiempo relativamente programado, pudiera cubrirse el adeudo original y satisfacer a la vez, horizontes más ciertos en el crecimiento o expansión de la idea original. Nacía la banca de inversión. Nacía la banca que daba credibilidad y certeza a la consecución de un producto, al desarrollo de nichos de mercado, a la competencia y finalmente a la excelencia. Se alejaban las garantías reales en planta y equipo y se daba margen a la concepción del talento empresarial.

La transición en turno que gobierna a México no lo entiende. Esta gestión actual no entiende de riesgos, de plazos, de planes de negocios porque lo que entiende o trata de explicar es una confusión de términos y mezcla de conceptos retardatarios en su gran mayoría para destacar negocios públicos por encima de los privados, premisa inicial que retomo de unos de los primeros pronunciamientos del actual presidente. Como la ideología del presidente no existe por simple carencia de sustento, entonces sitúa un discurso disperso en el fondo pero robusto en la forma, la que redunda en subjetividades sin posible comprobación y alcance. 

Desde luego que toda pronunciación vaga cobra efectividad en la realidad. En el tema del crecimiento económico, el presidente sienta un precedente que simboliza su precario conocimiento de la economía al enfrentar datos que la simple contundencia anula cualquier defensa. Justificar hechos nunca ha sido defensa porque las realidades de hoy día a las realidades del pasado que enarbola en ese peregrinar insulso de cada mañana, se conocen en tiempos plagados de tiempo real y oportuno. No queda nada por ocultar y el presidente lo ignora. Su confusión económica, intencional o no, deja plasmada en aseveración errónea  el rumbo del país en materia económica. No queda nada por decretar, en ese impulso autoritario y sectario que lo caracteriza. La voluntad presidencial es revertida por la realidad del panorama económico que reta con fórmulas anquilosadas en el nacionalismo redentor cuando las fórmulas reales se agotan.

El endeudamiento no lo concibe el presidente como una fórmula que coadyuva al desarrollo cuando el crecimiento lo sostiene. No puede pagarse lo que no se genera en el tiempo. La deuda de largo plazo en términos corporativos es una suma de recursos propios pero no generados en el tiempo. México no genera capacidad de pago porque no crece. La realidad es lo que el presidente detesta oír: un sexenio perdido en crecimiento. Desde luego lo es, los índices de recuperación de los tres sectores primario, secundario y terciario, no superan el 1% en lo que va del año, pero la recuperación viene de tasas negativas de consideración. No es la pandemia, es el abandono de las cadenas productivas. 

El punto que más debería preocupar es la deuda. Se ha acumulado sin control en este sexenio y el gravamen está por supera el 50% del producto y las causas son de simple deducción analítica: sostener la operación de PEMEX es no solamente la peor de las decisiones en materia económica, es improcedente ante la insolvencia de la petrolera por al menos cincuenta años. No es ético comprometer el haber nacional en una aventura sin destino y sin rédito. Conocemos de sobra las tres aventuras de esta transición y desde ahora se pronostica el cierre inminente de las tres por su inoperancia, una vez manos responsables tomen control del gobierno del país. 

La capacidad de endeudamiento nunca ha sido contemplada por esta transición en turno; en realidad yo personalmente pienso que no es consideración prioritaria como tampoco ha sido la salud y el bienestar que tanto pregona. Yo declaro una total irresponsabilidad del presidente, una profunda ignorancia y una propensión al desquite y revancha sin par. No puede concebirse el descuido de los números que suman derrota tras derrota en un gobierno por demás fallido, impetuoso y convulso en la dispersión de sus ideas y creencias, pero confundido y omiso en la representatividad de una economía que jamás equiparará sus alcances con las naciones perdedoras que alumbran el camino tortuoso de la transformación inexistente y desde ahora extinta. 

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