The Sparks Brothers: cuatro lecciones de vida 

 Reseña del documental The Sparks Brothers.

1 de abril, 2022

El 2021 fue el año de Sparks, el dúo musical extraordinaire conformado por los hermanos Ron y Russell Mael. No solamente estrenaron la película musical Anette (de la que puedes encontrar mi opinión acá): también estrenaron una canción en colaboración con Todd Rundgren (Your Fandango) y, lo que nos concierne el día de hoy, el documental The Sparks Brothers. Este filme fue dirigido por Edgar Wright, creador que tiene en su haber películas como Shaun of the Dead y Baby Driver.

         Debo decir que desde que se anunció el documental, mi corazón se llenó de alegría por saber que el dúo californiano (¡por fin!) recibiría un justo reconocimiento. La semana pasada el documental arribó discretamente a los servicios de streaming, mediante renta o compra digital. 

Si algo podemos retomar de Sparks es el espíritu de ser diferentes así que, con ello en mente, hagamos de este texto una reseña especial, conformada por cuatro lecciones de vida que podemos extraer de este filme.

El sentido del humor es una virtud

El documental inicia y termina con un par de demostraciones del humor idiosincrático de los Mael. En el primer segmento del filme, los hermanos responden algunas frequently asked questions y las respuestas son hilarantes. Por ejemplo, a la pregunta sobre la tendencia sexual de Sparks, Ron, tecladista y compositor mayoritario de las canciones de Sparks, responde “mi tendencia sexual es medio cachonda”. Otra joya en ese mismo segmento es la respuesta a sobre cuántos álbumes más harán y Russell, único vocalista en todos los álbumes del dúo, comenta que “con los avances en la tecnología médica, esperamos que haya otros 200 o 300 álbumes de Sparks”. 

Al final del filme, para rematar, los hermanos nos dan algunos datos que son “100% verdaderos sobre Sparks” (es decir, totalmente falsos). Por ejemplo, que “Ron ha escrito muchas novelas bajo el nombre de John Le Carré” o que “Russell, entre 1989 y 1993, fue conductor de NASCAR”. 

Esto es una extensión del humor que Sparks imbuye en sus canciones. Como se menciona en el filme, que algo se trate de forma humorística, no significa que no sea importante. El dúo, tal vez sin pretenderlo, exhibe un paralelismo con la obra de Kurt Vonnegut, otro ícono americano, quien en su obra aborda temas profundos con el sentido del humor como su principal herramienta. Por ello, a veces han sido criticados por ser «demasiado ligeros» o «superficiales». Sin embargo, el uso del sentido del humor es una de las mayores virtudes de Sparks. Ya existen muchos músicos y grupos que ejemplifican la ira, tristeza o desesperanza de manera directa. Sin embargo, el humor siempre ayudará a sobrellevar la vida de mejor manera. Así que apliquemos más sentido del humor en nuestra vida diaria. 

Si gustan una prueba de esto, denle play a la canción I Married Myself del álbum Lil’ Beethoven de 2002. Claro, en principio nos podemos reír de lo absurdo que resulta la idea de que alguien se case consigo mismo (lo cual, no dudo, es posible que ya haya ocurrido); después, podemos sentir un poco de lástima por una persona que sea así de egocéntrica; finalmente, podemos concluir que la canción también encierra un comentario social sobre el narcisismo de la época actual. La magia de Sparks es justo esa: permitirnos apreciar sus canciones en diferentes niveles.  

Nuestras obras son lo más importante

Si algo es conocido sobre Sparks es, irónicamente, lo desconocida que es la vida personal de Ron y Russell. Así que si usted es un fanático de los Mael y desea conocer sobre sus vidas privadas…buena suerte para el siguiente documental, ya que este trata exclusivamente sobre su música. Para algunas personas, esto puede afectar el disfrute del filme. En estos tiempos estamos acostumbrados a que los artistas muestren una public persona «ultra empática» y con «vidas transparentes para todos sus fanáticos», lo cual a veces roza en el exhibicionismo puro. Por ejemplo, pienso en el caso de Adele y la manera en la que comparte acontecimientos relevantes de su vida por medio de las redes sociales.

Los Mael, por otro lado, lo tienen muy claro: su música (es decir, su arte) es lo único que debería importarnos sobre ellos. Para las personas que gusten de las historias de sexo, drogas y rocanrol, tal vez este documental resulte aburrido (y prefieran desempolvar su copia de The Kids Are Alright de The Who o de la película biográfica de The Doors con Val Kilmer). Aquí no hallaremos mucho sobre la vida personal de Ron o Russell, más allá de historias breves sobre cómo iban al cine con su padre Meyer o cómo Miriam, la madre, los llevó a Las Vegas a ver a The Beatles. 

Deberíamos seguir el ejemplo de Sparks y evitar clavarnos tanto en las vidas privadas de los artistas (o de cualquier persona) y valorar más que nada su arte (o sus obras, en el sentido amplio del término). Ya lo dijo Jesucristo: «por sus frutos los conoceréis». Antes de juzgar a tal o cual persona por sus vidas privadas, deberíamos ver primero qué hacen y cómo lo hacen, ya que lo verdaderamente importante reside en nuestras obras (sin importar el campo en el que nos desempeñemos). 

La resiliencia nos ayudará en tiempos difíciles

Ron y Russell han sido más camaleónicos y, me atrevería a decir, más innovadores que el propio David Bowie. Por ejemplo, Sparks estuvo en los albores del electro pop y new wave con el álbum No. 1 In Heaven de 1979. La influencia del par se siente en los álbumes clásicos de Pet Shop Boys, Depeche Mode y Duran Duran.

Los Mael han tenido que reinventar su carrera en diferentes épocas, como una especie de ave fénix bicéfala. Del glam rock bailable de Kimono My House de 1974 pasando por el pop electrónico de Gratuitous Sax and Senseless Violins de 1994 hasta llegar al pop cuasi sinfónico de Lil’ Beethoven de 2002, Sparks han tenido que evolucionar en el tiempo. 

Porque a veces así ocurre: debemos cambiar constantemente para mantenernos vivos (al menos en el sentido espiritual). Si fracasamos en algún proyecto, debemos dar un paso atrás, evaluar la situación y corregirla. Por ejemplo, en el documental se menciona que después de la indiferencia que recibió el álbum Balls, lanzado en el 2000, el cual seguía anclado en el electro pop, Sparks tuvo que cambiar de rumbo. ¿El resultado? El excelente y ya mencionado Lil’ Beethoven, con arreglos sinfónicos y letras que parecen mantras y que resultan pegajosas como la miel. Fue un cambio radical e inesperado, como los que a veces debemos aplicar para salir del estancamiento y de nuestra zona de confort. 

El mundo puede ser injusto

Esta es una dura verdad: no importa cuan talentoso seas, el éxito puede nunca llegar. Pero los Mael nunca se dejaron vencer por los fracasos. Como decía Kurt Vonnegut acerca de dedicarse a la literatura, el arte a veces es más una carrera de resistencia que de velocidad. 

En The Sparks Brothers, uno de los temas recurrentes es la falta de éxito comercial a lo largo de los años, lo que nos deja esta pregunta: ¿cómo estos músicos de enorme talento, creadores de música pop y rock novedosa pero a la vez accesible, con un sentido del humor inigualable, son prácticamente desconocidos para el gran público, el cual parece decantarse por propuestas más vacías y superficiales?

No tengo idea.

Lo que sí queda claro al finalizar el documental es que la principal motivación de los Mael es crear y comunicar algo, produciendo un mejor mundo como efecto colateral. Podrían haber tomado la ruta fácil y, ante la falta de hits radiales, desbandarse (como ocurrió con muchas bandas en los setenta) y conseguir otros empleos. Sin embargo, el amor de Sparks por la música y el arte es inspirador. Definitivamente, no querría vivir en un mundo incapaz de producir a artistas como Ron y Russell Mael. 

Así como ellos, nosotros también debemos aprender a lidiar con un mundo injusto, que podrá burlarse de nosotros a pesar de todo nuestro talento y empeño. Y ser como Sparks: seguir adelante, creando y trabajando en lugar de dejarnos vencer por esta vida.  

Me parece que podemos sacar más lecciones de este documental pero, para no hacer el cuento largo, ahí la dejamos, como diría el clásico. Eso sí, le hago una petición a usted, estimado lector: si le interesa el rock y pop que se ha creado de 1970 a la fecha, por favor, vea The Sparks Brothers. De ser posible, sígase con la discografía completa del dúo en la plataforma de streaming de su preferencia. Tanto el documental como los álbumes constituyen un viaje delicioso con dos de los genios musicales más infravalorados del siglo XX. 

The Sparks Brothers está disponible para compra o renta digital en Amazon Prime Video y Apple TV+. 

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CARTAS A TORA 267

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