¿Quién fue Ernesto Blunac?

Desfallecientes se mostraban ya las postreras ventiscas invernales de 1875, cuando se hallaba de regreso en La Paz el joven Ernesto Blunac. Su edad la estimé entre 20 y 22 años pero, saber en qué puerto levó...

9 de junio, 2021

Desfallecientes se mostraban ya las postreras ventiscas invernales de 1875, cuando se hallaba de regreso en La Paz el joven Ernesto Blunac. Su edad la estimé entre 20 y 22 años pero, saber en qué puerto levó anclas el buque o goleta en que arribó, así como cuál fue su profesión, su nacionalidad o ascendencia, son interrogantes que difícilmente podré contestarme. Mediante escuetos informes acerca del mencionado visitante, sé que el último día de aquel invierno terminó de escribir su atribulado poema titulado “A un pueblo”, dedicado precisamente  al virginal pueblo paceño de finales del siglo XIX y, que se publicó el 27 de marzo del mismo año en el rotativo local “La Baja California”.

El poema reviste gran calidad. Algunas de sus estrofas expresan:

Diez años hace que tu virgen suelo,

en la edad infantil yo conocí;

pura mi alma, cual el claro cielo,

nunca una nube de dolor yo vi.




 

Por eso yo al verte suelo hermoso,

un suspiro mi pecho exhaló;

pues recuerdo el tiempo que dichoso

gocé yo aquí y hoy ya voló…

 

¿Más qué hacer! sufrir y entre tanto

que nos presta la vida su ilusión;

recibe pueblo de mi voz el canto

que te dedica mi pobre corazón.

 

De acuerdo con el poema, Ernesto Blunac conoció La Paz cuando era un niño de diez o doce años, supuestamente acompañado por sus padres durante un viaje de placer entre 1863 y 1865; donde su alma infantil encontró un espacio de dicha y de incomparable seguridad, aunque en contraparte, sus inocentes ensoñaciones experimentaron un viraje inesperado. Es posible que ese niño,  por esos días se encontraba rondando el umbral de su adolescencia, y al  tener que abandonar esta Tierra se sintió desprotegido y, de manera violenta presintió que ya no volvería a ser feliz; pues al decir del educador y filósofo alemán Eduard Spranger, “el primer rasgo característico (de la adolescencia temprana) es una profunda soledad”. 

Esperaba ver un mundo casi utópico. Pudiéramos decir que transitó en un constante vaivén, dando tumbos por doquier; en fin, le tocó una atormentada existencia, según él mismo lo expresa en otras estrofas de su poema: “El mundo se mostró muy lisonjero… y al penetrar en él hallé la muerte… pues al cruzar el mar de las pasiones en su furia las olas nos envuelven… eterno sufrir es la existencia”.

Este joven calificó al destino como su “rudo compañero”; posiblemente con el correr de los años cambió su concepto acerca del destino, desechando esa actitud determinista, muy distinta  a la asumida por Amado Nervo, pues al considerarse arquitecto de su propio destino, el poeta nayarita estaba plenamente consciente del recurso del libre albedrío, pues es un acto voluntario y racional, que en opinión del humanista Gutiérrez Sáenz no contradice a Dios, ya que, efectivamente, Él es “causa primera de todo cuanto acontece, pero eso no quita su poder a las causas segundas”.

Me figuro ver a Ernesto Blunac recluido en su cuarto escribiendo el poema. Afuera de su hotel veo a unos hortelanos ofreciendo sus productos casa por casa: ¡Marchantita, llegó la fruta y la verdura! Calle abajo un pescador con su palanca en hombros pregona: ¡Caguamaaaa! , y en la lejanía escucho los lamentos de un robusto “cochi” que acaba de entregar su vida a don Cipriano el matancero. 

A estas griterías se solidarizan los rebuznidos desde el sur del pueblo, los mugidos desde el norte, y una sinfonía de graves ladridos y agudos maullidos en la acera contraria al hotel. Sale una regordeta señora con una escoba hecha con fibras de palma datilera apartando a los contendientes de esa batalla campal: el “Pinto” y el “Barrabás” salen de estampida, mientras los felinos barcinos saltan al tejado de madera.

Esta situación no parece perturbar al bardo, que continúa humedeciendo pluma en el tintero; cuenta sílabas, tacha, vuelve a escribir… 

Rumbo al sureste se divisa una nube de polvo. Poco a poco se escuchan más fuerte las pisadas y, en unos minutos se perfila en la calle una impresionante diligencia, la que desde las  cuatro de la mañana partió desde “El Triunfo”; para ser más preciso, desde enfrente de la casa del señor Manuel Pérez. Al llegar frente al “Hotel del Progreso”, donde está la estación, el cochero tira con fuerza de las riendas y los extenuados caballos se lo agradecen con varios resoplidos.

El poeta deja la pluma y se asoma por la ventana de su aposento; desde allí observa al presuroso cochero saltar del pescante, quitarse el chambergo y ofrecer su diestra para que desciendan las güeras Mrs. y Miss Mc Kinnon, o lo que es lo mismo, un par de ropajudas y sudorosas inglesitas. La diligencia se retira lentamente a la caballeriza… en su costado leo la razón social: “Compañía de diligencias de la Baja California”.

Ernesto Blunac retoma su pluma de ave, y escribe el siguiente verso…

Comentarios
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Es cierto que en torno a ella se agrupan egos enormes,  costumbres estrafalarias y peculiaridades diversas que tienen mucho que ver con la sensibilidad de sus miembros, pero también con su conocimiento de la condición humana y el contacto con la sociedad en la que viven;  es verdad también que no pocos de sus miembros nos parecen inaccesibles, incomprensibles y a veces un tanto excéntricos,  que resulta innegable que el talento, el conocimiento y, aunque no esté de moda hablar de preparación o estudios, su capacidad de articular mensajes para compartir con la sociedad lo hacen un gremio distinto a la gran mayoría de los colectivos. Por eso la autoridad debe acercarse, si no con ciertas precauciones, sí con una óptica diferente. Administrar la cultura no es solo establecer presupuestos, fijar metas programáticas o construir monumentos faraónicos, se trata de ejercer liderazgo. El movimiento muralista no hubiera sido posible si al frente de la política cultural no hubieran estado líderes; el propio Palacio de Bellas Artes no existiría sin el concurso de muchos que vieron en unas ruinas la posibilidad de expresar la historia estética de México, lo mismo podríamos decir de las campañas de alfabetización de los primeros años de la postrevolución y las de principios de la segunda mitad del siglo XX; del movimiento cinematográfico que llevó a eso que llamamos la Época de oro y, al final y al cabo, no se hace un Premio Nobel de Literatura por sí mismo si no es a través de una comunidad cultural pujante, fortalecida con objetivos claros y que tiene vías eficientes para  expresarse y comunicarse con el mundo. Hoy no tenemos liderazgo ni tenemos a dónde ir.   Desde el porfiriato,  al frente de la cultura nacional estuvo la Secretaría Educación Pública o el Ministerio Instrucción Pública, en su momento, algunos de sus liderazgos son proverbiales y se quedaron permanentemente en el imaginario colectivo: la guía de Jaime Torres Bodet, la de Justo Sierra, la visión revolucionaria y alfabetizadora de José Vasconcelos. Con el tiempo, la creación del Instituto Nacional de Bellas Artes implicó la modernización de estructuras con el compromiso de los Contemporáneos y en su momento, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes congregó en torno a Víctor Flores Olea y a Guillermo Tovar y de Teresa, por ejemplo, esfuerzos y visiones muy diversas. Siempre fue claro que la comunidad cultural y no solo sus grandes exponentes, sino ella en su conjunto, resulta mucho más poderosa que el gobierno que la sirve, que las autoridades que administran sus recursos. Por eso, solo en aquellos casos en los que se ejerce un liderazgo real, tuvimos grandes momentos aun en medio de fuertes presiones. Eso es justo lo que extrañamos.   Una propuesta cultural no puede medirse por los hechos que conmemora ni por los monumentos que pretende construir, mucho menos por los que desmonta. Su éxito radica en su capacidad para formular una visión de futuro, una explicación del presente y una comprensión del pasado, una visión en la que todos quepamos y en  la que cuenten tanto los vencedores como los vencidos; un ajuste de cuentas abierto por el cual los más jóvenes aprendan las fuentes de la tradición y las técnicas de expresión en que los más viejos puedan cerrar sus ciclos y entregar cuentas sobre la creación y su forma de ver el mundo; un enfoque en el que los protagonistas se sirvan del gobierno no solo como una fuente de financiamiento sino como un foro desde el cual hablar y con el  cual comunicarse.   Hay que reconocer que si alguna autoridad tuvo celo para cumplir con las medidas de aislamiento fue la Secretaría de Cultura, tanto que parece haber desaparecido. Su silenciosa voz ofrece el mensaje de que hoy la cultura no es un tema importante, ni siquiera secundario. Al iniciar la pandemia intentó con una especie de festival permanente en la red “Contigo la distancia”, originalísimo bolero, que apenas cubrió las necesidades básicas de acceso a la cultura exclusivo para quienes están dentro de la inclusión digital, lo cual no es mucho, proyectos que nunca dieron conclusiones efectivas; pero lo que faltó y sigue faltando es rumbo y destino. Al principio de este gobierno, pensábamos que la Secretaría de Cultura podía funcionar como un centro operador de la ideología del Estado, una especie de coordinador del discurso que nos dijera quiénes somos en medio de esta transformación, qué queremos ser y cuáles serían los límites de la igualdad o los alcances de la democracia; hoy no albergamos esa esperanza. A lo mucho quisiéramos un pequeño empujón para dejar hacer y para dejar pasar, porque lo que es innegable es que los colectivos de artes, literatura, danza o música, se coordinaron de maneras inverosímiles para seguir llevando salud mental, paz y tranquilidad, gozo y belleza a quienes no podían disfrutarlo de otra manera y es muy probable que si bien estamos en medio de una ola de violencia, ésta hubiera sido peor si no hubiera estado presente la cultura.   Seamos francos, si la cultura goza de buena salud, no ha sido por el apoyo de su Secretaria.  Los rumores gobiernan y no sabemos si el Instituto del derecho de autor va a desaparecer o no, porque no hay declaraciones claras en ese sentido ni ningún otro, porque no sabemos si en realidad los fideicomisos muertos van a servir de otra manera para apoyar la vida cultural. La cultura está sana porque no puede detenerse, porque no podemos dejar de comer ni de respirar, porque nuestra condición humana no nos permite vivir exentos de belleza y de diálogo; y solo por eso, porque hay quienes seguimos jugándonosla todos los días, con pequeños capitales y grandes esfuerzos, para expresarnos y  decir lo que los ancestros dijeron a través de nosotros y lo que las próximas generaciones necesitan escuchar, es que hoy por hoy podemos decir que nuestra cultura ha sobrevivido como sobrevivirá muchas veces más, pero esta vez, sin duda, no será gracias a algunos funcionarios escondidos detrás de vistosos cubrebocas.   @cesarbc70" ["post_title"]=> string(20) "Aire para la cultura" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(5) "65486" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-18 08:44:36" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-18 13:44:36" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=65486" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17576 (24) { ["ID"]=> int(66354) ["post_author"]=> string(2) "32" ["post_date"]=> string(19) "2021-06-04 05:20:03" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-06-04 10:20:03" ["post_content"]=> string(21157) "Una vez más estaba yo sentado frente a las dos cajas que se habían vuelto el centro de mi atención durante los últimos tiempos. Don Marcelino (increíblemente amable y atento) tuvo el detalle de regalarme una taza de café para que lo disfrutara mientras revisaba “mis tesoros”, como ahora los llamaba él. Me hizo gracia que esta vez el café no estaba en un jarrito de barro sino en una tacita de peltre azul pálido como la que luego le robaba yo a mi nana Concha en la casa de Churubusco. Cuando llegó Don Marcelino al mirador con el café, me preguntó si no había problema con la humilde taza; la verdad me dio risa y le conté que frecuentemente le pedía el café a mi nana en una taza parecida. Cuando le dije de mi nana, puso cara de incredulidad, y me dijo: - ¿De veras tiene usted nana? - Desde chiquito hasta la fecha, Don Marcelino. Ante mi respuesta tan contundente, sonrió y me dejó en el mirador alejándose mientras decía: - Lo increíble es que se lo creo, se lo creo… ¿En qué orden revisaría yo esos diarios y esos álbumes? Pensé que la mejor forma era seguirlos revisando al azar, pero iniciando con el diario de 1934 que hasta entonces no había leído. Este diario no era de Matilda sino de su mamá. Al inicio, contenía una anotación que decía: Jeri H. O’Shea, diary 1934. Por curiosidad busqué el 14 de marzo para ver si Jeri Claymon había hecho alguna entrada en el cumpleaños de Matilda. Después de hojear sin ver más que las fechas, encontré la del martes 13 de marzo. Puse el diario un momento sobre el tocador, y tomé un poco de café que me permitía disfrutar mi tarea/aventura más relajadamente. Al inicio de la entrada escrita por Jeri Claymon, había un dibujo firmado por M.C. Era un pastel con nueve velas encendidas, rodeado por dos niñas y un niño con gorritos típicos de las fiestas infantiles. Justo debajo de las figuras de las niñas estaban los nombres: Betty y Ale; me llamó la atención que el niño del dibujo no tenía indicado su nombre… Justo debajo de la imagen, comenzaba la anotación que hizo ese día Jeri Claymon. Martes 13 de marzo 1934. (* Al final, versión original en inglés). Querido diario, Matilda cumple nueve años mañana. Estuvimos horneando su pastel de chocolate y lo decoramos con betún amarillo canario con adornos azules y rosas, además de un letrero escrito con dulla para poder aplicar las letras de betún azules diciendo: ¡Felicidades Matilda! Matilda anoche era un torbellino. Le dije que no podíamos dejar la cocina hecha un desastre porque Tracy (la cocinera) tiene suficiente trabajo todos los días como para dejarla que limpie el tiradero que hicimos, de manera que nos dimos a la tarea de dejar todo como lo habíamos encontrado antes del experimento de repostería. Al terminar, Matilda tenía la cara maquillada con betún y se veía adorable. Soy una mamá consentidora, pero no lo puedo evitar. ¿Cómo podría ser de otro modo, cuando me hace tanta gracia su ingenio y su alegría? Después de lavar a conciencia todo lo que ensuciamos, Matilda tuvo que bañarse aparte de dar su ropa a lavar. Llevamos una semana en San Francisco; Matilda se asombra de todo lo que ve; le encantó ir al parque de las bellas artes y al Golden Gate; mañana vamos a ir a Sausalito al otro lado del puente, para pasar el día y después regresaremos a casa de mis papás para celebrar su cumpleaños. Mis papás adoran a Matilda y la consienten todo lo que pueden; ella, naturalmente, está encantada de haber venido a casa de sus abuelos. Mis hermanas la adoran y la quieren traer de arriba abajo todo el tiempo; Matilda se deja querer y está fascinada de haberlas vuelto a ver. Ginny, que todavía vive con mis papás, es su favorita, aunque quiere mucho a Peggy y a María y ha descubierto a sus primos con los que juega y se divierte mucho. Las compañías mineras inglesas y americanas que operan en Chihuahua y Zacatecas han logrado establecer una especie de puente aéreo con algunas ciudades de Estados Unidos, gracias a lo cual, ahora podemos vernos un poco más frecuentemente. Mis papás y mis hermanas están felices con Matilda, querrían que nos quedáramos aquí siempre. Yo apenas puedo creer cuánto ha crecido y lo lista que es; apenas ayer la cargaba en mis brazos recién nacida y ahora es una niña inquieta que quiere aprender todo lo que puede. Me da mucho gusto que lea todo lo que cae en sus manos; le encantan las historias de Emilio Salgari; ahora está leyendo África Tenebrosa de Stanley, que descubrió en la biblioteca de mis papás que, al ver su fascinación con el libro, se lo regalaron por su cumpleaños. Nos encanta verla tan feliz. Jeri C. ________________________ La crónica del cumpleaños seguía en el diario del jueves 15. Tenía yo francamente mucha curiosidad y seguí leyendo. Jueves 15 de marzo 1934. (* Al final, versión original en inglés). Querido diario, Ayer fue un día maravilloso. Cuando me levanté por la mañana, Matilda seguía dormida todavía; es natural, porque ayer no paró ni un instante. Le cantamos las mañanitas y también happy birthday; despertó de inmediato y nos regaló una gran sonrisa mientras tendía sus brazos diciéndole a su papá que quería que la cargara. Emmanuell la sujetó como siempre y en una maniobra que a Matilda le encanta, la montó sobre sus hombros y fuimos al comedor a desayunar. Después de desayunar fuimos a la iglesia a dar las gracias, y luego a mediodía, llegaron mis hermanas con sus esposos y mis sobrinos. Matilda pidió que le prepararan estofado irlandés que descubrió desde que una vez lo hice en Zacatecas y le encanta. Comimos en familia muy contentos poniéndonos al día de las noticias y chismes típicos durante la sobremesa. Matilda y sus primos Kevin, Patrick y Oona se pasaron la tarde andando en bicicleta; Matilda adora andar en bicicleta todo lo que puede; dice que le encanta sentir el aire en las bajadas; yo le pido que tenga cuidado porque podría lastimarse. Cuando los llamamos para que Matilda apagara las velas de su pastel, vinieron corriendo. Matilda muy orgullosa les dijo a todos que había horneado el pastel con “un poco” de mi ayuda… Todos se rieron muy alegres y aplaudían sus dotes de repostera. Al momento de apagar las velas, cerró los ojos y pidió silencio muy seria; se veía adorable con las velas encendidas enmarcando su carita de ángel. Cuando por fin las apagó, todos le aplaudimos y ella no ocultaba su felicidad. Mis papás le regalaron el libro de África y una hermosa muñeca con cara de porcelana; Emmanuell le regaló una edición muy bonita de la Isla del Tesoro de Stevenson, que viene dentro de un gran sobre amarillo y tiene cubiertas azul marino de tela; el libro está precioso con ilustraciones grabadas en acero y algunas láminas a colores. Mi hermana Oona le regaló un prendedor de esmalte que es una bicicleta de carreras, porque sabe que le encantan. Peggy le regaló unos lápices de colores muy bonitos y un cuaderno con las páginas en blanco que tiene las pastas de piel con su nombre grabado. María le dio otro libro que Matilda le pidió cuando mi hermana le preguntó qué era lo que le gustaría que le diera por su cumpleaños. Un regalo que le gustó muchísimo fue una bolsita de tela llena de canicas de colores; tenía una tarjetita que solamente decía “para Matilda” atada a la bolsita con un lazo pequeño. No supe quien tuvo la idea de regalarle canicas, pero parecía que le hubieran regalado brillantes a una princesa. ¿Quién entiende a las mujeres, a cualquier edad? De verdad somos muy bendecidos; no puedo más que agradecer a Dios y pedirle que esta dulce niñita sea siempre muy pero muy feliz. Jeri C. ________________ Me quedé pensando en las dos entradas de ese diario; pude imaginar el ambiente festivo en casa de los abuelitos de Matilda para quienes tener a su nieta de visita en San Francisco, tenía que ser un acontecimiento maravilloso sin importar que fuera o no fuera su cumpleaños. No me pasó desapercibida su afición por la bicicleta; me llamó mucho la atención la bolsita de canicas; ¿Quién se la habría regalado? Releí lo dicho por su mamá sorprendida al verla tan feliz con sus canicas, como una princesa que hubiera recibido diamantes como regalo. La podía yo imaginar sin dificultad, jugando con sus primos a las canicas sin importarle ensuciar sus rodillas. Algo que me llamó especialmente la atención hasta conmoverme fue que, sujeta con grapas a la última página de esa entrada, en una bolsita de celofán, estaban nueve velitas de color amarillo pálido, cuyos pabilos negros evidenciaban que habían sido utilizadas. Tenía yo ante mis ojos no solamente una descripción hecha por su madre, sino un vestigio vivo y personalísimo del momento en que Matilda, con apenas nueve años, había pensado un deseo al apagarlas; y todo precisamente el 14 de marzo. Al apagar esas velitas ¿qué habría pedido? Poco antes de cumplir 9 años como ahora ella cumplía, me llevaron de mi casa al internado en Virginia; para entonces ya había yo pasado muchos ratos mirando desde la casa Ralph hacia el acantilado donde estaba Los Olvidos; cuando se es tan pequeño, no han llegado a nosotros las ilusiones que florecen con la adolescencia, pero percibimos, nos damos cuenta, entendemos y soñamos. Al ver las nueve velas que guardaban en sus pabilos apagados el deseo de aquella niñita de 9 años me imaginé jugando canicas con ella, leyendo las aventuras de Salgari, enseñándole mis cochecitos de juguete; habríamos podido ser amigos fácilmente. Parecería increíble, pero poniendo un poco de atención, veía a Matilda apagándolas para cumplir el inocente ritual de sus sueños infantiles. ¿Qué le hubiera regalado yo de haber estado ahí aquel día? Pensé en varias posibilidades. Le habría dado uno de mis soldaditos Lineol alemanes para que la cuidara siempre; un carrito de metal y posiblemente también una bolsita de canicas, ¿Por qué no? Matilda era en ese momento, una amiga y compañera de juegos con la que me hubiera encantado ir al pueblo de Churubusco por pan, o subirme a la rama de un árbol y sentarnos ahí a escuchar a las aves y platicar de las aventuras que ella leía. Palpé las velitas sin sacarlas de su bolsa; recordar que nacimos el mismo día me transportó a su fiesta; éramos así en ese instante, dos amigos de la misma edad; amigos a pesar de la distancia y de la quimera del tiempo nacidos un 14 de marzo. La vi frente a mí del otro lado de la mesa; la vi cerrar los ojos disponiéndose a formular su deseo; vi la alegría en sus abuelos y sus papás; observé a sus primos y a sus tíos; vi su sonrisa que seguiría siendo la misma; por un instante sentí que podía verme; entonces, sonriéndole, le dije feliz cumpleaños Matilda, y al cerrar el diario, pude escuchar el mar cantando alegremente en la escollera. __________________________________ (*) Jeri H. O’Shea Claymon Tuesday March 13, 1934. Dear Diary, Matilda turns nine tomorrow. We were with my mother baking her chocolate cake and decorated it with canary yellow frosting with blue and pink decorations, as well as a sign written with dulla to apply the blue frosting letters saying: Congratulations Matilda! Matilda last night was a whirlwind; I told her that we couldn't leave the kitchen in a mess because Fidela (the cook) has enough work every day to let her clean up the mess we made, so we set ourselves the task of leaving everything as we had found it before the baking experiment. When finished, Matilda had her face made up with shoe polish and she looked adorable. I'm a pampering mom, but I can't help it. How could it be otherwise, when I am so amused by his wit and joy? After thoroughly washing everything we got dirty, Matilda had to bathe apart from giving her clothes to wash. We have been in San Francisco for a week; Matilda is amazed at everything she sees; he loved going to the fine arts park and the Golden Gate; tomorrow we are going to go to Sausalito across the bridge, to spend the day and then we will return to my parents' house to celebrate their birthday. My parents adore Matilda and spoil her as much as they can; she is naturally delighted to have come to her grandparents' house. My sisters adore her and want to bring her up and down all the time; Matilda lets herself be loved and is fascinated to have seen them again. Ginny, who still lives with my parents, is her favorite, although she loves Peggy and Maria very much and has discovered her cousins who she plays with and has a lot of fun with. The British and American mining companies that operate in Chihuahua and Zacatecas have managed to establish a kind of Air Bridge with some cities in the United States, thanks to which we can now see each other a little more frequently. My parents and sisters are happy with Matilda; they would like us to stay here forever. I can hardly believe how much she has grown and how smart she is; just yesterday I was carrying her in my arms as a newborn and now she is a restless girl who wants to learn everything she can. I am very glad that you read everything that falls into your hands; he loves the stories of Emilio Salgari; He is now reading Dark Africa by Stanley, who he discovered in my parents' library that, seeing his fascination with the book, they gave it to him for his birthday. We love seeing her so happy. Jeri C. _________________________________ Thursday March 15, 1934. Dear Diary, Yesterday was a wonderful day. When I got up in the morning, Matilda was still asleep; it's natural, because yesterday he didn't stop for an instant. We sing him the Mananitas and also happy birthday; She woke up immediately and gave us a big smile as she held out her arms telling her dad that she wanted him to carry her. Emmanuell held her as always and in a maneuver that Matilda loves, she mounted her on her shoulders and we went to the dining room for breakfast. After breakfast we went to church to give thanks, and then at noon my sisters arrived with their husbands and nephews. Matilda asked for an Irish stew that she discovered since I once made it in Zacatecas and she loves it. We ate as a family very happy, catching up on the news and typical gossip during the after dinner. Matilda and her cousins Kevin, Patrick, and Oona spent the afternoon riding their bikes; Matilda loves to ride her bike as much as she can; says he loves to feel the air on the downs; I ask you to be careful because you could hurt yourself. When we called for Matilda to blow out the candles on her cake, they came running. Matilda proudly told everyone that she had baked the cake with "a little" of my help... They all laughed happily and applauded her pastry skills. At the moment of extinguishing the candles, he closed his eyes and asked for very serious silence; she looked adorable with the lit candles framing her little angel face. When he finally turned them off, we all applauded and she made no secret of her happiness. My parents gave her the Africa book and a beautiful porcelain-faced doll; Emmanuell gave her a very nice edition of Stevenson's Treasure Island, which comes in a large yellow envelope and has navy blue cloth covers; the book is beautiful with illustrations engraved in steel and some colored plates. My sister Oona gave her an enamel pin that is a racing bike, because she knows she loves them. Peggy gave her some very nice colored pencils and a notebook with the blank pages that have the fur pastes with her name engraved on. Maria gave her another book that Matilda asked for when my sister asked her what she would like her to give her for her birthday. One gift that he really liked was a cloth bag full of colored marbles; she had a little card that only said "for Matilda" tied to the bag with a small bow. I didn't know who had the idea of giving her marbles, but it seemed like they had given a princess diamonds. Who understands women, at any age? We are truly very blessed; I can only thank God and ask him that this sweet little girl is always very, very happy. Jeri C." 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Es cierto que en torno a ella se agrupan egos enormes,  costumbres estrafalarias y peculiaridades diversas que tienen mucho que ver con la sensibilidad de sus miembros, pero también con su conocimiento de la condición humana y el contacto con la sociedad en la que viven;  es verdad también que no pocos de sus miembros nos parecen inaccesibles, incomprensibles y a veces un tanto excéntricos,  que resulta innegable que el talento, el conocimiento y, aunque no esté de moda hablar de preparación o estudios, su capacidad de articular mensajes para compartir con la sociedad lo hacen un gremio distinto a la gran mayoría de los colectivos. Por eso la autoridad debe acercarse, si no con ciertas precauciones, sí con una óptica diferente. Administrar la cultura no es solo establecer presupuestos, fijar metas programáticas o construir monumentos faraónicos, se trata de ejercer liderazgo. El movimiento muralista no hubiera sido posible si al frente de la política cultural no hubieran estado líderes; el propio Palacio de Bellas Artes no existiría sin el concurso de muchos que vieron en unas ruinas la posibilidad de expresar la historia estética de México, lo mismo podríamos decir de las campañas de alfabetización de los primeros años de la postrevolución y las de principios de la segunda mitad del siglo XX; del movimiento cinematográfico que llevó a eso que llamamos la Época de oro y, al final y al cabo, no se hace un Premio Nobel de Literatura por sí mismo si no es a través de una comunidad cultural pujante, fortalecida con objetivos claros y que tiene vías eficientes para  expresarse y comunicarse con el mundo. Hoy no tenemos liderazgo ni tenemos a dónde ir.   Desde el porfiriato,  al frente de la cultura nacional estuvo la Secretaría Educación Pública o el Ministerio Instrucción Pública, en su momento, algunos de sus liderazgos son proverbiales y se quedaron permanentemente en el imaginario colectivo: la guía de Jaime Torres Bodet, la de Justo Sierra, la visión revolucionaria y alfabetizadora de José Vasconcelos. Con el tiempo, la creación del Instituto Nacional de Bellas Artes implicó la modernización de estructuras con el compromiso de los Contemporáneos y en su momento, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes congregó en torno a Víctor Flores Olea y a Guillermo Tovar y de Teresa, por ejemplo, esfuerzos y visiones muy diversas. Siempre fue claro que la comunidad cultural y no solo sus grandes exponentes, sino ella en su conjunto, resulta mucho más poderosa que el gobierno que la sirve, que las autoridades que administran sus recursos. Por eso, solo en aquellos casos en los que se ejerce un liderazgo real, tuvimos grandes momentos aun en medio de fuertes presiones. Eso es justo lo que extrañamos.   Una propuesta cultural no puede medirse por los hechos que conmemora ni por los monumentos que pretende construir, mucho menos por los que desmonta. Su éxito radica en su capacidad para formular una visión de futuro, una explicación del presente y una comprensión del pasado, una visión en la que todos quepamos y en  la que cuenten tanto los vencedores como los vencidos; un ajuste de cuentas abierto por el cual los más jóvenes aprendan las fuentes de la tradición y las técnicas de expresión en que los más viejos puedan cerrar sus ciclos y entregar cuentas sobre la creación y su forma de ver el mundo; un enfoque en el que los protagonistas se sirvan del gobierno no solo como una fuente de financiamiento sino como un foro desde el cual hablar y con el  cual comunicarse.   Hay que reconocer que si alguna autoridad tuvo celo para cumplir con las medidas de aislamiento fue la Secretaría de Cultura, tanto que parece haber desaparecido. Su silenciosa voz ofrece el mensaje de que hoy la cultura no es un tema importante, ni siquiera secundario. Al iniciar la pandemia intentó con una especie de festival permanente en la red “Contigo la distancia”, originalísimo bolero, que apenas cubrió las necesidades básicas de acceso a la cultura exclusivo para quienes están dentro de la inclusión digital, lo cual no es mucho, proyectos que nunca dieron conclusiones efectivas; pero lo que faltó y sigue faltando es rumbo y destino. Al principio de este gobierno, pensábamos que la Secretaría de Cultura podía funcionar como un centro operador de la ideología del Estado, una especie de coordinador del discurso que nos dijera quiénes somos en medio de esta transformación, qué queremos ser y cuáles serían los límites de la igualdad o los alcances de la democracia; hoy no albergamos esa esperanza. A lo mucho quisiéramos un pequeño empujón para dejar hacer y para dejar pasar, porque lo que es innegable es que los colectivos de artes, literatura, danza o música, se coordinaron de maneras inverosímiles para seguir llevando salud mental, paz y tranquilidad, gozo y belleza a quienes no podían disfrutarlo de otra manera y es muy probable que si bien estamos en medio de una ola de violencia, ésta hubiera sido peor si no hubiera estado presente la cultura.   Seamos francos, si la cultura goza de buena salud, no ha sido por el apoyo de su Secretaria.  Los rumores gobiernan y no sabemos si el Instituto del derecho de autor va a desaparecer o no, porque no hay declaraciones claras en ese sentido ni ningún otro, porque no sabemos si en realidad los fideicomisos muertos van a servir de otra manera para apoyar la vida cultural. La cultura está sana porque no puede detenerse, porque no podemos dejar de comer ni de respirar, porque nuestra condición humana no nos permite vivir exentos de belleza y de diálogo; y solo por eso, porque hay quienes seguimos jugándonosla todos los días, con pequeños capitales y grandes esfuerzos, para expresarnos y  decir lo que los ancestros dijeron a través de nosotros y lo que las próximas generaciones necesitan escuchar, es que hoy por hoy podemos decir que nuestra cultura ha sobrevivido como sobrevivirá muchas veces más, pero esta vez, sin duda, no será gracias a algunos funcionarios escondidos detrás de vistosos cubrebocas.   @cesarbc70" ["post_title"]=> string(20) "Aire para la cultura" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(5) "65486" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-18 08:44:36" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-18 13:44:36" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=65486" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(17) ["max_num_pages"]=> float(9) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "ba4f7d04e9ca616149065b30645f1fe0" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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