LOS ROSTROS DEL ARTE POPULAR 

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10 de junio, 2021 LOS ROSTROS DEL ARTE POPULAR 

Tantoyuca, Ver.- Flaviana, mujer generosa, entre canastos coloridos y grillos pintados sueña con una casa de block, pero todo es muy caro.

Sueña con una casa de block, pero todo es muy caro. Me confiesa su gran sueño mientras las gallinas merodean y el canto de los pájaros se escucha bajo los rayos del sol que indican 40 grados centígrados, aquí donde el agua escasea porque faltan lluvias, donde los políticos les han prometido pozos profundos, con los que Flaviana también se emociona pensando todo lo que podría hacer, porque sin agua y ante la falta de lluvias los sembradíos se secan.

Hay personas que llegan a Tantoyuca con la consigna de llevarse las artesanías por decenas, ofreciendo unos pesos, ignorantes de todo el trabajo que implica, de las horas de sol, de hambre.

Reciben un trato inhumano, degradante, ellos ven en sus piezas artesanales dinero, las llevan a otras ciudades donde las revenden a precios soñados para ellos, los verdaderos artesanos, que no conocen el manejo de redes sociales ni marketing, tampoco tienen tiendas.

Hay personas que han usurpado al verdadero artesano y no conocen nada de la realidad de fondo, comercian con su imagen, y se apropian de su trabajo, se dicen nativos de estos lugares, pero no saben nada.

A Flaviana le entristecen estos abusos, es por esto su insistencia de formar generaciones de artesanos, a quienes les pide que valoren lo que están aprendiendo y que a la hora de que les compren su trabajo, recuerden todo el esfuerzo que hay detrás.




Tiene por casa una choza de palitos, palma y una cocina del mismo material, instaló un techo, sillas, banca y tablas para recibir a más de 50 alumnos que han aprendido el arte ancestral de tejer la palma, algunos se van y otros llegan.

A este espacio acuden para aprender de Flaviana de 9 de la mañana a 12 del día los sábados, donde sus manos hacen realidad canastas decoradas con flores de colores intensos hechas de hoja de maíz, rosarios coloridos, grillos pintados, dulceros, alhajeros de distintos tamaños, se han diversificado y comenzaron a elaborar anillos, abanicos en distintos modelos en el color natural de la palma o pintados. Elaboran fruteros, base para colocar comida caliente, tortilleros, canastas de todos tamaños.

Flaviana Mártir Ramírez nació en la comunidad Xilozuchil, que pertenece a este municipio de la Huasteca. A Palo de Rosa se trasladó hace 28 años para iniciar una nueva vida. Flaviana es madre de cuatro hijos. Desde pequeña su vida fue difícil y a los 6 años de edad huyó de la violencia. Aprendió a sobrevivir.

Su azarosa vida ha provocado su interés por ser un agente de cambio. Calan hondo sus recuerdos. Quiere compartir sus conocimientos con todas las personas posibles para que nadie pase un día sin comer, que ninguna familia se enfrente a este dolor día tras día, es mejor que ellos elaboren piezas de artesanías y que las vendan.

Flaviana es maestra artesana que trabaja la palma y los colores naturales. Hace cuatro años se aventuró a lanzar una invitación a personas de varias comunidades colindantes a Palo de Rosa, municipio de Tantoyuca, norte de Veracruz. 

Los convocó entusiasmada para que asistieran a conocer cómo se trabaja la palma, cómo se corta, cómo se deja secar, cómo se pinta y finalmente elaborar distintas piezas que les permitan ingresos y erradicar en lo posible las precarias condiciones en las que viven.

Hay una realidad con la que ha tenido que luchar: el precio de las piezas artesanales que llevan a la venta. Han estado acostumbrados a que les paguen poco, a pesar de que es un buen trabajo.

Por otra parte, lo gratificante para Flaviana es que acuden como aprendices distintas generaciones, lo mismo hay niños que personas adultas. Imparte las clases en idioma huasteco, pues no todos hablan español.

Nos cuenta que aprendió a elaborar todo lo que sabe hasta ahora observando un poco, porque nadie quiso enseñarle. 

Ella con material de desecho intentaba formar los tejidos de palma, aprendió todos los detalles de hacer distintas piezas y se las ingenió para sacar colores naturales de las plantas que hay en su zona, también a utilizar colores artificiales.

La forma de pensamiento generalizada que se encontró en Palo de Rosa a donde se integró como habitante de esta comunidad, fue inicialmente hostil, no le enseñaron a trabajar la palma porque le decían que les iba a quitar su trabajo.

La forma de pensamiento de Flaviana es contraria en este sentido, piensa que entre más personas conozcan esta herencia puede trascender varias generaciones, sobre todo, si se les involucra siendo niños.

Esta es una forma de vida y vender sus artesanías les permite comprar algunos insumos, porque si bien el campo les da nopales, chile, frijol, tomate, necesitan comprar aceite para cocinar, azúcar, café, lo que esté en sus posibilidades, y vender alguna pieza artesanal a precio justo es lo deseable.

En su terreno tiene plantas de palma, de donde obtiene la materia prima y comienza el proceso de secado de las hojas y luego a pintarlas, tiene también planta de mohuite para sacar el color rojo de manera natural. 

Coloca en una fogata un traste con agua y le agrega las hojas para que suelten color, sobre el fuego mueve el contenido para que el color sea más intenso mientras coloca la palma, es el mismo proceso con los colores artificiales. 

Es necesario conocer los verdaderos rostros del arte popular en Veracruz. Esta es la primera entrega de muchos viajes a las entrañas de pueblos donde el día de hoy Flaviana Mártir Ramírez nos permitió conocerla, una mujer trabajadora, de avanzada, generosa y defensora de sus raíces. 

 

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Ya desde muy joven sentí atracción por aquellas canciones que denunciaban la realidad, me cautivaron la voz de Miriam Makeba en Sudáfrica, la de Melina Mercouri en Grecia, de Moustaki en Francia, las de la lucha por los derechos civiles en el sur de Estados Unidos y en mi propia en Latinoamérica Inti-Illimani o los Folcloristas, cuya música señalábamos con la nebulosa expresión: música de protesta;  después la nueva trova, Silvio y Pablo; todo aquello que en una larga y hermosa evolución en todo el continente llegó a tocar las puertas de la Ciudad de México con Fernando Delgadillo y su canción informal. Víctor Jara y Violeta Parra me enseñaron la grandeza de nuestro continente por su resistencia contra la opresión y la dictadura, en México Oscar Chávez se burlaba de la casita del Pedregal y me daba entender que el mundo no estaba bien por más que pareciera y por más que las apariencias dijeron otra cosa. Hace unos días, en un servicio de streaming, pude ver una película que trataba sobre los últimos días de Billie Holliday, en particular sobre su relación con la canción Strange Fruit,  aquel poema que un miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos, Abel Meeropol, escribió para hablar de los linchamientos en el sur profundo de los Estados Unidos; el mismo que adoptó y crió a los hijos de los Rosenberg.   La crítica denominó a Strange Fruit la canción del siglo y si bien este tipo de etiquetas nunca hacen justicia ni a todas las canciones ni a todas las circunstancias, deja en claro la profunda marca que dejaron en la conciencia colectiva de estadounidenses de todas las etnias, de latinoamericanos y ciudadanos de todo el mundo, una canción y un poema hermosos y al mismo tiempo brutales; cito un poco de memoria para recrear la emoción que tuve hace tantos años la primera vez que escuché aquella canción. Hablan de un árbol en el romántico y bucólico sur de los Estados Unidos, con flores cómo magnolias aromáticas y cuyos extraños frutos son cuerpos de negros que se balancean pendiendo de sus ramas, sangre las hojas y sangre la raíces, frutos de bocas torcidas y ojos desorbitados para que se los coman los cuervos,  para que caigan y se pudran al sol con el aroma de los hombres que después del linchamiento son quemados. A Billie Holiday le costó no solamente la cárcel, sino también la persecución y hasta la muerte entonar esta canción en varias ocasiones. El hecho es que hasta la fecha el acta contra el linchamiento no ha sido probada en el Senado de los Estados Unidos aunque pesan ya sobre ella más de 60 años de haber sido propuesta.   Y es que en cuanto literatura y canción se refiere, los procesos son lentos pero irrefrenables; la conciencia colectiva comienza a través de la poesía y de la música, se organiza en la conciencia y en la voz participativa, el efecto de un poema contado de boca a oído, versificado en la penumbra de una alcoba o cantado en un colegio o en una marcha, acumula una cantidad de energía suficiente para generar cambios políticos y sociales,  algo que los políticos acostumbrados al mercadeo electrónico de la sonrisa, la mentada y la payasada digital, suelen no considerar porque siempre están lejos de ver en la cultura y en el arte una fuerza capaz de cambio.   Recuerdo la voz de Mercedes Sosa cantando sobre los desaparecidos que danzan solos, recordándole a Pinochet que su madre danza también en soledad y entonces pienso en todos cuantos están pasando en soledad este momento en nuestro país y en todo el continente, tantos y tantos marginales que no alcanzan los beneficios de la cultura y que muy pronto se verán también exiliados de la tecnología; la tarea de la canción, del poema, del libro, del teatro y el cine, es integrar, formar conciencia y con crear comunidades más compactas a través del uso de palabras y valores comunes, de anhelos compartidos y en ese sentido, ganarle la carrera al futuro.   Hace mucho tiempo, los escritores latinoamericanos identificados como el Boom, se dieron a pensar cómo caricaturizar nuestras sociedades de dictadores, los viejos y los nuevos, los contemporáneos y los decimonónicos para, de esa manera, dotar de palabras y voces al deseo de una sociedad en democracia; hoy parece que es voz se hubiera acabado, sin embargo, está ahí, en los libros que leemos todos los días y en las canciones que nos regalan belleza, en los artesanos infatigables.    Lo que nuestros artistas están haciendo ahora es plantear la posibilidad de una sociedad de ciudadanos en la que hagamos unos por otros lo que el Estado no quiere o no puede hacer, democratizar la tecnología, las fuentes de ingreso, el contacto directo entre todos, en fin dar el paso a la conciencia de la igualdad que hoy, como en tiempos de Holliday, es lo que más nos falta." 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