LOS OLVIDOS | Parte 29 

A las 8.30 de la mañana del día siguiente, estaba yo en la sacristía del Sagrado Corazón de Costa Azul esperando  a que llegara el Padre Ángel para decir Misa. Cuando me vio, me preguntó qué andaba...

14 de abril, 2021 Los Olvidos

A las 8.30 de la mañana del día siguiente, estaba yo en la sacristía del Sagrado Corazón de Costa Azul esperando  a que llegara el Padre Ángel para decir Misa. Cuando me vio, me preguntó qué andaba yo haciendo ahí si no era sábado  por la tarde.

Padre, vine a ver si puedo quitarle  cinco minutos después de la Misa.

¿Te quieres confesar?

Ahorita no, padre; es otra cosa que puede esperar a que termine usted de oficiar la Misa.

Está bien, hijo, nos vemos aquí terminando la Misa.

La iglesia de Costa Azul es muy bonita; es de estilo Art Deco tropical, muy sobria, y tras el altar hay una gran imagen del Sagrado Corazón de Jesús tallada en madera, con una altura de más de tres o cuatro metros, con los brazos abiertos abrazando a todos sus hijos-hermanos.

Yo siempre escuchaba la Misa sentado sobre una banca de piedra que hay al exterior del templo para las Misas de fin de semana en las que hay más gente.

Terminando la Misa fui a esperar al Padre a la sacristía.

Al salir me dijo muy amablemente:

¿Te quieres tomar un café?

Claro que sí, padre, donde usted diga.

Hay un café muy agradable y tranquilo en Almirante Ortiz Monasterio cerca de la panadería de Icacos,  ¿sabes dónde es?

Claro que sé padre, ahí compramos los vidrios que le encantan a toda la familia.

¿A quién no,  hijo?

Llegamos rápido al cafecito porque no está lejos Icacos de Costa Azul y no había tráfico.

Hijo, mientras pido el café, ¿por qué no me regalas un par de vidrios?

¡Claro, padre! –fui con el Señor Salas por cuatro vidrios–.

Al regresar ya estaban servidos dos cafés humeantes que  olían delicioso.

Aquí están los vidrios, padre.

Gracias, hijo, y ahora dime ¿en qué te puedo ayudar?

No me vaya a regañar, Padre, pero quiero pedirle un favor que la verdad me da pena.

¿Pues qué cosa horrible quieres que haga por ti?

No, padre, es que no sé qué santa se celebra el día que nací.

El padre Angel se puso a reír como monaguillo diciéndome que no lo podía creer.

¿Cómo es posible hijo querido que no sepas qué santo se conmemora el día que naciste?

¿Y cómo sabes que es santa y no santo?

Una amiga mía me lo dijo, pero no  me  quiso decir quién es mi santa  patrona; me dijo que le preguntara yo a usted.

¿Y quién es esa amiga tuya?

Doña Rosita Salas, la dueña del  hotel  El Faro.

¡Ah que caray!, esa si es sorpresa, hijo. Yo conozco bien a Doña Rosita Salas, de repente va a Misa a la iglesia de Cristo Rey, o la veo en la Catedral que es donde va más seguido. ¿Y tú de que la conoces?

Pues de puro metiche padre;  siempre hemos ido mucho al Mirador para cenar en La Perla o  ver los clavadistas,  y paseando por la plaza un día fuera de El Faro vi un par de placas de bronce que conmemoraban tanto El Faro como El Mirador y decían que Don Carlos Barnard había sido el precursor del desarrollo de Acapulco.Y entré al hotel para ver cómo era por dentro, porque se veía bonito  y al  parecer era antiguo.

Antiguo si es hijo, debe ser como de los años 30, más o menos del mismo tiempo que comenzó El Mirador.

Pues al entrar vi un foto-mural muy grande con un grupo de personas entre las que se veía una joven muy bonita,  con el  pelo negro muy brillante formando dos chongos trenzados a ambos lados de la cabeza. Entonces le dije  al amigo que iba conmigo, que se fijara en esa chica tan bonita; en ese momento, desde atrás alguien jalo mi camisa y al  voltear vi a una señora muy bonita que me dijo que esa joven  era ella. Era doña Rosita Salas; desde entonces nos hicimos amigos.

¿Y ella te dijo que me preguntaras a mí por tu santa patrona?

Así es.

Está bien hijo,  ¿cuándo naciste?

El 14 de marzo de 1951.

¡Caray Pequitos, tienes una santa patrona con la vara muy alta! Fue una princesa alemana de Franconia en el primer milenio del cristianismo, no recuerdo el año exactamente, pero fue una noble mujer muy virtuosa.

¿Pero cómo se llamaba?

¡De veras!, se llamaba Matilde Von  Ringelheim.

Debo haber puesto una cara de llamar la atención, porque el padre Angel me dijo:

De verdad me sorprende que no lo supieras, no es nada malo, pero de verdad tuvo una vida excepcional en la que sus títulos nobiliarios y su fortuna no le impidieron dedicarse a Dios y a hacer mucho bien. Me da mucho gusto haberme dado esta escapadita contigo, hijo. Si andas por aquí el sábado en la tarde, ayúdame con las lecturas en la Misa de 6.30 en la Capilla de la Paz.

Claro que sí padre, ahí nos vemos el sábado Dios mediante.

¿Me das aventón de regreso  a Costa Azul, hijo?

A donde usted diga, padre.

Llegando a la glorieta frente a la iglesia, cuando el padre se  bajó del coche, yo también, y entonces me dijo con cariño:

Te doy tu bendición, Pequitos; salúdame a Doña Rosita.

De su parte padre, con mucho gusto, y muchas gracias.

Rézale a tu santa patrona hijito, no lo olvides.

No, padre, y muchas gracias de nuevo.

Cuando el padre Ángel me dijo que mi santa patrona es Matilda, Matilda Von Ringelheim, de inmediato comenzaron los  pensamientos a correr por mi mente, pero aparte de la coincidencia entre mi cumpleaños y el santo de Matilda Claymon, no encontraba yo nada más.

Necesitaba ir a algún lugar donde pudiera tomarme otro café y pensar con calma y lo  más ordenadamente posible. En el Hotel Misión, allá por el centro, podría yo estar tranquilo bajo la sombra de sus mangos tomándome un café  haciendo tiempo para no llegar al Faro demasiado temprano.

Llegué al Misión y muy amablemente me ofrecieron mi café servido en sus hermosas tazas de talavera, tomé asiento en una de sus inigualables mecedoras de varas, y finalmente pude ponerme a conjeturar la “coincidencia”  entre el nombre de Matilda y la fecha de mi nacimiento. Esta coincidencia no explicaba por sí sola la inscripción del día de mi nacimiento en la baldosa del palmar.

¿Pero a quién se le habría ocurrido grabar 14 de marzo de 1951 precisamente ahí? ¿A quién y por qué?  Esa baldosa no tenía explicación posible aisladamente; tenía que haber alguna razón para que alguien grabara exactamente esa fecha ahí. Al quién y al por qué, se tendría que agregar el cuándo.

Me ofrecieron otra taza de café, pero ya había tomado suficiente; agradecí y pedí la cuenta.

Alrededor de las doce y media del mediodía llegué al Faro y para mi buena suerte, ahí estaba Doña Rosita, platicando fuera del hotel con unos turistas americanos a los que les estaba contando de los clavadistas. Cuando me vio llegar, me hizo señal de que pasara al vestíbulo a esperarla un poquito. Cinco minutos después, entró diciéndome:

¿Ya sabes quién es tu santa patrona?

Sí, es Santa Matilda Von Ringelheim.

¿Te das cuenta hijo?

Realmente no, Doña Rosita; ¿de qué me podría dar cuenta?

Darte cuenta de que la fecha de tu nacimiento en la baldosa es la señal más clara de que tenías que llegar a esa casa alguna vez. Pero no nada más es la fecha de tu nacimiento sino la fecha del santo de Matilda,  y si reunimos las señales que has ido  encontrando,  todas regresan a esa inscripción en la baldosa. Si nada más hubiera estado inscrito el 14 de marzo sin precisar el año o señalando cualquier otro año, por mucho que coincidiera, no sería claramente relacionado contigo. Pero al haberse grabado precisamente la fecha del día que naciste, creo humildemente, que  es lo más  parecido  a una invitación personal dirigida a ti. ¿A cuántas otras casas has pedido entrar en Acapulco?

A ninguna otra.

La vista de Doña Rosita se perdió de repente dando la impresión de que se hubiera ausentado; estuvo pensativa unos instantes, luego comenzó a pensar en voz alta.

Date cuenta que todas esas cosas que Don Marcelino y su esposa encontraron en Los Olvidos, no eran  basura ni  objetos sin importancia que hayan sido dejados atrás en una mudanza. Según me dijiste, ellos los fueron encontrando después de haber limpiado toda la casa de arriba abajo cuando no habían visto absolutamente nada. Esas señales no se las dejaron ni a  Marcelino ni a su esposa. Unos diarios,  unas cartas y postales, todas en inglés solamente tienen sentido si quien decidió dejarlos ahí, sabía que llegarían a las manos de su destinatario, un destinatario que podría leerlas  y hasta ahora, creo que el único visitante de Los Olvidos eres tú. Por cierto hijito, ¿Dónde aprendiste inglés? 

¿No le he contado, Doña Rosita?

No m’ijo; no me has dicho; pero dime ahora.

Estuve interno en un colegio militar en Estados Unidos desde 1959 a 1963; regresé a México pocos días después de que mataron al presidente Kennedy.

Nunca me habías dicho. ¿Y qué tal estuvo?

Cuando Doña Rosita me preguntó qué tal había estado, mi vista de perdió en el vacío de los recuerdos; pasaron frente a mí muchos momentos que creía olvidados; el día que me fui de México al internado, los detalles del viaje primero a Nueva York, luego a Washington y finalmente a Linton  Hall en Virginia.

Mi primera noche en el dormitorio, y luego la desaparición del tiempo que un día sin avisar, dejó de transcurrir; dejó de transcurrir porque dejé de vivir en función de regresar algún día. La voz de Doña Rosita me trajo de regreso al Faro:

¡Hijito! ¿Dónde andas?

Perdón, Doña Rosita, me perdí con su pregunta.

Ya no insistió en saber cómo me había ido. Se quedó viéndome con un aire de ternura y retomó la conversación. 

Ayer dijiste que quién sabe dónde habrá ido a dar mi niña Matilda, pero yo creo que la forma de averiguarlo es revisar el contenido de esas dos cajas de cartón que te esperan en Los Olvidos. No se trata de los últimos dos o tres meses Pequitos, te ha tomado muchos años acercarte  ahí, porque me has dicho que desde la casa Ralph es  donde comenzaste a fijarte en esa casa; luego te fuiste al internado y cuando volviste a venir a Acapulco, seguiste intrigado y atraído a tal grado, que un buen día decidiste llamar a su puerta y pedir que te dejaran entrar. Si estuviéramos limitados por las reglas del tiempo lineal, no tendría explicación posible   que estés tan ligado a esa casa desde niño.  Estoy hablando demasiado hijito; ya se me pasó la  mano.

Para nada, Doña Rosita; lo que dice tiene mucho sentido y además me encanta escucharla.

Está bien hijito;  entonces nada más ten en cuenta que ni yo ni Marcelino ni nadie que yo imagine, puede decirte por qué motivo está grabada la fecha de tu nacimiento en Los Olvidos. Te aconsejo que te lo tomes con calma y que te asomes a los diarios que no has leído, a los álbumes que no has querido ver. No es algo que puedas hacer a la carrera; no puedes irte corriendo ahorita a Los Olvidos a hojear deprisa todo lo que no has visto y regresarte conmigo trayéndome Yolis para que yo te resuelva las dudas. De ti depende seguir las señales que se te han dado desde que entraste a Los Olvidos, o no seguirlas. Esa decisión solo tú  la puedes tomar y nadie te lo  puede impedir ni reprochar.  Ya recorriste un camino que no imaginaste que recorrerías; hace algunos meses, Los Olvidos para ti, era una casa enigmática sobre la saliente de los acantilados, oculta detrás de su palmar; pero ya entraste y todo cambió para ti. No has querido mirar los álbumes, pero a pesar de eso, dos fotografías en las que sale Matilda, han encontrado la forma de que las vieras. Gracias a que me trajiste el primer retrato que encontraste de Matilda, pude decirte quién era M.C. Lo único que me queda claro, hijito, es que desde que  fuiste a Los Olvidos y entraste,  te has compenetrado de sus secretos; de ser un espectador te has convertido en protagonista; de ser un rastreador de señales, te has vuelto parte de su historia. No a mucha gente le pasan estas cosas; no hay muchos  tan afortunados como tú. Ya te dije,  chiquito, tómatelo con calma; te aconsejo que cuando puedas y quieras, vayas a Los Olvidos y revises los diarios que no has visto y te asomes a los álbumes. Y ahora, mi niño, ya te dejo de perorar porque ya hablé demasiado.

Usted nunca habla de más,  Doña Rosita.  Siempre que la escucho, me hace bien y me aclara, y al aclararme, me da mucha tranquilidad. Voy a seguir su consejo; voy a ir con calma a Los Olvidos,  voy a platicar con Don Marcelino y a revisar lo que no he visto.

¿Puedo venir a verla?

Tú no me tienes que pedir permiso  para venir a verme, niño. Ya te dije que aunque me des tanta lata, te quiero mucho. Ven todo lo que quieras, pero eso sí, siempre y cuando me traigas mis Yolis heladas.

Salí del Faro como a las tres y media de la tarde. Estaba un poco cansado. Decidí irme directo al Pierre Marqués para estar tranquilo hasta que se pusiera el sol. Llegué poco más de media hora después, saludé a las señoritas de la recepción, y pedí una copa de vino blanco en el bar para luego dirigirme a uno de los toldos,  sentarme a ver el mar y ordenar mis ideas.

Al ir apagándose la tarde, el mar se convertía en un caleidoscopio de tonalidades caprichosas; no hacía calor y corría una  brisa deliciosa. Estaba yo  distraído cuando escuché acercarse  cantando la inconfundible voz de un señor  en la playa desde muchos años atrás; había ido perdiendo la vista y ahora lo ayudaba un nietecito suyo que recogía lo que su abuelito ganaba por cantar. Cuando se acercaron donde yo estaba, lo saludé y reconoció mi voz. 

Hola joven, ¿cómo ha estado?

Bien Don Pano, ¿y usted?

Aquí cantando como siempre; ya ve usted que ahora me acompaña mi nietecito, se llama  Ricardo.

Hola Ricardo.

Hola joven.

¿Se quiere sentar aquí tantito, Don Pano?

Sí joven,  con mucho gusto.

¿Quieren tomar algo?

No joven, muchas gracias.

Con confianza Don Pano; ¿tu Ricardo, quieres un refresco?

El pequeño le preguntó a su abuelito que le dio permiso.

¿Puedo pedir una Pepsi?

Claro que sí. 

Le pedí al joven que atendía en los toldos que, por favor, trajera otra copa de vino blanco y una Pepsi para el niñito.

¿Qué anda haciendo por aquí, joven?

Lo de siempre, enamorado de Acapulco.

¿Nada más de Acapulco?

De pronto no supe qué contestarle, pensando que era la clásica conversación ligera como para pasar el rato sin más, pero Don Pano,  que a pesar de su invidencia, sí veía, interpretó mi silencio y esbozando una sonrisa luminosa, me dijo:

O sea mi joven, que no nada más está enamorado de Acapulco; ya hay alguien más…

La verdad no sé,  Don Marcelo, entre otras cosas por eso vine a la playa, para poner en orden la cabeza.

Ay querido joven,  cuando el corazón entra en acción, lo mejor es seguirlo porque los sentimientos no se gobiernan con la cabeza, no  se piensan, se sienten.

¿Quiere que le cante su “bésame mucho”?

Entre Don Pano  y yo se había hecho toda una tradición siempre que nos veíamos, que cantara esa canción de Consuelito Velázquez. Se la había yo oído cantar a todos los cantantes  imaginables, pero ninguno la cantaba como Don Pano con su guitarra y acompañado por el coro de las olas.

Pulsó su guitarra y comenzó a cantar imprimiéndole el sello de sus sentimientos que hacían de su interpretación un privilegio para quien lo escuchaba, como ahora lo hacíamos su nietecito y yo…

“Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez; bésame, bésame mucho, que tengo miedo a perderte, perderte después…”.

Espero que le haya gustado güerito, y ahora con su permiso, vamos a seguirle.

Él siempre pedía lo que le quisieran dar por cantar, y cada vez, yo le decía que la belleza de su arte no tenía precio; esta vez se lo dije directamente a su nietecito que tenía motivos sobrados para sentirse orgulloso de su abuelo.

Los vi alejarse hacia el revolcadero en tanto la tonada y su letra se quedaron conmigo…

Mientras el sol se preparaba para irse a descansar,  la imagen de mi viejo amigo guiado por su nietecito se fue perdiendo en la distancia mientras yo sentía  que esta vez,  “bésame mucho” me había sido dedicada. Esa canción que con su bella tonada y su sencilla letra le había dado la vuelta al mundo  muchas veces y tantas otras a través  del tiempo; del pasado, el presente y el futuro.

Comentarios

Google-news
object(WP_Query)#18294 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(63685) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "22-04-2022" ["before"]=> string(10) "20-05-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(63685) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "22-04-2022" ["before"]=> string(10) "20-05-2022" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18296 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18286 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18285 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "22-04-2022" ["before"]=> string(10) "20-05-2022" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(467) "SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2022-04-22 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2022-05-20 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (63685) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND ((rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish'))) GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2" ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18299 (24) { ["ID"]=> int(78107) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2022-04-22 12:46:06" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-04-22 17:46:06" ["post_content"]=> string(3978) "Querida Tora: Hoy te voy a contar de un señor que vino a vivir al 4. Parece que tiene algo de dinero, y siempre anda muy bien vestido. Pero tiene un problema: es obeso. No como quien dice llenito o gordito, sino obeso, lo que se dice obeso. Enseguida le echó el ojo a la chica del 17; pero a ella no le gusta nada su volumen. La familia de la chica se ilusionó con la idea de emparentar con un rico, pero ella se resistía, se resistía. La madre le dijo que lo invitara a cenar, pero ella se negó. Fue tanta la insistencia de la mujer que al fin aceptó con una condición: que ella iba a preparar la cena y que no estuviera nadie de la familia en la casa. La madre aceptó, y el día señalado se fue con toda la familia a casa de una comadre, la del 28, porque no quería alejarse demasiado de la hija, no fuera que la necesitara; y desde allí la vio afanarse todo el día en la cocina, barrer y trapear la casa y el corredor que lleva a ella, poner la mesa (que lo hizo justo como ella le había enseñado utilizando un Manual de Buenas Costumbres) y vestirse con gusto y placer. A las ocho en punto llegó el galán, todo tembloroso porque había tenido que subir una escalera de 19 escalones, y sus carnes protestaban por el esfuerzo (pero se dijo que la llevaría a vivir a su vivienda, que está en la planta baja). Llamó al timbre, y la chica le abrió enseguida, toda sonrisas (La madre le tomó fotos a distancia y luego se fue a la ventana del comedor de su amiga, desde el cual se ve el comedor de su casa, para ver lo más posible de la entrevista). La muchacha llevó al pretendiente a la mesa inmediatamente (Quería que la entrevista fuera corta) y le sirvió un “Bloody Susy de Aceite de Hígado de Bacalao”, que al señor le supo a “diablos coronados pasteurizados” (No lo dijo, pero se le vio en la cara). Luego le sirvió una Sopa de Jugo de Cerdo al Perfume de Eneldo; pero venía muy caliente, porque en cuanto se enfriaba se convertía en lo que verdaderamente era: manteca. Por supuesto, el hombre no pudo tomar ni una cucharada, a pesar de que el eneldo disimulaba un poco la sensación grasosa de la manteca. Y como plato fuerte le dio Costillas de Cordero a las Tres Mentas con Ensalada de Geranios y Hierbas de Olor (las hierbas eran pasto del solar vecino con todos los aromas de dicho lugar; y las costillas, huesos adornados con una tirita de carne chamuscada). El hombre se sintió desilusionado, pues si esa iba a ser su comida de todos los días, no tardaría en perder la lozanía que tanto trabajo le había costado adquirir, y ya no esperó al postre (que aquí, entre nos, era piloncillo machacado con crema agria…pero muy agria, por la descomposición de las grasas, que ya iba en el sexto día), así que se despidió pretextando una ligera indisposición emotiva. Dije bien: emotiva, porque las emociones desordenadas que el banquete le había suscitado le impedían hasta pensar en la comida. La chica se quedó muy contenta por haber despachado al pretendiente; pero la madre le dio una paliza por ”desperdiciar así a un pretendiente muy acomodado”. Pero a ella no le importó, y se fue a besarse con el del 48, que hace tiempo la pretende. EL del 4 se fue de la vecindad, al darse cuenta de la jugarreta que le habían hecho. Oí que se puso a dieta para no tener más el problema de su obesidad, pero ya no supe qué más le pasó. ¿Qué te parece lo que son estas muchachas cuando las quieren obligar a casarse contra su voluntad? Te quiere  Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "CARTAS A TORA 264" ["post_excerpt"]=> string(190) "Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones de lo que ahí ve. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-264" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-04-22 12:46:06" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-04-22 17:46:06" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=78107" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18360 (24) { ["ID"]=> int(78883) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2022-05-13 08:35:15" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-05-13 13:35:15" ["post_content"]=> string(4301) "Querida Tora: Fíjate que la señora (Perdón: señorita, porque no se le conoce hombre alguno) va a cumplir 51 años. Y dijo que como sus papás no le hicieron fiesta de 15 años, se la va a hacer ahora ella, porque 51 es lo mismo que 15, pero al revés. Y no sabes la ola de comentarios que la ocurrencia levantó. Pero ella siguió adelante. La fiesta fue el sábado pasado. Para eso, alquiló el patio de la vecindad (al precio que el portero le puso), y lo decoró con flores en todas las columnas y en todas las ventanas, hielo seco en las escaleras. No podían faltar las nubes de humo de hielo seco, entre las que apareció la feliz festejada como en un mundo irreal, de fantasía, en brazos de su chambelán. Fue difícil conseguir el chambelán que la llevara en brazos, porque a los 51 años no se pesa lo que a los 15, y la festejada tuvo que alquilar un muchacho del gimnasio del barrio para que ejecutara la hazaña. Pero no sabes cómo la envidiaron todas las viejas, que pidieron que el chambelán les diera una vueltecita en brazos a cada una. El muchacho se negó rotundamente, con el pretexto de que no podía cometer abusos en una cosa tan delicada que podría resultar en el “aguadamiento” (así lo dijo el pobre, que se ve que no domina el idioma) de los pectorales, y luego iba a parecer señora madre de muchos hijos. Las viejas se enojaron, y entonces propusieron celebrar una carrera entre sus maridos llevándolas en brazos y el del gimnasio con la cincuenta y un añera, que ganó fácilmente este último, y aún se les rió en las barbas. Sirvieron unos cocteles muy raros, que nadie pudo identificar qué contenían, pero que la festejada afirmó que estaban deliciosos. Las señoras sí se los tomaron; pero los señores los tiraron en las macetas, afirmando que sabían a limonada podrida, excepto los del 41 y el del gimnasio, que los encontraron exquisitos. El número fuerte era el vals, naturalmente. Y ahí apareció la festejada, del brazo del chavo fortachón, tambaleándose sobre sus tacones extra-recontra-altos,  dando vueltas y haciendo piruetas con la gracia de un pato reumático. Y por más que el muchacho la alzaba en brazos (Por eso no quería cargar a las otras, porque era exigirle demasiado), la pobre apenas lograba despegarse del suelo. Pero la señorita lo disfrutó en grado sumo; y cuando los invitados rompieron a aplaudir se le llenaron los ojos de lágrimas y no tenía voz ni para agradecer la ovación. Al chavo le pusieron oxígeno un rato, para que se le regularizara la respiración, pero la cosa no pasó de ahí. Luego vino la cena. Ahí sí se lució la festejada porque, como hizo saber públicamente, todo lo había hecho ella con sus manecitas (Ayudada por su mamá y su abuelita, como debe ser); y fuera de que el mole estaba muy empalagoso, lo demás pasaba bastante bien. Entonces sí sirvieron “cubas” y otras bebidas conocidas, y los señores se reconciliaron con la festejada y su familia, a la cual ya habían mandado muy lejos por no servir “chupe” adecuado. El baile siguió hasta las primeras horas del día siguiente. La festejada se tuvo que quitar los tacones, porque no había manera de mantener el equilibrio más de cinco minutos seguidos, y se puso sus chanclas de diario; pero con esas bailó hasta que se descompuso el tocadiscos, que si no… En fin, que todos se divirtieron mucho. Y lo más importante: la festejada salió con novio: un señor recién llegado a la vecindad que quedó deslumbrado con los ciento veintitrés moñitos que cubrían el vestido de la “muchacha”; y cayó redondito, como si fuera trampa para osos. Mucho de ésto lo oí a las comadres el día siguiente, porque me tomé dos cocteles y me quedé dormido sin darme cuenta. Pero todas esas fiestas de 15 años son iguales, y pasan las mismas cosas, así que no me perdí de nada. Te quiere Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "CARTAS A TORA 267" ["post_excerpt"]=> string(180) "Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-267" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-05-13 10:37:47" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-05-13 15:37:47" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=78883" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18299 (24) { ["ID"]=> int(78107) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2022-04-22 12:46:06" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2022-04-22 17:46:06" ["post_content"]=> string(3978) "Querida Tora: Hoy te voy a contar de un señor que vino a vivir al 4. Parece que tiene algo de dinero, y siempre anda muy bien vestido. Pero tiene un problema: es obeso. No como quien dice llenito o gordito, sino obeso, lo que se dice obeso. Enseguida le echó el ojo a la chica del 17; pero a ella no le gusta nada su volumen. La familia de la chica se ilusionó con la idea de emparentar con un rico, pero ella se resistía, se resistía. La madre le dijo que lo invitara a cenar, pero ella se negó. Fue tanta la insistencia de la mujer que al fin aceptó con una condición: que ella iba a preparar la cena y que no estuviera nadie de la familia en la casa. La madre aceptó, y el día señalado se fue con toda la familia a casa de una comadre, la del 28, porque no quería alejarse demasiado de la hija, no fuera que la necesitara; y desde allí la vio afanarse todo el día en la cocina, barrer y trapear la casa y el corredor que lleva a ella, poner la mesa (que lo hizo justo como ella le había enseñado utilizando un Manual de Buenas Costumbres) y vestirse con gusto y placer. A las ocho en punto llegó el galán, todo tembloroso porque había tenido que subir una escalera de 19 escalones, y sus carnes protestaban por el esfuerzo (pero se dijo que la llevaría a vivir a su vivienda, que está en la planta baja). Llamó al timbre, y la chica le abrió enseguida, toda sonrisas (La madre le tomó fotos a distancia y luego se fue a la ventana del comedor de su amiga, desde el cual se ve el comedor de su casa, para ver lo más posible de la entrevista). La muchacha llevó al pretendiente a la mesa inmediatamente (Quería que la entrevista fuera corta) y le sirvió un “Bloody Susy de Aceite de Hígado de Bacalao”, que al señor le supo a “diablos coronados pasteurizados” (No lo dijo, pero se le vio en la cara). Luego le sirvió una Sopa de Jugo de Cerdo al Perfume de Eneldo; pero venía muy caliente, porque en cuanto se enfriaba se convertía en lo que verdaderamente era: manteca. Por supuesto, el hombre no pudo tomar ni una cucharada, a pesar de que el eneldo disimulaba un poco la sensación grasosa de la manteca. Y como plato fuerte le dio Costillas de Cordero a las Tres Mentas con Ensalada de Geranios y Hierbas de Olor (las hierbas eran pasto del solar vecino con todos los aromas de dicho lugar; y las costillas, huesos adornados con una tirita de carne chamuscada). El hombre se sintió desilusionado, pues si esa iba a ser su comida de todos los días, no tardaría en perder la lozanía que tanto trabajo le había costado adquirir, y ya no esperó al postre (que aquí, entre nos, era piloncillo machacado con crema agria…pero muy agria, por la descomposición de las grasas, que ya iba en el sexto día), así que se despidió pretextando una ligera indisposición emotiva. Dije bien: emotiva, porque las emociones desordenadas que el banquete le había suscitado le impedían hasta pensar en la comida. La chica se quedó muy contenta por haber despachado al pretendiente; pero la madre le dio una paliza por ”desperdiciar así a un pretendiente muy acomodado”. Pero a ella no le importó, y se fue a besarse con el del 48, que hace tiempo la pretende. EL del 4 se fue de la vecindad, al darse cuenta de la jugarreta que le habían hecho. Oí que se puso a dieta para no tener más el problema de su obesidad, pero ya no supe qué más le pasó. ¿Qué te parece lo que son estas muchachas cuando las quieren obligar a casarse contra su voluntad? Te quiere  Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "CARTAS A TORA 264" ["post_excerpt"]=> string(190) "Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones de lo que ahí ve. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-264" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-04-22 12:46:06" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-04-22 17:46:06" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=78107" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(8) ["max_num_pages"]=> float(4) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "e2e4009c9a3e3998d9ff169c3d2c196e" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

CARTAS A TORA 264

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora,...

abril 22, 2022

CARTAS A TORA 267

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días le escribe cartas...

mayo 13, 2022




Más de categoría

CARTAS A TORA 267

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Todos los días...

mayo 13, 2022

CARTAS A TORA 266

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le...

mayo 6, 2022
Songs for Drella, un tributo musical a Andy Warhol

Songs for Drella, un tributo musical a Andy Warhol

Reseña de “Songs for Drella”.

mayo 2, 2022
CARTAS A TORA

CARTAS A TORA 265

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le...

abril 29, 2022