Los Olvidos – Parte 20

Llegué al centro de Acapulco como a las nueve y media de la mañana. Las aves se arremolinaban en los árboles y se posaban sobre los cables tendidos entre los postes de luz, celebrando a coro el...

8 de enero, 2021 los olvidos

Llegué al centro de Acapulco como a las nueve y media de la mañana. Las aves se arremolinaban en los árboles y se posaban sobre los cables tendidos entre los postes de luz, celebrando a coro el nuevo día. Me senté en una banca a disfrutar el fresco, a escuchar a los pájaros, a ver pasar niños con sus mamás, pescadores con sus tarrayas,  hermosas costeñas,  turistas de distintas partes del mundo y de México…. en fin, el variado mosaico de un puerto como Acapulco que en su plaza principal, se negaba a asumirse como un destino internacionalmente famoso, aferrándose a su sabor provinciano.

A pocos metros de donde me encontraba, vi una famosa banca que tiene inscritos los nombres de un grupo de amigos de los que muchos se siguen sentando en ella todavía, a ver la vida que ha pasado y la que están viviendo ellos y los que coinciden en esa plaza inconfundible  con su quiosco,  adornada por la catedral de la Virgen de la Soledad, que es la patrona de Acapulco.

De pronto me sorprendió la conocida voz de mi amigo Carlos Villalón, que tenía su casa a pocos pasos de donde yo estaba.

¿Qué andas haciendo por aquí?

¡Hola Carlos, que sorpresa tan padre! Vine a desayunar a la Flor de Acapulco con unos amigos; los estoy esperando.

¿A qué hora quedaste de verlos?




A las once.

Ah bueno, falta una hora; te invito un café en la casa. A Bella le va a dar mucho gusto verte.

Está bien, pero nada más un café, porque no puedo plantar a mis amigos.

No los vas a plantar, estamos a unos cuantos pasos de la Flor.

Carlos Villalón y Bella, su esposa, vivían en una de las primeras casas del puerto en Hidalgo número tres. Estaba construida alrededor de un patio sombreado por dos inmensos árboles de mango que le daban una frescura invariable sin importar la época del año ni la hora del día.  Bella me recibió con el cariño de siempre invitándome a pasar a su delicioso patio.

Qué gusto verte, pásale, al rato nos vemos. Los tengo que dejar porque voy a un encargo, pero te quedas en tu casa.

Gracias Bellita, hasta luego.

Nos sentamos en unos equipales después que Carlos le pidió  a su asistente  que nos diera de favor un par de cafecitos.

Cuéntame en qué andas.

En lo de siempre mi Carlos, la chamba, la bicicleta y Acapulco.

¿Sigues viniéndote desde México pedaleando?

¡Claro! Desde hace nueve años que lo hice  por primera vez lo hago dos o tres veces al año nada más que ahora en vez de once días me tardo cuatro.

¿Con quién te quedaste de ver?

Con unos amigos que trabajan en El Mirador. Vamos a platicar de una casa que está por playa Angosta, hacia la península de la Explanada.

Creo que sé  cuál es: ¿no es una que está hasta el extremo de los arrecifes volada sobre el mar?

¡Esa misma!

–             ¿La venden?

No que yo sepa. ¿Por qué? 

Porque lleva mucho tiempo abandonada, según parece.

Fíjate que no, no está abandonada. Tiene dueño y la cuida una familia de Oaxaca.

¿Y tú cómo sabes?

Porque hace unas semanas me animé a ir para ver si me permitían conocerla por dentro.

¿Así nada más de a ya llegué?

Así nada más. 

¿Y te dejaron?

Sorprendentemente, sí. Toqué el timbre, salió un señor muy amable, le pregunté si sería posible visitar la casa, y sin más preguntas me acompañó a recorrerla sin ningún problema. Siempre la había querido conocer y ahora que se me hizo, he seguido dándome mis vueltas y me he hecho amigo del cuidador que se llama Marcelino.

Pues fíjate que yo conozco a los que la construyeron…

¿Quién la construyó?

Dirás quienes: el ingeniero Jorge Pasta y sus socios que tienen su despacho  justo aquí en la esquina, son nuestros inquilinos.

¡Caray Carlos! Ahora si te amolaste. ¿Me podrías presentar con el ingeniero para platicar de la casa?

Claro pero tú me tienes que explicar cuál es tu gran interés.

Pues sí, Carlitos, pero otro día, porque ya casi son las once.

¿Me vas a dejar picado?

¡Cuál picado! Tú sabes más de esa casa que yo, y además los constructores son tus inquilinos. ¡Picado yo!

Me acompañó a la puerta, nos despedimos riéndonos como siempre, y me fui a la Flor para encontrarme con mis amigos. Llegué a la Flor de Acapulco antes que llegaran Abel y Mauro. Me dieron una mesa con sombrilla al nivel de la calle, y una señorita muy amable me ofreció café.

Menos de diez minutos después, llegaron don Abel y don Mauro; nos saludamos con un abrazo de esos bien dados, y nos sentamos a la mesa. Don Mauro me dijo directamente:

¿A qué se debe la invitación hijo?

Al gusto de verlos sin la prisa de estar atendiendo un montón de gente y a que quiero preguntarles sobre una casa que seguro conocen.

Ya me dijo Abel que estás hechizado  por Los Olvidos.

La verdad es que siempre había querido conocer esa casa por dentro, pero nunca me había animado a buscarla y ver si me permitían verla.

Y me imagino que te dejaron entrar, ¿o no?

Sí don Mauro, más fácilmente de lo que esperaba.

¿Y por qué quieres saber cosas de Los Olvidos?

Le confieso que no sé, pero desde que entré  la primera vez, ha aumentado mi interés y mi curiosidad.

La verdad no quiero que se vayan a reír de mí, pero Los Olvidos me ha intrigado y atraído siempre;  incluso sin darme cuenta desde que la veía sin fijarme mucho desde la casa Ralph en la Pinzona. Sé que me atrae muchísimo, pero no tengo idea de por qué  me atrae tanto.

La casa de Los Olvidos no es cuestión de reírse, hijo. Es un sitio verdaderamente especial y no me sorprende para nada que te  interese tanto, como dices.

El comentario de don Mauro me sorprendió, no porque pensara que siendo mi amigo pudiera burlarse de mí, sino al contrario, me llamó la atención que pareciera saber y comprender las razones de mi interés.

Yo conocí Los Olvidos desde que el dueño comenzó a imaginársela platicando con don Carlos Barnard. De hecho se hospedó frecuentemente en El Mirador durante la obra, y hacia el final, cuando ya iba a terminarse la construcción, se quedó como dos meses corridos  en la casita que todavía tiene tres arcos en punta, la que está más cerca del lobby y de la explanada donde comienzan las escalinatas.

Sé cuál dice usted, don Mauro. Mi mamá se quedaba en esa casita con mis abuelitos cuando era joven.

Yo recuerdo a tu mami muy bien, porque tu abuelo, don Pepe,  era amigo de don Carlos Barnard y venía con ella y con tu abuelita bastante seguido. ¡Cómo no iba yo a conocer a tu mami!  Además la he  saludado estando contigo en La Perla, muchacho desmemoriado.

Mientras escuchaba yo a don Mauro, mi mente corría de un lado al otro atando cabos. Siendo que Emmanuell Claymon era inglés y que mi abuelito había estudiado en Inglaterra once años, además de haber coincidido en El Mirador durante la misma época,  era más que probable que hubiera conocido al señor Claymon.

Hasta que don Mauro mencionó esos detalles, comencé a asociar ideas, y me sorprendí de mí mismo, por no haberle preguntado a mi abuelito que además era un enamorado del pueblito de pescadores con apenas veinte mil habitantes que había sido Acapulco cuando desde antes de casarse con mi abuelita él  se iba en su motocicleta, cruzando todos los ríos en panga.

Sin duda alguna que don Mauro y don Abel podían decirme muchas cosas sobre Los Olvidos, y más don Mauro, que era mayor, pero yo tenía a mi alcance testigos privilegiados que ni se me habían ocurrido: mi abuelito, mi mamá, Carlos Villalón y a través de Carlos, el ingeniero Pasta y no eran los únicos, era solo que no lo había yo pensado.

Puedo decirte, chaval, que en la terraza del Mirador muchos sueños se hicieron realidad. En esa terraza yo vi al señor Claymon platicando con Don Henry Ralph del maravilloso terreno que había decidido comprar para construir Los Olvidos. Vi al Indio Fernández muy enamorado de Dolores del Río en una ocasión  que hubo aquí un terremoto que los hizo salir corriendo desde una casita que se llama “La tormenta” hasta la explanada donde al llegar, se dieron cuenta que estaban en paños menores. Vi al señor Harding decidir que quería construir el hotel más hermoso de Acapulco sobre la saliente del cerro de la Pinzona que domina la vista de la bahía. En cuanto a Los Olvidos, ¿Qué es lo que quieres saber?

En realidad,  todo lo que usted me pueda y me quiera contar, don Mauro.

Aquí nuestro querido Abel que no dice nada, sabe algunas historias, ¿verdad Abel?, porque los dos llegamos a servir en algunas fiestas que daba don Emmanuell Claymon. ¿Ya viste que tiene hasta un sitio especial para orquestas, diseñado para que se escuche la música con la misma claridad en cualquier punto de la casa?

Casualmente sí,  don Mauro; eso fue lo primero que me enseñó don Marcelino la primera vez que me dejó pasar. 

Don Emmanuell  comenzó a venir a Acapulco a mediados de los treintas, se quedaba en una casa muy bonita en playa Honda, y desde entonces se fue enamorando del puerto. Luego venía más seguido y se quedaba  en Los Flamingos, pero traía a su esposa y a su hijita que entonces debe haber tenido como doce  o trece  años. La señora se llamaba Jeri , y su hijita Matilda.

–             ¿Cuándo habrá sido eso más o menos, don Mauro?

En 1933, casi seguro,  porque Flamingos era ya un hotel en toda forma para entonces, y viniendo con familia se quedaba por allá. Cuando inició la construcción de Los Olvidos, prefería quedarse en el Mirador que le quedaba a tiro de piedra de la obra.

Mientras don Mauro recordaba esas cosas,  don Abel me  observaba discretamente,  dejando ver una combinación de sorpresa y curiosidad por mi notable interés sobre la casa.

Don Mauro, ¿cómo era Matilda?

Cuando hice la pregunta, noté que don Abel se fijó en mi expresión y pareció descubrir que mi verdadero interés por Los Olvidos en realidad tenía que ver con ella.

Matilda era una niña adorable,  desde que comenzó a venir a Acapulco ya hablaba  bien español, aunque con acento inglés bastante marcado. Era muy graciosa porque de repente decía groserías típicamente  mexicanas, con una espontánea picardía que completaba con una sonrisa irresistible. A todo mundo le caía bien al instante de conocerla. Fue floreciendo hasta convertirse en una joven muy hermosa, con los ojos azul oscuro, blanquísima,  con el cabello rubio resplandeciente cortado a la altura de los hombros. Le gustaba mandarse hacer vestidos, pantalones marineros y blusas en las sastrerías que hay en el centro, donde confeccionan ropa en 24 horas a la medida y muy bien  cortada. Los lucía con natural elegancia y presumía de que los sastres del centro eran magníficos y no cobraban caro. Su mamá era irlandesa católica, las dos iban a Misa a la catedral los domingos temprano. 

Mientras tomábamos café con toda calma,  yo estaba más que contento de que don Mauro se extendiera hablando de ella. Don Abel intervino en la conversación diciendo:

Por cierto, que don Emmanuell  sí llegó a ir de cacería conmigo a los cerros de la bahía, ¿eh?… pero tú nunca has querido ir.

Don Mauro, ¿es cierto que en lo alto de los cerros de la bahía se pueden cazar hasta pumas?

Eso sí es cierto, yo no soy aficionado, pero Abel se trepa por los cerros con un montón de amigos suyos que son cazadores, o los hace cazadores.

¿Te acuerdas cuando te llevabas a don Teddy Stauffer a perseguir tus pumas?

Si, caray, y don Teddy era buenísimo para escalar; estaba acostumbrado porque fue  instructor de esquí  en Suiza y  en Alemania.

Cuando vinimos a darnos cuenta ya iba a ser la una de la tarde.

Don Mauro me dijo que con gusto podríamos platicar más sobre Los Olvidos o lo que yo quisiera, y antes de despedirnos me dio una sorpresa:

Déjame buscar en mis cajones porque creo que puedo tener algunas fotografías tomadas en La Perla, por la plaza de la Quebrada y hasta en el Faro en que salen los Claymon, Teddy Stauffer, y en un descuido  hasta tu abuelito Pepe que, si mal no recuerdo,  se reunía con ellos y se ponían a platicar en inglés muy animados. Es probable que haya retratos en  el malecón porque algunos de los habituales del Mirador se iban a pescar pez vela, tiburones y mantarrayas. Déjame hacer un poco de memoria y date una vuelta por el Mirador la semana que entra si andas por aquí todavía. A la mejor no encuentro todas las fotos, pero estoy seguro de que si le echo ganas, puedo acordarme de detalles de anécdotas de tu  abuelo y el señor Claymon, porque en alguna ocasión don Pepe comentó que había vivido en Inglaterra muchos años y el señor Claymon era de por allá.

Don Abel riéndose me dijo en tono de broma:

Si hubiera sabido que aquí mi amigo Mauro me iba a dejar callado, ni vengo.

Don Mauro le replicó que comparado con él, Abel era un escuincle y se rieron de buena gana los dos.

¿Entonces en qué quedamos m’ijo?

Los  busco la semana que entra en La Perla, si le parece bien, don Mauro.

Claro que si muchacho,  y nos ponemos de acuerdo para platicar a gusto.

Cuando mis amigos se fueron, caminé hasta la playa de Las Hamacas, donde hay una escultura en bronce  de un niño recostado boca abajo sobre una roca, mirando su reflejo en el mar. Me senté frente a la escultura desde donde se ve toda la bahía a ras de agua. Me quité los huaraches y metí mis pies al mar.

Imaginé que ella estaba sentada a mi lado, Matilda, la irlandesa que sabía decir groserías como acapulqueña,  la joven que recorría las sastrerías del centro; quizás alguna vez le habría encargado vestidos a Paulino López,  el sastre y cortador “a la vanguardia de la moda”, que era mi amigo.

Al  ir  pensando de esta manera, brincó en mi mente que Paulino podría haberla conocido porque no había tantos sastres y él era sin duda de  los mejores. Me levanté de pronto y me encaminé al centro para saludar a Paulino y probar suerte.

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septiembre de 1884, y falleció en la Ciudad de México el 12 de abril de 1954. Anteayer se cumplieron 67 años de su deceso.  Este personaje, más conocido como Francisco J. Múgica, fue un militar y político. Participó en la Revolución mexicana siendo general de división; fue constituyente en 1917 y gobernador de los estados de Tabasco y Michoacán, así como del entonces Territorio de Baja California Sur y de las Islas Marías, además de titular de las Secretarías de Economía Nacional y Comunicaciones y Obras Públicas durante el gobierno de Lázaro Cárdenas Fue redactor del Manifiesto a la Nación que leyó en cadena nacional el presidente Cárdenas al decretar la expropiación petrolera. Fundamentalmente, su trabajo se enfocó a los artículos referentes a temas de religión, política, economía y educación de la constitución. Su ideología quedó plasmada en los artículos 3º, 27º y 123º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Francisco J. Múgica fue el sucesor natural de Cárdenas en la presidencia: firme izquierdista; creyente en las grandes reformas de Cárdenas (Reforma Agraria, Educación Socialista, Unidad Obrera, Nacionalización de la Industria); autor intelectual, o al menos el inspirador, de muchas de esas reformas. Su elección como sucesor, en fin, auguraba la continuidad de la política cardenista. Sin embargo, Múgica era mucho más radical que Cárdenas; quienes lo apoyaban lo veían como el gran consolidador de la obra social cardenista, mientras que sus opositores lo veían como un gran peligro que convertiría a México en una copia de la Unión Soviética. Francisco J. Múgica renunció a la Secretaría de Comunicaciones para hacer su precampaña y para que no hubiera dudas de que no habría ningún tipo de desvío de recursos públicos a la misma. Empezó una gira por el país, para entrar en contacto directo con obreros y campesinos, algunos dirigentes y caciques (como gobernadores y alcaldes) del PRM vieron esto como un peligro, por lo que fue obstaculizado en sus recorridos y saboteados sus partidarios. Múgica pidió una elección interna democrática y transparente para la libre selección del candidato, también propuso un debate abierto de programas entre los aspirantes, pero no fue escuchado. Ante la sucesión presidencial de 1940 dos personajes de la derecha ganaban adeptos rumbo a las elecciones del año siguiente: Joaquín Amaro y Juan Andrew Almazán; Cárdenas comprendió entonces que la candidatura de Múgica no sería bien recibida por el país ni por el extranjero; se necesitaba una candidatura de centro, menos radical, que lograra unificar a la dividida población y, sobre todo, que le quitara banderas al opositor Almazán. Esto lo representaba la candidatura de Manuel Ávila Camacho, el secretario de la Defensa Nacional; Múgica no tuvo otra opción que retirar su precandidatura y sumarse a la de Ávila Camacho, con quien tuvo una relación cercana. Pasadas las elecciones, que con graves conflictos y un sonado fraude electoral consiguieron dar la victoria a Ávila Camacho sobre Almazán. El presidente Ávila Camacho le ofreció un puesto en su gabinete, pero el General Múgica lo rechazó; sin embargo, por su trayectoria y poder, tampoco podía ser dejado fuera del gobierno. La solución fue designarlo gobernador del territorio de Baja California Sur, una de las zonas más alejadas, subdesarrolladas y poco pobladas del país. Ahora bien, el Gral. Francisco J. Múgica gobernó nuestro territorio (capital La Paz) de 1940 a 1946. A pesar de ser buen gobernante, en el año 1944 apareció entre los lugareños el Frente de Unificación Sudcaliforniano (FUS), que exigía al gobierno central un gobernante nativo. Por su parte, a Fco. J. Múgica, que era un hombre íntegro, le pareció noble tal reclamo y renunció al cargo, relevándolo el también Gral. de División Agustín Olachea Avilés, nacido en el poblado Todos Santos (a 82 km al sur de La Paz), quien ya había gobernado de 1929 a 1931.  Una de las mayores actividades que se realizaron durante la administración mugiquense fue la creación de obras de infraestructura hidráulica para el campesinado, a través de la entonces Comisión Nacional de Irrigación (CNI); organismo creado en 1926 durante la administración del Presidente Plutarco Elías Calles, actualmente CONAGUA. Su marco legal descansaba en la “Ley sobre Irrigación con Aguas Federales” (1926) y en la “Ley de Aguas de Propiedad Federal” (1934). La Comisión Nacional de Irrigación dependía de la Secretaría de Agricultura y Fomento, siendo el primer presidente de esta institución el ingeniero Luis L. León, siendo el lema de este organismo "Por la grandeza de México".   Solamente para darnos una ligera idea, de la importancia que a la construcción de estas obras le imprimió el Gral. J. Múgica a nuestro apartado y olvidado territorio, el inventario practicado el 1 de diciembre de 1943, tocante al rubro EXPLOSIVOS Y SUS DERIVADOS, mostraba la siguiente e impresionante existencia:  
  • 383 Cajas de dinamita
  • 12,958 Piezas de fulminantes # 6
  • 344 Rollos de cañuela blanca.
  • 100 Piezas de estopín # 8
Concluyendo, tuvieron que pasar treinta años de su deceso y, finalmente el 17 de diciembre de 1984, el Congreso decretó: “ARTÍCULO ÚNICO. Inscríbase en letras de oro, en lugar de honor del Recinto de la Honorable Cámara de Diputados, el nombre de FRANCISCO J. MUGICA”.  Muchos sudcalifornianos jamás olvidaremos a nuestro gobernante.  Aquí en La Paz (Baja California Sur) sobre la calle Aquiles Serdán aún existe la casona donde radicó durante su mandato, precisamente a una cuadra de la calle Revolución. ¡Vaya, qué histórica conjunción! Merecida y orgullosamente, una escuela y una de las más importantes arterias de la ciudad llevan su nombre.   NOTAS   https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Jos%C3%A9_M%C3%BAgica Archivo Histórico PABLO L. MARTÍNEZ, La Paz, B.C.S." ["post_title"]=> string(54) "Recordando al General y Político Francisco J. 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Alquilaron la vivienda, y la fueron amueblando y decorando despacito, con mucho amor (según dijeron, y yo no tengo por qué dudarlo). Todos los vecinos los esperábamos ya para darles una gran bienvenida el día de la boda. ¿Pero qué crees? Que llegó ella sola, vestida de novia, con cara de pocos (o ningunos, amigos); se encerró en la vivienda y se echó a llorar. ¿Y sabes por qué? Porque unos minutos antes de entrar a la iglesia se presentó una señora con tres niños y le dijo que estaba casada con el “novio” (así, entre comillas, para que se note más la mentira) y que esos eran sus hijos. El “novio” se enfureció, le pegó a la señora, corrió a los niños, y les dijo que no se metieran en su vida, que no tenían derecho a ello; que él los seguiría manteniendo, y eso era lo único que debía importarles. La mayoría de los invitados estaban indignados, pero hubo algunos que hasta le aplaudieron. Pero la novia no aguantó, así que le metió el ramo en la boca al fulanito ese, y lo tiró por las escaleras. Y se vino a la vecindad, dispuesta a emprender una vida nueva, aunque fuera sola. Pero como había renunciado a su trabajo antes de casarse, no tenía ni para comer. Los vecinos le ayudaron; ella aceptó por necesidad, pero pronto les dijo que ya no necesitaba su ayuda. ¿Y sabes lo que hizo? Puso en su vivienda una exposición de todo lo relacionado con su boda, y abrió una exhibición. El vestido de novia estaba en el centro, en el lugar de honor, iluminado por un reflector dorado, lo que le daba un aspecto casi irreal. En una mesita, lo que quedó del ramo luego de que se lo sacaron al “novio” de la boca, que todavía se veían las marcas de los dientes, y que fue uno de los objetos más apreciados. En otra mesita, los boletos de avión para la luna de miel. Y como casi ninguno de los vecinos había visto nunca un boleto de avión, causaron verdadera sensación porque, como dijo la del 32, “parece mentira que esos papelitos puedan mandarte a volar”. En lo que nadie se fijó es que eran para un vuelo “México-Toluca-México”, un vuelo que no existe (yo creo que el “novio” los hizo en persona para impresionar a la muchacha, pero se le pasó la mano). Al lado estaban las arras que, como ninguno de los dos tenía posibilidades, eran moneditas de 50 centavos; los anillos, apenas una bandita de metal blanco (yo creo que eran de plástico, pero no quise sacarlos de su error, porque ¡pobre muchacha!). Había una muestra de los manjares que iban a servir en el banquete; que no duraron mucho, porque los curiosos se los comieron en un descuido de la chica. Estaba también el vestido que le hicieron a su sobrinita para que le llevara la cola, que hizo llorar a la del 37, que es tan bronca, porque le recordaba cuando ella le llevó la cola a su mamá el día que se casó. El tocado era de flores verdaderas, y se marchitó en un par de días; pero allí permaneció, como “símbolo del amor asesinado por un desaprensivo”, en palabras de la novia ofendida. A la salida había una alcancía de cochinito (que fue el primer regalo que le hizo el “novio”), para que los visitantes depositaran su cooperación, con lo que la chica pensaba vivir hasta encontrar un trabajo. Así logró mantenerse unos días. Pero no contaba con el portero, que en cuanto se enteró de que ahí se manejaba dinero fue a pedir su parte, con el pretexto tan usado de que estaba lucrando con los bienes comunes de los vecinos, y que debía pagar un impuesto por ello. La chica se negó, y los vecinos la apoyaron. El conflicto escaló rápidamente, y el portero amenazó con mandar a sus guaruras a destruir la exposición y castigar a la ofensora, aunque sin especificar qué tipo de castigo le iba a aplicar (pero yo ya me lo imagino, porque la muchacha está guapita). Pero ella no se amilanó, y esa misma noche recogió sus cosas y, ayudada por varios vecinos, las metió a un taxi y se fue en busca de un lugar que le ofreciera mejores condiciones de vida. Qué triste, ¿verdad?, que no puedas vivir en un lugar que te gusta, nada más porque alguien dice que tienes que pagar impuestos. Pero así es la vida, mi amor; y no podemos hacer otra cosa. 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Anteayer se cumplieron 67 años de su deceso.  Este personaje, más conocido como Francisco J. Múgica, fue un militar y político. Participó en la Revolución mexicana siendo general de división; fue constituyente en 1917 y gobernador de los estados de Tabasco y Michoacán, así como del entonces Territorio de Baja California Sur y de las Islas Marías, además de titular de las Secretarías de Economía Nacional y Comunicaciones y Obras Públicas durante el gobierno de Lázaro Cárdenas Fue redactor del Manifiesto a la Nación que leyó en cadena nacional el presidente Cárdenas al decretar la expropiación petrolera. Fundamentalmente, su trabajo se enfocó a los artículos referentes a temas de religión, política, economía y educación de la constitución. Su ideología quedó plasmada en los artículos 3º, 27º y 123º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Francisco J. Múgica fue el sucesor natural de Cárdenas en la presidencia: firme izquierdista; creyente en las grandes reformas de Cárdenas (Reforma Agraria, Educación Socialista, Unidad Obrera, Nacionalización de la Industria); autor intelectual, o al menos el inspirador, de muchas de esas reformas. Su elección como sucesor, en fin, auguraba la continuidad de la política cardenista. Sin embargo, Múgica era mucho más radical que Cárdenas; quienes lo apoyaban lo veían como el gran consolidador de la obra social cardenista, mientras que sus opositores lo veían como un gran peligro que convertiría a México en una copia de la Unión Soviética. Francisco J. Múgica renunció a la Secretaría de Comunicaciones para hacer su precampaña y para que no hubiera dudas de que no habría ningún tipo de desvío de recursos públicos a la misma. Empezó una gira por el país, para entrar en contacto directo con obreros y campesinos, algunos dirigentes y caciques (como gobernadores y alcaldes) del PRM vieron esto como un peligro, por lo que fue obstaculizado en sus recorridos y saboteados sus partidarios. Múgica pidió una elección interna democrática y transparente para la libre selección del candidato, también propuso un debate abierto de programas entre los aspirantes, pero no fue escuchado. Ante la sucesión presidencial de 1940 dos personajes de la derecha ganaban adeptos rumbo a las elecciones del año siguiente: Joaquín Amaro y Juan Andrew Almazán; Cárdenas comprendió entonces que la candidatura de Múgica no sería bien recibida por el país ni por el extranjero; se necesitaba una candidatura de centro, menos radical, que lograra unificar a la dividida población y, sobre todo, que le quitara banderas al opositor Almazán. Esto lo representaba la candidatura de Manuel Ávila Camacho, el secretario de la Defensa Nacional; Múgica no tuvo otra opción que retirar su precandidatura y sumarse a la de Ávila Camacho, con quien tuvo una relación cercana. Pasadas las elecciones, que con graves conflictos y un sonado fraude electoral consiguieron dar la victoria a Ávila Camacho sobre Almazán. El presidente Ávila Camacho le ofreció un puesto en su gabinete, pero el General Múgica lo rechazó; sin embargo, por su trayectoria y poder, tampoco podía ser dejado fuera del gobierno. La solución fue designarlo gobernador del territorio de Baja California Sur, una de las zonas más alejadas, subdesarrolladas y poco pobladas del país. Ahora bien, el Gral. Francisco J. Múgica gobernó nuestro territorio (capital La Paz) de 1940 a 1946. A pesar de ser buen gobernante, en el año 1944 apareció entre los lugareños el Frente de Unificación Sudcaliforniano (FUS), que exigía al gobierno central un gobernante nativo. Por su parte, a Fco. J. Múgica, que era un hombre íntegro, le pareció noble tal reclamo y renunció al cargo, relevándolo el también Gral. de División Agustín Olachea Avilés, nacido en el poblado Todos Santos (a 82 km al sur de La Paz), quien ya había gobernado de 1929 a 1931.  Una de las mayores actividades que se realizaron durante la administración mugiquense fue la creación de obras de infraestructura hidráulica para el campesinado, a través de la entonces Comisión Nacional de Irrigación (CNI); organismo creado en 1926 durante la administración del Presidente Plutarco Elías Calles, actualmente CONAGUA. Su marco legal descansaba en la “Ley sobre Irrigación con Aguas Federales” (1926) y en la “Ley de Aguas de Propiedad Federal” (1934). La Comisión Nacional de Irrigación dependía de la Secretaría de Agricultura y Fomento, siendo el primer presidente de esta institución el ingeniero Luis L. León, siendo el lema de este organismo "Por la grandeza de México".   Solamente para darnos una ligera idea, de la importancia que a la construcción de estas obras le imprimió el Gral. J. Múgica a nuestro apartado y olvidado territorio, el inventario practicado el 1 de diciembre de 1943, tocante al rubro EXPLOSIVOS Y SUS DERIVADOS, mostraba la siguiente e impresionante existencia:  
  • 383 Cajas de dinamita
  • 12,958 Piezas de fulminantes # 6
  • 344 Rollos de cañuela blanca.
  • 100 Piezas de estopín # 8
Concluyendo, tuvieron que pasar treinta años de su deceso y, finalmente el 17 de diciembre de 1984, el Congreso decretó: “ARTÍCULO ÚNICO. Inscríbase en letras de oro, en lugar de honor del Recinto de la Honorable Cámara de Diputados, el nombre de FRANCISCO J. MUGICA”.  Muchos sudcalifornianos jamás olvidaremos a nuestro gobernante.  Aquí en La Paz (Baja California Sur) sobre la calle Aquiles Serdán aún existe la casona donde radicó durante su mandato, precisamente a una cuadra de la calle Revolución. ¡Vaya, qué histórica conjunción! Merecida y orgullosamente, una escuela y una de las más importantes arterias de la ciudad llevan su nombre.   NOTAS   https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Jos%C3%A9_M%C3%BAgica Archivo Histórico PABLO L. MARTÍNEZ, La Paz, B.C.S." ["post_title"]=> string(54) "Recordando al General y Político Francisco J. Múgica" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(51) "recordando-al-general-y-politico-francisco-j-mugica" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-14 13:22:15" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-14 18:22:15" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=63739" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(21) ["max_num_pages"]=> float(11) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "48b330cc9b3af30a533de7c17c3e8336" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Recordando al General y Político Francisco J. Múgica

Francisco José Múgica Velázquez  nació en Tingüindín (Michoacán) el 3 de septiembre de 1884, y falleció en la Ciudad de México el 12 de abril de 1954....

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