La SNHGE presenta su revista Academia Semper número 5

La Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística (SNHGE) presenta con éxito su revista Academia Semper Número 5, con la Coordinación Editorial y Presidente de la SNHGE, MCP. Óscar Tamez Rodríguez quien expresa: “Hemos alcanzado el No....

22 de abril, 2021

La Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística (SNHGE) presenta con éxito su revista Academia Semper Número 5, con la Coordinación Editorial y Presidente de la SNHGE, MCP. Óscar Tamez Rodríguez quien expresa:

“Hemos alcanzado el No. 5 de nuestra revista Academia Semper editada por la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, AC; el reto se dice sencillo pero ha sido un gran ejercicio editorial (…) En las páginas de este número, encontramos escritos históricos, cultura, arte y más (…) Seguimos en el esfuerzo de difundir los estudios e investigaciones históricas de las y los socios de número de la SNHGE, por igual que aquellas personas no socias nuestras”.

La revista Academia Semper es una publicación bimestral de aporte histórico, distribuida en formato digital. Por su contenido encuadra en lo que la Unesco denomina revistas académicas y científicas. Su distribución es gratuita y sin fines de lucro.

En esta edición encontramos el siguiente contenido:

Autor(es) Título del artículo Páginas
Alberto Casillas Hernández Influencia de ingenieros y consultoras en la Fundidora de Fierro y Acero de

Monterrey, SA por

5
Mario Treviño Villarreal La Insurgencia en el Noreste Novohispano 12
Luis Enrique Pérez Castro Sobre la (nueva) historia política 19
Juan Carlos Tolentino Flores Los niños que participaron en la revolución mexicana 25
Ana María Herrera Arredondo Análisis de dos obras de Fray Luis de León 29
Félix Ledezma Bocanegra La Historia también se pinta… Arte Sacro: Evangelizador y redentor 36
Miguel Ángel Kiyama Rodríguez La industria del vidrio en Nuevo León 39
Angélica Murillo Garza y Luis Arturo Fuentes Ramos A 40 años de Las Batallas en el Desierto: Retrato de una sociedad en llamas 47
Erasmo Enrique Torres López En el perdón de la cruz 54
José de Jesús Martínez Perales Intervención francesa en Montemorelos, NL 56
Mireya Chapa Chapa Pequeñas grandes historias: mujeres sabinenses que cambiaron vidas 62

 

Luis Arturo Fuentes Ramos y una servidora, Angélica Murillo Garza, agradecemos al MCP. Óscar Tamez Rodríguez por la publicación de nuestro artículo, así como nuestro reconocimiento por el esfuerzo editorial para la difusión de trabajos de investigación en las diferentes áreas del conocimiento.

Revista Academia Semper, Año 1. Número 05. Abril 17 de 2021. Monterrey, Nuevo León, México.  https://historiadores.org/revista-academia-semper-no-5/




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Rubirosa era una rara avis que volaba sobre cielos más azules que los nuestros que deslucían entre brumas y esperas; triunfaba en lugares que creíamos reservados para los franceses, los americanos o los italianos –ellos tan guapos, tan ricos y tan de avanzada–, y lo hacía con lo que entonces considerábamos nuestro capital exclusivo y de mayor valor: el don de gentes, la felicidad de palabra y como diría García Márquez en su “Buen viaje señor presidente”: “la inocencia de su corazón y el calibre de su arma…”.En fin, para quienes crecimos bajo las reglas de la guerra fría, aquello era tenerlo todo, el “ábrete sésamo” de la fortuna y la grandeza. Hoy, a la luz de los años pasados, la figura de Rubirosa merece una reinterpretación. Una nueva serie para la televisión por internet lo ofrece como un personaje más complejo, atormentado y afortunado a la vez, metido hasta el cuello en conspiraciones políticas y en situaciones límite que confirmaban su particular talento para lo mundanal y lo aventurero; hoy lo leemos distinto porque el tiempo del machismo habitual de la guerra fría se ha ido y tenemos que ensayar nuevas lecturas para poder comprender lo que nos está sucediendo en México y en el mundo. Rubirosa solo podía ser producto de aquella era en la que las dos superpotencias se demostraban mutuamente la dimensión de su fuerza y su poder, donde aparentar más era ser más y dónde afiliarse bajo el ala de los grandes era una forma de supervivencia. Porfirio Rubirosa vivió así, bajo la sombra de grandes que le permitían exhibir sus encantos y mantenerse vigente en los más augustos candeleros. El suyo era el talento de la buena fortuna, el del arrojo y la agilidad, de la astucia para estar con la República española y con el franquismo según fuera necesario, figurar como opositor y como miembro del equipo más cercano de Trujillo. El suyo era el sino del imaginario latinoamericano, el buen amante hispano que podía someter con el yugo dulce de sus encantos a las mujeres hermosas, poderosas y acaudaladas. Todo esto con la sazón de quien arriesgaba el pellejo de corazón y lograba escapar tanto de nazis como de su todopoderoso suegro, pero que se veía sometido por una noche de placer o una nueva aventura. Se convirtió en cierta forma en símbolo de su tiempo, de la impotencia y del poder de nuestro continente. Hoy lo veo en la televisión y en las nuevas publicaciones sobre él y sobre su círculo, se nos aparece como el hábil sobreviviente de su tiempo pero no como un modelo; se nos aparece más como una especie de fuga de la ficción a la realidad, pero ya no encaja con nuestros modelos de lo que consideraríamos virilidad o astucia política. Aparentemente fueron los hechos  los que echaron abajo la era interminable y perpetua de la guerra fría. A principios de los años de 1980, pensábamos que aquello sería para siempre, que no habría otra lectura del mundo; pero al mismo tiempo se ensayaban nuevas formas de leer la realidad, algo a lo que algunos llamaron “posmodernidad”, otras formas de apreciar la relación entre libertades y democracia, entre poder popular y ejercicio pacífico de los derechos, iban a formar las bases para que un grupo de personajes como el papa Wojtila, Reagan, Tatcher y Gorbachev pudieran cerrar una etapa de la historia universal. Desde luego, la cuestión era que ningún cambio político podía hacerse realidad si no se convertía en un cambio cultural de fondo. No bastaba con echar abajo el muro de Berlín –el mundo de Rubirosa y de James Bond– sino que necesitábamos construir nuevas palabras y nuevos conceptos que nos permitieran comprender ese mundo en el que nos estábamos aventurando. Una magnífica producción de televisión me ha puesto sobre la pista de un héroe ajado por el tiempo y polvoriento de viejos olvidos; lo veo como un símbolo de lo que fue y me quedo con la envoltura vistosa de sus aventuras. Volteo a mi alrededor y me fijo en que mi entorno se ha transformado, que estamos viviendo los días álgidos de un cambio que tomó tiempo cuajar y formarse; que no tenemos precisión de hasta dónde seremos capaces de llevarlo; que esta realidad que vivimos no tiene raíces en la elección presidencial pasada o en el desencuentro en que vivimos, en la caída de mitos y la falta de irrupción de los nuevos; pero que solo será fructífero en realidad si se convierte en cultura y deja huella si la trabajamos en temas como la construcción de una política cultural profunda, que fortalezca los discursos y transforme las costumbres. 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Llegué una vez más a la puerta de Los Olvidos donde me recibió Don Marcelino tan amable como siempre. - Cada vez llega usted más temprano joven; ¿Cómo le va? Ahora sí se tardó un poquito más en venir, hasta lo estábamos extrañando.  - Tuve que estar en México un poquito más que de costumbre para no atrasarme y no desatender mi despacho. - ¿Qué tal se le antojaría un cafecito de olla,  joven? - Claro, Don Marcelino, a poco tiene ahorita café de olla. - Y recién hechecito. - ¿Nos lo tomamos en el escondite, Don Marcelino? - Ahí mero si quiere; espéreme por aquí  y ahorita los traigo. -Unos minutos después regresó  con dos jarros de barro humeantes. - Y en jarritos,  como debe ser. - Claro, joven, el café de olla y el ponche se toman así  o no saben igual de bien. Jarrito en mano, nos encaminamos al escondite, y una vez ahí nos sentamos sobre la banquetita que yo llamaba el redondel, listos para la plática que no habíamos podido tener. - La última  vez que anduvo usted por aquí, ya no me dijo nada del perfume; por cierto que lo recogió mi esposa,  pero si lo necesita de nuevo, nada más me dice. - Gracias Don Marcelino; yo le digo.  No me sentía yo en ánimo  de relatarle lo que había sucedido con el perfume, y no creo que Don Marcelino lo imaginara; sin embargo, había algo en su mirada siempre viva, que parecía decirme que sabía que algo  había ocurrido aunque no podría saber exactamente qué.  - ¿Y qué le dicen los diarios y las cartas, joven Pecos? - No he leído todo, Don Marcelino. Hasta ahora he revisado algunas entradas del diario de 1942, que comienza en el mes de junio y un diario que estaba en la otra caja, que es de 1943 y que encontré de casualidad, porque yo creía que todos   los diarios estaban en la misma caja. - Usted revise todo lo que quiera. Incluso me dijo mi esposa que a la mejor le vendría a usted mejor llevarse las cajas a su casa y leerlas sin necesidad de estar yendo y viniendo. - No se me había pasado por la cabeza la idea, Don Marcelino, si de verdad no hay problema, me las llevo. ¿Pero podría seguir viniendo? - Una cosa no tiene que ver con la otra, joven; además, si le soy sincero, creo que todas esas cosas no aparecieron  para que las leyéramos nosotros… - Caray, Don Marcelino, me sorprende  usted porque no esperaba esto, muchas gracias. Debo decirle que he estado pensando  en esta casa, y  desde cuándo comenzó a llamarme la atención. Haciendo memoria,  creo que me di  cuenta de que existía, desde que mis hermanas y yo íbamos de muy chicos a la casa de la familia Ralph que tiene vista justamente hacia acá. - Sí joven, donde trabaja Benito. - Exactamente, Don Marcelino; desde la terracita de esa casa, se domina la vista de playa Angosta y hasta el final sobre el lado izquierdo encontré Los Olvidos mucho antes de saber que así se llamaba. El café de  olla estaba en su punto y por fortuna los jarritos eran de buen tamaño, así que seguíamos disfrutándolo muy a gusto. - ¿Y cómo se animó usted a venir a Los Olvidos y pedir que lo dejara ver la casa? - Esa es buena pregunta. Cuando era muy chico, nunca se me hubiera ocurrido, luego estuve internado en un colegio militar en Virginia, en Estados Unidos. Ahí me acordaba mucho de Los Olvidos sin saber ni por qué. Luego, comenzamos a venir a Acapulco otra vez y la volví a ver desde casa Ralph, la veía con otros ojos,  como si cuando estuve tan lejos, la distancia se hubiera acortado; desde entonces, pensaba en venir aquí algún día. Incluso estando en el internado, me la imaginaba por dentro; la vista, el sonido del mar, sus habitantes, sus historias y ya ve, ahora las estoy leyendo. La casa me fue atrayendo cada vez  más, hasta que una vez  que la estaba viendo desde la sinfonía, me animé y decidí buscarla, lo cual sin conocer no es fácil, porque no está sobre la avenida sino al final de la cerradita de Explanada. Finalmente di con el callejoncito y llegue al portón que por fortuna permite ver la casa a traves de la separación que hay entre los tablones y confirmé que era la que buscaba; lo demás ya lo sabe usted. Don Marcelino tomó su jarrito con las dos manos, y apuró dos sorbos dejando ver que lo disfrutaba mucho; tanto como yo, que también lo estaba tomando despacio para que durara lo más posible. - Le voy a hacer una confidencia, joven Pecos, mi mujer y yo hablábamos de la forma que fuimos encontrando tantas cosas en lugares que habíamos limpiado a conciencia y que estaban totalmente vacíos. Nos preguntábamos cómo podían llegar esas cosas a habitaciones o áreas cerradas con llave. Nosotros teníamos curiosidad de saber qué podía estar escrito en las cartas, las tarjetas postales y los diarios, y sabíamos que necesariamente habría ahí  buena parte de la historia de la casa y de sus dueños.  La vida se queda suspendida en los retratos y también en las cosas que uno escribe, en los objetos personales, en los sitios donde se ha vivido y más, si se ha vivido intensamente. Nunca había yo oído a Don Marcelino hablar de esa forma; siempre había yo pensado (y con razón) que era un hombre sensible e inteligente; alguien a quien no se le escapaban los detalles. Escuchándolo hablar así, disfrutaba doblemente; su conversación y el café de olla que era un perfecto acompañamiento. - Sé que le he dicho que la casa tiene vida, pero vida  impregnada de  nostalgia; el verla tan hermosa pero casi totalmente vacía, descuidada y sin sus dueños hace que uno imagine sus  mejores tiempos y lamente que hayan pasado de esta forma. Una vez más, siento que muchas respuestas deben estar en esas dos cajas de cartón y tal vez en otros rincones de la casa, como su baldosa, ya ve usted. Si usted se sentía atraído por Los Olvidos estando muy lejos y a pesar del tiempo transcurrido terminó llegando hasta la puerta pidiendo entrar, imagínese nosotros que viviendo aquí, percibimos la fuerza de la casa hasta imaginarla en sus tiempos de esplendor. Cuando usted vino la primera vez, mi mujer me preguntó quién era. Aun cuando nadie antes que usted había venido aquí a pedir que los dejáramos pasar para conocer la casa, siempre tuvimos la idea de que alguien llegaría alguna vez como usted llegó. La vez que yendo por el jardín encontró usted marcada la fecha de su nacimiento en una de las baldosas del caminito,  le dije a mi mujer y su comentario me sorprendió sinceramente. - ¡Ah caray!, ¿pues qué le  comentó? - Se va usted a sorprender. - ¿Qué le dijo su señora? - Mi señora me dijo: ¿te acuerdas que te lo  dije? Al decirme ésto, Don Marcelino me sonrió con afecto y picardía. Saboreaba mi reacción y su café de olla. - ¿Eso le dijo nada más? - Eso dijo para comenzar. Luego dijo que siempre había tenido curiosidad por la fecha grabada en aquella baldosa, y también me dijo que para ella, todo lo que fue guardando cuidadosamente en las dos cajas, tendría que ver con esa inscripción, y por eso cuando usted llegó pidiendo permiso para entrar, a ella lejos de sorprenderla, le pareció algo que tenía que pasar. Yo no sé quién haya grabado esa fecha ahí, pero sí puedo decirle esto: La respuesta a todas estas dudas, tiene que estar en esas cajas; todo lo que está escrito en esos diarios y en las cartas, no era para nosotros. Algunas veces llegamos a comentar que alguien tendría que leer todo eso; no podíamos imaginar que todos esos mensajes se perdieran como hojarasca al viento, o terminaran en la basura sin que las leyera quien tenía que leerlos. Joven Pecos, usted no vino aquí por curiosidad; creo que usted no sabía a qué había venido,  pero  sí  sabía que tenía que venir; ahora puede  usted  descubrir por qué.  ¿Puedo hacerle una pregunta, joven? - Claro que sí, Don Marcelino. - ¿Qué fue lo que vio en el  jardín aquella vez que llegué retrasado  y lo encontré en el corredor allá arriba? - Mientras lo esperaba en el corredor, estaba recargado en la barandilla mirando hacia el palmar sin poner especial atención en nada. De pronto escuché un sonido como de pasos sobre las hojas secas que había en el jardín, y vi a una joven caminando por el palmar, llevaba un vestido blanco y el cabello largo, un poco más  abajo  de los hombros. En ese momento llegó usted llamándome, ¡y lo echó todo a perder! Don Marcelino no esperaba que le dijera yo eso, y puso cara de sorpresa, sin saber cómo reaccionar. - ¡Es broma, Don Marcelino! Lo que pasa es que al mirar nuevamente hacia el jardín, la joven ya no estaba, y yo quería haber visto su cara; sus ojos. Pero entonces usted me dijo que no había nadie más que usted y su familia y que me había yo imaginado a la  chica. - No, joven, es cierto que le dije que estábamos mi familia y yo y que no había invitados, pero no le dije que se la había usted imaginado. Se nos había pasado el tiempo muy rápido, y Don Marcelino amablemente me dijo que tenía que hacer algunas cosas. - ¿Va a ir al mirador a seguir revisando las cosas? - Sí, Don Marcelino, ¿y sabe qué?  Si no le importa, por ahora no me quisiera llevar las cajas; preferiría seguir leyendo los diarios y ver las fotos aquí mismo; creo que es lo mejor, aunque no sé  decirle por qué. - No hay problema, joven Pecos, ya le dije que usted puede venir todas las veces que quiera... - Gracias, Don Marcelino, entonces nos vemos al ratito, y gracias por el café.  - Ándele joven, yo aquí voy a andar si se le ofrece algo. En camino al mirador me detuve en el corredor para ver el palmar, el cerro de la Pinzona se veía claramente; lo fui recorriendo con la vista hasta que pude localizar la casa Ralph; al verla desde aquí, imaginé si ella alguna vez se habría detenido en este mismo punto mirando hacia allá; qué habría estado pensando; qué habría estado sintiendo…" ["post_title"]=> string(22) "Los Olvidos - Parte 30" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "los-olvidos-parte-30" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-21 09:09:44" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-21 14:09:44" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64305" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18112 (24) { ["ID"]=> int(64574) ["post_author"]=> string(2) "73" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-27 09:03:03" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-27 14:03:03" ["post_content"]=> string(5460) "Siempre me emocionó que el modelo del 007 fuera un latinoamericano y aunque Porfirio Rubirosa nunca ha sido un personaje popular, para quienes conocieron sus andanzas (retratadas por Truman Capote y por Mario Vargas Llosa) constituía una especie de hito histórico; aquel hombre venido de una pequeña isla caribeña pobre, diminuta y sometida además a una de las más férreas y sanguinarias dictaduras, la de Trujillo. 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Hoy lo veo en la televisión y en las nuevas publicaciones sobre él y sobre su círculo, se nos aparece como el hábil sobreviviente de su tiempo pero no como un modelo; se nos aparece más como una especie de fuga de la ficción a la realidad, pero ya no encaja con nuestros modelos de lo que consideraríamos virilidad o astucia política. Aparentemente fueron los hechos  los que echaron abajo la era interminable y perpetua de la guerra fría. A principios de los años de 1980, pensábamos que aquello sería para siempre, que no habría otra lectura del mundo; pero al mismo tiempo se ensayaban nuevas formas de leer la realidad, algo a lo que algunos llamaron “posmodernidad”, otras formas de apreciar la relación entre libertades y democracia, entre poder popular y ejercicio pacífico de los derechos, iban a formar las bases para que un grupo de personajes como el papa Wojtila, Reagan, Tatcher y Gorbachev pudieran cerrar una etapa de la historia universal. Desde luego, la cuestión era que ningún cambio político podía hacerse realidad si no se convertía en un cambio cultural de fondo. No bastaba con echar abajo el muro de Berlín –el mundo de Rubirosa y de James Bond– sino que necesitábamos construir nuevas palabras y nuevos conceptos que nos permitieran comprender ese mundo en el que nos estábamos aventurando. Una magnífica producción de televisión me ha puesto sobre la pista de un héroe ajado por el tiempo y polvoriento de viejos olvidos; lo veo como un símbolo de lo que fue y me quedo con la envoltura vistosa de sus aventuras. Volteo a mi alrededor y me fijo en que mi entorno se ha transformado, que estamos viviendo los días álgidos de un cambio que tomó tiempo cuajar y formarse; que no tenemos precisión de hasta dónde seremos capaces de llevarlo; que esta realidad que vivimos no tiene raíces en la elección presidencial pasada o en el desencuentro en que vivimos, en la caída de mitos y la falta de irrupción de los nuevos; pero que solo será fructífero en realidad si se convierte en cultura y deja huella si la trabajamos en temas como la construcción de una política cultural profunda, que fortalezca los discursos y transforme las costumbres. Un mundo en el que personajes como Rubirosa sigan siendo fascinantes por su colorido pero seamos capaces de construir otros más duraderos por su contenido.   @cesarbc70" ["post_title"]=> string(27) "Rubirosa, un mito maltrecho" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(26) "rubirosa-un-mito-maltrecho" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-27 09:03:03" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-27 14:03:03" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64574" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(19) ["max_num_pages"]=> float(10) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "dbf3a8c88985b79ef61424d6256f9911" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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