La resiliencia en la arquitectura

La arquitectura sostenible diseñada y construida con el propósito de alcanzar la resiliencia es la gran respuesta a las situaciones adversas provocadas por sismos, huracanes, inundaciones y otros fenómenos naturales

16 de mayo, 2023 La resiliencia en la arquitectura

Podemos considerar a la resiliencia como la habilidad de cualquier núcleo urbano para superar la adversidad, producto del impacto o la afectación debida a condiciones emergentes o catástrofes, al contribuir favorablemente a la adaptación y transformación que lleven a dar continuidad a la actividad habitual del mismo.

Impulsar la sostenibilidad, un reto para superar la adversidad

Todos los días, la construcción, en sus distintas manifestaciones, es generadora de condiciones medioambientales sumamente adversas, que se reflejan en una gran diversidad de daños que demandan ya soluciones resilientes que desde la enseñanza de la arquitectura no podemos seguir posponiendo.

Hoy día, la construcción es generadora, solo en la CDMX, de 14 000 toneladas diarias de residuos que coloquialmente conocemos como cascajo. Ésta es una cantidad superior en 2 mil toneladas por día a los desechos orgánicos e inorgánicos que se producen en los hogares, comercios, industria, hospitales.

Adicionalmente, los procesos tradicionales de construcción, resultantes de diseños arquitectónicos y de ingeniería que hoy nos son comunes, son altamente consumidores de combustibles fósiles (el uso de plantas de “luz”  que la generan a base de diésel), en los grandes proyectos inmobiliarios y de vivienda, que generan una alta demanda energética, son fuente de liberación de dióxido de carbono, con el consecuente impacto ambiental. Así, la construcción de una vivienda de interés social es generadora de 3.5 kg de gases de efecto invernadero.

 

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En los procesos que seguimos en el diseño y construcción de obras nuevas o de remodelación, mejoramiento o ampliación, invariablemente generamos deshechos resultantes, primero de la demolición de áreas sujetas a intervención, donde residuos de acero, madera, tabique o block, vidrio, concreto, cemento, herrería, plásticos, etc. Son simplemente sujetos de recolección, en ocasiones de separación, carga, transporte y tiro en un sitio de disposición final, que en muchas ocasiones el transportista deposita donde le viene en gana y así vemos desperdicios a ambos lados de carreteras, lotes baldíos, caminos vecinales….

Estas prácticas se llevan a cabo desde hace muchos años y el impacto negativo sobre el medio ambiente se observa en diversas manifestaciones a saber: emisiones de CO2, partículas suspendidas conocidas como PM 2.5, contaminación de mantos freáticos y efectos adversos en la flora y la fauna.

Su impacto en la economía, en lo general y en el costo de las edificaciones es sumamente elevado, agreguemos a todo ello el impacto ambiental que producen en la periferia de las ciudades las ladrilleras, que para hacer ladrillo y tabique en procesos artesanales utilizan llantas que queman para mantener la temperatura de los hornos donde se producen.

Por si fuera poco, en la enseñanza de la arquitectura pareciera que lo importante es producir formas atractivas visualmente y no espacios de alta calidad en su habitabilidad y así el diseño y los procesos de edificación, la modulación de materiales, la propuesta de aquellos de origen reciclado de bajas emisiones y nulo desperdicio no forman parte de la propuesta de los docentes ni forman parte de los programas de estudio ni de la formación académica.

Estas condiciones, sumamente adversas implican la puesta en práctica de soluciones resilientes que conllevan acciones puntuales en materia de sostenibilidad inaplazables y que exigen desde la formación académica una nueva visión, donde se inculque desde el inicio de los cursos y de todas las asignaturas el uso de procesos sostenibles, amigables con el medio ambiente, donde el consumo de energía, agua y materiales sean de muy bajas emisiones y generadoras de muy poco desperdicio. Debemos además reconocer que estas prácticas resilientes serán factor de abatimiento de costos en la producción de las edificaciones y en su operación a lo largo de su vida útil.

¿Por dónde empezamos?

Conociendo, reconociendo y difundiendo los perniciosos  efectos de cómo hemos venido haciendo las cosas, impulsando el conocimiento de los principios de la economía circular, donde desde el diseño nos proponemos:

  • Utilizar materiales producidos de otros de origen reciclado
  • Consumo de energía renovable desde el proceso de diseño hasta la construcción y operación de las edificaciones
  • Uso de agua tratada en la fase de construcción y durante la operación para limpieza de elementos exteriores y riego de vegetación en patios y fachadas (muros verdes)
  • Captación obligada de agua de lluvia
  • Tratamiento de aguas residuales para su reuso en sitio
  • Aprovechamiento  de muros y azoteas verdes para ahorro de energía consumible en calefacción o acondicionamiento de aire
  • Comprobar desde la perspectiva de costos los beneficios económicos resultantes

Desde el momento en que entendamos el grave daño que ocasiona la práctica profesional que irresponsablemente difundimos y pongamos en práctica un proceso a toda luces resiliente como lo es impulsar la sostenibilidad en el ejercicio profesional, estaremos en posición desde las aulas de comparar costos y beneficios de incorporar esta nueva e indispensable visión que adicionalmente  genera importante beneficios a la salud.

Generación de riqueza y desarrollo económico

El instalar plantas para la recepción y reciclaje de materiales de desperdicio, puede ser un negocio relevante y altamente  remunerativo. Ese es el verdadero sentido de la economía circular.

Conclusiones: 

  • La resiliencia es hoy un concepto que debemos tomar en cuenta. Nuestra capacidad de reponernos a fenómenos adversos es resiliencia.
  • La arquitectura sostenible, pensada, diseñada y construida con el propósito de alcanzar la resiliencia es la gran respuesta a  las situaciones adversas provocadas por sismos, huracanes, inundaciones y otros fenómenos naturales.
  • El reciclaje, reuso y rediseño partiendo de materiales de demolición, ahorra dinero y genera utilidades.
  • Educar en las escuelas de arquitectura a los futuros profesionales es la clave para mejorar la calidad de vida de todos.

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