Documental de Greta Thunberg llegará al FICM

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22 de octubre, 2020 Greta Thurnberg

El documental Yo soy Greta Thunberg, que retrata a la joven activista contra el cambio climático, tendrá su estreno en el Festival Internacional de cine de Morelia (FICM) el próxino cinco de noviembre.

En agosto de 2018, Greta Thunberg, una estudiante de 15 años en Suecia, inicia una huelga escolar por el clima. Su pregunta para los adultos: si no te preocupas por mi futuro en la tierra, ¿por qué debería preocuparme por mi futuro en la escuela?

El documental muestra una adolescente, que decide después de ver en la escuela una película sobre los efectos del cambio climático, aprende todo lo que dice la ciencia sobre el tema.

Su padre, que la acompaña en todo momento, llega a asegurar que Greta sabe más sobre esta emergencia climática que el “97% de los políticos” a causa de su memoria fotográfica.

Yo soy Greta Thunberg, es el resultado de más de 100 horas de grabación del cineasta Nathan Grossman, que siguió a Greta Thunberg desde que comenzó a protestar ante el Parlamento sueco hasta que cruzó el Atlántico en velero.

En unos meses su huelga se convierte en un movimiento global. Greta, una tranquila niña sueca dentro del espectro del autismo, es ahora una activista de fama mundial.

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Esta teoría olvida convenientemente o ignora que los distintos metabolismos, por razones hormonales y bioquímicas, ocasionan que la saciedad individual requiera de mayor o menor ingesta de alimentos, y que la ansiedad, ocasionada por el estrés (niveles muy altos de cortisol) que ocasiona el ambiente en el que viven los individuos (desvelos, largos trayectos en transporte, acceso exclusivo a “vitamina T”, los bajos salarios, sistemas de salud precarios o inaccesibles, educación de mala calidad, violencia intrafamiliar, servicios públicos deficientes o inexistentes, son los condicionantes sociales que determinan tu masa corporal y bienestar. Como se aprecia, somos menos libres de lo que sostiene la idea de libre albedrío y estamos altamente condicionados por las influencias orgánicas y sociales. Sin embargo, requerimos de libertades políticas y económicas para evitar la tiranía. Y necesitamos igualdad para eludir el malestar, la angustia y la polarización consecuente que ocasionan las brechas que separan a los sectores privilegiados de los que carecen de lo elemental. El abismo que separa a unos y otros grupos sociales ha causado que dejen de comunicarse. Hemos perdido la capacidad de entender al otro, en detrimento de la pluralidad y la diversidad, de la tolerancia y de la convivencia pacífica. En suma, libertad e igualdad son valores cardinales de la sociedad moderna, arraigados en el mismo instinto de supervivencia. Pero ninguno de los valores es absoluto, como enseñó Isaiah Berlin. Conviven en equilibrio, delicado, precario, fugaz. Este filósofo inglés preguntaba en Árbol que crece torcido: qué tanta igualdad queremos para qué tanta libertad. Su conclusión es que la libertad absoluta de los coyotes implica el exterminio del gallinero, y la igualdad absoluta aniquila la libertad: es el camino del totalitarismo. En resumen, responsabilizar al individuo del control de su entorno social, económico y político es una doble trampa y una aberración. La primera trampa consiste en eximir al Estado y a las corporaciones de su responsabilidad e igualar el poder personal con el de los grandes grupos económicos cuando la democracia ha degenerado en plutocracia; es decir, pesa menos el voto del ciudadano común que el voto de las élites económicas: con sus vastos recursos inclinan a un lado u otro la decisión política, salvo excepciones. Una de ellas es cuando un potente relato moviliza a los indignados y encumbra a hombres providenciales. La segunda trampa es una aberración: si todo depende de la voluntad personal del individuo, de su libre elección, y cuando enfrenta sus problemas y malestares se siente y se sabe impotente, se frustra. Alimenta el malestar social saberse incapaz de controlar y cambiar el entorno. Se condena a la impotencia y a la inmovilidad porque el individuo solitario es incapaz de cambiar el statu quo. Estamos ante un nuevo determinismo. La libertad que conduce a la impotencia termina por aceptar como inamovible el orden de cosas. Una sociedad de personas frustradas e impotentes se convierte en una olla de presión que eleva la inconformidad y la frustración a grados quizá explosivos. Libertad e igualdad se necesitan y condicionan. Una sin la otra conduce a sociedades disfuncionales y a la infelicidad colectiva.  " ["post_title"]=> string(42) "El origen religioso de libertad e igualdad" ["post_excerpt"]=> string(129) "Libertad e igualdad se necesitan y condicionan. Una sin la otra conduce a sociedades disfuncionales y a la infelicidad colectiva." 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El origen religioso de libertad e igualdad

Libertad e igualdad se necesitan y condicionan. Una sin la otra conduce a sociedades disfuncionales y a la infelicidad colectiva.

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