Cartas a Tora XXXIII

Querida Tora:   Querida Tora:          Ya empezaron las lluvias. El otro día llovió mucho, y en el agujero del patio se acumuló mucha agua; y los niños, sin pedir siquiera permiso, se tiraron a nadar ahí....

21 de abril, 2017

Querida Tora:

 

Querida Tora:

         Ya empezaron las lluvias. El otro día llovió mucho, y en el agujero del patio se acumuló mucha agua; y los niños, sin pedir siquiera permiso, se tiraron a nadar ahí. Más que nadar, era chapotear; pero se divirtieron mucho. El administrador (ya no me atrevo a llamarlo portero) se dio cuenta; y en cuanto pudo llamó al muchacho del 7 y se pusieron a desarrollar una idea para hacer una playa artificial en el patio. Reunieron al Consejo, y todos se entusiasmaron: total, sólo había que llenar el hoyo de agua, volcar unas cargas de arena y poner unas palmeras artificiales. Esto último fue objeto de una acalorada discusión, porque unos querían hacerlas de papel de china y otros de papel crepé: que si uno se desteñía y el otro no, que uno se deshacía con el agua y otro aguantaba las mojadas, que si uno daba sombra más fresca que el otro, que si los rayos ultra-violeta, que cuál era más ligero… Como no se ponían de acuerdo, hicieron una de papel de china y otra de papel crepé. Y cuando llovió, las dos se destiñeron igual y los papeles se arrugaron y se desgarraron lo mismo. Pero a los vecinos no les importó, porque tenían agua y arena. Que la arena no sé de cual era, porque cuando se mojó se hizo dura y resbalosa, y no veas los sentones que se dieron, que a la vieja del 14 se le rompió el coxis (la parte baja de la espalda, que ahí tiene mal nombre y mala fama), y la tuvieron que enyesar sentada y con las piernas abiertas, y no cabía por ninguna puerta. Le tuvieron que poner una tienda de campaña en el pasillo,  para que durmiera; y para llevarla al baño la ponían en el barandal de la escalera y la aventaban; pero no te preocupes, porque abajo pusieron un colchón para que cayera en blando. Lo malo fue cuando les escuincles (niños, chavos, como los quieras llamar) lo cogieron para jugar a los acróbatas, y la señora se daba santos guamazos. Lo de guamazos se explica solo, ¿verdad? En cuanto a lo demás, no sé cómo pueden ser santos unos golpes que te tiran los dientes, te dejan todo moreteado y te hacen hablar como carretonero. Porque la vieja esa, con todo y sus aires de duquesa, echa ajos y cebollas por cualquier cosa (No en forma literal, por supuesto. Pon un poco de tu parte para entenderme).

Todo fue muy bien, hasta que los bañistas empezar a enfermarse. Casi todos, del estómago. Y corrieron al Seguro Vecinal. A los primeros les dieron aspirina s y anti-diarreicos; pero cuando se les acabaron, la enfermera empezó a darles cocimientos de geranios o de una planta que se llama teléfono (no sé por qué). Que lo único que hicieron fue enfermarlos más. Pero ella les decía que ese era el proceso de la enfermedad. Total, que cuando los enfermos empezaron a ensuciar las sábanas y luego los písos de las viviendas, les dijo que les conectaran unas mangueras, para que no tuvieran que llevarlos a los baños a toda prisa y ensuciando la escalera.

Sólo se curaron tres o cuatro de los más jóvenes. Los vecinos estaban muy excitados, amenazando con quejarse a la Secretaría de Salud. Entonces, el chavo del 7 les dijo que no hicieran algo que luego iban a lamentar, y les prometió traerles medicinas; pero mientras, les dijo que comieran muchos nopales con harina cruda, porque con eso se formaba un engrudo que atraparía a todos los virus, por chiquitos que fueran. Los tuvo así dos días, y algunos acusaron cierta mejoría. Entonces le dijo a la enfermera que machacara muchos ajos y que los disolviera en alcohol, y que se los hiciera tomar a cucharadas y en ayunas.

¿Y qué crees? Dio resultado. Algunos se quedaban como noqueados; pero luego se despejaban y decían que sentían el estómago limpio. Más de tres dijeron que lo tenían escaldado (alcohol con el estómago vacío, imagínate) y no podían comer; pero cuando les daban un vaso de leche echaban fuera todo lo que tenían dentro. ¿Tu sabes cómo les quedó la ropa? Como no tienen lavaderos suficientes, porque no han podido arreglar los que se estropearon el dia de la inauguración, tuvieron que llevarla a la lavandería. Pero atascaron las lavadoras, y tuvieron que hacerlo a mano; y,  encima, pagar las composturas. No, si la aventura tropical les salió muy cara. Porque también tuvieron que pagar el desmonte de la piscina improvisada y la fregada de escaleras y pasillos, y les quedaron muy pocas ganas de volver a jugar a las playas artificiales.

Al administrador no se le vio en todo ese tiempo. Dijo que había tenido que tomar un diplomado de “Contabilidad Financiera en Vecindades Antiguas”. Yo creo que tuvo miedo de que se desatara una epidemia y le echaran la culpa, y se fue a ocultar al hotel de junto (ahí tiene muchas amigas). Cuando por fin apareció, se mostró muy acongojado por lo que había pasado y, al mismo tiempo, aliviado de ver que no había sucedido nada irremediable (el señor del 43 se murió, pero parece ser que fue de pulmonía y no de padecimientos digestivos: de todas formas, ya tenia 95 años, y era un estorbo para su familia).

También se murió un gato por beber de esa agua. Pero eso no les importa.

Bueno, hasta la próxima.

Te quiere,

              Cocatú

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Enrique Delgado Fresán
Traductor, escritor e Ingeniero Químico por la UNAM, con experiencia laboral de más de 40 años en distintas industrias. Como traductor cuenta con una amplia trayectoria. Ha traducido del inglés al español alrededor de 30 obras de teatro de diversos géneros (comedia, drama, musicales), tales como: “El Hombre de La Mancha”, “El Violinista en el Tejado”, “El Reino de la Tierra”, “Sálvese Quien pueda”, “Sabueso” y “Cabaret” entre otras. Cuenta con la Certificación de Perito Traductor del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, con el No. 43 en la lista de Traductores e Intérpretes en Inglés donde en aproximadamente lleva 10 años haciendo traducciones de diferentes tipos. Ha publicado en revistas como “España”, “Mire”, “Aspectos”, “Istmo” y un libro llamado “Los Beatles. Una historia irrepetible”. Es autor de cinco obras teatrales. Ha escrito guiones televisivos para diversos programas. En 2016, la Sociedad General de Escritores de México le otorgó la presea “Caridad Bravo Adams”. Contacto: [email protected]

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