Cartas a Tora VIII

Querida Tora: Los vecinos andan un poco alborotados porque lo de los lavaderos no progresa, porque el agujero del patio sigue igual y porque ya… Querida Tora:          Los vecinos andan un poco alborotados porque lo de...

14 de octubre, 2016

Querida Tora: Los vecinos andan un poco alborotados porque lo de los lavaderos no progresa, porque el agujero del patio sigue igual y porque ya…

Querida Tora:

         Los vecinos andan un poco alborotados porque lo de los lavaderos no progresa, porque el agujero del patio sigue igual y porque ya ni siquiera pueden hablar con el portero. Cada vez que intentan hacerlo, alguno de sus achichincles (¿Sabes lo que es eso? Pon a trabajar tu imaginación) les dice que soliciten audiencia por escrito, con tres copias y un pago de cincuenta pesos a la cuenta que les indiquen. Ninguno sabía cómo hacer una carta, hasta que la del 6, que alguna vez trabajó en un Juzgado, se ofreció a hacerla. La primera carta se las devolvieron porque estaba escrita a máquina, y tenía que ser con computadora. La re-hicieron, y tuvieron que volver a pagar los cincuenta pesos. Eso lo pusieron entre casi todos (siempre hay alguno que no tiene dinero). También se las devolvieron, porque le faltaba un acento a una palabra.

         A la tercera va la vencida, y el portero (perdón, el Administrador) no se atrevió a desafiar esa ley. Los pasó a una oficina que puso con un escritorio muy grande, en la que apenas caben él y su sillón (acolchado y giratorio), por lo que los vecinos se quedaron afuera y no oían casi nada. ¿Y qué crees que les dijo? Que había entrevistado a muchos albañiles, y que ninguno respondía al perfil que se necesitaba: bueno, barato, serio y practicante de su religión (la que fuera), porque no iba a exponer a los vecinos a la influencia de algún irresponsable que quisiera torcer sus creencias (¿te imaginas?). Claro, en ésto casi todos fallaban. Pero les aclaró que ya le estaban diseñando otro formato de entrevista, a ver si con ese tenían más suerte.

         Los  vecinos se retiraron; unos pensando que no le faltaba razón; y otros, mentándole la madre. Y siguieron hablando del asunto durante unos días, hasta que sucedió algo que desvió su atención: el del 41 siempre ha vivido solo, pero el otro día llegó un sobrino suyo a vivir con él. Es un muchacho que parece hecho a mano, con todo en su lugar y de un tamaño considerable (para los estándares de esta gente). El caso es que todas las muchachas están locas por él. Sobre todo, la de los 15 años. ¿Te acuerdas? Esa a la que le celebraron los 15 años a los 26 y ya tenía dos hijos (ahora son tres). Y su mamá anda más ancha que un hipopótamo, diciendo que a los 60 años se le hizo el milagro de tener una hija (que si le sale como la madre, menuda la que le espera). Esa muchacha, en cuanto el sobrino se quede solo, se embaraza otra vez.

         Pero no es la única. Todas se ponen a babear cuando lo ven pasar rumbo al gimnasio, con pantalones cortitos y una camiseta que resalta todo. Y no sólo las jóvenes, ¿eh? También las viejas. Y hay algunas muy aventadas; y otras, muy brutas. Ese sobrino va a tener que cuidarse mucho y no hablarle a nadie, para salir bien librado.




         Total, que el señor del 41, al que casi nadie le hablaba, es ahora el más asediado. Sobre todo, cuando sale con su sobrino al cine o al King’s. Allí ya le tienen reservada una mesa donde todos lo pueden contemplar y admirar como si fueran “Hot Dogs of Arrachera with Frijoles Cowboy”.

         Los gatos también los seguimos mucho, porque casi todos los vecinos nos dan pellejos duros y feos o sobras de su comida; pero el del 41 nos da carne de verdad o comida de esa que venden ya preparada, que no está tan mal; pero a mí me produce gases, y tengo que andar muy listo para alcanzar la carne, porque a veces no me toca ni una piltrafa. Pero la gatita rubia me ayuda mucho, porque todos la dejan pasar primero, y ella me guarda unos pedazos. Ya no sé cómo agradecerle tantos favores.

         ¿Qué tal estuvo la fiesta de cumpleaños de tu mamá? ¿Fue quien tú sabes y yo no quiero nombrar? No por celos, sino porque es presuntuoso y pedante como el que más. Ya me imagino a tu mamá como la gatita rubia, dándole los mejores pedazos de carne y de todo lo que haya hecho. Eso sí; tengo que admitir que es muy buena cocinera. Pero, al contrario de la gatita rubia, a mí me deja los últimos pedazos, los que se le quemaron (no me atrevo a decir los que se le pudren, porque en eso sí es cuidadosa, y no hace más que el daño necesario para alejarme; pero no me conoce, ni conoce mi capacidad de aguante ni el amor que te tengo). Pero ya veremos, ya veremos quién ríe al último, si ella o tu fidelísimo admirador.

Te quiere,

         Cocatú

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