Cartas A Tora II

Querida Tora… Querida Tora: El sábado tuvimos fiesta en la vecindad. Fue el baile de 15 años de la hija del señor del 36. Yo no lo podía creer: la muchacha tiene 26 años y dos hijos,...

26 de agosto, 2016 gato1

Querida Tora…

Querida Tora:

El sábado tuvimos fiesta en la vecindad. Fue el baile de 15 años de la hija del señor del 36. Yo no lo podía creer: la muchacha tiene 26 años y dos hijos, pero era una promesa que el hombre tenía que cumplir.

Resulta que el día que cumplió los 15 no le hicieron la fiesta porque no tenían dinero. La chava hizo un entripado fenomenal, y de puro coraje se fue con su novio al hotel de al lado, y se estuvo allí tres días. Y si salió fue porque el papá y la mamá y la abuelita fueron a buscarla, y le prometieron que le harían el baile en cuanto tuvieran dinero. Así que la muchacha regresó a su casa; pero ya iba embarazada. A la mamá le dio pena que los vecinos se enteraran, y la mandó con unos parientes hasta que naciera el bebé, y luego dijo que la madre era ella. La chava siguió como si nada, cambiando de escuela y de novio cada tres meses; pero cuando tenía 20 años le reclamó al papá la fiesta, y como tampoco se la podían hacer en ese momento hizo otro entripado y volvió a quedar embarazada. Esa vez la mandaron hasta Culhuacán, que está más lejos; y su mamá volvió a hacerse la embarazada, y hasta fue con un montón de vecinas a dar las gracias a San Juan Tadeo porque le había hecho el milagro a los 50 años. Yo no sé cómo San Judas no se bajó del altar y le dio un coscorrón, que era lo menos que se merecía. El caso es que la chava tiene dos hijos; pero como pasan por sus hermanos, no les hace nada de caso, y ni siquiera sabe si van a la escuela o no. Esto lo saben todos los vecinos, pero se hacen como que la Virgen les habla, porque todos están esperando el baile prometido.

El caso es que el papá se sacó un dinerito a la Lotería, y no tuvo más remedio que hacer la fiesta. Pero para no gastar mucho, la hizo en el patio de la vecindad. El portero se lo alquiló, y le consiguió mesas y sillas y hasta arreglos florales por lo mismo que le hubiera cobrado un salón elegante; pero como el del 36 no lo sabía, ni coraje hizo.

Todas las mujeres fueron de largo. La mamá de la chava, que es muy coda (no es el femenino de codo, ¿eh?) se puso el vestido de todos los días y le cosió abajo una tela del mismo color, y arriba le puso una escarola que le sobró de la Navidad pasada. Se veía muy folklórica.




Los hombres de negro. Playera o camisa negra, aunque tuvieran anuncios; y una flor en el ojal, la que fuera menos zempazúchitl, porque eso es llamar a la muerte.

A la quinceañera sí le hicieron un vestido nuevo: color de rosa, de organdí con encaje y olanes de colores; llevaba flores y mariposas por todos lados; y hasta campanitas en las enaguas, así que sonaba como carrito que vende helados. Cuando apareció por la escalera principal, envuelta en nubes de humo de hielo seco, se llevó una ovación que la hizo llorar.

El portero ofició como maestro de ceremonias, y hasta recitó una estrofa de “Madre querida, madre adorada”. Luego, el primer vals, que yo no sé por qué dicen que es el primero, porque la chava ya está más bailada que “La Cucaracha”. Pero no fue con el papá, como exige la tradición. El portero dijo que, siendo la persona con más autoridad allí presente, a él le correspondía bailar el primer vals. El papá hizo su entripado, pues la fiesta la estaba costando a él; pero media botella de tequila se lo curó. El potero aprovechó para verificar  con las manos las medidas de la chava; pero ella, en su emoción, no se dio cuenta de nada. Luego bailó con el papá, y al acabar lo abrazó y lo besó, agradecida. Le tocó también al abuelito, que con su silla de ruedas no podía seguir el ritmo, y lo substituyó un tío que hizo lo mismo que el portero; pero ahí sí, la chava se dio cuenta y lo sentó en una maceta con nopales que la del 13 tiene en la entrada de su vivienda. Por fin les tocó a los chavos, que se peleaban por bailar con ella. El ganón fue el del 22, que hasta se la llevó a la azotea “para que contemplara la luna con nuevos ojos”; pero por allí se pasaron al hotel de junto, así que a ver si no resulta embarazada otra vez, y no por algún entripado.

El mayor problema fue el de los baños. Los vecinos a quienes les tocaba ese día entraron sin dificultades (“La ley es la ley”, dijeron los encargados). Pero a los que no les tocaba, les cobraron la entrada; y a los invitados, doble. Fue idea del portero, que quedó muy contento con lo que se recaudó, y dijo que ya podían ir empezando a pensar en arreglar el drenaje.

A las cuatro de la mañana empezaron a desfilar los invitados. El último fue el papá de la chava, pero en vez de entrar al 36 se metió al 38, donde vive una señorita soltera de muy buen ver, y allí pasó lo que quedaba de noche. Como a las siete de la mañana salió, procurando que no lo viera nadie, y entró a su vivienda. Su esposa lo recibió con cara de preocupación, agradeciendo al cielo que no le hubiera pasado nada.  El se excusó diciendo que fueron los cuates, que le dijeron que no todos los días cumple 15 años una hija, que habían sobrado unas botellas de la fiesta y no era cuestión de desperdiciarlas. La señora es muy comprensiva; le hizo unos chilaquiles muy picosos, lo acostó y hasta lo arropó.

A la chava la fueron a sacar el hotel hasta el otro día. Al chavo del 22 le dieron una paliza, y al final el abuelito lo atropelló con su silla de ruedas; el abuelito salió disparado hasta la banqueta y se rompió el cuello, pero el honor de la familia quedaba a salvo. Ojalá no quede embarazada, porque esta vez ni San Judas Tadeo le hace el milagro a su mamá.

Espero que te haya interesado lo que te acabo de contar. Yo la pasé muy bien, lengüetendo los vasos de los vecinos cuando no me veían, hasta que me sentí flotar como nube. Creí que sin darme cuenta me había convertido en pájaro; pero no, allí estaba la gatita rubia mirándome con ojos de hambre. Pues déjame decirte que yo corrí hasta un edificio cercano y me escondí detrás de un tinaco, hasta que me desperté y me puse a escribirte para que no se me olvidara nada.

Te quiere

Cocatú

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