CARTAS A TORA CLXXXIX

Querida Tora: En pleno verano, con  las lluvias y los huracanes en otras partes del país, el clima está irregular, y eso hace que haya muchos resfriados. Es lo que acaba de ocurrir, y en la vecindad...

31 de julio, 2020 cartas

Querida Tora:

En pleno verano, con  las lluvias y los huracanes en otras partes del país, el clima está irregular, y eso hace que haya muchos resfriados. Es lo que acaba de ocurrir, y en la vecindad hay muchos casos de gripas, tos y cosas parecidas. Todos acudieron al Seguro Vecinal, pero este “Instituto” (como pomposamente lo llama el portero) no tenía casi nada. A algunos dio aspirinas o bicarbonato; y a los privilegiados, chiquiadores de ruda (que se le acabaron al segundo día). Entonces, los vecinos fueron a protestar con el portero, diciendo que ellos pagaban puntualmente sus cuotas al Seguro, y que era  injusto que éste no los pudiera atender.

El portero no les hizo caso (como siempre), pero ellos, que estaban muy enojados, le armaron manifestaciones ante la puerta de la portería, y día y noche gritaban consignas contra su proceder, hasta que lo hartaron; y tuvo que salir a prometerles que el problema estaría solucionado el día siguiente.

Pero no tenía dinero. Ni un centavo.  Es que la semana pasada, como la Flor no ha venido en varias semanas y él estaba muy urgido, fue con la enfermera a que le diera sus “cuidados paliativos” hasta que la situación se normalice; y se acostó en el diván con  todo y botas que acababa de estrenar, pero lo único que logró fue rasgarlo completamente. Y como se le salían los resortes y eso le resultaba muy incómodo, lo mandó retapizar y, de paso, ponerle unos faldones que se veían preciosísimos (a juicio de la enfermera). Pero el portero tiene muchos recursos.

Lo que hizo fue convencer al señor del 27, un viejo bastante achacoso que le debe algún “favorcito”, de que “se enfermara de muerte”, e hizo correr la voz de que ya no podía respirar. Pero como no quería pedir cuotas a los vecinos para alquilar un respirador, les pidió que lo ayudaran yendo a soplar en la recámara del enfermo, cerca de sus narices, para hacer el efecto de un respirador artificial. Y se formaron comisiones, que se estaban determinado número de horas soplando sin  descanso ante aquellas narices largas y ganchudas. Algunos enfermaron a su vez, y la situación empeoraba todos los días. Un vecino trajo un ventilador, pero al poco rato hizo corto circuito y estuvo a punto de causar un desastre (en realidad, uno de los guaruras echó agua en el contacto para provocar el corto).

Luego, otro vecino trajo una aspiradora para provocar la corriente de aire. Le dijeron  que la aspiradora aspiraba, no soplaba. Él contestó que era electricista y técnico en todo tipo de electrodomésticos y podía hacer que funcionara al revés. Se estuvo un rato manipulando el motor del aparato y sí, logró que la aspiradora soplara a todo soplar. Lo malo fue que el aire tenía que pasar por la bolsa, que estaba llena de polvo y basura, y la habitación se llenó de porquerías (en  confianza, te diré que en las narices del “agonizante” encontraron una cucaracha aplastada, pero no se lo dijeron al pobre, que ya bastante tenía con quejarse y toser todo el día).




Los vecinos cumplieron como buenos, y al enfermo no le faltó aire ni un momento. Así estuvieron  una semana. Al cabo de ese tiempo, todos los gripientos de la vecindad se habían aliviado, y ya no hubo necesidad de continuar con el “tratamiento” del señor del 27. Pero varios vecinos tuvieron que guardar cama unos días por agotamiento pulmonar. Pero para eso no hay curación, afirmó el científico diagnóstico de la enfermera, harta ya de lidiar con enfermos, y se las tuvieron que arreglar como pudieron.

Mientras, el portero consiguió un préstamo para comprar ruda y preparar nuevos chiquiadores, y la paz volvió a la vecindad.

A mí me dio mucho gusto ver que los vecinos se solidarizaran con el afectado por la enfermedad; pero más coraje me dio comprobar que la autoridad no hizo más que engañarlos y aprovecharse de ellos. ¿O a ti qué te parece?

Te quiere,

Cocatú

Comentarios
object(WP_Query)#18150 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(26635) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "25-03-2021" ["before"]=> string(10) "22-04-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(14) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(26635) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "25-03-2021" ["before"]=> string(10) "22-04-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "cultura-para-todos" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(false) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#18050 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(14) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#18158 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#18057 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "25-03-2021" ["before"]=> string(10) "22-04-2021" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(463) "SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2021-03-25 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2021-04-22 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (26635) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (14) ) AND rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish') GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2" ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#18085 (24) { ["ID"]=> int(64272) ["post_author"]=> string(2) "73" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-20 08:46:43" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-20 13:46:43" ["post_content"]=> string(8553) "Hace unas horas terminé de escribir un relato con el pretexto de desmenuzar la Ciudad de México como personaje literario, escenario de literaturas y espacio vital de escritores y lectores. Traté de hacerlo conforme a mis memorias y recurrí a las fuentes solo cuando no estaba seguro de haber dispuesto del dato preciso, porque llevo tantos años viviendo y leyendo la Ciudad que he querido confesarle mi amor de esta manera. Ninguna novedad, sabe cuánto la adoro desde hace mucho; cómo he sufrido sus dolores y sus penas; cómo he soportado sus desvaríos, su cariño agreste y no pocas veces sus desengaños e indiferencia. No sé cuándo empecé a leer sobre la Ciudad. Tal vez en algún momento me di cuenta de que estaba amando a mi ciudad cuando la leí conscientemente. No me refiero solo al Elogio de la Calle de Quirarte o a Los rituales del Caos de Monsiváis, enormes compendios que ya justifican la aproximación; sino a los íntimos, a las caricias ya de novio entrado en afectos; la casa inexistente de Aura, la de Carlos Fuentes, en el 815 de Donceles, número que no existe ni existió jamás, aunque ahora por donde podría haber estado, una librería de viejo, La Casona de Aura, que aprovecha el mito; los paseos de Carlitos en la Roma de Las batallas en el desierto, monumento a la Colonia Roma que es por sí misma toda una literatura; porque yo, como Pacheco, “me acuerdo, no me acuerdo” del barrio Chino de la Calle de Dolores, donde se desarrolla El Complot Mongol de Rafael Bernal aunque ya no sea aquel rincón patibulario sino una versión abreviada y topicalizada de los barrios chinos de otras grandes ciudades. Porque, es cierto, mi relación con la ciudad está íntimamente ligada a mi vida de lector y a mi trabajo de escritor porque si bien mis andanzas lectoras me han llevado con buena fortuna de Islandia a Sudáfrica, regreso siempre a la literatura de casa, de mis barrios, por misteriosos que parezcan como en Morirás lejos de José Emilio Pacheco; descarnados como en la Novela Criminal de Volpi o acelerados y relajientos como en La Tumba de José Agustín, así es mi ciudad; de todo y para todos. Lugares luminosos, como la vieja librería Porrúa en Justo Sierra y Argentina, donde todos pasamos alguna vez por nuestros libros de texto y por nuestros Sepan cuantos, con el que muchos comenzamos nuestras bibliotecas; lugares tenebrosos como Lecumberri, y me cae encima la memoria ruda de El apando de José Revueltas y como su frase “pinches monos… pinches monos…” que me ha dado pesadillas desde que lo leí siendo un adolescente y donde también estuvo preso Álvaro Mutis, por una cuestión de pesos, algo menos épico que Burroughs (por el asesinato de su esposa), y  Revueltas o González de Alba acusados por opositores, algo menos oprobioso que la acusación que le hicieron a José Agustín de tráfico de drogas y que también tuvo hospedaje en el Palacio Negro. Para mí Lecumberri no es una cárcel sino un archivo y sobre todo el lugar donde leí la mayor parte de Cien Años de Soledad por primera vez, mientras esperaba en los jardines del ya entonces Archivo General de la Nación mientras estaba de pasante de Derecho y esperaba documentos de trámites de migración (lo cual habla muy bien de la velocidad de lectura que tenía a los dieciocho años y la lentitud de la burocracia mexicana que sigue sin mejorar). Así, asociando ideas, de manera libre como se recorre el librero de casa, esos Cien años... me llevan a recordar al Gabo cenando en la Taberna del León de Plaza Loreto porque, claro, la casa del Gabo, la última que tuvo, está en la calle de Fuego 144 donde todavía la gente deja flores amarillas el 6 de marzo; en esa casa escribió Crónica de una muerte anunciada y ahí recibió la noticia del Nobel; tuvo otra antes, rentada, la que su heroico casero –deberían levantarle un monumento en algún lugar de la Ciudad –no quiso vender nunca porque ahí se había escrito Cien años de Soledad, ni siquiera al mismísimo Gabo, y le aguantó el cobro de la renta hasta que le dieron el anticipo de la publicación; esa casa en el número 19 de la Calle de la Loma, atrás de Televisa San Ángel, es ahora un centro cultural gracias a la generosidad de este héroe de la literatura iberoamericana; de hecho, cuenta la leyenda que durante años hubo una placa que decía “En esta casa se escribió Cien años de soledad” pero que alguien se la robó una noche. Como todos los que tratamos de lidiar con la pluma, en mi adolescencia también jugué a ser intelectual y como suele suceder en esta ciudad mi escenario favorito era Coyoacán, lo sigue siendo; el Coyoacán de Cantar de Ciegos, de Carlos Fuentes, libro de cuentos que guarda uno que me gusta mucho, “Las dos Elenas”, donde habla de una proyección privada de El Ángel exterminador; el de la plaza está llena de historia, tuya, mía, de todos, como lo es la ciudad, ahí de niño fue donde ví a Novo en donde en 1980 abriría la librería El Parnaso que ya no existe porque en 2011 se la comió el arrendamiento y “El hijo del cuervo”, que fundaron en 1986, Carmen Boullosa y Alejandro Aura. En fin, me vuelvo a mis libros y a mis recuerdos, al café La Blanca sobre 5 de mayo, que se supone es la sede de los desvaríos de Max Aub con el nunca acontecido asesinato de Franco; al Café La Habana, en el 62 de la  Calle Morelos, esquina con Bucareli, entre la Secretaría de Gobernación y el fantasma de las sedes de los dos principales diarios del medio siglo XX,  El Universal y Excélsior y donde se escribieron muchas de las crónicas que dieron vida al periodismo de la época, fue sede de la tertulia de Octavio Paz, García Márquez y Renato Leduc, se dice que también ahí se fraguó la Revolución Cubana, en las citas de Fidel y el Che y que incluso el líder inventó en sus cocinas la torta cubana; de lo que sí tenemos certeza es que ahí se desarrolló el movimiento infrarrealista, entre Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño y que el Café Quito, de “Amuleto”, de éste último, es en realidad el Habana. Me vuelvo a mi escritorio con este amor irredento y con la certeza de que para crear todo esto lo único que hemos necesitado es tiempo, talento y libertad en dosis enormes y ya visto en perspectiva, de eso, tenemos de sobra en nuestras alforjas los chilangos.   @cesarbc70 http//:cesarcallejas.me  " ["post_title"]=> string(20) "Ciudad de mis amores" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "ciudad-de-mis-amores" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-20 08:48:50" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-20 13:48:50" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64272" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18084 (24) { ["ID"]=> int(64177) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-16 13:33:08" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-16 18:33:08" ["post_content"]=> string(4969) "Querida Tora: Hay una familia que vive en el 51, muy tranquila, muy agradable. El señor, sobre todo, es muy serio: vive para su trabajo y para sus hijos. Sin olvidar a la esposa, claro, porque la atiende como no te imaginas. Todo iba muy bien con ellos, hasta que una de las chamacas del 37 cumplió 16 años. Dirás que eso no tiene nada nada que ver, pero es que en cuanto se sintió “grande” inició una ofensiva contra el señor del 51. Le puso cerco; se le tropezaba en todos lados los rincones, le sonreía con todos los dientes y lo miraba con ojos insinuantes. Como el asedio tranquilo no le daba resultado, dio un paso adelante. Se dio cuenta de que iba al trabajo en  Metro, y ella dejó de tomar el camión para ir a la escuela y desde ese día viajó en Metro, aunque tenía que transbordar. “Casualmente” se encontraba al del 51 en la calle o en la estación, y viajaban juntos, y, entre las apreturas de la hora pico, se le sobaba de arriba abajo, por delante y por detrás, y varias veces le metió mano. El del 51 hacía como que no se daba cuenta, pero bien supo lo que estaba pasando. Entonces, optó por salir mucho más temprano; pero la chava lo imitó, y una vez que iba sentado, en el Metro, lo vio y corrió a sentarse en sus piernas (y no sabes cómo se movía la condenada). Como tampoco eso le dio resultado, resolvió contarle a la del 38 (que es su incondicional) lo que sufría con la indiferencia del señor. Y al día siguiente, ya todos los vecinos murmuraban que el del 51 no funcionaba bien, que era poco hombre y que resultaba un peligro para todos los niños de la vecindad. Naturalmente, todos le dejaron de hablar, a él y a su esposa; y a los niños les prohibieron que jugaran con los del 51. Los pobres no sabían lo que pasaba, pero se enteraron en cuanto los del 41 fueron a invitar al señor a ir al gimnasio con ellos. Eso puso al hombre sobre aviso, y resolvió poner fin al chisme. Y, efectivamente, el domingo que estaba la gente en el patio, se subió a un banquito y les dijo a los vecinos que él era tan hombre como el que más, y que si no le hacía caso a la chava del 37 era porque respetaba a las mujeres y quería a su esposa, a la cual no estaba dispuesto a faltar. ¿Y sabes qué? Lo abuchearon. Así como te lo cuento. El pobre hombre tuvo que ir a refugiarse en su vivienda para escapar de la pamba con picahielos a la que lo querían someter. El del 37 (¡Imagínate! el papá de la chava) se reía de él en sus narices, y una vez juntó a un grupo de compañeros de borrachera para no dejarlo entrar a la vecindad “por ser la vergüenza de los vecinos honrados”. Las viejas le decían cosas muy feas cuando pasaban a su lado. La señora del 37 le sacaba la lengua en cuanto lo veía; y la chava se levantaba las faldas más arriba de la cintura cuando lo veía venir, con lo que lo único que consiguió fue que uno de los ninis de la azotea la violara una tarde que no tenía nada que hacer. Lo peor fue cuando su esposa lo enfrentó y le dijo que a ver qué hacía, porque ella no iba a permitir que sus hijos crecieran con el estigma (esa fue la palabra que usó, no estoy exagerando) de tener un padre maricón. El pobre hombre corrió a la tienda, compró una botella de mezcal y otra de tequila, se las bebió de un jalón y fue a tocar la puerta del 37, a exigir que saliera la chava que tenía 16 años (y ninguna de las otras, añadió). Pero la que salió fue la madre, que es muy bronca; lo llamó acosador, sádico, maníaco sexual, violador y otras lindezas por el estilo, le atizó un golpe con el mango de la escoba y lo dejó tirado en el pasillo “para que lo recogiera la mártir de su mujer”. El hombre estuvo tres días en cama. No tanto por el golpe, sino por el disgusto que se había llevado, porque se puso amarillo, amarillo y lo vomitaba todo. Pero los chismes se calmaron. Aunque no tanto. Porque unos días después me di cuenta de que las viejas se reunían en los tendederos, y entre lo que platicaban hacían alarde de las “faenas” de sus esposos, y competían a ver cuál de ellos tenía más hijos en las calles aledañas. Si los ven con alguna otra mujer, hacen unos escándalos espantosos; pero si alguno tiene un hijo con otra, lo felicitan y le llevan una veladora a algún santo de su devoción. ¿Quién entiende esas cosas? Debe ser cosa de consultarlo con algún psiquiatra, pero yo no tengo tiempo para eso, y te lo dejo a ti de tarea, que al fin y al cabo eres mujer (o un equivalente), y debe serte más fácil entenderlo… Y cuando regrese, me lo explicas, por favor. Te quiere, Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "CARTAS A TORA 220" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(17) "cartas-a-tora-220" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-16 13:33:08" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-16 18:33:08" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64177" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18085 (24) { ["ID"]=> int(64272) ["post_author"]=> string(2) "73" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-20 08:46:43" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-20 13:46:43" ["post_content"]=> string(8553) "Hace unas horas terminé de escribir un relato con el pretexto de desmenuzar la Ciudad de México como personaje literario, escenario de literaturas y espacio vital de escritores y lectores. Traté de hacerlo conforme a mis memorias y recurrí a las fuentes solo cuando no estaba seguro de haber dispuesto del dato preciso, porque llevo tantos años viviendo y leyendo la Ciudad que he querido confesarle mi amor de esta manera. Ninguna novedad, sabe cuánto la adoro desde hace mucho; cómo he sufrido sus dolores y sus penas; cómo he soportado sus desvaríos, su cariño agreste y no pocas veces sus desengaños e indiferencia. No sé cuándo empecé a leer sobre la Ciudad. Tal vez en algún momento me di cuenta de que estaba amando a mi ciudad cuando la leí conscientemente. No me refiero solo al Elogio de la Calle de Quirarte o a Los rituales del Caos de Monsiváis, enormes compendios que ya justifican la aproximación; sino a los íntimos, a las caricias ya de novio entrado en afectos; la casa inexistente de Aura, la de Carlos Fuentes, en el 815 de Donceles, número que no existe ni existió jamás, aunque ahora por donde podría haber estado, una librería de viejo, La Casona de Aura, que aprovecha el mito; los paseos de Carlitos en la Roma de Las batallas en el desierto, monumento a la Colonia Roma que es por sí misma toda una literatura; porque yo, como Pacheco, “me acuerdo, no me acuerdo” del barrio Chino de la Calle de Dolores, donde se desarrolla El Complot Mongol de Rafael Bernal aunque ya no sea aquel rincón patibulario sino una versión abreviada y topicalizada de los barrios chinos de otras grandes ciudades. Porque, es cierto, mi relación con la ciudad está íntimamente ligada a mi vida de lector y a mi trabajo de escritor porque si bien mis andanzas lectoras me han llevado con buena fortuna de Islandia a Sudáfrica, regreso siempre a la literatura de casa, de mis barrios, por misteriosos que parezcan como en Morirás lejos de José Emilio Pacheco; descarnados como en la Novela Criminal de Volpi o acelerados y relajientos como en La Tumba de José Agustín, así es mi ciudad; de todo y para todos. Lugares luminosos, como la vieja librería Porrúa en Justo Sierra y Argentina, donde todos pasamos alguna vez por nuestros libros de texto y por nuestros Sepan cuantos, con el que muchos comenzamos nuestras bibliotecas; lugares tenebrosos como Lecumberri, y me cae encima la memoria ruda de El apando de José Revueltas y como su frase “pinches monos… pinches monos…” que me ha dado pesadillas desde que lo leí siendo un adolescente y donde también estuvo preso Álvaro Mutis, por una cuestión de pesos, algo menos épico que Burroughs (por el asesinato de su esposa), y  Revueltas o González de Alba acusados por opositores, algo menos oprobioso que la acusación que le hicieron a José Agustín de tráfico de drogas y que también tuvo hospedaje en el Palacio Negro. Para mí Lecumberri no es una cárcel sino un archivo y sobre todo el lugar donde leí la mayor parte de Cien Años de Soledad por primera vez, mientras esperaba en los jardines del ya entonces Archivo General de la Nación mientras estaba de pasante de Derecho y esperaba documentos de trámites de migración (lo cual habla muy bien de la velocidad de lectura que tenía a los dieciocho años y la lentitud de la burocracia mexicana que sigue sin mejorar). Así, asociando ideas, de manera libre como se recorre el librero de casa, esos Cien años... me llevan a recordar al Gabo cenando en la Taberna del León de Plaza Loreto porque, claro, la casa del Gabo, la última que tuvo, está en la calle de Fuego 144 donde todavía la gente deja flores amarillas el 6 de marzo; en esa casa escribió Crónica de una muerte anunciada y ahí recibió la noticia del Nobel; tuvo otra antes, rentada, la que su heroico casero –deberían levantarle un monumento en algún lugar de la Ciudad –no quiso vender nunca porque ahí se había escrito Cien años de Soledad, ni siquiera al mismísimo Gabo, y le aguantó el cobro de la renta hasta que le dieron el anticipo de la publicación; esa casa en el número 19 de la Calle de la Loma, atrás de Televisa San Ángel, es ahora un centro cultural gracias a la generosidad de este héroe de la literatura iberoamericana; de hecho, cuenta la leyenda que durante años hubo una placa que decía “En esta casa se escribió Cien años de soledad” pero que alguien se la robó una noche. Como todos los que tratamos de lidiar con la pluma, en mi adolescencia también jugué a ser intelectual y como suele suceder en esta ciudad mi escenario favorito era Coyoacán, lo sigue siendo; el Coyoacán de Cantar de Ciegos, de Carlos Fuentes, libro de cuentos que guarda uno que me gusta mucho, “Las dos Elenas”, donde habla de una proyección privada de El Ángel exterminador; el de la plaza está llena de historia, tuya, mía, de todos, como lo es la ciudad, ahí de niño fue donde ví a Novo en donde en 1980 abriría la librería El Parnaso que ya no existe porque en 2011 se la comió el arrendamiento y “El hijo del cuervo”, que fundaron en 1986, Carmen Boullosa y Alejandro Aura. En fin, me vuelvo a mis libros y a mis recuerdos, al café La Blanca sobre 5 de mayo, que se supone es la sede de los desvaríos de Max Aub con el nunca acontecido asesinato de Franco; al Café La Habana, en el 62 de la  Calle Morelos, esquina con Bucareli, entre la Secretaría de Gobernación y el fantasma de las sedes de los dos principales diarios del medio siglo XX,  El Universal y Excélsior y donde se escribieron muchas de las crónicas que dieron vida al periodismo de la época, fue sede de la tertulia de Octavio Paz, García Márquez y Renato Leduc, se dice que también ahí se fraguó la Revolución Cubana, en las citas de Fidel y el Che y que incluso el líder inventó en sus cocinas la torta cubana; de lo que sí tenemos certeza es que ahí se desarrolló el movimiento infrarrealista, entre Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño y que el Café Quito, de “Amuleto”, de éste último, es en realidad el Habana. Me vuelvo a mi escritorio con este amor irredento y con la certeza de que para crear todo esto lo único que hemos necesitado es tiempo, talento y libertad en dosis enormes y ya visto en perspectiva, de eso, tenemos de sobra en nuestras alforjas los chilangos.   @cesarbc70 http//:cesarcallejas.me  " ["post_title"]=> string(20) "Ciudad de mis amores" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "ciudad-de-mis-amores" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-20 08:48:50" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-20 13:48:50" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64272" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(16) ["max_num_pages"]=> float(8) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "9645d6b9a0e42df9d759dba5194e6dc6" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Ciudad de mis amores

Hace unas horas terminé de escribir un relato con el pretexto de desmenuzar la Ciudad de México como personaje literario, escenario de...

abril 20, 2021

CARTAS A TORA 220

Querida Tora: Hay una familia que vive en el 51, muy tranquila, muy agradable. El señor, sobre todo, es muy serio: vive...

abril 16, 2021




Más de categoría

El St. Denis mexicano

El Tata Dionisio, capo del narcotráfico de México, comenzó su trayectoria desde un poblado de Sonora que ni en...

abril 21, 2021
Los Olvidos

Los Olvidos - Parte 30

Regresé a Acapulco después de tres semanas que dediqué a atender pendientes de mi despacho para poder  “hacer mi...

abril 21, 2021

Ciudad de mis amores

Hace unas horas terminé de escribir un relato con el pretexto de desmenuzar la Ciudad de México como personaje...

abril 20, 2021

CARTAS A TORA 220

Querida Tora: Hay una familia que vive en el 51, muy tranquila, muy agradable. El señor, sobre todo, es...

abril 16, 2021