Querida Tora:
Te voy a hablar de un señor de quien nunca te he hablado. ¿Por qué? Porque tiene poco tiempo en la vecindad, y porque es muy callado. Todos en su familia son muy callados, muy corteses, muy buenas personas. Pues resulta que este señor trabaja en una Secretaría, y tiene un sueldito decente, y es muy conservador y muy ahorrativo, así que nunca da de qué hablar. Pero hace unos días llegó a su casa, y le dijo a su mujer.
-Martita es una chica muy mona, pero un poco tonta. Con el tiempo que lleva en la Secretaría, ya debía haber aprendido mucho más, pero nomás no le entran las cosas. El jefe le pidió que elaborara un informe para entregar al Secretario, y no supo hacerlo. Entonces, me pidió ayuda a mi.
-¿Y la ayudaste?
-Le hice el informe. Y el jefe quedó muy contento, y la felicitó delante de todos. Ahora le da todos los informes y otras cosas más para que se los haga. pero el que los hace soy yo.
-Pues díselo al jefe de la oficina.
-No puedo, porque ahora se va con él todos los días. Y la invita a comer y a bailar, y andan de uña y mugre.
Y un día que llegó como a las diez de la noche, le dijo:
-Tuve que hacer todo el trabajo de Martita y el de su hermana, que ya empezó a salir con el asistente del jefe.
-Eso es una injusticia. Y se no se lo dices al jefe, se lo diré yo.
El hombre tuvo que contener a la esposa, que varias veces se dispuso a ir a la oficina y hablar con el jefe. Y varias veces le tuvo que prometer que hablaría con él. A los quince días, como no lo había hecho, lo enfrentó:
-¿Por qué no has hablado con tu jefe?
-Porque no está. Ya venía su niño – es el primero – y le dieron unos días para que lo recibiera y se fuera acostumbrando a la paternidad.
-Bueno, por lo menos no te habrán dado trabajo extra.
-Al contrario. Martita salió de vacaciones, y me pasó todo su trabajo.
-¿Y la hermana? ¿No puede ayudarla ella?
-Huy, no. Es más tonta que Martita, y apenas puede con lo que le da el asistente.
-Pues no estoy conforme con que te traten así.
-Yo tampoco. ¿Pero qué quieres que haga?
Al cabo de unos días, en los que el hombre llegaba más y más tarde, la mujer se volvió a quejar.
-Ya casi no te veo.
-Son las cosas del trabajo. Ya pasarán.
-¿Pero cuándo?
-Mira, Martita ya ascendió a amante oficial del jefe, y ese es el puesto más alto que hay en la oficina. Ahora, ella manda a todos. ¡Y ay del que le repele! ES una mujer cruel, y se está vengando de todos los que no la ayudaron cuando era una simple empleada. Si yo digo algo, me puede costar el puesto, ¿ y a donde voy a ir con mis años y mis achaques? Ya pasó mi tiempo de enfrentar al mundo. Ya sólo pido que me dejen ese rinconcito donde ganarme la vida y la de mi familia, Yo ya no cuento. Esperaré la jubilación tranquilamente.
Ya perdió la esperanza, Y eso es lo peor que puede ocurrirle a un hombre.
Te quiere
Cocatú
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