Querida Tora:
Tuvimos un caso triste en la vecindad. Por lo menos, a mi me dejó una impresión muy fea. Me gustaría conocer tu opinión .
Llegó una familia nueva al 19: el señor, la señora y una niña como de 8 años. Parecía una familia muy bonita, por la forma en que se trataban; y demostraban mucho cariño entre ellos. Así estuvieron un tiempo; pero un día, el señor perdió su trabajo. Vivieron un tiempo de algunos ahorros que tenían, pero ese dinero se acabó, y era muy difícil pagar la renta, comprar la comida y todo lo que necesita una familia. Yo los oí discutir una noche, cuando hasta ese momento todo parecía ir muy bien. Y al día siguiente, la señora salió muy temprano, muy bien arreglada y con cara de pocos amigos. Así estuvo unos días, y por fin regresó contenta.
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Yo corrí a acostarme en su ventana, y así me enteré de que la señora había conseguido un trabajo de vendedora de productos para el hogar, que la obliga a ir a casas de personas que reúnen a algunas amigas, y ella hace la presentación de sus productos. Pero las reuniones son a veces muy temprano, y a veces al atardecer, de modo que iba a volver tarde por las noches. El señor la felicitó, pero se veía que no estaba muy contento. La señora le dijo que de ese momento en adelante, él tendría que encargarse de llevar a la niña a la escuela, a darle de comer y a ayudarla en todo lo que necesitara.
Antes de dos semanas, la señora se iba casi al amanecer y volvía a medianoche o más tarde. Decía que había tenido muchas reuniones, y que había vendido mucho. Y era verdad, porque yo oí que se lo contaba a la del 7, que se había hecho su amiga. Pero llegó un día en que la señora casi no venía más que a cambiarse de ropa. Ganaba mucho, y ella sostenía la casa de todo a todo, y se sentía con derecho a hacer lo que le diera la gana (Así lo dijo, con esas palabras tan feas, que a su marido le dolieron mucho). El marido, ocupado con la niña, no tenía mucho tiempo para buscar trabajo, y no pudo decir nada.
Y un día que era fiesta y nadie trabajaba, la señora llamó al marido a “hablar seriamente”. Y le dijo que ella ganaba bastante, pero necesitaba un poco de tiempo para ella y que, por lo tanto, se iba a vivir sola, donde no tuviera que dar razón de sus actos a nadie, y donde pudiera trabajar de día y de noche. El marido le dijo que hacía mal, que no los podía abandonar. Ella lo desafió a ganar más que ella, lo cual el marido nunca había logrado, y él tuvo que confesar que lo había vencido. Entonces ella se fue, dejando al hombre y a la niña, que lloraba y le pedía que se quedara con ella; pero ella levantó la cabeza, se encogió de hombros y salió de la vecindad. Desde entonces, nunca se la ha vuelto a ver.
Yo me alegro por ella, que haya podido desarrollarse en algo para lo que no estaba preparada; me da gusto que haya sido capaz de enfrentar la vida y de mantener a su familia. Me da pena por el marido y la niña. Él encontró por fin un trabajo, y logró combinarlo con la atención a la niña, por lo cual está muy contento. Parece un final feliz, ¿verdad? Pero lo que me molesta es que la mujer haya sido capaz de poner el dinero por delante de su hija. Podía haber hecho las dos cosas pero, evidentemente, no quiso ni intentarlo. Yo creo que algún día se va a arrepentir; y me gustaría poder seguir aquí cuando eso suceda (Si es que sucede, claro). ¿Qué hará la madre, renunciar a su trabajo? ¿Y la chica? ¿Podrá aceptarla, después de haber sido abandonada tan chiquita? No sé. Estos humanos a veces me resultan incomprensibles. ¿Tú qué opinas?
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